¿Los ejercicios de movilidad pueden ayudar con el dolor de cabeza?

Spoiler: el dolor de cabeza es complejo y la respuesta a esta pregunta es densa y probablemente más larga de lo habitual. Voy a esforzarme para que te sea MUY ÚTIL. Lee con calma.

Xavi, que justo hoy termina Movilidad Natural (es del grupo de septiembre), me pregunta:

<<Ayer estaba hablando con una amigo que desde hace unos meses sufre migrañas y le han dicho que es tensional.

Va al fisio y tiene las cervicales y la zona alta de la columna y músculos cargados.

¿Los ejercicios de movilidad que tiene el training crees que podrían ayudarle?

Creo que si moviliza la zona, músculos, escápulas, cuello, etc., igual podría ayudarle.>>

Uff.

Qué complicado.

Qué complicado es y qué complicado es explicarlo.

Y qué sencillo es entenderlo… cuando lo entiendes.

A ver.

Lo primero y más importante: yo no trato el dolor. No es mi trabajo y no sabría cómo hacerlo directamente, con rigor.

Yo enseño movimiento desde diferentes ángulos y ya está. Con y sin dolor. Porque nos guste o no, el dolor siempre va a estar por ahí.

Es importante darse cuenta de esto: en términos probabilísticos y en los diferentes ámbitos de nuestra vida, de manera más “física” o más simbólica, el dolor siempre nos acompaña.

Si esto se entiende y se acepta, porque es lo que hay te pongas como te pongas, el alivio que puede sentirse al dejar de luchar contra el dolor puede hacer, curiosamente, que duela menos.

Un poco de lo que sé del dolor, obviamente y en parte, es por formación. Una pequeña parte porque, en general, la visión convencional del dolor en lo académico todavía se ciñe a ideas arcaicas instauradas por la vieja escuela que, entre otras cosas, están incrustadas en nuestra cultura, nuestras creencias, algo que tiene muchísima más influencia en el dolor de lo que creemos (presta atención al juego de palabras).

Un mucho de lo que sé del dolor es por haber leído un montón, investigado, hablado con gente que sabe mucho más que yo (que luego te recomendaré) y, SOBRE TODO, por cuánto dolor he sufrido y cómo he experimentado con él, sin miedo, tratando de comprender su naturaleza y utilidad, discerniendo precisamente cuándo es útil prestarle cierta atención y cuándo no, conociéndolo, conociéndome, conociéndonos (al dolor y a mí, al dolor conmigo y a mí con el dolor).

Enfatizo esto último porque, como el movimiento, esto del dolor es algo muy personal y, más allá de lo que sigue en este artículo, es algo que solo puede entenderse conforme se va viviendo.

Como todo en la vida, el grado más alto y la forma más pura de sabiduría (del dolor) se alcanza fenomenológicamente.

A partir de aquí, centrémonos en tres cosas: el dolor de cabeza mayoritario, mi respuesta a la pregunta de Xavi y mi recomendación.

(En cuanto a lo que diré del dolor de cabeza te pido por favor que leas con mente abierta, porque a veces sonará como contundente. No soy amigo de absolutismos, lo sabes. Soltaré algunos. Para profundizar en ellos, ten en cuenta mi recomendación final.)

La mayoría de los dolores de cabeza ocurren sin que haya daño en la cabeza.

No son tensionales. No son vasculares. No son por estrés, por falta de hidratación, por comer queso o chocolate, por la regla o por llevar una vida “desordenada”.

Puede haber (y de hecho hay mucho) dolor sin daño. De cabeza o de lo que sea. Sin que pase nada. En la cabeza o en donde sea.

El dolor sin daño (cuando se comprueba que no hay daño real, como seguramente en el caso del amigo de Xavi, que tiene “migraña tensional”) es una opinión del cerebro, un fallo en cómo interpreta las señales que recibe, probablemente como una amenaza, generando, en consecuencia, dolor.

Esas señales “amenazadoras” que resultan en una interpretación amenazante de la realidad pueden ser cualquier cosa del ambiente y el contexto personal, interno y externo, tanto “físicas” (tensión, calor, frío, movimiento, quietud, presión, etc.) como “mentales” o “psicológicas” (estrés, “emociones”, sentimientos, creencias, mensajes subliminales heredados culturalmente y en la familia, etc.).

En cualquier caso, el dolor no es algo que ocurre aquí o allí, “donde duele”, sino una sensación generada por el sistema neuroinmune como respuesta a un estímulo (o varios) que se considera como amenazante, que se estima peligroso, que se interpreta como “malo” y, por lo tanto, a evitar.

Metafóricamente, el dolor es una alarma de incendios que se ha disparado sin que haya un incendio.

Y que, en el caso de dispararse, debería apagarse en cuanto se comprueba que no hay incendio (la gran mayoría de casos).

En fin, lo importante:

A la cabeza no le pasa nada. No tiene daño. No tiene por qué doler. Aunque duele.

¿Contundente, verdad? Lo sé. Te entiendo. Espera a la recomendación. De verdad.

Respondiendo a la pregunta:

¿Los ejercicios de movilidad pueden ayudar con el dolor de cabeza?

Pueden.

Aunque no lo sé.

Si no hay daño (un tumor, una inflamación evidente debido a un traumatismo, un infarto, etc.), la cabeza no tiene por qué doler.

Tampoco duele por tensión o por falta de riego (dos de las explicaciones más utilizadas).

Hay un buen puñado de gente con el cuello y la espalda como piedras que no sufre migrañas.

Y si les haces una eco Doppler de carótidas la sangre sube a todo trapo.

Y con artrosis a nivel cervical, y hernias discales, y “mala postura”, y, y, y.

Y sin migrañas ni dolor de cabeza.

Y los ejercicios pueden ayudar.

Porque puede que afecten de alguna manera, directa o indirecta, “física” o “psicológica”, en cómo la persona que los hace (y su sistema neuroinmune) evalúe el entorno y la situación, y por tanto su respuesta (el dolor).

Por ejemplo:

  1. Promoviendo su confianza en el movimiento (puede hacer cosas aunque le duela, por lo tanto no debe ser algo tan grave).
  2. O simplemente despistándola, distrayéndola de su dolor (la hipervigilancia, prestarle atención al dolor, hacerle caso al dolor incrementa la sensación de dolor, que se viene arriba como cualquier ente a quien le das la razón y le otorgas el control de la situación, provocando, además, que vuelva a repetirse y se enciendan las alarmas cada vez que se experimente algo igual o parecido, dando pie a un círculo vicioso sin fin).

Entonces, Pepito se mueve.

Mueve el cuello, mueve las escápulas, mueve los hombros, mueve la mandíbula, mueve las cejas.

Y ¿deja de doler?

Puede ser. Se mueve, se siente bien, se relaja, se distrae, confía, se percibe como capaz y competente, no hay motivo para que la alarma siga encendida.

Y deja de doler.

Es lo más habitual.

Experimentalmente, fenomenológicamente, prácticamente.

Qué bien.

¡Pero!

Pero, primero, si deja de doler, no deja de doler por el movimiento en sí, por algo “mecánico”, tensional, vascular.

Y, segundo, sobre todo…

…puede que no.

Puede que no deje de doler.

Esa es mi respuesta.

¡Mis recomendaciones!

La primera: moverse.

Moverse con dolor y moverse sin dolor.

Hay matices infinitos para esto.

No es el momento ni el lugar para desarrollarlo.

Enlazándolo con el principio, con la “reflexión vital” en torno al dolor: la vida duele, a veces más y a veces menos, a veces más a menudo y a veces menos a menudo. Pero duele.

Vivir duele. Vivir va a seguir doliendo.

Y vivir es moverse, sí o sí.

(Consejo en plan chamán sobrado chulo piscinas: más te vale ir aprendiendo a hacer “bien” las dos cosas).

La segunda: investiga, aprende, auto-edúcate y experimenta sobre el dolor y con el dolor.

Como te decía, no es “mi cosa”, “mi elemento”, y mucho menos mi trabajo.

Busca, estudia, pregunta a los que saben de verdad.

Hay muchos, aunque sean poquitos si los comparas con los de la tensión, la circulación y el chocolate.

Si me pides una, solo una referencia, para mí la mejor y a partir de quien he aprendido más, te aconsejo esta:

El doctor Arturo Goicoechea y su equipo (especialmente María, que es una crack).

Su lema lo dice todo: know pain, no pain.

Teclea arturogoicoechea punto com.

Espero de verdad que todo esto te haya sido útil de alguna forma, ni que sea mínimamente, para iniciar una nueva aventura, una nueva relación con tu dolor.

Y discúlpame por toda la falta de rigor que pueda haber en mi relato.

Que no es lo mío.

Rober Sánchez

PD: lo mío es el movimiento. Apúntate a mi plataforma online. Es gratuito y solo necesitas un nombre y una contraseña para acceder. Que escribo sobre movimiento a diario y, además, como regalo de bienvenida puedes completar cuatro programas diferentes sobre movilidad, fuerza, agilidad y juego.

Cómo practicar remos escapulares e invertidos en casa si no tienes una barra

Eres consciente de la importancia de colgarte.

No solo verticalmente. También horizontalmente.

Y de traccionar tanto a nivel escapular como realizando una tracción completa (remo invertido) de cara a estimular tu movilidad y fuerza desde ese sentido más horizontal.

Tienes una barra para colgarte en casa —o no.

Si la tienes, generalmente es de estas de quita y pon que van a presión o colgadas en el marco de una puerta.

También puede ser que tengas una barra de dominadas fija, anclada en la pared o en el techo.

O un soporte o estación multifunción.

Sea como sea:

  1. Si es de quita y pon, o bien es imposible regularla en altura, o bien es un coñazo hacerlo y tener que cambiarla cada dos por tres dependiendo de si quieres practicar suspensiones horizontales o verticales.
  2. Si es fija, aunque se puede montar algún circo alternativo apoyando los pies en una silla que pongas por delante, no es algo muy ortodoxo (ni estable) que digamos.

No pasa nada.

Hay una solución muy sencilla.

Por cierto, algo completamente compatible a aplicar en lo que puedes aprender en el curso gratuito Calistenia Básica – Multiplica los resultados de tu entrenamiento de fuerza entrenando mejor (no más), con cabeza.

Te la explico en el vídeo de abajo.

Espero que lo disfrutes y te sea útil.

Rober Sánchez – M de Movimiento

No te moverás por organizarte

Me dice Toni que lleva muy bien todas las rutinas, que le sientan genial, pero que le está costando integrarlas en lo cotidiano.

De este desafío sale una idea, un matiz que muy a menudo cambia las reglas del juego para mejor y, en consecuencia, el resultado en esta “batalla” contra el sedentarismo.

Si aplicas lo que te voy a enseñar hoy, lo tienes chupado.

Justo el mismo día Carlos me respondía al correo de conócete a ti mismo y que tiene que ver con la “lección” de hoy.

Puede servir de titular:

<<El que piensa mucho para dar un paso se arriesga a pasar la vida parado en un solo pie>>.

La conversación con Toni es parte del feedback de la tercera semana de Movilidad Natural.

Toni parece un tío muy serio en los vídeos, aunque sospecho que es de lo concentrado que está.

Porque luego, en los reportes en texto, siempre tiene alguna salida de esas que no te esperas y que te arrancan una carcajada.

Creo que en el fondo Toni es un tío muy cachondo que se lo está tomando muy en serio. Mola.

El caso es que lo de integrar le está costando.

Bueno, ¿y a quién no?

Integrar es uno de los grandes propósitos y desafíos en paralelo de este jaleo: que tu vida esté tan impregnada del uso utilitario de tu movilidad que no necesites ni estirar ni dedicar tiempo extra ni leches.

Que sea algo natural en ti.

Tal como están las cosas y como siguen avanzando, no es fácil y cada vez lo será menos.

—Alexa, enciende la luz. Roomba, ponte a limpiar. C3PO, ¿me traes el café a la cama?

Entonces Toni, como muchas personas, piensa que es una cuestión de organizarse mejor, y que el uso de alarmas le ayudarán en su misión.

Y bueno, en parte eso de organizarse está bien, como lo de las alarmas, aunque no es lo primordial.

Lo que importa, lo que cambia las cosas es disparar y dispararse.

Verás.

En realidad el gran obstáculo no es cómo crear un buen plan.

Lo fundamental es llevarlo a cabo.

Y para eso no es tan importante tener el cargador hasta los topes de balas y el punto de mira calibrado.

Porque no es una cuestión “mental”, racional, como organizarse.

Si le prestas atención a la mente en ese momento, no te va a soltar un discurso en plan:

“Uy. Ha sonado la alarma. Me la puse justo ahora porque es el momento ideal para moverse un poco. De hecho, sabes que es muy importante, estás muy concienzado de que el sedentarismo es muy malo y tienes que moverte y blablablá… ¡Vamos a movernos!¡¡Qué alegría!!”.

¡Qué va!

Lo que hará es decirte algo así:

“Uff. ¿Ahora tengo que hacer la rutina de columna? Espera, espera un momentito que ahora justo estoy con este email tan importante, o chateando con Pepito, o liado con no sé qué, o acabando no sé cuántos, o… bueno… que simplemente no me apetece”.

Recuerda: la razón de ser de la razón es tener razón.

Como la encuentre, por mucha “excusa” que sea, te la vas a creer y succionará tu atención (y conducta).

Y, en este caso, no te vas a mover.

Que era el objetivo de la alarma, del “disparador”, que te movieras.

La clave está en disparar.

Luego ya afinarás tu puntería a base de práctica.

Entonces, cuando suena la alarma, sea cuando sea, que no importa tanto el momento ni haberse organizado, tú lo que tienes que hacer es disparar.

¡Pam!

¡¡Disparar!!

¡Eh! Que no es racional. No le des tiempo a la razón.

Tiene que ser algo como visceral.

Te organices como te organices, cuando suene el disparador, ¡dispara!

¡¡Dispara!!

¡¡¡Dispara!!!

Muévete primero. Piensa después.

Entre otras muchas cosas, en Movilidad Natural estamos más de 56 días seguidos practicando esto.

¡Pam! ¡¡Pam!! ¡¡¡Pam!!!

Rober Sánchez

PD: Dispara. En el enlace.

Olvídate de que no te duela para que no te duela

Hoy te voy a contar una historia acerca del movimiento y el dolor que seguro que te interesa.

Verás.

Jordi es amigo mío desde hace tiempo.

Dice que tiene una rodilla fastidiada.

También dice que le duele.

Yo le creo.

Aunque no creo que le duela porque la tenga fastidiada.

Hace unos años se la fastidió.

Se rompió cosas por dentro, esquiando.

Le operaron.

Hizo rehabilitación.

Cuando terminó empezó a hacer “vida normal”.

Para esa vida normal la rodilla funcionaba digamos que bien.

Y le seguía doliendo.

Luego se aficionó a la calistenia, el yoga, las verticales, los malabares, la danza…

Hace más o menos como yo.

Un montón de cosas.

No muy bien.

Medio bien.

Pero las hace.

Su rodilla también puede hacer esas cosas.

Puede hacerlas.

Como saltar y correr y gatear.

Que también puede.

Cuando hace todas esas cosas la rodilla le duele.

Aunque pueda, le duele.

Aunque le duela, puede.

Mira.

Antes de terminar con la historia de Jordi…

Pasa una cosa.

No sé si le pasa esta cosa, pero pasa una cosa.

A veces hay cosas que duelen sin que les pase nada.

Matizo: muchas veces.

¿No me crees?

Normal, no soy un experto en dolor.

Bueno, matizo otra vez: he sufrido muchísimo dolor en mi vida, mucho más que la persona media, eso sí te lo aseguro.

Soy un experto en eso.

Por mi trabajo también he conocido cientos, miles de historias de dolor.

Historias de movimiento de personas que se pueden mover con dolor, a pesar del dolor.

En eso también soy un experto.

Pero trabajar con el dolor no es mi trabajo.

Eso lo suelen hacer mejor los neurólogos y los fisios.

Matizo otra vez: algunos, los que entienden el dolor (lamentablemente, no son todos).

Entonces, ¿qué decía?

Eso.

Que muchas veces hay muchas cosas que duelen sin que esté pasando nada.

Investiga sobre “dolor sin daño”.

Mi referencia, y el que más sabe de estas cosas por estas tierras, es el doctor Arturo Goicoechea, por si quieres investigar.

Volvamos a Jordi.

El caso es que después de unos años está desesperado porque le duele la rodilla, aunque lo ha probado todo para que no le duela.

Fisio “de la vieja escuela”, osteopatía, acupuntura, quiropraxia, magnetoterapia, infiltraciones de cortisona, masaje Tuina…

Todo.

Y nada. Ahí sigue el dolor.

Y mira que su rodilla puede hacerlo todo, todo.

Con dolor, pero todo.

Hablando sobre su dolor, hace poco me preguntó:

—Rober, tú que sabes tanto sobre dolor, ¿qué hago? Porque no puedo más y a la mínima que le pido un esfuerzo a la rodilla me duele.

—Mira, Jordi. Primero, no sé tanto. Y en mi opinión, visto lo visto estos últimos años y las estrategias por las que has optado, creo que no están funcionando, ¿verdad?

Mi mejor consejo: para que no te duela la rodilla, olvídate de que no te duela la rodilla.

La semana pasada Jordi subió el Aneto.

La rodilla de Jordi puede subir el Aneto. Ojo. El Aneto.

No sé si la rodilla le dolió o no. Puede que sí, puede que no.

No me lo dijo.

A lo mejor se le olvidó.

Tampoco sé si mi consejo le funcionó o no. Puede que sí, puede que no.

No me lo dijo.

La verdad, me da igual si le funcionó o no.

Lo que sí sé es que puede subir la maldita montaña. Eso sí me lo dijo.

Y también que se lo pasó súper bien disfrutando de la excursión con un amigo que no veía hacía tiempo.

De hecho, me dijo:

—Rober, ¡a la próxima te apuntas!

O sea, ¡¡que pretende subir más montañas!!

Con su rodilla que puede subir montañas.

Eso mola.

Pero lo dicho, que yo no sé sobre dolor ni trato el dolor.

Esto es importante, para que no te confundas.

De lo que sí sé es de movimiento.

Tengo un training para moverte con libertad y confianza, sentirte competente, estimular tu coordinación, equilibrio, memoria y fluidez, y disfrutar del movimiento, sin más.

Con y sin dolor.

Es este: Locomociones.

Rober

PD: puedes hacer locomociones aunque te duela, pero olvídate de que deje de dolerte gracias a locomociones o a cualquier otro de mis programas, porque no tienen nada que ver con el dolor, sino con el movimiento. ¿Puede dejar de doler? Puede. Pero no es el propósito. En el enlace.