Me escriben gremlins in-tolerantes

Este es uno de esos correos que empiezo justo por “este es uno de esos correos”.

Esos correos que te exponen a los juicios en plan “perdónale, Señor, que Rober no sabe lo que dice… y yo sí”.

Y a las sentencias por “mala persona”, a consejos gratui tos y a unas cuantas bajas de la lista.

Yo los tolero todos. TODOS.

Hace muchos años me molestaban. ¡Ahora me encantan!

Porque son útiles, me sirven para poner orden.

Y terminaremos con una gran lección por si te ha dado por moverte mejor.

Hablemos de tolerancia y orden.

Que son dos asuntos importantes para moverse mejor.

Moverse mejor implica exponerse, porque vas a moverte muy diferente a lo convencional.

La cosa de exponerse te expone a esas cosas. Lo de los juicios y los consejos gratui tos y los “perdónale Señor”.

Según mi experiencia, hay quien no termina de leer entre líneas, los matices, el hilo, los principios.

También está el que se saltó la definición de opinar en el diccionario.

O quien directamente no presta atención a las migas de pan, las pistas.

Como por ejemplo: “Ojo, que yo no lo sé todo y me puedo equivocar”.

Y a menudo: “No es que me pueda equivocar. Es que estoy seguro de que me voy a equivocar”.

Todo lo entrecomillado lo he escrito decenas de veces, literalmente, para que quedase claro.

Se cumplen once años en esta “profesión” de escribir y exponerse.

He hecho dos observaciones empíricas.

Hay algunos asuntos sobre los que no puedes abrir la boca.

Porque si lo haces, esas cosas de arriba se multiplican como cuando mojas a un Mogwai.

Prepárate para tener gremlins saltando por todas partes.

La primera observación son los asuntos en sí.

¡Eps! No es la observación más sorprendente. Eso luego.

Los asuntos que reproducen más gremlins son:

· La política.

· La religión.

· Las opciones dietéticas.

· La educación infantil.

· La corrección postural.

· El espíritu deportivo.

· La igualdad de género.

La segunda observación.

Lo más sorprendente, por no decir preocupante:

Los gremlins suelen reproducirse y ser más malvados en entornos y “movimientos” que tienen por bandera la tolerancia y promueven la libertad de opinión, ideas y expresión.

De verdad que, con lo tolerante que soy, porque lo tolero todo, no me lo explico.

Atención.

La lección.

Cuando te orientas hacia la dirección de moverte mejor vas a necesitar una alta dosis de tolerancia a juicios y consejos gratui tos.

Porque si no, te vas a despistar y perderás el foco y tus tres tesoros.

La atención, la energía y el tiempo. ¿Recuerdas?

Es mejor ser ordenado y tener bien claras tus prioridades. Tus dos preguntas:

¿Dónde pongo mi atención, mi energía y mi tiempo?

¿He aprendido algo hoy?

En este curso desarrollas todas esas cualidades para moverte mejor, y para una buena vida.

Invertidas – El arte de moverte bocabajo

Rober

PD: todo muy ordenado. Se tolera a todo el mundo que quiera moverse mejor. En el enlace.

Fugas y focos

Las calorías y los kilos que engordas o adelgazas o hipertrofias.

Los kilómetros, las pulsaciones, las marcas y los récords personales.

Los porcentajes de músculo y de grasa, o de carbos y de protes, o de sueño ligero y sueño profundo.

Las repeticiones, las series y los kilos que levantas. Y el volumen, la carga o la intensidad.

La fuerza, la movilidad, la resistencia, la estética y la salud.

La programación, la planificación, la estructura.

Los resultados. Y los objetivos.

El control.

¿Una vida de verdad, humana? ¿O industrial, maquinista, robotizada?

Cuando haces una, solo una flexión o dominada.

Cuando sales a correr, o a ir en bici, o a nadar.

Cuando practicas yoga, Pilates o tai chi.

Cuanto te inviertes, o te cuelgas, o te locomocionas.

Cuando saltas, caminas, escalas, bailas.

No cuentes.

Hazte estas dos preguntas:

¿Dónde pongo mi atención, mi energía y mi tiempo?

¿He aprendido algo hoy?

Después de las dos preguntas, cuando seas muy consciente del papel que juegan los números,

y sepas cómo hacerlo para que te sirvan y no les sirvas tú a ellos,

entonces cuentas, si quieres.

Total, si te enfocas en las dos preguntas, los números, las fugas pueden convertirse en meras consecuencias.

Un curso en el que lo primordial son los focos.

Cuanto más cuentas, más fácil es que te caigas.

Invertidas – El arte de moverte bocabajo

Rober

PD: sin fugas. En el enlace.

Tres tesoros y dos preguntas

Son tres tesoros que no son dinero.

El dinero, aunque juega un papel importante, porque todos los papeles lo son, no es el protagonista de la película.

Ojo. Que los secundarios desean llegar a estrellas.

La película:

Estás en la orilla de la playa.

Los tres tesoros se comportan igual que el agua.

Tú pones las manos juntas, en forma de cuenco.

Te agachas.

Intentas coger un poco de agua.

Y lo consigues… momentáneamente.

Hagas lo que hagas, se te escurre entre los dedos.

Aunque depende de cómo pongas las manos, disfrutas más de la ilusión de haberla cogido.

Y así cada día.

Cómo administras los tres tesoros es lo que determina la forma en que vives (te mueves).

Hay dos preguntas.

Una forma en la que puedes saber, al final del día, si lo has hecho bien, si ha valido la pena, si estás en el buen camino, cómo termina el episodio y en qué condiciones empezará el siguiente.

El escenario es el peor de los posibles, hasta el momento.

Porque seguirá empeorando.

Si no te pones las pilas ahora, cuando lo quieras hacer te costará más.

La atención está cayendo en picado. Dicen que hemos pasado de ser capaces de atender a algo en concreto durante 12 segundos a hacerlo solo 8.

La energía es la que es. No da para más. Y vamos tan a tope que la sensación de fatiga crónica, de ir siempre cansados, es la nueva normalidad. ¿Por dónde se escapa?

El tiempo no vuelve. Y cada día lo malgastamos en tonterías.

El dinero no es dinero. Es el símbolo del resultado.

Tú lo que quieres son resultados, ya, ahora, rápido, fácil.

El control es la ilusión.

Si controlas la situación, dominas las matemáticas y haces lo que tienes que hacer, todo irá como la seda.

Los resultados están asegurados. Solo necesitas persistir.

Y mientras, los tres tesoros se te siguen escurriendo como agua entre los dedos.

Las dos preguntas para saber si el día (la práctica) ha valido la pena,

si la vida (el movimiento) va por buen camino:

1 ¿Dónde pongo mi atención, mi energía y mi tiempo?

2 ¿Hoy he aprendido algo?

Un curso en el que aprendes un montón de cosas, entre ellas a administrar la atención, la energía y el tiempo:

Invertidas – El arte de moverte bocabajo

Rober

PD: Moverse y vivir. Lo mismo. Así como haces uno, haces lo demás. En bucle. Hazlo bien. En el enlace.

La intrigante habilidad que más envidio de los niños

Hay una habilidad que tienen los más peques que se ha convertido en mi obsesión de investigación personal.

Llevo como un año con ello, más o menos.

Al caminar, al correr, al invertirme, al girar, al rodar, al bailar.

Al deslizarme y equilibrarme y pivotar y saltar también.

Y ahí seguimos, “batallando”, muy mediocres.

Desde luego, los límites que nos vamos imponiendo conforme crecemos nos hacen pagar un caro peaje ya de adultos, cuando queremos recuperar una habilidad que adquirimos de pequeños -y que perdemos por falta de exposición.

Al mismo tiempo, como siempre, lo más difícil, aquello en lo que somos más malos, marca la X en el mapa del tesoro.

Es donde está la chicha, el estímulo, el margen de mejora, incluso la motivación infinita.

Al fin y al cabo, cuando utilizas la curiosidad como motor primario de tu movimiento, justo igual que hacen los niños, de lo de la motivación te puedes despreocupar. Viene sola.

Y, afortunadamente, hay una manera de aproximarse a esta habilidad tremendamente factible para un adulto que quiere recuperarla.

Cómo no, mi principal maestra es Abril, mi hija.

Si no tienes peques en casa, puedes aprender observando a otros.

Bueno, corrijo.

La primera lección la puedes aprender observándote a ti mismo.

Primero hazlo en lo cotidiano.

Especialmente cuando caminas por la calle.

También cuando te agachas y te incorporas, sea por el motivo que sea.

O incluso cuando te sientas y te levantas de un asiento.

Después hazlo al practicar cualquier tipo de actividad física, disciplina, deporte.

Puedes hacerlo al correr.

También al saltar, en cualquier momento en que transites hacia el suelo, al practicar yoga o Pilates.

O cuando “haces ejercicio” simplemente, ya sean algunos estiramientos, una sentadillas, levantar algunas pesas.

La pregunta clave al realizar cualquiera de estas tareas es:

¿Dónde miras? ¿En qué punto fijas tu mirada?

Si prestas atención, verás que la mayor parte del tiempo tu mirada va hacia el suelo.

De este hecho deriva otra pregunta que enseguida te planteo.

Luego observa a los peques.

Yo observo a Abril.

Y desde que empezó a caminar hace eso que me intrigó tanto en su momento.

A menudo hasta me da un poco de yuyu.

Parece la niña del exorcista.

La tía, como el resto de peques, tiene una habilidad espectacular:

Es capaz de moverse por el espacio libremente, con soltura, sin tensiones ni fricciones, como relajada, esquivando todos los obstáculos.

Esta no es la habilidad.

La habilidad es que lo hace sin mirar.

Maticemos: sin utilizar el suelo como referencia visual.

Si lo hace, es solo por un nanosegundo.

Lo suficiente para mapear el entorno, resituarse en el escenario y continuar.

Confiando intuitivamente en su memoria espacial, su propiocepción y su visión periférica, se mueve “sin mirar”.

Con tal habilidad que hasta es capaz de caminar alejándose de mí, con paso firme hacia el frente, mientras retuerce la cabeza como Chucky para seguir mirándome fijamente.

Puedo asegurarte que el 99% de los adultos perderíamos la orientación, la trayectoria y tal vez el equilibrio a los pocos segundos.

Ella, que todavía no ha cumplido los dos años, puede caminar así cincuenta metros en línea recta, tranquilamente.

Yo, mientras tanto, sufro más que ella. Mi cabeza no para de bombardearme “se va a meter una hostia; se comerá ese árbol; se tropezará y se partirá los dientes; se va a matar”.

Curioso.

Desde un punto de vista evolutivo me pregunto, por ejemplo, el papel que jugó esta habilidad siendo adultos en episodios de caza o persecución por terrenos irregulares, plagados de obstáculos y desniveles.

Ahora mismo mis inquietudes giran en torno a cuánto afecta la pérdida de esta habilidad en esa tendencia que tenemos prácticamente todos de anteriorizar el cuello, la cabeza y los hombros, chepar la espalda y llevar el cuerpo inclinado hacia delante.

Con todo lo que implican estos vicios.

El consejo/reto que no me has pedido:

En todas esas acciones y tareas que observes y te des cuenta que estás fijando la mirada en el suelo sin tener la necesidad, trata de no hacerlo y llevar la vista al frente.

Al mismo tiempo, presta atención a cómo se está moviendo tu cuerpo con este ligero cambio.

Lo normal es que al principio se muestre despistado.

Cuando le pilles el truco percibirás que se mueve, que te mueves mejor.

Si quieres empezar a recuperar esta habilidad de forma más intencionada, hay una práctica que también funciona muy bien en este sentido.

 “Te obliga” a observar tu entorno, tu escenario de manera diferente. Del revés.

Algo que cambia completamente las reglas del juego de cómo utilizas tu mirada y, sobre todo, de cómo te mueves.

Es este: Invertidas – El arte de moverte bocabajo

Rober

PD: la segunda pregunta es… ¿Podrías hacer lo mismo sin mirar hacia el suelo? Hazlo.

PD2: una bonita manera de practicar lo de “no mirar” y ser mucho más hábil al moverte, en el enlace.

Mejor que divertido

Divertirse está bien.

Todos nos queremos divertir.

En parte, lo de moverse mejor es para dejar de aburrirse con lo de siempre y sin sentido.

Sentirse capaz, hábil, competente moviéndote de verdad.

Hacer cosas chulas de vez en cuando. Algún truco chachipiruli. Por qué no.

Divertirse está bien.

En parte. De vez en cuando.

Divertido es engañoso. Tiene truco.

Es una trampa. Un arma de doble filo.

Divertido puede servirte. También puede atraparte, limitarte, esclavizarte.

Divertido funciona solo por contraste.

Necesitas el esfuerzo, la frustración, las dificultades para que sea divertido. Si no, deja de ser divertido.

Divertido es una pérdida de tiempo, si siempre es divertido.

Divertido genera tolerancia. Cuanto más te riges por lo divertido, más diversión necesitas. Es una droga.

Divertido no es sostenible.

Y la mayor parte del tiempo es inútil. No sueles aprender nada o evolucionar de lo puramente divertido. Eso pasa con otras cosas que no son divertidas.

Hay algo mejor que divertido.

Consciente.

Darte cuenta de las cosas.

Y “pelearte” con ellas.

Cómo, cuándo, cuánto, con quién, para quién, por qué, para qué.

Darle vueltas a tus impulsos, motivaciones, creencias, distracciones, prejuicios, límites, miedos.

Prestar atención a los matices, los detalles. Subjetivos. Individuales. No “en grupo”.

Y pulir tu conciencia.

E intencionado.

Con una intención, un propósito, un sentido, una orientación determinada, clara.

En lo pequeño, lo micro. En cada detalle de cada ejercicio, cada patrón, cada gesto, cada postura.

Y en lo grande, lo macro. En la asociación, la secuenciación, las transiciones, la coordinación, las conexiones, la globalidad, la fluidez.

Con cabeza, no al tuntún.

Moverte –con intención.

¡Lo mejor de todo!

Cuando te mueves así, consciente y con intención, hasta lo más “aburrido” puede ser divertido.

Un curso de movimiento para desarrollar la conciencia y la intención, entre otras cosas.

Y que puede ser muy divertido.

Invertidas – El arte de moverte bocabajo

Rober

PD: puede ser muy divertido algunas veces. También un poco frustrante algunas otras. Eso lo hace más divertido, si cabe. En el enlace.