Expertos de la salud que dan consejos y no dan ejemplo

“El camino de la doctrina es largo; breve y eficaz, el del ejemplo.” – Séneca

“A veces damos consejos, pero no enseñamos con nuestra conducta.” – François de la Rochefoucauld

Es como el padre que le da un guantazo a su hijo mientras le grita “¡Te he dicho mil veces que no se pega!”.

No voy a hacer un ensayo sobre esta epidemia. Eso ya lo hizo Nassim Taleb en su libro Skin in the game, algo así como dejarse el pellejo.

Es una plaga. Políticos, economistas, sociólogos, psicólogos, nutricionistas… Intelectuales que dan consejos y no dan ejemplo.

Un fraude.

“Todos quieren salvar el mundo, pero nadie quiere ayudar a su madre a fregar los platos” – Patricio Jake O’rourke

“Ser un filósofo no es, únicamente, tener sutiles pensamientos… sino amar la sabiduría hasta el punto de vivir acorde con sus principios” – Henry D. Thoreau

Expertos de la salud que dan consejos y no dan ejemplo

Evidentemente, barriendo para casa, no podía olvidarme de los expertos de la salud, no porque yo me dedique a la salud, que no, sino por el impacto que tiene el movimiento en ésta, sea positivo o negativo, algo que sí me inquieta.

No sé cuántos, no sé quiénes. Sí sé que muchos.

Médicos, fisioterapeutas, entrenadores, preparadores, profesores, maestros, coachs

Tienen certificados para demostrar que saben mucho, aunque deberíamos concretar con precisión qué significa saber.

En mi opinión saber es SABER. Y no es mi opinión, que también lo dice Taleb, ¿eh?. “Qué va, qué va, qué va. ¡Yo leo a Kierkegaard!”.

“No hay más que una educación, el ejemplo.” – Gustav Mahler

“El predicador que no practica lo que dice, no es predicador, sino un púlpito que habla.” – Benito Pérez Galdós

Porque una cosa es haber estudiado, estar informado, recopilar documentos, estadísticas, y títulos, por supuesto. Y sabérselo todo de pe a pa, de memoria, del tirón.

La vida en papel, vamos.

Y otra cosa es SABER aplicarlo.

La vida real, dicen.

“El mando debe ser un anexo de la ejemplaridad.” – Ortega y Gasset

Todos nos sabemos sus recomendaciones:

· Practique ejercicio a diario.

· No pase mucho tiempo seguido sentado.

· Camine todos los días 10.000 pasos.

· Apúntese a un gimnasio y a clases de baile.

· Salga de excursión a la montaña los fines de semana.

· Haga estos estiramientos todos los días al levantarse y al acostarse (fotocopia cutre en mano).

Pues verán, según unos estudios recientes de la Universidad PoliAutonomaComplutense de Rivendel, alrededor del 91,47% de académicos que dan este tipo de consejos NO LOS LLEVAN A CABO EN SUS PROPIAS VIDAS.

Pifia.


“Un buen ejemplo es mejor que un buen precepto.” – D.L. Moody

Esta no es una reflexión de indignación, crítica, denuncia, queja o nada parecido.

Es pura preocupación.

Yo, que no soy experto y solo me dedico a experimentar y divulgar, para algunos un pseudo-jipi con un blog simplón, tengo la suerte de conocer a muchos fisios, médicos, maestros, entrenadores, etc. (son los colectivos que más se interesan por mi trabajo, para mi sorpresa, porque han llegado a la conclusión de que no saben moverse), algunos se han convertido en amigos, y he tenido esta conversación varias veces, y hasta ellos están preocupados.

Porque estos expertos, que de verdad que saben mucho sobre el papel, son buena gente y su intención es ayudar, está claro. Y cuando hablan de sus pacientes, y de que no siguen sus consejos, se preguntan qué está fallando.

No es tan sencillo como “es que no me hace caso, no hace lo que sabe que tiene que hacer y, claro, todo sigue igual”. Nada de eso.

Yo no estoy seguro al 100%, pero creo que las cosas van más por aquí…

Sus consejos sobre movimiento, ejercicio, actividad física no son malos, en absoluto.

El problema es que desde tiempos inmemorables, por aquello de lo sistémico, simbólico, inconsciente, el ser humano confía más en los hechos que en las palabras.

“Cuando el gobernante mismo obra rectamente, ejercerá influencia sobre el pueblo sin dar órdenes, y cuando el gobernante mismo no obra rectamente, todas sus órdenes serán inútiles.” – Confucio

“Aquel que desee convertirse en maestro del hombre, debe empezar por enseñarse a sí mismo antes de enseñar a los demás; y debe enseñar primero con el ejemplo antes de que lo haga verbalmente. Pues aquel que se enseña a sí mismo y rectifica sus propios procedimientos, merece más respeto y estimación que el que enseña y corrige a otros, eximiéndose a él mismo.” – Gibran

Y si el experto me dice A y al mismo tiempo yo intuyo B, no hay tu tía.

Además, el sedentarismo no es un problema de hacer más o menos ejercicio, como la obesidad no lo es de comer más o menos o esto o aquello, sino que son síntomas de la inconciencia colectiva, social, cultural y una presión incesante que generamos entre nosotros mismos, unos a otros, por estar al tanto de otras historias (noticias, series, fútbol, redes, dinero, reconocimiento, un coche más grande o un viaje todavía más lejos).

Esos consejos no son aplicables si no cambian muuuuuuuchas otras cosas (porque no puedes separar lo que haces en un ámbito de tu vida de lo que haces con el resto de tu vida).

El resultado: todos esos “no tengo tiempo”, “llego hecho polvo y no tengo ganas”, “me aburro”, “empiezo el lunes” que, por cierto, los expertos también se dicen a sí mismos.

No hacer ni el huevo va a seguir cayendo por su propio peso porque el movimiento se relega al final de las atenciones y prioridades.

“Quiero dejar un buen ejemplo. Así que, por favor, bajen sus estándares.” – Jim Davis

Quien no se mueve a diario, expertos incluidos, suele ser por ignorancia, falta de conciencia y un enmarañamiento patológico entre prisas, distracciones, ambición, competitividad e hiperintelectualidad, curiosamente algo característico del mundo de la expertología.

Y en lo que se refiere a la contribución pública de esos expertos, las consecuencias del sedentarismo no cambiarán si su ejemplo no cambia primero.

No el del ejercicio.

El de la vida.


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