4 requisitos para que dejes que alguien te ponga la mano encima durante un estiramiento

Teniendo en cuenta los requisitos que comparto hoy, estimo que en el 99.9% de ocasiones en las que alguien te pone la mano encima para “estirar más”, lo más recomendable sería no permitírselo, con la única excepción de que los fines del estiramiento pasivo asistido sean terapéuticos y el terapeuta en cuestión sepa lo que está haciendo, algo que no tiene nada que ver con lo nos ocupa.

La escena de un estiramiento asistido

–Rober, ¿puedes ayudarme con este estiramiento? Quiero abrir un poco mi rango de extensión para trabajarlo después.

Esto es lo que me preguntó mi compi Carlos antes de que pasara esto:

Es muy habitual ver escenas como esta, no solamente en el entrenamiento de ciertas disciplinas basadas en demostraciones de flexibilidad, también en gimnasios, parques, boxes. No hacen falta tantos contorsionismos. Lo que veremos es aplicable aunque seas un tronco. El “nivel”/cantidad del estiramiento es lo de menos. Lo importante es la calidad, o cualidad; lo que está ocurriendo, lo que no se ve.

Es algo que ya revisamos al hablar de las demostraciones de flexibilidad individuales en internet y las redes sociales, aunque esta vez con un compañero de por medio, que complica las cosas (más variables a tener en cuenta).

La escena siempre es la misma. Un sujeto X se coloca en una posición determinada con el fin de estirar, analítica o globalmente, y un sujeto Y le “ayuda” a forzar el estiramiento, ir un poco más allá de lo que el sujeto X podría por sí solo.

Visto desde fuera puede parecer una cosa que, en realidad y lamentablemente, es lo que suele ocurrir: el sujeto X se deja hacer, se le invita a relajarse, mientras que el sujeto Y le “estira”.

En mi opinión, “desde dentro”, en este caso lo que estamos haciendo Carlos y yo, lo que debería ocurrir es algo totalmente distinto.

Movilidad, no flexibilidad

Porque al final todo esto son demostraciones de flexibilidad, no de movilidad.

Que un cuerpo o una articulación pueda alcanzar cierto rango asistido/forzado por una fuerza externa o varias no quiere decir que pueda moverse en ese rango “de verdad”,  activamente.

Desde un punto de vista “móvil”, la flexibilidad pura y dura es algo inútil, no vas a poder usarla –excepto cuando la “ayuda” la ejerce la gravedad, una fuerza constante que siempre está en la ecuación y de la que se aprovechan tanto un contorsionista como cualquiera de nosotros al caminar o correr un poco, por ejemplo; todavía no entiendo porque se sigue teniendo en cuenta al hacer las clasificaciones del tipo de estiramiento, cuando no es una variable.

Además, dadas las circunstancias, dicen los expertos que como norma general parece ser que cuanta más diferencia hay entre el rango de flexibilidad y el rango de movilidad de una articulación, esa articulación se presenta más inestable y es más fácil que pueda sufrir una lesión, para mi gusto faltando el matiz de cuánta carga está soportando en un momento dado.

Sea como sea, en general lo ideal es que el hueco que separa tu rango activo y tu rango pasivo –movilidad/flexibilidad– sea el mínimo posible, teniendo en cuenta que lo más probable es que nunca se igualen (solo ocurrirá cuando eres capaz de alcanzar un tope óseo por ti mismo en un patrón en concreto).

Por lo tanto, ahora que también hay un sector que trata a las demostraciones de flexibilidad y los estiramientos pasivos como si fueran el demonio, la flexibilidad per se no es algo “malo”, siempre que tu rango de control, de movilidad, esté cerquita de tu rango de flexibilidad.

Una vez más, el GRAN MATIZ lo determinan la individualización y la especificidad. NO HAY UNA NORMA EXACTA PARA TODO EL MUNDO, solo principios humanos, aproximaciones comunes.

Lo que no se ve en el vídeo

Lo que no se ve en el vídeo, aunque si te fijas en la cara de Carlos sí se aprecia, es que él no se está relajando.

Al revés, está haciendo muchísima fuerza.

Mi ayuda solo suple con mucho mimo la fuerza que él todavía no tiene para alcanzar la posición por sí solo.

4 requisitos para que te dejes poner la mano encima

Con todo, los requisitos que al menos nosotros recomendamos y practicamos –esto es fundamental, porque muchas veces también te encontrarás a quien recomienda algo pero no lo practica y por tanto NO LO SABE– cuando alguien te “ayuda” son:

1. Tú no te relajas. Te activas hacia donde quieres ir. Proporcionalmente quien pone más de su parte para estirarse/moverse eres tú, no tu asistente. Esta “actitud activa” no solo promueve lo que realmente quieres, desarrollar fuerza y control, moverte en ese rango, sino que te protege. Relájate en un rango extremo que no controlas y… tú verás.

2. Tu asistente te conoce y se mueve contigo desde hace mucho tiempo. Mucho es mucho. Os habéis movido juntos muchísimo y conoce al detalle tu forma de moverte, cuáles son tus patrones y tus puntos fuertes y débiles, de qué pie cojeas, vamos. (Carlos tiene una extensión torácica baja y lumbar excelentes, y flaquea, por decir algo y muy entrecomillado, de medio tórax para arriba y en su capacidad por flexionar las rodillas en esa posición. Yo lo sé y le obligo a “ganar” por ahí).

Durante un estiramiento extremo (recuerda que el nivel o rango da igual; es extremo para ti, subjetivamente), la línea que separa lo tolerable de lo lesivo es muy fina y uno necesita ser muy consciente, estar muy atento a lo que está ocurriendo.

En este sentido, el asistente está ciego y sordo, por eso tiene que “adivinar” lo que está pasando “por ahí dentro”, algo que podrá intuir mejor cuanto más tiempo se haya movido contigo. La única percepción física que puede utilizar es la sensibilidad de sus manos, y esto es algo que se desarrolla con muchos años de práctica.

3. La comunicación con tu asistente ha de ser constante. Nada de “cállate, relájate y ya me encargo yo” por parte del asistente. A Carlos no se le escucha, aunque me va diciendo cositas, y yo le estoy indicando sin cesar cómo está colocado y qué tiene que hacer –en una posición que el cuerpo no domina, no reconoce, la realidad se distorsiona.

4. La asistencia es minuciosa y precisa. El asistente, según lo que ya sabe de su compañero –experiencia e intuición–, lo que siente –esas manos– y lo que ve –el rango, la posición, la trayectoria y el orden en el que están sucediendo las cosas–, ayuda justo lo necesario y en la dirección adecuada.

Por ejemplo, en el vídeo mi objetivo no es que sus pies alcancen su cabeza y yo me pongo a apretar. Lo que quiero es que ÉL los acerque lo más activamente posible y mis manos le ayudan muy poco mientras le indican la dirección hacia dónde tiene que hacer fuerza –aparte, otra vez, de lo que le estoy murmurando.


Uff, qué complicado…

Y se me escapan un montón de detalles y matices, obviamente.

Al fin y al cabo, esto es un blog abierto donde compartir mis reflexiones y experiencias, no un manual o una bíblia. Aprendizaje en evolución.

De hecho, si a día de hoy he llegado a estas conclusiones es porque también me he equivocado un millón de veces. Me niego a esconder la basura como tantos y tantos gurús, expertos, académicos.

Tres últimas cuestiones en esto de los estiramientos asistidos.

La primera, para nosotros, el objetivo de un estiramiento asistido de este tipo: estimular al cuerpo para reconocer activamente un posición y desarrollar movimiento cerca de ese rango. Si Carlos no trabaja él solito, sin ayuda, por ahí cerca, lo que hemos hecho es un TONTERÍA.

La segunda, algo que puede preguntarse más de uno, ¿para qué quieres ese rango? ¡Ah, amigo! Eso es algo muy personal. Preguntádselo a él.

Y la tercera y la más importante, en general, sobre todo para cuando uno comienza, existen muchísimas mejores alternativas de estiramiento que los asistidos por otra persona. No pretendas empezar la casa por el tejado.

Como siempre, la única finalidad de esta entrada no es solo que te muevas, sino que pienses qué, cómo, cuándo, cuánto, dónde, por qué, para qué y CON QUIÉN.

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