4 tests de movimiento nada épicos pero muy longevos

“Cada vez que alguien “corre” una maratón en más de cinco horas, muere un gatito” – Proverbio de El Clot

Nota 1: ¿Cinco horas? Estos de El Clot son algo generosos.

Nota 2: Fíjense en la diferencia entre carrera y jogging, footing, “trotting” o a duras penas arrastrarse. ¿Arrastrating?

Nos encanta la épica del movimiento, las muestras (aparentemente) espectaculares de ciertas habilidades.

Yo soy el primero en excitarse cuando veo vídeos de Roye Goldschmidt, Yuval Ayalon, Stefan Crainic o Jon Yuen. A otros les pasará lo mismo con gente más mediática como Leo Messi, Kilian Jornet, Kobe Bryant o Rich Fronning. Da igual.

Y no hace falta mirar hacia fuera. Este hecho no se escapa de cierto onanismo. Mi ego también se humedece cuando me toco el pie con la cabeza y corre a publicarlo en Instagram…

Ceguera épica

Sin embargo, nos olvidamos de algunas cosas…

1. La épica del movimiento no tiene mucho que ver con el movimiento en sí. En realidad, más que la justificación de promover una vida saludable y blablabla, su primer objetivo siempre es vender y/o alimentar el síndrome del telespectador –personas que solo observan la vida de otros mientras las suyas se esfuman– y/o generar un buen montón de petrodólares. Muchas zapatillas, camisetas, entradas, eventos, suscripciones de televisión. Muy poco aprendizaje, desarrollo, experimentación, trabajo duro, aceptación y disfrute intencionado y consciente de la subestimada mediocridad.

2. La épica del movimiento es irreal. La verdad, las horas, los antecedentes, los genes… no se enseñan.

3. La épica del movimiento nos nubla la vista, haciéndonos creer que para que la práctica del movimiento sea útil y tenga sentido, el horizonte en el que fijemos la vista debe ser de alguna u otra manera esa misma épica. En consecuencia, o bien te machacas para conseguir algo que puede o no estar a tu alcance, corriendo riesgos innecesarios que ponen en peligro la sostenibilidad de tu movimiento en el futuro –cuanta más épica, más riesgo–, o bien te quedas tirado en el sofá porque, lógicamente, la distancia entre tu mediocre nivel y tus sueños de nubes que huelen a no sé qué o lo que se supone que deberías hacer, algo épico, es abismal.

Cada vez que percibo cierta euforia post-épica, hago lo mismo: la disfruto (ocurre, la acepto y la celebro, por qué no), respiro (la miro de lejos y recupero cierta serenidad) y me pongo a trabajar en lo mío, mi movimiento, mi nivel, mis cositas, sin perder el foco en dos de los valores más importantes de toda esta historia, la sostenibilidad y la longevidad.

Consciencia del movimiento y cuatro tests más longevos que épicos

Es justo en ese momento cuando recuerdo por qué y para qué me muevo: porque puedo moverme y para sentirme y mantenerme bien, así de simple.

La épica NUNCA debe entrometerse en ese por y para qué.

Y algunos movimientos muy sencillos, que solemos pasar por alto por no estar incluidos en “lo épico”, vuelven a ponerse al frente de las capacidades prioritarias, fundamentales, importantes que sí quiero conservar, si es posible hasta el último de los días.

1. Correr

Correr a secas. Correr con mi perra o con alguno de los hijos de mis amigos. Ni correr carreras, ni practicar recorridos de Método Natural.

Estuve un año y pico sin poder correr así, espontáneamente, cuando y como quisiera, precisamente por perderme en la épica y lesionarme una rodilla.

El día que solté a Lula en la playa y pude correr con ella sin molestias ni miedos… aquel día hubiera sido un buen día para morir. No lo olvido. Me mantiene consciente. A partir de entonces, ¿riesgos? Sí, pero muy calculados.

2. Colgarse

Si caminar y correr son el mejor regalo dinámico –después veremos el estático– que le podemos dar a nuestro tren inferior, colgarnos lo es para nuestro tren superior.

La incoherencia locomotora que supone haber dejado de hacerlo tan repentinamente, desde un punto de vista evolutivo, es la causa más importante de la mayoría de problemas de espalda alta, hombros, codos, manos y muñecas. Parece simplista, pero no lo es. De hecho, parece que solamente nuestra fuerza de agarre de las manos ya nos puede dar pistas de cuales son nuestros niveles de salud y esperanza de vida, por no hablar de que la postura de suspensión es la antítesis de la posición que más solemos mantener durante la vigilia y que tanto daño nos está haciendo: estar sentados.

3. Jugar

Jugar, sin necesidad de competir. Durante millones de años, el juego ha sido y es el proceso de aprendizaje individual e interacción social más impactante no solo para el hombre, sino para todos los seres vivos superiores. Todos.

Una dosis diaria de juego (mejor si es infinito), una mente despierta y lubricada, un cuerpo capaz e inteligente, una relación rica y provechosa.

4. Agacharse

Y permanecer agachado. Desde un punto de vista evolutivo, posición humana fundamental. Ya dije todo lo que tenía que decir aquí: Cómo rehabilitar la sentadilla de reposo con 7 ejercicios. No puedo decir mucho más.

Bueno, sí, anectodilla después de media vida en el mundillo: no he conocido a ningún atleta de la épica a quien le haya pedido permanecer en sentadilla 10 minutos seguidos, los mantuviera con COMODIDAD y se incorporase después sin emitir ni un solo gemido. Nadie. Ninguno.

Desbancando a la épica

No se trata de eliminar la épica. Nos asombra lo extraordinario, lo diferente, lo que no se suele ver. Es parte de nuestra naturaleza, supongo. Pero parte. No todo. No lo más importante.

Así que en esa clasificación mental de prioridades que tenemos, más que borrarla, lo que recomiendo es desplazarla a puestos inferiores a toda esa enorme cantidad de capacidades y posibilidades básicas que seguro queremos mantener durante toda nuestra vida, las que usamos en lo cotidiano, las que valoraremos cuando los cuentos de hadas se queden atrás.

Personalmente, ya no me asombra la épica del que corre 100 kilómetros, levanta 200 kilos, mantiene un pino de 5 minutos o salta de tejado en tejado, cuando descubro que:

  • No puede respirar cuando se cuelga de donde sea porque no soporta la presión en su caja torácica.
  • No puede estar agachado más de medio minuto porque se le duermen las piernas.
  • O no puede jugar a palas en la playa sin contar puntos.

Al contrario, en cierta manera encuentro mucho más épico sacrificar tu serie favorita, apagar la tele y estirar media horita antes de ir a dormir, ¡todos los días!

A ver quién tiene lo que hay que tener…

¡¡¡Eso sí es épico!!!

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