¿Es necesario calentar? Calentamiento para un duro, frío y húmedo día de invierno. 19 Ejercicios

¿Es necesario calentar?

Vamos con la práctica directamente.

Que para la teoría ya están los académicos que se pasan horas sentados en Twitter.

Y que “saben” mucho de movimiento, pero moverse…

Ojo que al final de todo hay una pregunta clave para saber si has entendido esto del calentamiento, en plan examen.

CALENTEMOS

Para calentar un poco el cuerpo y el ambiente:

Primer ejercicio.

Un ejercicio secsual.

Imagínate que estás con tu pareja y tienes ganas de secso.

Intuyes que él, ella o ello también tiene ganas de secso.

Sííííííí… Oooohhhh… Mmmmm…. Oh my God!

Todos tenemos ganas de secso.

Clavas tu mejor mirada acero azul en tu compi, a lo Ben Stiller en Zoolander.

—Alexa, pon Unchained Melody, la de Ghost.

El corazón ya va a mil.

La gallina de piel.

Notas la humedad.

Sin necesidad de experimentos de alfarería de por medio, que tiene más mérito.

Te dispones a ello.

Y te abalanzas.

¡Pero!

Tu pareja te planta la mano en la cara.

Y te dice:

«Espera, espera, espera.

Es que justo ayer mi experta favorita en movilidad de Internet me decía que debo asegurarme de cumplir varios requisitos antes de hacer actividad física intensa.

Más si requiere de cierta técnica.

Y, sobre todo, que nunca se me ocurra hacerlo si no he calentado antes.

Que me puedo hacer daño si no activo mi cuadrado lumbar trasero y protejo mi suelo pélvico.

Hago 3 series de 15 Rotaciones Articulares Controladas y nos ponemos, ¿vale?».

Yo…

No sé tú.

Pero acabo de sufrir un gatillazo de campeonato.

DUDAS SOBRE EL CALENTAMIENTO

Últimamente, sincronicidades de esas que tiene la vida, ha coincidido que me han llegado dudas alrededor del concepto de “calentamiento” y su práctica.

Algunas la mar de interesantes, como la que me planteó un alumno de La Práctica en la reunión mensual de la semana pasada.

¿Es necesario calentar?

Lo preguntaba haciendo especial hincapié para esos momentos en que uno quiere moverse de manera integrada, aquí y allá, en el día a día, para romper esos largos periodos de estatismo, por ejemplo, trabajando delante del ordenador, tan característicos de nuestro maravilloso estilo de vida.

Otras, en mi opinión, rozan el ridículo.

Son esas sobre técnicas de activación muscular, foam rollers, pelotas de Lacrosse, bandas elásticas y demás.

Ojo.

Cuando digo ridículas no me refiero a las personas que me lo preguntan.

No dejan de ser víctimas del sinsentido que hemos alcanzado como (in)cultura en cuestiones de movimiento, sobre todo en entornos académicos o influenciados por ellos.

En este sentido, aquello que (dicen que) dijo Einsten se hace más y más y más evidente.

“Cada vez sabemos más y entendemos menos”.

Lógicamente, hay un precio a pagar por caer en un error de tal magnitud.

El que ya estamos pagando –y el que pagaremos en el futuro, que sube incluso más que la inflación actual.

Tiempo al tiempo.

Al final (casi) todo viene reflejado en ese discurso fragilizador y generador de miedo y dependencia del permiso y la supervisión de la experta o experto en tal o cual cosa.

Como si (entiéndase la metáfora) tuviéramos que calentar y asegurarnos de que todo funciona bien y cumplimos unos requisitos antes de echar un polvo.

CALENTAMIENTO PARA UN DURO, FRÍO Y HÚMEDO DÍA DE INVIERNO

Esta semana, pensando en estas cosas, porque me estaban lloviendo por todas partes con una sincronía hasta preocupante, en uno de mis habituales paseos por la playa me paré para moverme un poco.

No hay nada como moverse un poco para pensar mejor.

Total, que me puse a hacer cosas, como acostumbro, también.

Mis cosas.

Ojo con la cursiva –para más adelante.

Y lo hice sin calentar.

Mis cosas. Sin calentar.

¿Cómo un calentamiento?

No lo sé.

Puede.

Hacía un frío interesante acentuado por un viento húmedo todavía más interesante.

¿Quieres más interés, frío y húmedo?

Párate en un espigón construido encima del mar.

Total, que sí.

Me sirvió para calentarme.

Digamos que fue un calentamiento.

Un calentamiento sin haber calentado previamente.

¿Una locura?

Júzgalo tú mismo.

Y, de paso, ahí tienes 19 “ejercicios” para tus calentamientos, si te apetece.

Ojo con el último, sin duda el más importante.

¿ES NECESARIO CALENTAR?

Ahora que estamos todos bien calientes, aunque con gatillazo de por medio…

No.

No es necesario calentar.

Para jugar, para explorar, para moverse no es necesario calentar.

O al menos es lo que me dice la experiencia.

¡Eps!

Ni por un momento pienses que esto es un elogio del amimefuncionismo.

Ni mucho menos.

Antes de estudiar y evidenciar, vamos a pensar.

Que no somos académicos de postín.

Total, no nos queda alternativa.

Pensar o no pensar. Que lo otro nos viene grande (hablo en serio).

“Solo” somos personas normales, mediocres, de la calle, “pobres ignorantes”.

Repito de nuevo: no vayamos a caer en aquello que (dicen que) dijo Einstein, tan prevalente en ciertos círculos expertológicos.

“Cada vez sabemos más y entendemos menos”.

¡Mira tú por dónde!

Voy a lanzar una sentencia en plan experto / gurú.

Esta:

El primer filtro por el que debes observar cualquier situación es uno y solo uno.

La biología y la evolución.

Esto es:

Con el ejemplo de nuestro fallido momento secsual ya deberíamos tener suficiente.

¿Cuántos “estudios” y réplicas y meta-análisis habrá hecho la evolución de tal acto?

Con lo técnico e intenso que puede llegar a ser, ¿necesitas calentar para calentarte y calentar al de al lado?

Pero vayamos más allá…

¿Te imaginas a Pedro, Vilma, Pablo, Betty y demás trogloditas calentando antes de salir a correr, saltar, trepar, arrastrarse para hacer sus cosas?

Un poco más allá…

¿A la leona antes de lanzarse tras una gacela?

¿O a la gacela antes de arrancar sobresaltada en su huida?

Más allá, más allá…

A una araña, a un ornitorrinco, a un oso polar.

A un T Rex, a una medusa, a una ameba.

Ya paro.

¿Los ves calentando antes de hacer sus cosas?

Supongo que ya deduces por dónde van los tiros.

Es tan ridículo.

Tú no, ni cuando calientas.

Ya te he dicho que simplemente eres una víctima de la intelligentsia (gracias, Taleb).

¿Los estudios científicos?

Tampoco. Ni mucho menos. Ojo con esto.

Sin olvidar el problema de raíz en este sentido académico:

“Cada vez sabemos más y entendemos menos”.

Lo ridículo es lo de la necesidad de calentar, digo.

Y NOS INVENTAMOS EL EJERCICIO

No vamos a explicar ni por qué ni cómo.

Que ya hemos hablado suficiente de ridículo.

Vino.

Llegó.

Nos lo inventamos.

El ejercicio, el deporte y esas cosas.

Como postizo, como sustituto, como simplificación.

Algo hace, por supuesto.

Pero el movimiento no se reduce a eso, por favor.

En fin…

Con lo del ejercicio llegaron otras cosas.

El rendimiento, la sobrecarga progresiva, las ganas (o necesidad o deber) de más.

(Aaaaahhh… A lo mejor en este sentido el calentamiento tenga algún sentido).

Y el sacrificio y lo de que si no aprietas y no sudas, pues no sirve para nada.

O sea, lo de ir siempre a tope.

Y claro, cómo no…

Los expertos.

Su necesidad –curiosamente.

Y el miedo y más debes y teneres que y los consejos y la fragilización y la prevención para la salud y la supervisión y la técnica y las órdenes y la obediencia y los másters y certificaciones y los requisitos y los cuidados y los autocuidados y la optimización y la pre-activación y la post-activación y la intra-activación y…

…y el calentamiento.

Esto es extenuante.

Y va y lo escribo sin calentar…

Necesito un foam roller.

EL CONTEXTO

Si la evolución es el primer filtro, el contexto personal es el último.

Pero no por eso indispensable.

Sin este, todo lo demás tampoco sirve.

Volvamos a las cursivas en mis cosas.

También en sus cosas.

En las cosas según para quién, según para qué, según para cómo, para cuándo, para dónde, para cuánto.

Porque, ojo.

Mira lo que te voy a decir.

No tengo ni idea de si necesitas calentar.

Porque no sé quién eres ni lo que has hecho ni lo que haces ni lo que vas a hacer.

Yo eso solo lo sé de mí.

Soy un tipo normal.

Tengo 42 tacos, trabajo (y sufro) como autónomo desde hace quince años y tengo una hija de casi tres.

Me gusta moverme, jugar, explorar.

Y pensar acerca de ello y escribir lo que va pasando a lo largo de estos años, y enseñarlo, sin más.

Y, entre tanto jaleo, sé que para eso que has visto en el vídeo yo no necesito calentar.

¡Pero!

Pero tal vez si necesitarías hacerlo.

Pero a veces para otras cosas yo sí que caliento.

¡¡Ostras!!

¿Qué cosas?

Demasiado largo explicarlo.

Son mis cosas.

Además, ¿para qué quieres saber de mis cosas?

Lo chulo es investigar y cuestionarte sobre tus cosas.

Y, SOBRE TODO, acerca de lo que te digan los demás sobre lo que debes o tienes que o necesitas hacer cuando no tienen ni puñetera idea de tus cosas.

Inclúyeme en ese «los demás», para cuando se me escapa algo sin que me lo pidas.

PREGUNTA Y PIENSA (Y ACTÚA)

Soy patético.

Acabo de decirte que pases de mí cuando te lance un consejo gratuito en plan gurú y va te lo suelto.

Pregunta y piensa.

Pregúntate y piensa sobre todas estas cosas para encajarlo en tus cosas.

Que mola mucho.

Algunas ideas:

  • ¿De dónde salió esto del calentamiento?
  • ¿Hay movimientos que se pueden clasificar como calentamiento y otros que no?
  • Quiero decir, ¿por qué hacer círculos con un brazo es un «calentamiento» y caminar sobre las manos no?
  • ¿Y si caminas sobre las manos cada día? ¿Te hace falta calentarlo?
  • Si viene una bici a toda castaña y ves que está a punto de atropellar a tu hija, ¿calentarás un poquito antes de cogerla rápidamente para apartarla?
  • Y un par que considero fundamentales:

¿QUÉ ESTARÁ PASANDO CON NUESTRO ESTILO DE VIDA QUE PARA MOVERNOS SIN MÁS PRETENSIONES QUE HACERLO POR HACERLO, PARA JUGAR UN POCO, PARA HACER UN PINO O UNA VOLVERETA, SALTAR, CORRER, CARGAR ALGO DE PESO, DIVERTIRNOS O «ACTIVARNOS» UN RATO NECESITAMOS «CALENTAR»?

¿Te imaginas que hubiera una manera de vivir que te mantuviera siempre «caliente», listo para la acción cotidiana (no un récord olímpico, joder), INCLUIDO EL JUEGO SEGÚN TU CONTEXTO PERSONAL, sin tener que padecer por los miedos y esas creencias tan limitantes y fragilizadoras que nos meten en el cuerpo los expertos?

—Rober, es que hay estudios científicos que demuestras que el calentamiento es necesario y previene lesiones y…

“Cada vez sabemos más y entendemos menos”.

Vuelve a leerlo todo.

Y luego sigue desde aquí.

LA PREGUNTA CLAVE

Verás.

Hay una pregunta, la última, que es clave en todo esto.

Sobre calentamientos y no calentamientos he hablado por activa y por pasiva ya.

En este blog puedes encontrar un montón de ideas que se pueden adaptar a tu contexto, sea el que sea tu nivel.

Cuidado, ninguna tesis o cátedra.

Que yo de eso no entiendo, en serio.

La primera premisa para leerme es no creer JAMÁS lo que digo.

La segunda es estar abierto a estas idas de olla.

Porque es el único propósito, en realidad.

Que se te vaya la olla.

Que salgas de la otra olla, esa olla a presión en la que nos han metido desde pequeñitos, y se te vaya la olla.

Tu olla.

Gracias por pasarte por mi espacio para dejarme ir e invitarte a reflexionar, si quieres.

Y moverte, claro.

Que tengas buen día,

Rober Sánchez

PD: LA PREGUNTA CLAVE

¿Cómo saber si has entendido y te ha sido útil todo esto que acabas de leer?

Solo hay una manera.

¿Ahora mismo en tu cabeza tienes más preguntas sobre el calentamiento (o sobre lo que sea) de las que tenías antes de leerlo y estás dispuesto a “moverte” a su alrededor?

Entonces, efectivamente, te ha servido.

PD2:

—Cariño, ¿tenemos secso?

—Espera, que lo miro. Pero creo que no.

PD3:

Si quieres seguir leyéndome para moverte con más cabeza, escribo un correo cada día a mis suscriptores y es gratuito. También te regalo un TEST para saber qué tal andas de movimiento. Puedes apuntarte aquí.