Cómo conocer tu cuerpo y moverte mejor sin saber nada de anatomía

Acabo de salir del gimnasio.

Allí nadie practica lo que voy a proponer.

Escribo esta entrada del blog un poco a la desesperada.

Seguro que ciertos sesgos personales me influyen, pero la tendencia que veo, cada vez más acentuada, no me gusta nada.

Me da yuyu.

La encuentro incluso no diré peligrosa, pero sí arriesgada.

Sobre todo cuando lo que cuenta, lo que vale la pena conocer en primera persona, como todo el mundo sabe, aunque en la azotea andemos un tanto despistados, es el movimiento.

No el conocimiento sobre movimiento.

Moverte y, en paralelo, el conocimiento que te otorga el movimiento en sí mismo, digo.

Son cosas distintas.

Entonces, tú estás por aquí, por el universo virtual, y te encuentras lo que te encuentras.

Constantemente, por todas partes, en plan bombardeo.

Y, más grave todavía: en el mundo “real” está pasando exactamente lo mismo.

Justo antes de ayer escuchaba una conversación entre dos chavales en el parque de calistenia que frecuento.

No sabía dónde meterme.

Por eso me siento como obligado a escribir esto.

Una vía directa, una solución cotidiana al veneno de la locura tecnicista, intelectualista, maquinista.

Cómo conocer tu cuerpo y moverte mejor sin saber nada de anatomía.

¿QUÉ ESTÁ PASANDO?

Es sencillo –y, a mi parecer, preocupante.

Estamos confundiendo conocimiento o, mejor dicho, sabiduría, con información técnica, académica, “ de manual”.

Y, a un ritmo frenético, los expertos invitan con insistencia casi violenta a profundizar más y más, más y más, más y más, en ese supuesto conocimiento.

En los músculos, en las células, en la biomecánica, en las mitocondrias, en las hormonas, en los mecanismos fisiológicos, en los ejes neuroendocrinos.

Sin darnos cuenta de que, cuanto más tiempo pasamos ahondando en ello, menos tiempo pasamos en lo importante.

Y más profundo estamos cavando el hoyo.

¿Qué es eso tan importante, lo fundamental?

El movimiento.

Y todo el conocimiento REAL y PERSONAL, toda la sabiduría diaria y cotidiana que nos puede aportar.

Ahora veremos cómo.

OJO.

Que no estoy menospreciando ese otro conocimiento académico, técnico, “de manual”.

Aquel que lo necesita para lo que lo necesita debe conocerlo.

Justo esta es la cuestión.

La congruencia entre el qué y el quién –y el cuánto.

María, que es fisioterapeuta, necesita y debe tenerlo.

Pedro, que trabaja en una oficina, no.

Puede tenerlo, por supuesto. Por interés propio o por lo que le dé la gana.

Pero ni necesita ni debe.

Y menos, mucho menos, cuando por pretender “conocer” más y más, se pierde entre tanto “conocimiento” y se pierde el CONOCIMIENTO verdadero, el de moverse.

Porque es lo que luego te encuentras.

Personas de a pie sobreinformadas e inframovidas.

“Saben” mucho de movimiento.

Y no SABEN nada de movimiento.

(Insisto en ello, por si el problema no había quedado claro).

TU CUERPO NO ES EL CUERPO

Después, y aprovechando el momento, antes de pasar a cómo solucionarlo, un matiz que no se suele tener en cuenta.

Una cosa es hablar y conocer “el cuerpo humano”.

Y otra TU CUERPO.

Lo de “el cuerpo humano”, precisamente, es de lo que se encargan los académicos.

Lo estudian –estadísticamente.

Extraen y concluyen en unas medias, unos estándares, unos principios (más o menos) compartidos, comunes.

Y publican estudios, tesis, libros, atlas de anatomía.

En cambio, tu cuerpo…

Tu cuerpo, por mucho que tenga en común con “el cuerpo”, en profundidad solo lo puedes estudiar y conocer tú.

Y, evidentemente, no en los mismos términos.

Este conocimiento, esta sabiduría, es lo que yo te propongo, te invito a perseguir.

¿Por qué?

Porque en lo cotidiano de una persona normal como lo debes ser tú (un académico no acostumbra a leer blogs mediocres como este), lo que más importa son las herramientas y recursos prácticos, útiles, que le resuelven el día a día en cuestiones de movimiento.

Otra vez: el movimiento en sí mismo.

¡Y vamos a rizar el rizo!

Porque lo más bonito de esto es que dicho conocimiento del movimiento, como no podría ser de otra manera, ¡SE MUEVE!

¿Qué quiero decir con esto?

Me explico:

El conocimiento de “el cuerpo”, como habrás podido observar, es estático.

Terminología, mecanismos, procesos, principios… no se mueven – y justo por eso se pueden escribir en un manual.

¡Pero!

Pero el conocimiento de TU CUERPO en movimiento es absolutamente distinto.

Es dinámico.

Se mueve.

Si haces el ejercicio de recordarte en movimiento hace veinte años, y hace diez años, y hace cinco años, y hace dos años, y hace un año, no te costará reconocer que tu cuerpo no se mueve igual.

(Ya te gustaría, ¿no? Yo tengo 42 y empiezo a notarlo).

¡Pero hay más!

Porque seguramente en lo que no has caído es que no solo año a año…

también mes a mes, semana a semana, día a día, tu cuerpo en movimiento es DIFERENTE.

No digo ni mejor ni peor, ni para adelante ni para atrás.

DISTINTO.

Por lo tanto, el conocimiento sobre sí mismo cotidianamente cambia, se modifica, varía inevitablemente día a día, todos los (puñeteros) días.

*No sé si he sido capaz de explicarme del todo bien, pero esto en realidad es tan bestia…

LA HERRAMIENTA

Con todo, el abordaje a dicho conocimiento requiere de un enfoque, de una mirada completamente distinta a la que se suele recomendar.

Sin nombres, sin funciones, sin tecnicismos.

Con conciencia, con sentir, con acción, con práctica cotidiana para personas normales.

Y he aquí cuando aparece la solución en forma de herramienta.

Una herramienta que llevo promoviendo desde hace más de 10 años.

Algo que NO HE INVENTADO YO, porque existe, al menos que yo tenga constancia, desde el origen de las artes marciales internas de la Antigua China.

Y ha tenido diferentes expresiones a lo largo de la historia, sobreviviendo a la selección natural cultural, cumpliendo el efecto Lindy de Taleb (lo que tiene más probabilidades de perdurar es lo que más tiempo lleva perdurando).

Si esta herramienta ha perdurado tanto, será por algo.

Y si yo (como otros a su manera) me he atrevido a algo, es a recontextualizarla, y simplificarla para que sea factibles de implementar en “la vida moderna”.

Si llevas tiempo siguiéndome, ya sabrás de qué hablo.

Efectivamente, son las rutinas de movilización.

Contar con ellas en tu caja de herramientas de movimiento y tenerlas a manos para usarlas aquí y allá, en tu vida diaria, tiene el potencial de alimentar tanto, pero tanto tanto tu movimiento.

Y, por ende, el conocimiento (dinámico) de tu cuerpo.

Úsalas, co ño.

Úsalas.

Es un juego infinito.

Por si no lo haces, por si no las tienes, he aquí unas cuantas por dónde puedes empezar a jugar.

Y darte cuenta de que el resto de información puede estar muy bien, claro.

Pero no es ni una necesidad ni un deber.

Y pueden estar restándote… y paralizándote.

En cambio esto…

Bueno, no voy a ser yo el que te lo digo.

Lo pruebas y decides:

Rober Sánchez

PD: el único conocimiento técnico, por llamarlo de alguna manera, que recomiendo tener, son unas nociones básicas de las funciones articulares fundamentales del cuerpo humano.

¿Por qué?

Porque a la hora de transmitir conocimiento PRÁCTICO sobre movimiento entre personas, es decir, en el momento de explicarte cómo realizar tal o cual gesto, patrón, tarea motriz, como cuando hablo sobre cómo hacer una vertical o mejorar tu movilidad de cadera, nos entendamos.

Para eso, en el Laboratorio de Movimiento, tienes disponible el curso gratuito JOINTS – Conoce tus articulaciones en movimiento.

Solo necesitas una cuenta de correo y una contraseña para entrar. Puedes inscribirte en el Laboratorio a través de este enlace. Dentro encontrarás JOINTS, y otros 6 cursos de bienvenida.

PD2: a partir de ahí, en realidad, como necesidad y como deber, nada de nada. Más allá de moverte, claro. Con las rutinas de arriba.

Ventajas de ser autónomo

Ser autónomo tiene un montón de ventajas.

Una de ellas, la mejor, tiene que ver con algo que pasará mañana.

Te lo explicaré en su momento.

Yo soy autónomo desde 2007.

Antes había trabajado en algunos gimnasios.

También para particulares.

Incluso para una farmacéutica de las gordas, la primera en España que dedicó una planta de sus oficinas centrales a un gimnasio bien chulo para sus directivos, con sauna y todo.

En marzo de 2007 tomé la decisión.

El 13 de junio inauguraba con un par de socios mi propio centro de entrenamiento personal, en Barcelona.

Y, claro, me hice autónomo.

Ojo.

Ser autónomo tiene sus desventajas.

Eres tu propio jefe. Eso no es fácil. Mandarte a ti mismo.

Aunque parezca mentira, a veces puede ser más difícil darte órdenes a ti mismo que simplemente acatarlas.

Tomar decisiones continuamente, marcar el ritmo y saber cuándo apretar y cuándo frenar, gestionar problemas, fijarte un horario…

Luego, están esa serie de gastos fijos que tienes que pagar entre lo que entre, incluso aunque no entre.

Ahí, por supuesto, se incluyen las vacaciones, si las haces, cuando no entra nada de nada y tú tienes que seguir pagando.

Si además, por aquello de ser cool (como yo, ya sabes), te acabas montando un negocio digital, 100% online, asume que para el resto del mundo estás abierto 24 horas al día, 7 días a la semana, 365 días al año.

Y si encima, para rematarlo, eres tan arrogante de hacértelo todo tú solo (como yo, ya sabes), pues prepárate para currar el triple de lo que harías si fueras un poco más humilde y supieras delegar parte del trabajo.

Cuidado, que lo peor de todo no es eso.

Lo más chungo es cuando cualquier día, como me ha pasado a mí hoy, te dejas la agenda abierta encima del escritorio y, al cogerla, te das cuenta de que tu hija de dos años ha estado jugando con todos tus bolígrafos de colorines y se ha dedicado a hacer garabatos por tooooodas las páginas.

Suerte que, al menos a mí, esto me ha pillado la última semana de “curro público” y prácticamente no había citas pendientes.

Con todo eso, fíjate tú, después de 14 años, no lo cambio.

Esto es una opinión como otra cualquiera, por supuesto.

Y mucho menos un juicio moral o algo así.

Yo, si puedo, y haré todo lo que esté en mi mano, no vuelvo a ser asalariado de nadie.

Ventajas y desventajas, pros y contras hay los mismos siendo autónomo que trabajando para otro.

Pero es que ser autónomo te da un no sé qué, la emoción de la incertidumbre quizás, una chispita diaria, o incluso cierta sensación de libertad, más allá de las ventajas y desventajas, que lo otro… pues como que no.

Es como lo de moverse.

Que puedes estar ahí esperando órdenes de un monitor, un entrenador o una app, o una revista en el peor de los casos.

Dependiendo de los horarios, las instalaciones o el material.

Y rezando para que el año que viene no haya un covid-20 y te lo cierren todo otra vez unos cuantos meses.

Con lo guay que es ser autónomo y valerte por ti mismo y tomar tus decisiones y sentir esa chispita de libertad.

Con tu cuerpo como material principal, en cualquier momento y lugar.

Una manera entre muchas otras:

Invertidas – El arte de moverte bocabajo

Rober

PD: pronto te contaré la gran ventaja de ser autónomo.

PD2: tiene sus pros y sus contras, claro. Pero esa sensación de libertad y autonomía… En el enlace.

Hilary Swank y un truco de precisión

Hay un truquito a la hora de moverse que puede ayudarte a salir del atolladero cuando estás ahí estancado, tratando de aprender una habilidad que requiere de cierta precisión.

Puede servirte para un salto, un paso, un equilibrio, una invertida.

Y, como casi siempre, no se trata de hacer nada especial, sino de no hacer lo que solemos hacer.

Que es meter la pata hasta el fondo.

Hilary Swank nos lo demuestra en su último trabajo.

En Away, Swank interpreta a la comandante de la que se supone que será la primera misión tripulada a Marte con expectativas de pisar el planeta rojo.

No voy a hacerte spoiler.

Es una serie de naves espaciales que en realidad tiene poco que ver con naves espaciales.

Y te la recomiendo.

El caso es que, cómo no, como en la vida misma en movimiento, no hay misiones espaciales sin imprevistos.

¿Por qué narices nos cuesta tanto prever que siempre habrá imprevistos?

Y, claro, si vas en una nave espacial, pues en algún momento tendrás un imprevisto en el casco de la nave, fuera de la nave.

Y vas a tener que salir a repararlo.

Swank y su tripulación no se van a librar de la típica escena.

Siempre (nos) pasa lo mismo.

Total, que ella y un compañero salen a reparar el casco.

En un momento dado, la ley de los imprevistos se cumple incluso dentro del imprevisto.

O sea, cuando estás gestionando el imprevisto surge otro imprevisto.

Un imprevisto en el imprevisto.

Están reparando el casco de la nave y…

…mierda…

…uno de ellos tiene el imprevisto imprevisto.

Y se queda flotando en medio de la nada, listo para perderse en la deriva espacial por toda la eternidad.

Momento de tensión.

El rescate, si requiere de algo, es de precisión.

Porque, bueno, estos rescates siempre implican lo mismo.

En Gravity (Clooney) y Marte (Damon) también pasa.

Tú en el traje llevas unos propulsores que te ayudan a impulsarte por el espacio, sin gravedad.

Y necesitas ser muy preciso a la hora de usarlo.

Demasiada propulsión y puedes salir disparado, a tomar por viento, como decía mi abuela.

¿Qué hacen para rescatarse?

¿Forzar la situación, luchar, apretar a tope el propulsor?

Claro que no.

Psss… Psss psss… Psss psss psss…

Dar toquecitos suaves, amables, cortitos.

Para ir avanzando milímetro a milímetro, como un neurocirujano, con extrema precisión.

Psss… Psss psss… Psss psss psss…

Este es el truco.

Para aplicarlo al saltar, al locomocionarte, al equilibrarte… al moverte con precisión.

Y más todavía a la hora de invertirte y equilibrarte sobre las manos.

Aprieta, fuerza, lucha… y a tomar por…

Te lo enseño con todo lujo de detalle en más de una docena de patrones distintos en este curso:

Invertidas – El arte de moverte bocabajo

Rober

PD: psss, psss psss, psss pss psss… Aprendes a tu ritmo y con un progreso milimétrico, meticuloso, preciso. En el enlace.

Malas personas

Hoy no dejo el consejo gra tis para el final.

Directo: cuida tu exposición.

Y no los resultados de tu exposición.

Hablaba con un amigo artista e ilustrador de cómo (se supone que) era yo de niño, adolescente y post-adolescente.

Un buen chico, responsable, educado, adorable.

Y con un pronto, una mala leche, una ira dentro que explotaba a la mínima, una agresividad tan fuera de lo normal.

Siempre me acompañó la sensación de que, en el fondo, yo no era buena persona.

Ya crecidito, a los mid-twenty, empecé a ser más consciente de todo esto.

O tal vez a hartarme, y a rendirme.

Del auto-relato, de las sensaciones, de las conclusiones… más o menos acertadas.

Me hacía pasarlo mal, sufrir.

Instauré una nueva costumbre: intentar pasar el máximo tiempo posible rodeado de buenas personas, a ver si se me pegaba algo.

Al poco tiempo conocí a Meli.

Me enamoré.

Lo he explicado algunas veces ya.

Meli, como todo ser humano, tiene sus puntos fuertes y flacos, por así decirlo.

¿El más potente?

Es buena persona.

Es la persona más bondadosa que conozco.

No dudé en pegarme a ella como una lapa.

Quiero ser como ella.

Y creo que desde entonces he mejorado muchísimo como persona.

Ayer llegaba a casa y le explicaba a Meli:

“He pasado la mañana con Javi.

Jo der. Qué tío. Dibuja que te cagas, tiene inquietudes divergentes, es tan despierto y cristalino…

Pero lo mejor de todo.

Qué noble, que buena persona es.

Mola un montón pasar una mañana con él”.

Y luego seguimos hablando de cómo te sientes cuando pasas tiempo con buenas personas.

Tienes ganas de ser tan bueno como ellas.

De hecho, inevitablemente, se genera un eco, una inercia.

Te conviertes y eres mejor persona, como sin darte cuenta, ni que sea al menos lo que queda del día.

Creo que es importante ser consciente de esto.

De las relaciones

De con quién te relacionas.

No con el propósito de evitar la “gente tóxica”, que dicen por ahí.

En mi opinión no hay nada más tóxico que tildar a cualquier persona de tóxica, en lugar de simplemente dejarla ser como es y tú optar por otra vía.

Otra dirección:

a favor de orientar tu vida (moverte) a pasar el máximo tiempo con buenas personas.

Como puedes intuir, como ya sabes sin que un “gurú” del movimiento te lo cuente, lo del movimiento funciona exactamente igual.

Y en términos precisos de actividad física integrada en tu vida diaria, la que ya se ha hecho más que evidente que es lo más importante en todo este juego, más todavía.

Tu cuerpo (o tu lo que sea eso que llevas a cuestas) y tu movimiento (o no movimiento) en todos sus atributos y matices son la consecuencia natural, espontánea de tu exposición.

Si a lo largo del día no te mueves con cierta frecuencia, diversidad y complejidad gestual y postural…

…bienvenido cuerpo-alcayata-piedra y sus apellidos tenso, rígido, acartonado, oxidado, molesto, dolorido.

Por mucho “hacer ejercicio” que haya por ahí en medio, pobre en variabilidad y en plan montaña rusa.

Si te mueves a menudo, un poquito todos los días, explorando todas tus posibilidades de movimiento habitualmente y de forma amable y natural…

…te despreocupas de los resultados y disfrutas de las consecuencias.

Esto es lo que pasa en Movilidad Natural.

No nos centramos en evitar nada, la verdad.

Ni siquiera las sillas o el ascensor, fíjate tú.

Sí nos exponemos a muchísimo movimiento, cada día, durante 8 semanas.

El resto: consecuencias.

Aquí:

Movilidad Natural

Rober

PD: lo más chulo de todo es cuando te das cuenta de una cosa -> Al contrario de lo promovido de forma más o menos disimulada por Hobbes o Dawkins, algo tan prevalente en nuestra cultura y que creí a ciegas durante mis primeros 30 años de vida porque así me lo habían inculcado de distintas maneras, estoy firmemente convencido de que absolutamente TODAS las personas somos buenas en esencia. Hasta cuando nos comportamos de la forma más vil o despiadada y somos capaces de cometer los actos más atroces y terribles. Solo que vete a saber a lo que nos hemos visto expuestos… Esto tiene sus consecuencias: lo que acabo de escribir es tan paradójico, confuso, desconcertante. Si todas esas “buenas” personas que me he ido encontrando me hubieran evitado por “tóxico” y solo se hubiesen juntado con otras buenas personas, ¿qué habría sido de mí? ¿Será que yo no era tan “malo”? ¿O ellas tan “buenas”? ¿Tal vez no somos todas, natural y humanamente, personas?

PD2: exposición y consecuencias naturales. En el enlace.

Qué opino del Body Combat, spinning, aerobic, yoga, Pilates y el resto de las actividades dirigidas

La semana pasada un suscriptor de la lista de correo, Julián, me preguntaba esto amablemente:

«Rober, ¿qué te parece como actividad de movimiento el Body Combat?».

Hoy yo me dispongo a responderle, también amablemente.

Y además, aprovechando su duda, ampliaré mi respuesta a todas las actividades dirigidas.

Así mato varios pájaros de un tiro y cada vez que alguien me pregunte, le envío el enlace y listos.

Pues eso:

Da igual si es Body Combat, Body Balance, Body Barre, spinning, aerobic, Zumba, etc.

Incluso yoga, Pilates, Crossfit, boxeo, entrenamiento “funcional”.

Lo que voy a explicar sirve para cualquier actividad dirigida que consista específicamente en entrar en una sala, unirse a un grupo, imitar lo que haga el instructor y/u obedecer sus pautas, y marcharse a casa.

(Por lo tanto, antes de tomártelo como algo personal / disciplinar, atiende a los matices).

Lo dividiremos en cuatro partes:

  • Qué pasa. Metafóricamente.
  • Dos preguntas con más chicha.
  • Mi opinión.
  • En resumen y en francés.

QUÉ PASA. METAFÓRICAMENTE

Vamos a suponer que saber idiomas es bueno para la salud.

De hecho, estoy convencido de que es la mar de saludable.

Y, aunque no lo he comprobado, también estoy seguro de que algún iluminado lo habrá estudiado y demostrado científicamente gracias a una subvención pública.

Ni que sea para justificar más inversiones en algo tan “necesario”, en lugar de destinarlo directamente a intervenciones en salud pública, y seguir engordando las arcas del lobby de la industria de los estudios científicos –pero no vamos a entrar ahí, que es otro tema.

En este sentido, ya que hablamos de opinión, a mi parecer no hace falta estudiar nada para comprender que saber idiomas va fenomenal para la salud.

Pero vaya, sigamos con el “cuento” y la imaginación.

Supongamos que alguien lo ha demostrado y que saber idiomas es bueno para la salud.

Y que durante años te lo dicen los telediarios, las marcas, los expertos, los anuncios y los ayuntamientos.

Que te interesa saber idiomas porque es muy saludable y estarás más sano.

¿Por qué?

Porque potencia la plasticidad de tus neuronas, hace que quemes glucosa en el cerebro y promueve que tus mitocondrias se tornen más eficaces.

(¿Acaso estoy mintiendo?).

Fíjate en una cosa:

Saber idiomas puede alimentar tu curiosidad por otras culturas, multiplicar tu conexión social con un buen puñado de personas y, en definitiva, ser una posibilidad más para enriquecer tu experiencia/existencia y DISFRUTAR mucho más de la vida.

Pero en eso no insisten.

Insisten en lo de la salud y lo “neuro” y las calorías y las mitocondrias.

Todo es un suponer, claro.

Pero partiremos de ahí.

Saber idiomas es bueno para tu salud.

Entonces…

Vas tú y te apuntas a un sitio donde la gente HACE idiomas.

Ojo con el verbo que he utilizado, en mayúscula y cursiva.

(Conéctalo con hago Body Combat, hago yoga, hago Pilates, hago boxeo, hago spinning…).

Decía que te apuntas en el sitio.

Y entras en esas instalaciones.

Y ves varias clases de idiomas.

Clase de chino. Clase de alemán. Clase de francés. Clase de mongol.

Entras en la clase de francés.

Porque te han dicho que es lo más factible, de primeras.

Y, para qué engañarnos, porque la profe es la que está más buena de todas.

Y te dispones a HACER francés durante una horita.

(Con chumba chumba de fondo, por cierto, que también debe ser muy saludable porque todo el mundo sabe que te fríe el cerebro… perdón… que te «neuroestimula» más, y a tus mitocondrias ni te digo).

A partir de ahí, todo es sencillo –no sea que te hernies mentalmente.

Solo tienes que hacer una cosa:

Imitar a la profe de francés.

Primera canción.

Si vous voulez.

Si vous voulez.

Si vous voulez.

Si vous voulez.

Si vous voulez.

Si vous voulez.

Si vous voulez.

Así, repitiendo estas tres palabras, durante tres minutos y medio.

Chumba chumba.

Sudando la gota gorda.

Segunda canción.

Apprendre le français.

Apprendre le français.

Apprendre le français.

Apprendre le français.

Apprendre le français.

Apprendre le français.

Apprendre le français.

Tú, en realidad, no te enteras de nada.

Pero te esfuerzas y cumples, disciplinadamente.

Que esto es muy bueno para la salud.

Otros tres minutos y pico.

Tercer tema.

Ce cours ne sert à rien.

Ya sabes la dinámica, así que no la repito.

Reiteración y monotonía a tutiplén.

Tú, más perdido que un pedo en un jacuzzi.

Otros tres minutitos dale que te pego.

¡Yeeeeiiiii!

El mejor momento de la clase.

¡¡Vamos a hacer una coreo!!

Unámoslo todo.

Si vous voulez apprendre le français, ce cours ne sert à rien.

Venga, otra vez.

Si vous voulez apprendre le français, ce cours ne sert à rien.

¡Una más, chiques!

Si vous voulez apprendre le français, ce cours ne sert à rien.

¡¡Vamoooooosssss!!

Si vous voulez apprendre le français, ce cours ne sert à rien.

La últimaaaa… ¡A topeeeeeee!

Si vous voulez apprendre le français, ce cours ne sert à rien.

Si vous voulez apprendre le français, ce cours ne sert à rien.

Si vous voulez apprendre le français, ce cours ne sert à rien.

Uau.

Qué pasada, ¿no?

Cómo he sudado.

Me quema todo.

Esto de HACER francés es brutal.

(Y qué buena está la Jessi, por cierto).

Voy a venir tres días a la semana, fijo.

AHORA…

No tengo ni puñetera idea de lo que quiere decir eso que he repetido cientos de veces.

O si se me entendía algo cuando lo gritaba yo.

¿Y francés?

¿Cómo?

¿Qué?

¿Cuálo?

DOS PREGUNTAS CON MÁS CHICHA

¿Soy consciente de lo que estoy haciendo, específicamente, y de qué me aportará, específicamente?

Porque cuando me meto en una clase de Body Combat, voy a llevarme una serie de “beneficios”, sí.

Igual que cuando me meto en una clase de spinning o de functional training.

O de yoga o Pilates o Feldenkrais o de ponleelnombrechachipiruliquequieras, y SOLO consiste en seguir una serie de instrucciones.

Esto nadie lo niega.

Pero…

¿Soy consciente de lo que me aportará una clase en grupo que solamente consiste en imitar a un instructor, le pongas el nombre que le pongas?

(Porque eso, el nombre, el qué, es lo de menos. Lo crucial es el cómo y el para qué).

Y otra pregunta más, ya introduciendo específicamente la pregunta de Julián.

(Quien, en realidad, si me pregunta a mí es porque intuye lo que voy a responder, digo yo…).

*Ojo con el condicional.

Si lo que me interesa es el marco del movimiento, ¿qué me está aportando dicha actividad en términos de movimiento?

Porque es muuuuuuy diferente, pero mucho mucho…

  • Hacer francés que aprender francés.
  • O hacer Body Combat que aprender un arte marcial.
  • O hacer Body Barre que aprender danza.
  • O hacer yoga que aprender yoga.
  • O hacer halterofilia que aprender halterofilia.
  • O hacer Pilates que aprender Pilates.

Hacer.

O practicar, involucrarte, profundizar, aprender.

Son cosas extremadamente distintas.

MI OPINIÓN

Después de lo que acabo de exponer, sinceramente, creo que mi opinión es absolutamente irrelevante.

Lo primordial es si miramos, de cerca y de lejos.

Si observamos, si comprendemos y si después, en base a ello, tomamos una decisión consciente y coherente con lo que buscamos.

Lo he dicho y lo diré mil veces.

El Body Combat, el spinning, el Zumba y todo lo demás que he nombrado en algún u otro momento de este artículo ni son “malos” ni tengo nada en contra de ellos.

Si hay algo en lo que me posiciono contrario (y diría que ni tan solo eso), es en la tendencia de hacer las cosas al tuntún, porque las hace todo el mundo, porque las recomiendan los expertos, porque son cómodas de aplicar, porque son “buenas” para la «salud o tal o cual cosa…

…sin pararnos a pensar si encajan, si cuadran con el propósito que podemos tener, o si tienen un sentido personal para nosotros.

Con todo, mi opinión es intrascendente.

Lo que importa es la tuya.

Pero ya que me la pides (y matizándolo a raíz de la pregunta de Julián):

  1. Si lo que quieres es ir a moverte un rato a las órdenes de vete a saber quién, te quieres quedar en la superficie, llevarte algunos beneficios de hacerlo y entretenerte en grupo porque te es más sencillo, o simplemente porque no buscas nada más, adelante con cualquier actividad dirigida, tenga el nombre que tenga.
  2. Si lo que quieres es comprender el movimiento, profundizar en el movimiento, involucrarte en el movimiento, ir un poquito más allá en el movimiento, practicar movimiento, aprender movimiento y hacerlo tuyo, darle tu toque personal al movimiento dentro de tu caja de herramientas de movimiento, así no funciona.

EN RESUMEN Y EN FRANCÉS

No es lo mismo una clase imitada, automatizada y superficial como la que acabo de describir, adornada con música y luces de colores y “tribu”, repitiendo hasta la extenuidad eso de:

Si vous voulez apprendre le français, ce cours ne sert à rien.

Que ponerte a estudiar en serio y aprender de verdad el puñetero francés, y comprender que:

Si quieres aprender francés, esta clase (chachipiruli) no sirve para nada.

*Y ahora es cuando alguien que sabe francés me escribe y me dice que la traducción es horrenda, ¡jajajaja! La culpa es de Google. Y mía, que soy un ignorant.

Espero que esto te haya aclarado las ideas.

O no.

La verdad es que no.

Siendo egoísta, espero que tengas dudas, que le des vueltas, que lo cuestiones, incluso que te duela un poquitín (con cariño).

Si todavía no estás suscrito en mi lista de correo, puedes hacerlo gratuitamente y acceder a 7 cursos de bienvenida del Laboratorio de Movimiento (te recomiendo empezar por CORE y JOINTS), mi plataforma de educación online de ¿ejercicio? No. De movimiento. En este enlace.

Que tengas un gran día,

Rober Sánchez

PD: si este artículo te ha resultado útil o inspirador de alguna manera, compártelo con tu gente. A ver si vamos cambiando un poco el chip del chumba chumba. Quien quiera. Claro. Gracias.