Test 11. Propulsarte

En esa clasificación simplona –pero real– de fuerzas globales, como la de empujar y traccionar, no podemos olvidarnos de la más básica para nuestras piernas: propulsarnos.

La capacidad de propulsión de nuestras piernas es muy compleja –unilateral, bilateral, con o sin momento, lineal y orgánica, con o sin componente rotacional– y está implícita en un buen puñado de gestos habituales, como caminar, correr, saltar, levantar un peso, etc.

Desde un punto de vista analítico, el problema es que lo más frecuente es enfocar el fitness, ejercicio o entrenamiento en patrones de movimiento demasiado simples, simétricos, para los que ambas piernas hacen lo mismo, en un recorrido relativamente corto y sin estimular la estabilidad.

Sin embargo, nuestra vida poco tiene de eso; por lo general nuestros patrones cotidianos son más complejos, asimétricos, inestables.

Luego pasa lo que pasa.

Si de verdad quieres comprobar si tus piernas saben hacer fuerza, lo mejor es buscar una forma en que todos esos componentes estén contemplados.

Por eso, el test que he escogido para poner a prueba tu propulsión es el siguiente ejercicio.

1. Ponte de pie solamente sobre una pierna, y mantén el pie plano en todo momento. La pierna alzada se mantiene flexionada, con el talón cerquita del trasero.

2. Sin perder el equilibrio y con control, sin dejarte caer, ves descendiendo hasta contactar el suelo con la rodilla contraria. ¡Cuidado! El pie de la pierna alzada no puede tocar el suelo. Solo la rodilla.

3. Pausa un momento, no te muevas, descansa en esa posición –si puedes.

4. Vuelve a levantarte cumpliendo cuatro condiciones:

a. El pie de la pierna que empuja siempre está plano en el suelo.

b. No vale que te impulses con los brazos o el cuerpo.

c. No puedes perder el equilibrio.

d. Y el pie de la pierna alzada no toca el suelo ni te ayuda en ningún momento.

Todo lo que sea salirse de estas condiciones es TRAMPA.

Muy difícil, lo sé.

Pero es que esto se acaba y quiero te lleves los mensajes de conciencia y simplicidad bien claros.

Con el afán de conseguir hazañas épicas, espectaculares, y demostrar no sé qué a no sé quién, a uno mismo incluido, a veces nos complicamos la vida y, lo que es peor, nos ponemos en riesgo.

En el caso de la capacidad de propulsión de las piernas, solemos entrenar con máquinas cargadas hasta los topes o con barras sobre la espalda, como si la sabiduría de movimiento de nuestras piernas se redujera a cuánto peso pueden mover, a menudo de cualquier manera o en escenarios poco realistas, transferibles.

En cambio, luego, intentamos propulsarnos así, a pata coja, en parado, sin impulsos, intentando mantener el equilibrio, y no podemos… Frustrante, ¿verdad?

¿Qué tal el test?

¿Has conseguido controlar la bajada o a partir de cierto punto te desplomabas?

¿Cómo ha ido mantener el equilibrio conforme se flexionaba la rodilla?

¿Notabas que la rigidez de tu tobillo tal vez te impedía bajar hasta el suelo sin levantar el talón?

¿Y eso de despegarte del suelo desde parado? ¿Te despegabas? ¿O apretabas y apretabas y nada de nada?

¿Qué pasaba con el pie de atrás? ¿Lo mantenías bajo control o él insistía, dale que dale, en tocar el suelo y ayudarte ni que fuese un poquitín?

Fuerza, claro que sí, y también movilidad, estabilidad, control, equilibrio. Muchos aspectos a valorar.

Tal vez primero valdría la pena aprender a levantarse a uno mismo.

Y, claro que sí, con el tiempo también levantar objetos externos. ¿Por qué no?

 

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