Hace unos días estaba hablando con un amigo sobre los últimos años de entrenamiento y práctica de movimiento.
Desde que salí de la jaula del fitness ya ha llovido bastante y ha habido de todo.
Movilidad al estilo de la vieja escuela (gimnasia) o más vieja todavía (artes marciales), Método Natural y Parkour, verticales y malabares, calistenia y anillas, danza, capoeira, refrescos taekwondocas, levantar hierro, respiración, fuerza orgánica, juegos infinitos, elasticidad (que no es movilidad), acrobacias…
Y surgió una pregunta interesante:
Entre todo eso, ¿cuál es concretamente el ejercicio más chungo a ejecutar, el más difícil a realizar?
Al principio, como no me gustan las preguntas que esperan una respuesta absoluta, fui prudente.
Aunque para mi propia sorpresa, después de pensar y hablar un buen rato, di en el clavo.
Sin ninguna duda, determiné “el ejercicio más difícil”.
El más difícil para todo el mundo.
La cosa fue así…
De primeras, yo, por aquel vicio de ser preciso, le respondí:
¡Uy! ¡¡Muchos!!
En cada momento, en cada etapa ha habido “ejercicios difíciles”. Escoger entre todos ellos es… ¿difícil?
Y además, como siempre, no te puedo decir cuál es el “más difícil”. Como mucho sería el más difícil para mí.
Como siempre, el contexto personal lo determina todo.
No es lo mismo empezar a moverte con treinta y pico (como yo) que con veinte o con cincuenta, ni por edad ni por otros condicionantes (experiencia, lesiones, miedos, estado actual, expectativas…).
(Luego me daría cuenta de que sí hay un “ejercicio más difícil para todo el mundo”)
Entonces, así, en general, si me preguntas a mí, la verdad, no te sabría decir.
De todo lo que he trabajado la movilidad, y desde el punto de vista más lineal, rígido, las extensiones de columna y el middle split (abrirse de patas a lo Van Damme) me ha resultado y sigue resultando difícil, lo primero por los años que llevo cerrado de pecho y lo segundo por la morfología de mis caderas.
Pero no. No son esos.
Cuando hice una breve incursión al Parkour, después de aquellos tres o cuatro años estudiando el Método Natural, también hubo momentos y ejercicios difíciles. El gato me costó. Pero el gato rompe… Uff. Se me cruzó. Un día me metí un guantazo de los guapos. Me hice mucho daño. Y, aunque sé que objetivamente no lo es, lo di por imposible para mí.
A pesar de eso, no. No ha sido el gato rompe.
Con la historia de la capoeira y los floreios y el mundo de las locomociones, la verdad, lo más difícil (hasta donde he llegado) no ha sido un “ejercicio” o un paso, sino quitar la mirada del suelo, dejar de tener los ojos clavados en el piso todo el tiempo, y aprender a que sean mis pies y mis manos los que vean qué está pasando, mientras miro al frente. ¡Eso sí que es difícil!
Mmm… Tampoco. No es lo más.
Tal vez tiraría por algo relacionado con la danza o las acrobacias, porque una me da una vergüenza de cojones y las otras me dan un miedo de varios pares de cojones.
Además, mírame, es difícil igualar lo largo y tirillas que soy. Desde luego, de base no es que cuente con las mejores condiciones, ni físicas para practicarlas ni estéticas para lucirlas.
Para mí ya no es un ejercicio, sino todo lo relacionado con eso lo que es “lo más difícil”.
Aunque pensándolo bien, no. Nada de eso.
Mira.
Creo que después de tantas vueltas me he dado cuenta de cuál es el ejercicio más difícil en esto de moverse.
Y no solo el más difícil para mí, sino para todos.
Para todos mis compis de batallas y amigos metidos en lo mismo.
También para todos a los que he enseñado y acompañado en algún momento.
Y por supuesto para todo aquel que pretende e intenta dar un giro de 180 grados a lo del “ejercicio” y empezar a moverse de verdad.
El ejercicio más difícil no es un ejercicio.
Lo más difícil de todo es ejercitar y ejercer la habilidad más importante en todo este juego.
Lo primordial, lo fundamental, algo que la gran mayoría de las personas no saben hacer de no hacerlo (obvio), y que, si quieres moverte, vas a tener que hacer.
Y es muy difícil.
El ejercicio más difícil es todo lo siguiente:
Aceptar tu mediocridad, verte y sentirte torpe, ir perdido, experimentar diariamente cortocircuitos corporales y mentales.
Y exponerte a ello.
Y saber que, si quieres aprender a moverte y pretendes hacerlo con frecuencia y bajo el paraguas de la diversidad y la complejidad, esto te ocurrirá cada día.
Y aun así perseverar.
Ese es el ejercicio más difícil.
Lo más divertido de todo es que puedes pensar que, como es lo más difícil, te va a costar un montón.
¡Pues no!
Porque en cuanto lo saboreas, te das cuenta de que es justo cuando ocurre la magia.
Se abre un nuevo universo.
Las posibilidades son infinitas.
La libertad está a tu alcance.
La motivación se multiplica.
Y eso… Eso lo hace mucho más fácil.
Moverse es mucho más fácil —que hacer ejercicio.
La transición no es fácil, porque rompe con todo y porque vas a tener que aceptar tu “no saber moverte”, por mucho ejercicio que hayas hecho.
Aunque puede hacerse lo más fácil posible.
Si quieres transitar del ejercicio al movimiento, de lo simple a lo complejo, de lo lineal a lo diverso, de lo estructurado a lo improvisado, te lo facilito en el training Locomociones.
Rober
PD: de la obediencia y las órdenes de un programa o un experto a la libertad y la autonomía de hacer lo que debes hacer y lo que te dé la gana (también para mandar a tomar por viento al programa y al experto). En el enlace.
Supongo que como a la mayoría, lo que está pasando me afecta.
Mi mujer acaba de salir de su segunda cuarentena en un mes por positivos en su clase.
Llevamos desde julio sin tener contacto prácticamente con nadie excepto nuestros padres y hermanas.
Hay personas a las que quiero un montón que no veo desde febrero. Algunas intentonas de vernos en verano las tuvimos que aplazar y, finalmente cancelar. Las echo de menos.
Uno de mis mejores amigos va a ser padre a primeros de diciembre, justo cuando el panorama pinta peor.
Por no hablar de todas las cositas presenciales para moverme con más gente, probablemente contigo, que estaban planteadas para este año que ni han sido ni van a poder ser.
Encima, esta semana, con todo el revuelo que hay, en casa hemos vuelto a caer en la trampa de hacer a diario algo que solo hacemos una vez a la semana, los domingos: ver las noticias.
Como para no desanimarse.
Porque, aunque las cosas me vayan bien y en mi círculo cercano todo el mundo está sano y salvo, es inevitable que duela saber que hay otras personas que lo están pasando mal, ya sea directamente por el maldito virus o por sus “efectos colaterales”, especialmente los relacionados con no poder trabajar.
Cuidado, que lo que menos pretendo es desanimarte a ti también ¿eh?
Porque imagino que, de alguna manera, quien más quien menos, todos estamos pasando por rachas parecidas.
Digo yo que será normal lo de estar desanimado.
Creo que lo raro sería seguir tan panchos.
Aún así, vale la pena darse cuenta de que estar desanimado tiene poco que ver con estar desmotivado.
Y menos si hablamos de movimiento.
Mira.
Motivos para moverme, al menos a mí, me sobran.
De hecho, en realidad solo tengo uno.
Me miro, me escucho, me siento, me percibo y digo “¡Co ño! ¡¡Tengo un cuerpo!!”.
¿No es suficiente motivo?
Y entonces cojo a Lula, me pongo la mochila y nos bajamos caminando al parque.
Encuentro mi rinconcito al solete para moverme un rato, sin contactar con nadie.
Desanimado, claro.
Pero me muevo, con motivos, motivado.
Curiosamente, cuando termino, el desánimo se me ha pasado bastante.
Esto pasa incluso cuando haces ejercicio.
Ojo. Cuando te mueves, pasa más.
Que motivarse para moverse cuesta infinitamente menos que motivarse para hacer ejercicio.
En el training Locomociones te mueves, más que hacer ejercicio, que también.
Durante 12 semanas, en cualquier sitio, y aprendiendo un montón.
Motivos te sobran.
Rober
PD: Desanimado también te puedes inscribir. En el enlace.
Nunca hemos necesitado hacer ejercicio como humanos.
El movimiento diario presente en nuestras vidas ya se encargaba de mantenernos sanos, fuertes, flexibles, resistentes.
Así como de la “funcionalidad” del core porque, en realidad, con algunos matices dependiendo de la tarea, el “centro” siempre siempre siempre participa en todo lo que hacemos.
En todo. Siempre que nos movemos. Sin ejercicio.
Entonces, lo primero a desmontar es el mito de la necesidad de los ejercicios de core.
Y lo segundo es desterrar la creencia (instaurada por los core-vendedores) de que debes hacer y tienes que incluir ejercicios de core en tu entrenamiento y práctica de actividad física.
¿Se pueden hacer? Sí.
¿Los necesitas? ¿Debes o tienes que hacerlos? No.
Como durante el resto de la historia de la humanidad, puedes tener un core fantástico sin hacer ejercicio.
¿Cómo? Moviéndote.
Vale.
Vayamos a por el truco.
Porque, visto lo visto, puede que no quieras hacer ejercicios de core.
O que estés hasta el gorro de la idea de “hacer ejercicio”, en general.
Mucho más hasta el gorro de sentirte obligado, del deber, el sacrificio, el aburrimiento y el sinsentido de “hacer ejercicio”.
Y muchísimo más hasta el gorro de perder el tiempo y la energía con ejercicios que son innecesarios, con beneficios que puedes obtener gra tis de otras maneras.
Fíjate en que la mayoría de las propuestas de ejercicios de core ocurren posicionando el cuerpo en horizontal, es decir, alineando el tronco con la paralela del suelo.
Justo esa es una (¡una!, no la) de las formas de estimular más el core.
A partir de esa idea, de esa única idea, nace el “truco”.
Bueno, dos trucos.
Uno.
Incluye en tu día a día patrones y tareas que impliquen posicionarte o transitar alrededor de cierta horizontalidad.
Muévete cerca de la horizontal.
Esto, generalmente, puede integrarse de dos formas: moviéndote cerca del suelo y practicando algunas suspensiones y balanceos horizontales.
Dos.
Incluye en tu práctica de movimiento disciplinas y prácticas específicas que impliquen posicionarte o transitar alrededor de cierta horizontalidad.
Muévete cerca de la horizontal (sí, es el mismo truco/principio).
Esto lo puedes hacer de taaaaantas maneras que no nos vamos a aburrir con enumerarlas.
Haz esto.
Y disfruta de las (core)consecuencias.
Yo como herramienta principal para estos asuntos utilizo las locomociones.
También me dan fuerza de empuje, movilidad, resistencia.
Y coordinación, equilibrio y agilidad.
Sin hacer ejercicio.
Te enseño, entrenas y practicas en este training: Locomociones.
Rober
PD: Y te lo pasas infinitamente mejor, porque no haces ejercicio. Te mueves. Arriba.
Que para la teoría ya están los académicos que se pasan horas sentados en Twitter.
Y que “saben” mucho de movimiento, pero moverse…
Ojo que al final de todo hay una pregunta clave para saber si has entendido esto del calentamiento, en plan examen.
CALENTEMOS
Para calentar un poco el cuerpo y el ambiente:
Primer ejercicio.
Un ejercicio secsual.
Imagínate que estás con tu pareja y tienes ganas de secso.
Intuyes que él, ella o ello también tiene ganas de secso.
Sííííííí… Oooohhhh… Mmmmm…. Oh my God!
Todos tenemos ganas de secso.
Clavas tu mejor mirada acero azul en tu compi, a lo Ben Stiller en Zoolander.
—Alexa, pon Unchained Melody, la de Ghost.
El corazón ya va a mil.
La gallina de piel.
Notas la humedad.
Sin necesidad de experimentos de alfarería de por medio, que tiene más mérito.
Te dispones a ello.
Y te abalanzas.
¡Pero!
Tu pareja te planta la mano en la cara.
Y te dice:
«Espera, espera, espera.
Es que justo ayer mi experta favorita en movilidad de Internet me decía que debo asegurarme de cumplir varios requisitos antes de hacer actividad física intensa.
Más si requiere de cierta técnica.
Y, sobre todo, que nunca se me ocurra hacerlo si no he calentado antes.
Que me puedo hacer daño si no activo mi cuadrado lumbar trasero y protejo mi suelo pélvico.
Hago 3 series de 15 Rotaciones Articulares Controladas y nos ponemos, ¿vale?».
Yo…
No sé tú.
Pero acabo de sufrir un gatillazo de campeonato.
DUDAS SOBRE EL CALENTAMIENTO
Últimamente, sincronicidades de esas que tiene la vida, ha coincidido que me han llegado dudas alrededor del concepto de “calentamiento” y su práctica.
Algunas la mar de interesantes, como la que me planteó un alumno de La Práctica en la reunión mensual de la semana pasada.
¿Es necesario calentar?
Lo preguntaba haciendo especial hincapié para esos momentos en que uno quiere moverse de manera integrada, aquí y allá, en el día a día, para romper esos largos periodos de estatismo, por ejemplo, trabajando delante del ordenador, tan característicos de nuestro maravilloso estilo de vida.
Otras, en mi opinión, rozan el ridículo.
Son esas sobre técnicas de activación muscular, foam rollers, pelotas de Lacrosse, bandas elásticas y demás.
Ojo.
Cuando digo ridículas no me refiero a las personas que me lo preguntan.
No dejan de ser víctimas del sinsentido que hemos alcanzado como (in)cultura en cuestiones de movimiento, sobre todo en entornos académicos o influenciados por ellos.
En este sentido, aquello que (dicen que) dijo Einsten se hace más y más y más evidente.
“Cada vez sabemos más y entendemos menos”.
Lógicamente, hay un precio a pagar por caer en un error de tal magnitud.
El que ya estamos pagando –y el que pagaremos en el futuro, que sube incluso más que la inflación actual.
Tiempo al tiempo.
Al final (casi) todo viene reflejado en ese discurso fragilizador y generador de miedo y dependencia del permiso y la supervisión de la experta o experto en tal o cual cosa.
Como si (entiéndase la metáfora) tuviéramos que calentar y asegurarnos de que todo funciona bien y cumplimos unos requisitos antes de echar un polvo.
CALENTAMIENTO PARA UN DURO, FRÍO Y HÚMEDO DÍA DE INVIERNO
Esta semana, pensando en estas cosas, porque me estaban lloviendo por todas partes con una sincronía hasta preocupante, en uno de mis habituales paseos por la playa me paré para moverme un poco.
No hay nada como moverse un poco para pensar mejor.
Total, que me puse a hacer cosas, como acostumbro, también.
Mis cosas.
Ojo con la cursiva –para más adelante.
Y lo hice sin calentar.
Mis cosas. Sin calentar.
¿Cómo un calentamiento?
No lo sé.
Puede.
Hacía un frío interesante acentuado por un viento húmedo todavía más interesante.
¿Quieres más interés, frío y húmedo?
Párate en un espigón construido encima del mar.
Total, que sí.
Me sirvió para calentarme.
Digamos que fue un calentamiento.
Un calentamiento sin haber calentado previamente.
¿Una locura?
Júzgalo tú mismo.
Y, de paso, ahí tienes 19 “ejercicios” para tus calentamientos, si te apetece.
Ojo con el último, sin duda el más importante.
¿ES NECESARIO CALENTAR?
Ahora que estamos todos bien calientes, aunque con gatillazo de por medio…
No.
No es necesario calentar.
Para jugar, para explorar, para moverse no es necesario calentar.
O al menos es lo que me dice la experiencia.
¡Eps!
Ni por un momento pienses que esto es un elogio del amimefuncionismo.
Ni mucho menos.
Antes de estudiar y evidenciar, vamos a pensar.
Que no somos académicos de postín.
Total, no nos queda alternativa.
Pensar o no pensar. Que lo otro nos viene grande (hablo en serio).
“Solo” somos personas normales, mediocres, de la calle, “pobres ignorantes”.
Repito de nuevo: no vayamos a caer en aquello que (dicen que) dijo Einstein, tan prevalente en ciertos círculos expertológicos.
“Cada vez sabemos más y entendemos menos”.
¡Mira tú por dónde!
Voy a lanzar una sentencia en plan experto / gurú.
Esta:
El primer filtro por el que debes observar cualquier situación es uno y solo uno.
La biología y la evolución.
Esto es:
Con el ejemplo de nuestro fallido momento secsual ya deberíamos tener suficiente.
¿Cuántos “estudios” y réplicas y meta-análisis habrá hecho la evolución de tal acto?
Con lo técnico e intenso que puede llegar a ser, ¿necesitas calentar para calentarte y calentar al de al lado?
Pero vayamos más allá…
¿Te imaginas a Pedro, Vilma, Pablo, Betty y demás trogloditas calentando antes de salir a correr, saltar, trepar, arrastrarse para hacer sus cosas?
Un poco más allá…
¿A la leona antes de lanzarse tras una gacela?
¿O a la gacela antes de arrancar sobresaltada en su huida?
Más allá, más allá…
A una araña, a un ornitorrinco, a un oso polar.
A un T Rex, a una medusa, a una ameba.
Ya paro.
¿Los ves calentando antes de hacer sus cosas?
Supongo que ya deduces por dónde van los tiros.
Es tan ridículo.
Tú no, ni cuando calientas.
Ya te he dicho que simplemente eres una víctima de la intelligentsia (gracias, Taleb).
¿Los estudios científicos?
Tampoco. Ni mucho menos. Ojo con esto.
Sin olvidar el problema de raíz en este sentido académico:
“Cada vez sabemos más y entendemos menos”.
Lo ridículo es lo de la necesidad de calentar, digo.
Y NOS INVENTAMOS EL EJERCICIO
No vamos a explicar ni por qué ni cómo.
Que ya hemos hablado suficiente de ridículo.
Vino.
Llegó.
Nos lo inventamos.
El ejercicio, el deporte y esas cosas.
Como postizo, como sustituto, como simplificación.
Algo hace, por supuesto.
Pero el movimiento no se reduce a eso, por favor.
En fin…
Con lo del ejercicio llegaron otras cosas.
El rendimiento, la sobrecarga progresiva, las ganas (o necesidad o deber) de más.
(Aaaaahhh… A lo mejor en este sentido el calentamiento tenga algún sentido).
Y el sacrificio y lo de que si no aprietas y no sudas, pues no sirve para nada.
O sea, lo de ir siempre a tope.
Y claro, cómo no…
Los expertos.
Su necesidad –curiosamente.
Y el miedo y más debes y teneres que y los consejos y la fragilización y la prevención para la salud y la supervisión y la técnica y las órdenes y la obediencia y los másters y certificaciones y los requisitos y los cuidados y los autocuidados y la optimización y la pre-activación y la post-activación y la intra-activación y…
…y el calentamiento.
Esto es extenuante.
Y va y lo escribo sin calentar…
Necesito un foam roller.
EL CONTEXTO
Si la evolución es el primer filtro, el contexto personal es el último.
Pero no por eso indispensable.
Sin este, todo lo demás tampoco sirve.
Volvamos a las cursivas en mis cosas.
También en sus cosas.
En las cosas según para quién, según para qué, según para cómo, para cuándo, para dónde, para cuánto.
Porque, ojo.
Mira lo que te voy a decir.
No tengo ni idea de si necesitas calentar.
Porque no sé quién eres ni lo que has hecho ni lo que haces ni lo que vas a hacer.
Yo eso solo lo sé de mí.
Soy un tipo normal.
Tengo 42 tacos, trabajo (y sufro) como autónomo desde hace quince años y tengo una hija de casi tres.
Y, entre tanto jaleo, sé que para eso que has visto en el vídeo yo no necesito calentar.
¡Pero!
Pero tal vez tú si necesitarías hacerlo.
Pero a veces para otras cosas yo sí que caliento.
¡¡Ostras!!
¿Qué cosas?
Demasiado largo explicarlo.
Son mis cosas.
Además, ¿para qué quieres saber de mis cosas?
Lo chulo es investigar y cuestionarte sobre tus cosas.
Y, SOBRE TODO, acerca de lo que te digan los demás sobre lo que debes o tienes que o necesitas hacer cuando no tienen ni puñetera idea de tus cosas.
Inclúyeme en ese «los demás», para cuando se me escapa algo sin que me lo pidas.
PREGUNTA Y PIENSA (Y ACTÚA)
Soy patético.
Acabo de decirte que pases de mí cuando te lance un consejo gratuito en plan gurú y va te lo suelto.
Pregunta y piensa.
Pregúntate y piensa sobre todas estas cosas para encajarlo en tus cosas.
Que mola mucho.
Algunas ideas:
¿De dónde salió esto del calentamiento?
¿Hay movimientos que se pueden clasificar como calentamiento y otros que no?
Quiero decir, ¿por qué hacer círculos con un brazo es un «calentamiento» y caminar sobre las manos no?
¿Y si caminas sobre las manos cada día? ¿Te hace falta calentarlo?
Si viene una bici a toda castaña y ves que está a punto de atropellar a tu hija, ¿calentarás un poquito antes de cogerla rápidamente para apartarla?
Y un par que considero fundamentales:
¿QUÉ ESTARÁ PASANDO CON NUESTRO ESTILO DE VIDA QUE PARA MOVERNOS SIN MÁS PRETENSIONES QUE HACERLO POR HACERLO, PARA JUGAR UN POCO, PARA HACER UN PINO O UNA VOLVERETA, SALTAR, CORRER, CARGAR ALGO DE PESO, DIVERTIRNOS O «ACTIVARNOS» UN RATO NECESITAMOS «CALENTAR»?
¿Te imaginas que hubiera una manera de vivir que te mantuviera siempre «caliente», listo para la acción cotidiana (no un récord olímpico, joder), INCLUIDO EL JUEGO SEGÚN TU CONTEXTO PERSONAL, sin tener que padecer por los miedos y esas creencias tan limitantes y fragilizadoras que nos meten en el cuerpo los expertos?
—Rober, es que hay estudios científicos que demuestras que el calentamiento es necesario y previene lesiones y…
“Cada vez sabemos más y entendemos menos”.
Vuelve a leerlo todo.
Y luego sigue desde aquí.
LA PREGUNTA CLAVE
Verás.
Hay una pregunta, la última, que es clave en todo esto.
Sobre calentamientos y no calentamientos he hablado por activa y por pasiva ya.
En este blog puedes encontrar un montón de ideas que se pueden adaptar a tu contexto, sea el que sea tu nivel.
Cuidado, ninguna tesis o cátedra.
Que yo de eso no entiendo, en serio.
La primera premisa para leerme es no creer JAMÁS lo que digo.
La segunda es estar abierto a estas idas de olla.
Porque es el único propósito, en realidad.
Que se te vaya la olla.
Que salgas de la otra olla, esa olla a presión en la que nos han metido desde pequeñitos, y se te vaya la olla.
Tu olla.
Gracias por pasarte por mi espacio para dejarme ir e invitarte a reflexionar, si quieres.
Y moverte, claro.
Que tengas buen día,
Rober Sánchez
PD: LA PREGUNTA CLAVE
¿Cómo saber si has entendido y te ha sido útil todo esto que acabas de leer?
Solo hay una manera.
¿Ahora mismo en tu cabeza tienes más preguntas sobre el calentamiento (o sobre lo que sea) de las que tenías antes de leerlo y estás dispuesto a “moverte” a su alrededor?
Entonces, efectivamente, te ha servido.
PD2:
—Cariño, ¿tenemos secso?
—Espera, que lo miro. Pero creo que no.
PD3:
Si quieres seguir leyéndome para moverte con más cabeza, escribo un correo cada día a mis suscriptores y es gratuito. También te regalo un TEST para saber qué tal andas de movimiento. Puedes apuntarte aquí.
Lo he releído varias veces no fuese uno de aquellos textos combinando letras y números que simulan el mismo patrón visual que algo escrito “normal”, de los que tienes que descifrar lo que dice.
Pero no.
El correo me confunde.
No sé si Noemí ha sentido gustirrinín, que era la idea.
O son los crujidos y ruidos de su cuerpo al movilizarse así, que también puede ser.
O tal vez le produce cierto asco, con el “aaaaahhhrrrrq” tan largo del final. Hace un tiempo leí a una chica que ese vídeo le daba un poco de angúnia que decimos por aquí, algo así entre angustia y repelús.
En fin…
Con esto de las sensaciones y los efectos de moverse solemos caer en una confusión muy habitual, al emparejar e incluso clasificar algunas actividades por dichas sensaciones.
Y lo del gustirrinín suele relacionarse con eso, hacer algunas movilizaciones o estiramientos, ya sea como tal o enmascarados en disciplinas como el yoga, el Pilates o una clase de Body Balance, que se catalogan como actividades “suaves”, “relajantes”.
Como si después de hacer algunos estiramientos no pudieras acabar destrozado.
O como si el profe de yoga no pudiera haber enfocado la sesión con otros propósitos, centrándose en otras cualidades.
Se nos olvida lo más importante.
Al final, todo es moverse.
No es el nombre que le pongas. No son los beneficios que dicen que tiene X. No son las sensaciones que se supone que debes sentir al hacer Y.
Desde esa perspectiva más amplia, panorámica, el movimiento, puedes buscar y encontrar las sensaciones que te dé la gana cuando tú quieras, sin caer en confusiones de asociaciones absurdas, controlando el cómo y el para qué en cada momento hagas lo que hagas, incluso provocándote gustirrinín con una sesión de fuerza máxima, o fatiga y congestión extrema después de una sesión de Pilates o trabajar tu movilidad activamente.
Eso, en parte, es lo que implica moverse de verdad.
Un claro ejemplo son las Locomociones, con las que puedes sentir de todo y cuando y como tú quieras, en cualquier sitio, dependiendo de cómo las practiques.