Cómo hacer que tu movimiento sea como cagar por el culo

Ojo.

Puede parecer que esto hace gracia, mucha gracia de hecho.

Pero en el fondo, al menos a mí, no me hace ninguna.

Y otro ojo, que se viene una lección de Abril, que ahora mismo tiene 2 años y 10 meses.

Hay algo que no admite discusión:

Las lecciones de las peques son las mejores.

Antes, a ver, aclaro, que Abril ya habla así.

A esa edad, hay quien lo hace y hay quien no.

Que nadie se sorprenda.

Tampoco se preocupen.

Al final todos hablamos más o menos igual, tarde o temprano.

El viernes fui a recogerla a la guarde.

Estamos Sergio, el director, Bea, su head teacher (tiene dos asistentes más), Abril y yo.

Bea me está explicando que ha hecho pipi en el váter.

Y Abril, toda contenta, me dice:

—¡Sí, papa! He hecho pipi en el váter.

—Oh, qué bien —le respondo sonriente.

Y sigue:

—Pero papa… Caca no he hecho.

—Bueno, no pasa nada cariño. Ya harás. ¡Ayer hiciste en el orinal! ¿Se lo has explicado a Bea?

—Pues… no.

Se queda pensativa.

—Es que, papa… La caca se hace por el culo, ¿sabes?

Todos nos reímos, pero sin estridencias.

Y añade:

—Y papa… Es un rollo. Hacer caca por el culo es un rollo —me suelta poniendo cara de resignación.

Ahí ya soltamos todos una carcajada.

—¿Ah, sí? ¿Hacer caca por el culo es un rollo? —le pregunto.

Ella me mira como diciendo “joder, mi padre es un viejales que no se entera de nada”.

Y termina:

—Creo que sí, papa.

Después de contenernos la risa, porque para ella aquello era cosa seria, me vino un pensamiento a la cabeza.

Fíjate tú.

Si a esas edades ya lo sabemos…

Lo que es un rollo.

Y hay cosas que son como son.

Cagar por el culo lo es.

No hay alternativa.

Pero… Joder…

Los burpees, las planchas, los sit ups y la cantidad de “hacer ejercicio” que acumulamos.

Y la repetición exhaustiva y estar constantemente pendiente de los números.

Y el sacrificio y el aburrimiento y la lucha para motivarse para hacer esa caca todos los días…

Todo esto, que es un rollazo, sí tiene alternativa.

Y mira cómo seguimos.

Por suerte, puedes dejar de hacerlo y empezar a MOVERTE.

Enfocarte en aprender y desarrollar habilidades.

No hay nada más estimulante y divertido.

Que se lo pregunten a cualquier crío, que es lo que hacen todo el santo día.

Una manera la puedes aprender en este curso:

Locomociones – Muévete con inteligencia y disfruta de un cuerpo hábil

Rober

PD: y de todo lo demás, de lo rollo y de la caca convencional diaria, te puedes olvidar (casi) del todo. En el enlace.

Cuánto tiempo se tarda en ganar flexibilidad

Aaaaah.

El tiempo y sus cosas.

Y entre ellas… cuánto tiempo se tarda en conseguir tal o cual, o ganar flexibilidad.

Voy a responder a la cuestión, por supuesto.

Pero antes permíteme compartir contigo tres líneas, literalmente.

Son de Diego, un alumno de Movilidad Natural de enero.

Y forma parte de su reporte de la Semana 4 y una pregunta relacionada con la integración de movimiento.

Ojo que viene una lección importante sobre estiramientos.

<<Como la semana pasada, pero mejor aún. Apreciando evolución y notando el cuerpo más suelto.

Ya llego al suelo con los dedos y a cogerme los pies con bastante facilidad estando sentado en el suelo en una especie de “pinza humilde”.

Lo cual es la leche pa mi body>>.

Ya ves.

En cuatro semanas y ya llega al suelo con los dedos y blablablá.

¿Qué nos dice esto?

(Casi) Nada.

Mira.

Mi respuesta a la pregunta.

¿Cuánto tiempo se tarda en XXX?

No tengo ni idea.

Pero sí sé una cosa.

Bueno, dos.

La primera es que si te mueves, mejoras.

Sorpresa, sorpresa.

Esto es de sentido común, ¿no?

Pues no lo parece tanto, visto el panorama de alcayatas, troncos y piedras.

La segunda es que si te mueves con cabeza y practicas con el enfoque adecuado, mejoras más rápido.

Esto también es lógico, aunque no tanto por la mierda que nos han metido en la cabeza.

Voy con esto.

Verás.

Diego, en estas 4 semanas, no ha hecho ni un estiramiento de “los de siempre”.

Quiero decir.

Nada de ponerse así o asá y esperar.

Nada de aguantar la tensión durante 2 minutos.

Nada de respirar de tal o cual manera.

Nada de PNF’s o FNP’s o NFP’s o relax-tensión-relax-estirar-tensión-relax…

Y esperar y esperar y esperar estirando QUIETO no sé cuántos minutos.

Al contrario.

Ha estado practicando otras cosas y, sobre todo, MOVIÉNDOSE.

Y bueno…

Que toca el suelo con los dedos en 4 semanas.

Y que es la leche para su body.

En Movilidad Natural.

Rober

PD: si fuera adivino sabría de tiempo. Pero no lo sé. Lo que sí sé es lo que funciona y lo que no. Para funcionar, en el enlace.

Lo mismo que con las ruedas pero con la cadena

Esto empieza a ser penoso.

Más bien yo empiezo a serlo, mejor dicho.

A ver.

Ser una persona normal a veces da como pena.

Yo no me escapo de eso.

Y caigo una y otra vez en los mismos errores.

Y es algo que me resulta molesto, por qué negarlo.

O sea, ojo, que en realidad me molesto conmigo mismo.

Curioso el ser humano medio.

Un ser que hoy viene con cuatro curiosidades de movimiento que si las tienes presentes…

…uy. Puede cambiar mucho la cosa, el cuerpo, digo, y lo molesto que puedes sentirte contigo mismo.

Iba como suelo hacer en mi bici, tan tranquilo.

Y notaba una cosa rara.

La bici parecía ir bien.

Esta es una de las curiosidades.

Lo parecía, pero no.

Porque al ese ir bien aparente le acompañaba algo que resultaba, como mínimo, molesto.

No sé ni cómo explicarlo.

Ggggjjjjjrrrr, ggggjjjrrrr, gggjjjjrrrr…

A cada pedaleo.

Ggggjjjjjrrrr, ggggjjjrrrr, gggjjjjrrrr…

Y yo miraba y miraba y no veía nada.

Ggggjjjjjrrrr, ggggjjjrrrr, gggjjjjrrrr…

Ggggjjjjjrrrr, ggggjjjrrrr, gggjjjjrrrr…

Llego a casa.

Me bajo de la bici y miro más de cerca.

Uff.

Madre mía.

Cómo tengo la cadena.

Más seca que un beso de suegra.

Cuando miras y ves de cerca hasta no te puedes creer que aquello incluso funcionara.

Y mira que la solución es sencilla.

Echarle aceite de vez en cuando.

Se lo echo.

Muevo un poco los pedales y hago girar el plato.

Solo dos vueltas.

¡Solo dos vueltas!

¡¡Solo dos vueltas!!

Y ni un molesto ruido.

Ni uno.

Curiosidad dos: qué poquito hace falta.

Curiosidad tres: ¿por qué leches no tendré el hábito de ir lubricando la cadena antes de que eso pase?

Porque bueno, creo que todos tenemos claro que llegar a ese punto, aunque la bici tire, a la larga no le hace ningún favor.

En fin…

Cosas así son las que desarrollamos en Movilidad Natural.

Con la bici no, con el cuerpo.

Que, por cierto, otra curiosidad: no tiene recambios.

Rober

PD: ya no vamos a decir nada de lo que te ahorras de mecánico que, por cierto, si es por dejadez, no te soluciona nada. Solo es un parche.

PD2: para un cuerpo engrasado habitualmente y que funciona bien y no solo lo aparenta, si es que llega a aparentarlo, arriba.

Truco de Ido Portal para el entrenamiento de la movilidad articular

Esto lo aprendí hace ya algunos años de la mano de ¿un gurú?

No.

De el gurú del movimiento, del mismísimo Ido Portal en persona.

Puede que, de primeras, parezca una contraposición a lo que vimos en El segundo error del entrenamiento de la movilidad articular. Intensidad.

Pero en realidad es un complemento.

Una cosa (el truco) que no quita la otra (apretar los dientes).

O sea que, por si las moscas, lo primero que te recomiendo es revisar lo que explicaba en aquel artículo.

Para que no caigas en el error de confundir movilidad con flexibilidad, comprender que es una cuestión de fuerza (en rangos extremos) y, por ende, que requiere aplicación de intensidad (de una manera muy concreta relacionada especialmente con el concepto de intención).

A partir de ahí, el truco.

Y el truco el bueno de Ido lo resumía en una frase:

Fake it till you make it.

Esto es:

Fíngelo hasta que lo consigas.

(Ojo que esto lo explicaba él así y no he comprobado que esté demostrado “científicamente”, aunque me suena que algo hay.

Desde luego, experimental y anecdóticamente sí que puedo confirmarte que funciona.

Ahora bien, desconozco si es pura sugestión.

Pero vaya que, si funciona, qué más dará, ¿no?).

Entonces…

La idea es que mientras estés haciendo el esfuerzo X, en este caso relacionado con el entrenamiento de la movilidad, sumado a que tu estás aplicando una intención específica e intensa, “engañes” de alguna manera a tu cuerpo para que no se rebote y te permita un poquito más de exigencia, de “apretar” y, en consecuencia, un pelo más de rango.

Es decir, no enviarle un mensaje incesante de demanda con sus consecuentes y paralelas sensaciones desagradables.

Sino que, de alguna manera, acompañar el momento de cierta simpatía, bienestar, amabilidad, con tal de que el cuerpo se muestre más receptivo.

Por eso lo de fingir hasta que lo consigas.

Porque, de hecho, lo que buscas, lo que tienes en el horizonte es justo eso.

Que la posición o el patrón que estás desarrollando, a pesar de la intensidad y el rango extremo y la dureza y el “sufrir” de la experiencia, con el tiempo se torne algo “natural”, cómodo, tolerable, agradable.

¿Y cómo lo engañas?

¿Cómo lo finges?

Sencillo:

Dibujando una ligera sonrisa en tu cara.

Y a más intensidad, a más exigencia, a más “malestar”, a más apretar…

…dentro de lo que individualmente toleres, por supuesto…

…más sonrisa fingida.

Y “magia”.

Como te decía, desconozco hasta qué punto esto impacta “realmente” en nuestra fisiología o si simplemente es un truco mental para tolerar mejor el esfuerzo y la experiencia.

Pero no es algo que, desde un punto de vista práctico, me preocupe.

Porque lo que me importa a mí (y en este caso a ti) como persona normal no es la explicación o los mecanismos, sino si puede ser útil para mí individualmente.

Por eso te invito a que sencillamente lo pruebes, juegues con la idea, la explores.

Sobre todo en los ejercicios que impliquen isometría, aguantar una posición X durante un tiempo digamos que prolongado, que suele ser el tipo de práctica más “sufrida” porque, bueno… esos momentos a menudo se hacen eternos.

Dale tiempo al truco y extrae tus propias conclusiones.

Espero que te sea útil.

Gran día,

Rober Sánchez

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La anciana que cambió mi manera de moverme (y mis dolores lumbares)

Ocurrió en verano de 2015.

No solo fue esta anciana, sino un cúmulo de acontecimientos.

Pero sin duda lo que me pasó con ella representó un punto de inflexión.

De ahí que lo recuerde con especial detalle… y cariño.

A pesar de que lo que primero que despertó en mí fue un sentimiento muy concreto:

Frustración.

Verás.

Por aquella época yo ya estaba metido en historias del Método Natural de Georges Hébert.

Y saltaba y corría y trepaba y esas cosas.

Y, la verdad, podría decirse que estaba en forma, fit, sin hacer demasiado ejercicio convencional.

Para mí haber hecho aquel cambio ya supuso un gran qué, después de más de una década encerrado en gimnasios.

Aunque, siendo francos, había un pata de mi movimiento, tal vez la más importante, que cojeaba.

Lo pasaba un poco mal en algunos saltos por falta de flexibilidad en mis piernas.

Ya no te digo en las trepas.

De hecho, no era capaz ni tan solo de tocar el suelo con las rodillas extendidas.

Y mucho menos superar el famoso test de levantarse del suelo sin usar las manos.

Eso dice mucho sobre cómo de bien se mueven tus caderas (no es una mera cuestión de flexibilidad).

A todo ello le acompañaba una lógica sensación de rigidez continua a nivel lumbar –que suele ir de la mano de las caderas.

Ojo, que las lumbares siempre habían sido mi punto flaco.

En realidad podría haber sido cualquier otra parte del cuerpo.

El caso es que la tensión, las molestias, incluso rachas de dolor siempre eran mis compañeras de viaje.

Viajar, viajar.

El viaje y la anciana.

En julio de 2015 mi mujer y yo nos fuimos de mochileo por Tailandia.

De aquel viaje tengo un montón de buenos recuerdos… y otros no tanto, ojo.

De lo más guay es que aprendí muchísimo sobre movimiento en algunas incursiones, por así decirlo, que hicimos en un par de rincones bastante remotos, fuera de lo turístico.

Pero lo de la anciana pasó en una de las atracciones más guiris que te puedas tirar a la cara.

Uno de esos templos que visita todo quisqui, en Bangkok.

Yo ya estaba dentro del templo, descalzo, con mi mujer.

Sentados, esperábamos a que una ceremonia exprés empezara.

Ya llevábamos un ratito en el suelo, cuando entró una anciana adivino que japonesa.

Estando allí nos contaron que los japoneses y chinos del este, y también los surcoreanos, solían bajar a Tailandia en vacaciones.

Igual que aquí los ingleses, holandeses, alemanes, etc.

Para hacer bien el amor hay que venir al sur, ¿no?

En fin…

Que como ya acumulábamos unos minutos sentados en el suelo “de aquella manera”, quiero decir, de ninguna manera en especial, pues el cuerpo se empezaba a incomodar.

La anciana se me acerca.

Me mira y dibuja una sonrisa amable.

Y me hace un gesto con la cabeza como pidiéndome permiso para sentarse a mi lado.

Yo le devuelvo la sonrisa y asiento.

Y la “señora mayor” va y, ojo, sin tocar el suelo con las manos, se sienta.

Y no sobre el culo.

Lo hace sobre sus rodillas…

…y sus empeines desnudos.

¡Y más ojo!

No lo hace como solía sentarme yo en el suelo, en plan elefante.

Ella se movía como un gato.

¡¡Y mucho más ojo!!

Después de la mini-ceremonia / demo budista chachipiruli para turistas, pues había que levantarse.

Y ahí ya se hicieron más evidentes las diferencias y mi dolorosa frustración.

Ella, como si nada.

Yo… ¿como si todo?

No.

Como que todo.

Como que todo, de verdad, me dolía, después de estar sentado en aquel suelo duro unos tres cuartos de hora, cambiando de posición cada poco por la incomodidad.

Especialmente las rodillas y la espalda.

Y ella como si nada, después de una media hora en seiza, sin inmutarse.

Y como un gato. Se levantó con la elegancia de un gato, sin usar las manos de nuevo.

Y yo como un elefante.

Muy fit pero elefante.

Aquello se me quedó grabado a fuego.

Junto a otras anécdotas las cuales la gran mayoría implicaban a gente “mayor” en movimiento.

Fue cuando me di cuenta de que, efectivamente, algo estaba fallando.

Y la manera de moverme empezó a cambiar.

(Y, por cierto, de mis lumbares y caderas ni rastro el 99% del tiempo desde entonces).

Sería muy épico ser absolutista en este sentido.

Pero sin duda alguna aquel día más que probablemente determinó que diseñara el curso más gordo, importante y fundamental del tinglado que he montado.

Por no decir el que más beneficios reporta, con diferencia. Aquí:

Movilidad Natural

Rober

PD: no hablé con ella, pero algo me dice que ejercicio como tal no hacía. Otras cosas sí, pero ejercicio no. Al fin y al cabo, yo hacía dos horas de ejercicio de lunes a sábado, y estaba tó tieso. Para moverte como una “anciana” hasta que seas bien mayor, en el enlace.