¿Esto es largo o es corto?

Creo que este correo va a ser muy corto, aunque no lo sé.

Contiene una de las lecciones de movimiento más importantes.

Bailando con lobos es una de mis películas preferidas.

Dura casi 4 horas.

He perdido la cuenta de cuántas veces la he visto.

Siempre se me hace corta.

El otro día recibí un correo de Alberto:

<<Rober, te sigo desde hace años, diría que desde Una vida sencilla, y me encanta leerte.

Pero a veces tus correos se me hacen largos.

Creo que algo más cortos serían más fáciles de leer, al menos a diario.>>

Gracias, Alberto, por tus palabras.

A veces a mí también me pasa.

Con muchas cosas.

Te comprendo perfectamente.

Mira.

Por un lado, no sé lo que es un correo largo o lo que es un correo corto.

Los gurús del email branding dicen que lo óptimo para un correo son 300-400 palabras.

Me suena a Para hipertrofiar tienes que hacer entre 8 y 12 repeticiones.

Yo me pregunto… ¿Corto, largo, óptimo?

¿Comparado con qué?

¿Cuál es el propósito?

¿Largo o corto para quién? Para ti, sí. ¿Para todos?

¿Y en qué momento, situación, escenario?

Por otro lado, es cierto.

Los míos a veces se quedan en esas 400. Otras me paso de 700.

Yo, que “soy de ciencias” y que todavía pienso más contando que pensando, llevo una década llevándome bastante mal con los números.

Prefiero usarlos. No que me usen.

A veces mis correos son más cortos. Otras más largos.

Y otras depende de con qué los compares, cuál es su propósito, quién los lea, o en qué momento, situación, escenario.

Verás.

Los correos son lo largos o cortos que son.

Escribir a veces sale largo y otras corto.

Leer a veces se hace largo y otras corto.

Vivir, moverse, a veces se hace y otras veces es y otras veces parece…

…largo, corto, depende de la referencia, el propósito, quién, cuánto, cuándo, dónde, cómo.

Y como lo de las palabras se puede liar ad infinitum, ahora solo me quedaría poner el emoticono ese del tipo que levanta los brazos a los lados, con las palmas hacia arriba y encogiendo los hombros, y cara de ¿qué le vamos a hacer?

Otra pregunta habitual sobre algunas métricas:

¿Aprender a invertirse lleva mucho tiempo?

Pues no lo sé. Puede que sea lento o puede que sea rápido.

Será lo que será.

De hecho, mi curso es totalmente flexible y progresas a tu propio ritmo.

Invertidas – El arte de moverte bocabajo

Rober

PD: me he ido a exactamente 498 palabras. ¡Me cachis! ¿Es largo o corto? Es lo que tenía que ser.

PD2: ¿Rápido? ¿Lento? Eres tú, es tu cuerpo y es tu práctica de movimiento. Es lo que es. En el enlace.

Masterclass de psicología en una cafetería

En realidad son 2 masterclass.

Una de psicología y otra de “entrenamiento del core”.

En un momentito, ¡pam, pam!, dos clases magistrales que me dan sin pagar un duro.

Bueno, el precio de un café.

Te cuento:

Sábado.

7:30 de la mañana.

Abren la cafetería.

Entro.

Y conmigo mis tres acompañantes de café de los sábados.

Siempre son los primeros, conmigo.

Se sientan a mi lado.

Son dos mujeres de unos cincuenta y un chaval de veintipocos.

Trabajan enfrente, en el departamento de teleasistencia del Ayuntamiento de Barcelona.

El servicio del botón que se cuelga la gente mayor del cuello por si les pasa algo y necesitan ayuda.

Son buena gente y hacen un trabajo importante.

¡Hoy hablan de ejercicio!

¡¡Vaya!!

Enciendo el ordenador.

Esto pinta bien.

Voy a poner la oreja.

-¿Qué era eso que haces tú? Porque no son pesas, ¿verdad? -pregunta una de ellas.

-No. Entreno con mi propio peso. Hago dominadas, flexiones… -responde el joven.

-¿Y abdominales también?

-Mmm… No. Es que en la calistenia, en todos los ejercicios que hago, los abdominales ya están involucrados. No hace falta que haga nada más.

¡Pam! Primera masterclass.

Pero la mejor es la segunda, la de psicología.

-Así estás, hijo. Como una roca -comenta la otra.

-Bueno, sí, puede. Me mola -dice él, encogiendo los hombros.

Se hace un momento de silencio, mientras se zampa una de las tostadas del desayuno.

-Pero ¿sabes una cosa? En realidad no lo hago por eso. Lo hago porque me sienta bien. Y porque si no lo hago me encuentro mal, desganado, chafado o a veces con ansiedad.

Otro mini-silencio.

La masterclass de psicología:

-Yo siempre se lo digo a todo el mundo. Si estás mal, haz ejercicio. Se te pasa.

Olé tus huevos.

Gracias.

Y ahora yo añado:

Imagínate que el “ejercicio” no es ejercicio, sino movimiento integrado en tu vida.

O sea, ya ni “tienes que” hacerlo, sino que moverte de manera frecuente y diversa es algo que ocurre habitualmente en tu día a día.

Lo vemos todo aquí:

Movilidad Natural

Rober

PD: te sientes mejor, todo tú, el cuerpo y la cabeza. Sin más. En el enlace.

Por dónde empezar a moverte de verdad. La primera alternativa

A ver, con lo machacón que soy con la cuestión, hay una cosa que daremos por supuesta:

Eres consciente de que para poder empezar a moverte de verdad necesitas contar con unos cimientos de movimiento sólidos.

Tener bien asentada tu Movilidad Natural.

Si no, estás empezando la casa por el tejado.

Lo de hoy.

Partiremos de otra suposición:

Eres un novato, un principiante conceptual en esto de moverse.

Es decir, te atrae la idea de orientar tu movimiento más hacia la habilidad que hacia la capacidad.

Porque quieres poder hacer cosas con tu cuerpo lo más diversas, estimulantes y, por qué no, divertidas posible.

Ir un poquito más allá de los espejos, las básculas y los números, que para ti no tienen sentido.

Y que tu “entrenamiento” tenga un propósito… de movimiento.

Pero no sabes por dónde empezar.

Mira.

Yo acostumbro a proponer dos alternativas.

Una indirecta y una directa.

En la primera no dejas de hacer ejercicio, si es que lo estás haciendo.

En la segunda puedes dejar de hacer ejercicio tranquilamente.

Otro día te explico la directa.

Ahora la indirecta.

No tienes por qué dejar de hacer ejercicio, decía.

Puedes seguir con tus deportes y tus gimnasios y tus hiits y tus aplicaciones de móvil y lo que quieras.

De verdad.

Aunque el mensaje sea asertivo, no hay radicalidad por aquí, en serio.

La idea principal es que puedas hacer lo que te dé la gana, no lo que yo diga que debes hacer –porque, de hecho, nunca lo digo.

No sé lo que debes hacer. Eso solo lo puedes saber y decidir tú.

Entonces tú sigues, si quieres, con tu práctica habitual de actividad física más centrada en la acumulación de cantidad.

¿Por qué?

Básicamente porque la propuesta indirecta para empezar a moverte de verdad no es muy exigente a nivel de capacidad, de repeticiones, de números.

Más allá de un aspecto muy específico de movilidad de caderas –que podrás ver enseguida en vídeo y que atacamos de lleno en el módulo 3.

El resto es pura cuestión de coordinación, equilibrio, agilidad, conciencia, inteligencia, control, secuenciación, fluidez, improvisación.

Habilidad.

A esta vía la llamo “el arte de moverte bocabajo”.

Y la puedes aprender en este curso: Invertidas – El arte de moverte bocabajo.

Rober

PD: la segunda vía, la directa, muy pronto.

PD2: además, no te complicas la vida con materiales o instalaciones. Solo necesitas una esterilla y un trocito de suelo en tu comedor, tu terraza, tu jardín, un parque. Y moverte para ser hábil. En el enlace.

Un comentario habitual de las yogis

Digo las yogis porque está clarísimo que la mayoría de las practicantes de yoga son mujeres.

Algún que otro yogi, en masculino, también me ha comentado esto habitualmente.

(Y disculpen mi incorrección si no “se dice” yogi y es yogui o yogini o yoguini o no sé… Nos entendemos con yogi, ¿no?)

Hay una cosa que me encanta del yoga.

Y ojo que siempre hablo desde el punto de vista del yoga como práctica de movimiento.

De lo demás (espiritualidad, preceptos, meditación…), soy un completo ignorante.

Entonces, hay una cosa del yoga que me encanta.

Bueno, me encanta cuando se practica.

Que hay muchas veces que no se practica.

Porque es una práctica.

Hablo de la conciencia corporal.

Los practicantes de yoga que practican yoga con cabeza, tienen la conciencia corporal como uno de los pilares de su práctica.

Eso es una maravilla.

Porque es muy raro.

Tan raro que cuando no se practica, porque es una práctica, acostumbran a aparecer conflictos corporales.

En general y en el yoga.

En el yoga esto pasa cuando estamos más por lo de fuera (cómo se ve la postura, la marca de las mallas, la luz para la foto en Instagram), que pendientes de lo de dentro.

En fin… El yoga tiene, entre otras muchas cosas, esta parte buena:

Te invita (o casi obliga) constantemente a que seas consciente de tu cuerpo “por dentro”.

Si no lo eres, le sacas muy poco jugo a tu práctica y te expones a demasiados riesgos.

Hay un comentario habitual entre las yogis cuando practican algunas de mis propuestas.

Incluso cuando han cursado Movilidad Natural, que en principio es sencillito.

Rescato esto que me escribió Elena en pleno proceso, que lo sintetiza perfectamente ese comentario habitual:

<<Uff, Rober. Yo me pensaba que con mis años de yoga estaría más en condiciones.

Pero estos ejercicios y manera de hacer, con tanta intención (como tú dices), me han hecho darme cuenta de muchas cosas.

No estoy tan fuerte como pensaba. Ahora veo que en yoga abusamos de los isométricos, que en realidad no nos movemos tanto.

Madre mía cómo me tiemblan las piernas después de la serie de la sentadilla del pescador. De hecho, los primeros días no era capaz de terminarla del tirón. ¡Y son solo 10 repeticiones!

Además, nos “apoyamos” demasiado pasivamente en las posturas (ya ves cómo va quedándose ahí tu terminología y las comillas, jeje).

Bueno, eso. Que muchas gracias por todo. Y por hacerme darme cuenta de estas cosas.>>

Darse cuenta. La conciencia. Es el pilar.

Luego, hablando de atributos, la flexibilidad está muy bien.

La flexibilidad del yoga también, por qué no.

El “problema” es que para moverte la flexibilidad es solo un parte.

La parte que hace que las posturas y las fotos se vean mejor, sí.

Pero solo una parte.

Cuando la cosa va de moverse en un amplio recorrido, hay flexibilidad.

También fuerza, control, resistencia, estabilidad.

Eso: movimiento.

Si te interesa moverte, mira aquí:

Calistenia Minimalista

Rober

El secreto de la motivación en una película

Hay una escena de la película El Rey Pescador que:

· Fulmina magistralmente cualquier relato simplón acerca de las motivaciones y desmotivaciones para moverte mejor.

· Aniquila toda verborrea sobre lo difícil, lo divertido, lo fácil o lo que sea que pueda resultarte en un momento dado.

· Y resume por qué vale tanto la pena salir de la jaula de lo convencional y dejar de hacer tanto ejercicio.

Es de madrugada.

Parry (Robin Williams) y Jack (Jeff Bridges) están en medio de Central Park, en plena oscuridad, solos. No hay ni un alma.

No se escucha nada, aparte del ruido lejano del incesante tráfico neoyorquino.

Tampoco se ve muy bien. La amplia pradera en la que se encuentran está tímidamente iluminada por unas farolas que la limitan al fondo de todo, a unos cien metros de distancia.

Parry está de buen humor, porque siempre lo está, aunque al mismo tiempo se muestra indignado, un tanto molesto, quejoso por los límites y los miedos que impone la sociedad, lo convencional, la cultura de la obediencia.

De repente, sin avisar, se empieza a quitar el abrigo, las botas, la gorra.

—¿Qué haces? —le pregunta Jack, entre sorprendido y sobresaltado.

­—El tiro a la nube. ¿Nunca lo has hecho? Te tiendes de espaldas, y te concentras en las nubes y las rompes con la mente. Es bestial. Pero tienes que estar desnudo para poder transmitir la energía psíquica.

—¡No puedes hacer eso! ¡¡Esto es Nueva York!! —le interrumpe Jack —. No se puede estar desnudo en un prado de Nueva York. Es muy provinciano. Anda.

Demasiado tarde. Parry ya se ha quitado la camiseta, los pantalones y los calzoncillos. Está completamente desnudo.

Saltando y mirando al cielo, mueve el culo de un lado a otro varias veces.

—¡Venga, Jack! ¡Es bestial! ¡¡Es muy liberador!! El aire en el cuerpo, los pezones duros y el gusanito colgando al viento.

—Oye, ¡por favor!

Jack no sabe dónde meterse.

—Anda, vamos, Jack. ¿De quién tienes miedo?

—¡Me estás cabreando! ­—grita Jack, tratando de tapar a Parry con su abrigo.

Parry está eufórico.

—¡Estamos aquí en medio con el culo al aire, Jack!

—Oye, yo no voy a hacerlo. ¡Esto es de locos! ¡¡Me largo!! —se molesta Jack, visiblemente enfadado, mientras se dispone a marcharse.

—Venga, Jack. ¡Quédate! —le pide Parry.

Y aquí llega el momento culminante.

Parry se sienta en el suelo.

Y empieza a arrastrarse, como una oruga pero del revés, restregando el culo contra la hierba.

Jack se le queda mirando con la boca abierta, atónito.

—¿En serio? —le pregunta desconcertado.

Y Parry, entre carcajadas, le responde con otra pregunta.

La pregunta del millón:

—¿Sabes por qué hacen esto los perros? ¡Porque es un gustazo, Jack!

Una forma para empezar a moverte mejor y DISFRUTAR DE VERDAD de un cuerpo hábil la puedes aprender en este curso.

Locomociones

Rober