Una pregunta para la libertad

La libertad de movimiento no es un hito, una cosa, un resultado.

No tiene nada que ver con la condición de cada cual, la edad, la “gracia”, el “nivel”.

Es una práctica.

Lo contrario de libertad son, básicamente, la dependencia y la obediencia.

Puede que las estés practicando “a conciencia”. Inconscientemente, claro.

Cuanto más las practicas, más te limitas.

Puede que dependas.

De unas instalaciones. O de un material.

De un grupo. Y de su “poder”.

De un animador, un entrenador, hasta un coach o un mentor, si eres más cool.

También de un programa. O de una aplicación de móvil.

De sus instrucciones, fórmulas, recetas. Las del entrenador, las del programa y las de la app.

O de la aprobación de los demás. De una competición. De un récord.

O de tu motivación, o de si hace frío, o de si llueve.

O del horóscopo, el eneagrama o la diversidad de tu microbiota.

Si dependes de una o de varias de esas cosas, obedeces.

Porque esperas las órdenes, lo que “debes” o “tienes que” hacer. En las “mejores condiciones”, puestos a esperar.

Y si no hay de eso, si no tienes eso, si eso te falla… no hay práctica.

No hay movimiento.

Malamente.

La práctica ideal, perfecta puede que no exista.

El primer mediocre soy yo mismo, lo reconozco.

Tampoco es un problema, porque no es una cosa que sea.

Es hacia donde te mueves.

Dinámica. No estática.

La dirección. No la meta. Que no hay meta.

¿Un objetivo o un resultado? No. La consecuencia.

Movimiento.

La pregunta para la libertad de movimiento:

¿Cuánto, cuándo, cómo, por qué, para qué dependes y obedeces?

Pista: tal vez todo lo que necesitas para moverte mejor es un cuerpo y algo de espacio. Y moverte.

Una forma de practicar la libertad y empezar a liberarte la puedes aprender en este curso:

Locomociones – Desarrolla un cuerpo hábil y muévete con inteligencia

Rober

PD: al final te liberas y te libras hasta del profe. Honestamente, es lo más importante. En el enlace.

La ansiedad es movimiento

Mis primeras crisis de ansiedad, que yo recuerde, las tuve en 3º de BUP, a los 16 o 17 años.

Ojo, que por aquel entonces no tenía ni idea de lo que era un ataque de ansiedad.

He sufrido unos cuantos. No sabes lo que es hasta que lo vives… y hasta que lo compartes.

Yo no compartí los míos hasta años más tarde.

Por suerte (o no), el último que recuerdo fue en abril de 2015.

Y cuidado que no hace falta llegar a esas crisis para pagar el peaje de sufrir ansiedad.

De adolescente, más o menos, empiezas a escuchar con más atención a tu mente, a la voz que no cesa de parlotear.

Y a preguntarte el sentido de las cosas, y buscarlo y encontrarlo de vez en cuando, o incluso a dárselo por iniciativa propia (lo último pasa raramente a esas edades, pero pasa).

A mí me podías catalogar como un chaval “de ciencias”.

Y las clases de biología me resultaban soporíferas.

No les encontraba ningún sentido. ¡Ninguno ninguno!

Ahí tienes el eco de la ansiedad que me causaban, en esa exclamación que acaba de emerger espontáneamente y que no voy a editar.

Y entonces, sin saber por qué, se me aceleraba el corazón y me temblaban las piernas.

Primero ligeramente.

Luego la cosa se hacía más evidente, especialmente lo de las piernas.

El típico tic de impaciencia. Tac tac tac tac tac tac. Los pies como una moto.

La falta de aire. Te ahogas.

Y de fondo la voz:

“¿Pero esto qué es? ¿Qué hago aquí? ¿Para qué toda esta paliza?

No entiendo nada. Esto no tiene sentido.

Solo sé que quiero salir de aquí. He de salir. ¡Quiero irme! ¡¡Quiero irme!!”.

No sé cómo, pero siempre me las ingeniaba para escaparme al lavabo antes de que llegaran los fuegos artificiales, el desmadre.

La mayoría de las ocasiones, una vez fuera, conseguía calmarme a base de mucho esfuerzo, respirando, intuitivamente.

Otras veces no lo conseguía. Los lavabos eran mi refugio para desahogarme en soledad.

Yo no soy psicólogo ni psiquiatra ni médico.

Pero sí he experimentado muchísima ansiedad, he hablado todavía más del tema y afortunadamente tengo amigos en esos ramos que sí entienden de esto.

Y todos coinciden en lo mismo.

El movimiento acostumbra a ser una gran aliado para gestionar la ansiedad.

De hecho, la única “cura”.

Yo añado: Claro. Al fin y al cabo, la ansiedad es movimiento.

Fíjate en los síntomas.

Taquicardia, temblores, aumento de la temperatura y la presión sanguínea, hiperventilación.

Y la voz de quiero irme, quiero salir, necesito hacer algo con esto, necesito moverme.

Todo tu cuerpo, incluso tu mente, se prepara para y te pide lo mismo: movimiento.

No es de extrañar que, entonces, moverse sea ¿efectivo?

No. Lo único efectivo.

Hacer algo. Actuar. Transpirar. Moverte.

A ser posible con un propósito y un sentido que sea coherente contigo mismo.

(Obviamente, estoy hablando tanto en el sentido más literal de la cuestión, el movimiento entendido como actividad física, como en el más simbólico, el tomar parte, responsabilizarte, involucrarte y hacer algo con tu ansiedad. Actuar. Moverte).

Si lo del ejercicio y el deporte y tal no tiene sentido para ti o ha dejado de tenerlo,

para el movimiento literal tengo un curso de movimiento que tiene como principios básicos el propósito, el sentido y la intención.

Este: Locomociones – Desarrolla un cuerpo hábil y muévete con inteligencia

Rober

PD: si sufres ansiedad, solo moverse a mi manera no sirve. Ayuda, sí. Pero lo mejor que puedes hacer es compartirlo con alguien que sepa mejor de qué va y te guíe para encargarte de la azotea. Mi amiga Marina de psicosupervivencia punto com sabe un montón, de sufrirla y sobre todo de hacer algo con ella.

PD2: sobra decir que las clases de biología no eran el origen de mi ansiedad, sino un detonador, la gota que colmaba el vaso. Generalmente no es algo tan simple.

PD3: 12 semanas de movimiento con sentido y 20 pasos pasito a pasito, de todo menos con ansia. En el enlace.

Nadie es inteligente

No paramos de decirlo.

Moverse mejor, entre otras cosas, es moverse con inteligencia.

Si te mueves mejor, desarrollas tu inteligencia corporal.

Al revés también queda bien. Si desarrollas tu inteligencia corporal, te mueves mejor.

Pero tenemos un problema más gordo que un dolor de muelas.

Nunca alcanzarás la inteligencia corporal.

Porque nadie es ni puede ser inteligente.

De entre todas las definiciones de inteligencia, me quedo con la del psicólogo Jordan B. Peterson.

Si no has leído sus 12 reglas para vivir, ya estás tardando.

“La inteligencia es la habilidad de aprender y transformarse”.

Aprender.

Y transformarse.

Lo de aprender parece que lo tenemos claro.

Aunque luego nuestras acciones hacen evidente que no tanto.

Mucha inspiración, poca transpiración.

A la práctica, en cualquier proceso de aprendizaje la protagonista es la paradoja de la repetición.

Necesitas repetir algo para aprenderlo.

Pero si lo único que haces es repetir, repetir, repetir y repetir…

¿Estás aprendiendo algo?

Moraleja 1: haciendo ejercicio repetitivamente casi nunca aprendes nada.

No es de lo más inteligente que digamos.

Luego está lo de transformarse.

Porque, bueno, en teoría lo de aprender sirve para eso.

Servir. Servir para algo. ¿Para qué sirve? Para algo.

¿Para qué?

Haces ejercicio, entrenas, te preparas… ¿Para qué?

Moraleja 2: si no hay transpiración, digo, transformación… ¿Para qué?

¿Es inteligente moverte sin un para qué?

Decía que nadie es inteligente.

Porque la inteligencia no es un estado, un hito, ni mucho menos un resultado.

Aprender y transformarse es una práctica.

Cuánto más aprendes y más te transformas, más inteligencia.

No como un hecho. Sino como un proceso.

La inteligencia corporal es una práctica y solo se nutre si se alimenta, si se nutre, si se estimula… ¿Si se practica?

Para eso y para aprender y para transformarte tienes que, sí, TIENES QUE exponerte con cierta frecuencia a estímulos nuevos, diversos y, a ser posible, cada vez más complejos.

Una forma como otras muchas:

Invertidas – El arte de moverte bocabajo

Rober

PD: de paso practicas la autonomía y el compromiso, que son tan valiosos como la inteligencia, si no más. En el enlace.

Lo más importante que debes saber sobre los músculos

Cuando piensas en actividad física y movimiento, hay cosas sobre los músculos que son importantes conocer.

No se suele pensar sobre ellas y si lo hicieras te ahorrarías un montón de problemas.

Te cuento:

A ver, tampoco se trata de ser un lumbreras ni alguien que sepa tanto como un licenciado en ciencias de la actividad física y el deporte o un fisioterapeuta.

El saber no ocupa lugar (o sí), pero lo de los miocitos y los filamentos de actina y el ciclo de Krebs y blablablá no es necesario para moverse mejor.

En cambio, hay otras cosas que sí creo que vale la pena conocer, en plan culturilla general.

Por ejemplo, qué son una contracción excéntrica, concéntrica o isométrica.

De qué manera influye el tempo de un ejercicio en cada una de sus fases, incluidas las pausas.

O los matices que diferencian el desarrollo de la resistencia, la elasticidad, la explosividad o incluso la “soltura”, la capacidad de relajación.

¿Por qué es importante todo esto?

Dependiendo de cómo te estés moviendo estarás solicitando a tus músculos que actúen de una manera u otra, les estarás exponiendo a un estímulo concreto y demandándoles una respuesta precisa.

Y ellos se adaptarán específicamente a tus “exigencias”.

Luego vienen los problemas.

¿Te imaginas que por desconocimiento tú estás estimulando a tus músculos de una forma para las que esas adaptaciones no cuadran, no son coherentes con las expectativas, los resultados o los propósitos que tienes?

Eso significaría que estás perdiendo el tiempo y la energía, y probablemente después la motivación.

No sé, por ejemplo, imagínate que tú haces ejercicio para sentirte bien y ágil y de paso relajarte, por así decirlo, pero tu enfoque hace que cada vez estés más como una piedra.

Por eso, ante cualquier práctica, ejercicio o estímulo, siempre siempre siempre debes preguntarte para qué lo estás haciendo de la forma que lo estás haciendo.

Para qué te mueves como te mueves.

¡Ojo!

Que en realidad para ti esto no es un problema, siempre y cuando estés aquí para moverte mejor.

Todo eso es importante, pero no lo más importante.

Mira.

Esta es la comprensión más importante:

Si lo que practicas es moverte mejor, moverte de verdad, explorando diferentes direcciones impregnadas de diversidad y complejidad, los estímulos son…  ¿diversos?

Y entonces los músculos pues como que se preocupan de sí mismos, que ya son mayorcitos, y se van adaptando a esto y a aquello, así y asá, equilibradamente.

Vamos, como durante toda la historia de la humanidad hasta hace, no sé, ¿cien años?

Una preocupación menos para ti.

Una forma de dejar que los músculos hagan lo que tengan que hacer, moverte mejor y disfrutar de las múltiples consecuencias,

entre ellas vivir sin “preocupaciones musculares”,

te la enseño y la practicas en este curso:

Locomociones – Desarrolla un cuerpo hábil y muévete con inteligencia

Rober

PD: ni un solo nombre de ni un solo músculo y te pones como un toro, sobre todo a nivel de piernas y centro corporal. En el enlace.

La fórmula del mejor profesor que he tenido

Dice Ferran Adrià que los buenos cocineros no necesitan fórmulas.

Puede que las usen. Él las usa.

Pero con el tiempo, cuando ya conocen el plato y lo tienen interiorizado, no les hace falta.

A mi madre y a la tuya no les hace falta una fórmula para hacer la mejor tortilla de patatas del mundo.

Las fórmulas de los mejores no son exactas. Son personales y a ojo.

Primer consejo que no me has pedido: desarrolla tu propia fórmula de movimiento.

El mejor profesor de movimiento que he tenido es Tom Weksler.

El año pasado tuve la suerte de aprender de él durante dos meses, enero y julio.

Yo llevaba un tiempo moviéndome mal y pasándolo muy mal. Desde entonces me muevo mejor y me lo paso mucho mejor.

Y en esos dos meses, con sus palabras y su propia práctica, especialmente durante el mes de julio, que fue como algo más íntimo, compartió su fórmula.

La fórmula es esta:

Moverse mejor = 100 partes de movimiento + 1 parte de preparación

100 x movimiento.

1 x preparación.

100 x movimiento.

1 x entrenamiento / ejercicio / fuerza / movilidad / resistencia / capacidad / pre-habilitación.

Total.

Con lo del movimiento lo demás está cubierto.

¡En cambio!… Con lo demás, lo de la preparación, aunque seas “el mejor”, a pesar de que hayas afinado muy bien el instrumento y lo hayas construido con los mejores materiales, es muy probable que no tengas ni idea de tocarlo.

Fíjate, sobre todo en la negrita:

“Poco a poco le voy cogiendo el gusto a la práctica de estar en cuadrupedia. En pocas sesiones, voy ganando en fluidez y tengo que pensar menos el paso. Incluso, a veces, me atrevo con alguna improvisación. También me está siendo de mucha ayuda el gateo extendido para mejorar mi rango de movimiento. Todos los días estoy haciendo tres – cuatro pasillos de ese ejercicio. Una maravilla.”

Esto es parte de un correo de Rubén, un alumno. 

Un curso para construir unas bases sólidas de movimiento y ganar de todo lo demás de gra tis:

Locomociones – Desarrolla un cuerpo hábil y muévete con inteligencia

Rober

PD: además, con lo del movimiento hay aspectos, cualidades, atributos, principios que solo solo solo puedes desarrollar pues así, moviéndote.

PD2: te enseño una fórmula. Luego la tiras a la basura, porque has creado tu propia fórmula. En el enlace.