Videotutorial: Domina tus equilibrios sobre las manos. Un truco para controlar tus entradas a invertidas y verticales desde el principio

Cuando estás aprendiendo cualquier habilidad corporal, y más cuando hablamos de invertirte sobre las manos y mantener el equilibrio bocabajo, equivocarte y fallar no es que sea normal…

Es un paso obligatorio, algo inevitable.

Es así como se aprende.

Ahora bien, no hace falta hacer el pringao por los siglos de los siglos.

Lidiar con el estancamiento y la frustración durante semanas o meses puede resultar muy duro.

Y, más que nada, minar tu motivación hasta hacerte creer que esto no es para ti y finalmente abandonar.

Eso ya no es de mindundi.

Más bien se trata de no caer en una trampa muy habitual entre los principiantes.

Ponerle cabeza al asunto.

Y optar por adaptar la cuestión al momento real del proceso, y no donde te está llevando el deseo o la imaginación.

¿Quieres dominar tus equilibrios y controlar tus entradas desde el principio?

Solo con cambiar un pequeño matiz en tu práctica puede marcar una GRAN diferencia.

Y vamos a verlo específicamente para:

  1. La rana.
  2. El trípode de cabeza.
  3. La vertical / pino /handstand.

Cuidado con una cosa…

En el tutorial voy a dar por supuesto que sabes de qué estoy hablando en cuanto a cómo construir la base de apoyo para cualquier equilibrio sobre las manos.

Si todavía no sabes cómo hacerlo, échale un ojo a este curso:

INVERTIDAS – El arte de moverte bocabajo

He aquí el tutorial con las tres aplicaciones prácticas.

Atiende también a todos los detalles de la explicación.

Son cruciales para que tengas buenos resultados desde el principio y progreses más rápido.

Espero que lo disfrutes.

Rober Sánchez – M de Movimiento

El sentido más práctico cuando entrenar no tiene sentido

Hablando de darle sentido al entrenamiento cuando no lo tiene, hay un concepto que puede serte muy útil desde un punto de vista inmediatamente práctico.

Porque, bueno, a bote pronto el sentido del entrenamiento dependiendo de cada persona puede ser muy diverso.

Hay quien le encuentra sentido a eso de “hacer ejercicio” por aquello de rendir y competir y “ser una mejor versión de sí mismo” y tal. No está mal.

También hay quien se lo encuentra por sus efectos estéticos. Vale. No hay nada malo en querer tener buen aspecto, con todos los matices (y trampas) que puede esconder ese “buen”.

Y claro, tal vez ese sentido de mantener la salud pueda parecer coherente, lógico, aunque… ¿Qué es realmente eso de la salud, “estar sano”? ¿Alguien podría definirlo con cierto rigor?

Más allá de estos sentidos más “típicos”, habituales, tal vez valga la pena, primero, reflexionar un poco acerca de la sostenibilidad de esos sentidos, por cuánto tiempo y a qué precio nos van a servir como fundamentos, como cimientos para motivar nuestro entrenamiento.

Los tres, desde mi punto de vista, son demasiado inestables, ambiguos, volátiles y, para lo que hoy te quiero transmitir, distantes, lejanos de la realidad, poco prácticos a efectos inmediatos, casi instantáneos.

Es justo el motivo por el que taaaantas personas no le encuentran sentido a entrenar o hacer ejercicio.

En este sentido, la idea que puede aclararte las ideas es darle a tu entrenamiento otro sentido (varias redundancias por aquí, totalmente a propósito…).

¿Qué sentido?

Un sentido UTILITARIO para moverse, para el movimiento.

En términos de movimiento, en términos puros de movimiento… ¿Para qué me sirve lo que estoy entrenando? ¿Qué utilidad tiene?

No qué sentido hipotético, difuso, frágil y efímero tiene alrededor de los supuestos efectos del entrenamiento (rendimiento, estética, salud).

Sino para qué me sirve en movimiento.

Claro, aquí es cuando el 99% llega a un callejón sin salida porque…

¿Para qué entrenamos, para qué nos estamos preparando incesantemente en el gimnasio, la cinta de correr, la bicicleta, el paseo marítimo… si al final eso que “recibimos” a cambio no lo USAMOS para movernos?

Movernos de verdad, no hacer ejercicio, digo.

Qué difícil puede llegar a ser mantenerse constante, entrenar y hacer ejercicio y esas cosas, si no hay un sentido utilitario detrás de lo que llamamos entrenamiento.

Bueno.

Si quieres usar tu movilidad y tu fuerza y tu resistencia y que te sean útiles…

…y además estimular tu coordinación, agilidad, equilibrio, fluidez, memoria e inteligencia corporal.

Tengo un curso de 12 semanas en el que entrenas con sentido y te mueves con sentido.

Es este: Locomociones.

Rober

PD: o sea, sentido al cuadrado. En el enlace.

Mi suegro prefiere el dolor de espalda y tener la furgo limpia

Voy a contarte una historia.

El protagonista es mi suegro.

Lo que te voy a contar no tiene nada que ver con que mi suegro sea mejor o peor persona.

De hecho, si te la cuento es porque lo que le pasa a él seguramente también te pasa a ti.

A mí me pasa a veces.

Admiro a mi suegro por varios motivos.

Uno es porque siempre tiene la furgoneta impoluta, brillante, como los chorros del oro que dice, más reluciente imposible, te lo juro.

Yo soy un desastre para eso. No por la limpieza. Todo lo que tiene que ver con coches me aburre y me da mucha pereza.

El caso es que mi suegro es pintor de brocha gorda.

Se acaba de jubilar después de más de cuatro décadas pintando.

No sé si habrás pintado alguna vez, un día, un par quizás.

Pues eso mismo, pero mejor que la chapuza que habrás hecho (bromeando) y todos los días, generalmente unas diez horas, durante cuarenta años.

Y fíjate en esto, que es crucial:

Encima, después de todo el día dale que te pego, reventado y hecho polvo, al aparcar la furgo en el garaje se pasaba al menos diez minutos limpiando y relimpiándola, para dejarla más limpia que un Jaspe, disciplinadamente, cómo no.

Con todo, mi suegro está tocado, físicamente, lógicamente.

Las lumbares, las caderas, las cervicales, las rodillas, los hombros…

Toda su carrera profesional ha ido acompañada en paralelo de fisios, masajistas, osteópatas… Casi casi como Cristiano Ronaldo, pero siendo autónomo en Españistán, que tiene más mérito.

En fin, un cuadro.

Desde que nos conocemos, además, pues a todo eso de vez en cuando le ha añadido un poquito de movimiento.

A rachas. Cuando se acuerda. Si le da por ahí, unos pocos días. Hasta que se olvida.

Porque notar mejoras las nota, claro.

Pero bueno. No es importante.

O al menos no tan importante como tener la furgo como una patena.

Eso ni le da pereza ni se le olvida, aunque no tenga tiempo, aunque esté hecho polvo, aunque le duela.

¿Por qué nos comportamos así?

¿Por qué hacemos eso?

¿Por qué preferimos “nuestras cosas”, otras cosas que nos llevan el mismo tiempo y esfuerzo, por no decir más, aunque luego nos duela?

¿Por qué priorizamos mal?

La verdad, no lo sé.

Lo que sí sé es que vale la pena estar al tanto, muy al tanto de estas cosas, obsesivamente, al menos durante un tiempo.

Ser consciente, verlo y vivirlo día a día, todos los días, durante muchos días.

Reordenar las prioridades y machacar el nuevo orden concienzudamente, ultra-racionalmente, a costa de cantidades ingentes de voluntad si es necesario.

Enfrentando el bienestar con el malestar, la disciplina con la pereza, la autonomía con la dependencia, la responsabilidad con la complacencia.

Es la única manera de tener alguna posibilidad factible, viable y sostenible a largo plazo.

Es como lo hacemos durante las 8 semanas del training Movilidad Natural.

Rober

PD: si se pudiera hacer de otra manera con menos esfuerzo, más cómodo, más corto, lo haría. Pero no es un curso de milagros. Es de movilidad y hábitos. En el enlace.

Ahogarse a propósito

Me acaba de pasar una cosa surrealista.

Estaba yo en la orilla de la playa.

El mar estaba de lo más picado, con olas enormes y muy resacoso, de esos días en los que puedes intuir claramente que si te metes lo vas a pasar mal y te va a costar un montón salir.

Y me he metido.

Nada más entrar ya me estaba arrepintiendo.

Y ya no había manera.

Una ola tras otra me iba engullendo a cada intento de salir.

Era como si alguien me cogiera de los pies, me arrastrara hacia el fondo y tuviera mil veces más fuerza que yo que, por mucho que braceara y pataleara desesperado, acababa por hundirme.

De pronto, al pasar la ola, podía volver arriba. Un momento de alivio para coger aire.

Y más de pronto todavía otra ola que me llevaba para abajo.

Así cuatro o cinco olas hasta que, más por casualidad que por empeño, exhausto, a rastras, he podido salir del mar para caer rendido en la orilla de la playa.

¿Surrealista? No, todavía no.

Después de recuperarme del todo, me he puesto de pie, he vuelto a mirar al mar que estaba exactamente igual.

El mismo estado, la misma intuición y la certeza de lo que pasaría si volvía a meterme, por experiencia.

Y me he vuelto a meter.

Esto ha sido lo realmente surrealista: que me he vuelto a meter y se ha repetido siempre la misma historia no sé cuántas veces.

Siete, doce, cincuenta.

Pasando siempre por el mismo padecer, la misma angustia, el mismo sufrimiento.

Son las 7:30 de la mañana de un domingo, cuando escribo esto.

No. No he ido a bañarme a las 5 ni soy tan masoquista de querer ahogarme a propósito a pesar de saber lo que iba a pasar en cada una de mis incursiones.

Todo ha sido un sueño, el último justo antes de levantarme.

Me ha recordado a otras historias que veo, me escriben y me cuentan un montón de personas todos los días.

Bucles atemporales de tensión, molestias, rigidez, sobrecarga, malestar, sensación de oxidación y relatos de “estoy como una piedra”.

Intentonas de masajes, acupuntura, una “tabla de estiramientos” de una app de fitness…

Alivios momentáneos, a veces. Para coger aire.

Todo a la desesperada en medio del trajín diario, de mil responsabilidades, incluso de la voluntad de darse un baño en el “mar” del ejercicio, el deporte, el movimiento… aunque no en las mejores condiciones.

Bueno.

Tengo un curso/proceso para romper este tipo de bucles y disfrutar de un cuerpo lubricado, casi líquido, que puede y sabe moverse suelto, con libertad, sin tensiones.

Es este: Movilidad Natural.

Rober

PD: Empezamos el 27 de noviembre y no habrá otro grupo hasta mediados de enero. Arriba.

Cómo moverte en un día de mierda

Imagínate un día de mierda, tu peor día de mierda.

No en plan depre o melancólico, que no va por ahí.

A nivel logístico, por así decirlo.

Uno de esos días en los que todo sale al revés de como lo habías dibujado en tu cabeza mentalmente.

Visualízalo.

¿Lo tienes?

Vale.

Hoy, para mí, está siendo uno de esos días.

Y aquí me tienes, ni de mejor ni de peor humor (que ya he dicho que no iba por ahí la cosa), aunque sí algo inquieto.

¿Por qué?

Porque son las 13:36 y todavía no he escrito nada para el blog.

Todo se me ha descuadrado.

Nada ha sido ni salido como tenía previsto.

Está siendo un día de mierda.

Y, lo peor de todo, mi hábito diario de escribir, y con él mi promesa, se pueden ir al traste en cualquier momento.

Porque además, claro, cuando pienso en lo de escribir(te), pues también lo hago “idealmente”.

O sea, porque disfruto más haciéndolo así y por respeto, tanto hacia mí como hacia ti, cuando escribo lo que escribo intento que sea algo de un mínimo de calidad, y que más allá de hablar de movimiento por encima o con cualquier anécdota chorra, la cosa tenga algo de poso, de chicha, ni que sea muy poquito.

Hoy es un día de mierda.

Me parece imposible cumplir con esas expectativas.

Estoy a puntito de abandonar, de fallar, de no cumplir con mi hábito y mi promesa.

Me estoy equivocando en el orden.

Acabo de darme cuenta.

Primero moverse, luego pensar.

Entonces me siento y empiezo a escribir.

No pienso demasiado.

Vale.

El día está siendo un día de mierda.

Ni el día ni lo que escribo son ideales.

Están llenos de imprevistos. Se suceden a toda prisa. No cumplen las expectativas.

Pero estoy escribiendo.

Me estoy moviendo.

¡Co ño!

No ha sido ideal.

Seguramente bastante imperfecto, mediocre.

Y mucho más corto y rápido de lo habitual.

Ahora mismo ya 336 palabras.

Y me da la sensación de que con moraleja y todo.

Una buena dosis de inspiración.

Una gran lección de movimiento.

Cómo moverte en un día de mierda.

Pues eso:

Moviéndote.

Para aprender a moverte idealmente y no idealmente, con lo que hay, sea como sea el día, a veces de forma más estructurada y otras más improvisada, tengo un training de movimiento.

Mira aquí: Locomociones.

Rober

PD: Primero moverte. En el enlace.