¿Cuál es el músculo más importante del cuerpo con diferencia?

Este post contiene dos listas importantes.

Es el típico correo en el que puedes pensar que te estoy llamando tonto.

Pero no.

No es que seamos tontos, aunque sí hacemos el tonto.

Yo, al menos, lo he hecho mucho.

Y yo, al menos, la mayoría de las veces que me he lesionado o he perdido el tiempo y la energía y me he peleado con mi vida normal ha sido por hacerlo.

Empecemos por la pregunta:

¿Cuál es el músculo más importante del cuerpo con diferencia?

Un par de pistas:

No es rojo.

Y si lo estiras vas apañado.

¿Qué función cumple?

¿Flexionar el codo?

¿Extender la cadera?

¿Estabilizar el core?

¿Propulsar más tus burpees?

¿Obturar el esfínter?

¿Impactar más en Instagram?

Pues mira, también, la verdad.

Todas esas son algunas de sus funciones.

Y también tiene otras capacidades y habilidades.

Con este músculo puedes:

· Diferenciar entre lo que vale realmente la pena y lo que es una pérdida de tiempo.

· Comprender que la fuerza en realidad NO es fundamentalmente una “cuestión de músculo”.

· Saber cómo aplicar de manera práctica que más no es mejor. Mejor es mejor.

· Desterrar de una vez la idea de que para estar sano necesitas entrenar 4 días a la semana en el gimnasio y acumular cientos de repeticiones de decenas de ejercicios.

· Liberarte y librarte de los programas de entrenamiento para adoptar un enfoque mucho más flexible que te permite lo mismo en menos tiempo, con menos material y que puedes compatibilizar con una vida de persona normal sin sufrir por los altibajos de no cumplir con dichos programas, fallar, frustrarte, “vuelvo a empezar el lunes” y blablablá.

· Y un largo etcétera.

Todo eso, la primera lista y la segunda lista y mucho más, lo hace el músculo más importante del cuerpo.

Lo que pasa es que no todo se hace usándolo, especialmente lo de la primera lista.

Tú, ahora, puedes hacer lo de la segunda lista, como muestra de uno de mis eslóganes favoritos: moverse con cabeza.

¡Anda! ¡¡Otra pista!!

Está en la cabeza.

Para ejercitar ese “músculo” y todos los demás, y practicar fuerza con cabeza pero sin complicarte la vida, sobre todo desde el punto de vista del material y del tiempo necesarios, muy poquito, la verdad.

Puede interesarte este curso:

Calistenia Minimalista – AntiPrograma de Fuerza de Brazos

Rober

PD: “entrenar” lo justo y necesario, más bien tirando a poco si lo comparas con lo convencional, y sobre todo usando el celebro. Arriba.

Hipertrofia y ganancia muscular con calistenia

Gracias a un correo de una alumna preguntándome sobre programas de hipertrofia para su hijo de 17 años, recordaba los viejos tiempos.

Yo, en mi adolescencia, que se me empezó a pasar a los 32 más o menos, ¡jaja!, soñaba con parecerme a Arnold y compañía.

De hecho, respondiendo aquel correo, confesaba que en mis inicios lo que hacía era seguir las rutinas de las bestias que salían en la MuscleMag que, cómo no, me compraba cada mes.

Y me funcionaba bastante.

Ya no sé si la publican.

Por aquel entonces las portadas eran de este estilo:

Hay quien se pregunta si practicando calistenia se puede ganar masa muscular, hipertrofiar y esas cosas.

Y la respuesta definitiva y absolutamente es que sí.

Tanto como un culturista lo dudo.

Pero llegar a estar digamos que grande, sí.

No es muy popular dentro de la calistenia, porque a los pros tampoco les interesa pesar mucho (no deja de ser una disciplina de fuerza relativa), pero en los parques de Street Workout verás peña que… no veas.

Claro, aparte de seguir los principios de entrenamiento adecuados, en torno a este tema se podría hablar de muchas cosas.

Especialmente de tres:

1 Genética.

2 Dieta.

3 Drogas.

Pero yo, ya en mi post-adolescencia, me topé con una pregunta más interesante.

Una pregunta que lo cambia todo y que me hago siempre, constantemente:

¿Para qué?

En este caso, ¿para qué quería tener los músculos más grandes?

-Rober, se ha demostrado científicamente que la hipertrofia muscular aumenta la esperanza de vida y la longevidad y el tamaño de las mitocondrias y la biodiversidad microbiana y…

Para el carro, que no estoy menospreciando al “músculo”, sobre todo como órgano endocrino (y no un simple accionador de palancas).

Digo que, una vez que tus músculos funcionan bien y tienen un tamaño que los habilita y capacita para llevar a cabo tareas de movimiento de cierta intensidad, vigor, complejidad y todo junto, es decir, moverse, ¿para qué quieres más?

Todo gira alrededor de aquello de…

No me enseñes tus músculos.

Enséñame qué sabes hacer con ellos.

Llegué a la conclusión, entonces, que relacionado con los músculos solo tienes que preocuparte de una cosa:

Estimularlos en las más diversas y complejas, y también intensas y vigorosas (de vez en cuando), situaciones y posibilidades de movimiento.

Posibilidades que, además, sean coherentes con TU PARA QUÉ.

Y después, ellos solitos, se (pre)ocupan de crecer hasta donde quieran.

Y de la longevidad y las mioquinas y las mitocondrias y las bacterias y…

Mira.

Si tu para qué como persona normal que supongo que debes ser es gozar de unos brazos fuertes, hábiles y capaces para sentirte bien y poder disfrutar de las actividades que más te gustan,

con 4 ejercicios y a la larga solo media hora a la semana tienes suficiente “preocupación”.

Puede interesarte este curso:

Calistenia Minimalista – AntiPrograma de Fuerza de Brazos

Rober

PD: normalmente para escalar, para trepar, para cargar, para jugar, para pasártelo bien, para estar sanote y, bueno, para el posado de playa del verano que viene también, si te apetece. En el enlace.

Tres niños intentan destrozarme. Mocosos

Hace unos días estábamos de merendola en casa de unos amigos.

Tienen dos críos.

Uno de casi cinco y otro de poco más de dos, como Abril.

Después de su dosis de pastel super healthy hecho en InstantPot con cobertura de higos, la energía les salía por las orejas.

Y a mí va y se me ocurre una “magnífica idea de movimiento”.

Acabó en un casi destrozo articular.

El comedor de Álex es parecido al mío.

Espacio libre, espaldera, colchonetas, barra y otros cachivaches promovimiento.

Hay un cajón de madera también, tipo Crossfit.

Me siento.

Encajo una fitball entre mis piernas.

Y miro a Abril, y le digo «ven, ven», con cara de ya verás tú ahora.

La siento en la megapelota hinchable de espaldas a mí.

La cojo de las axilas.

¡Y venga arriba y abajo!

La hago volar aprovechando el rebote en la pelota, añadiendo yo mi plus de fuerza, claro.

Que Abril está hecha como de plomo (pesa un huevo y además es densa) y sola pues la cosa no va.

Jajajaja.

¡Jajajajajajaja!

¡¡Jajajajajajajajaja!!

Venga risas y carcajadas.

Los otros dos monstruitos lo ven.

Se unen a la fiesta, cómo no, por turnos.

Primero Edgar, el renacuajo.

Tiene 4 meses menos que Abril. Se nota. Es más ligero. Tolerable. Pero intenso igual.

Arriba y abajo, arriba y abajo.

Y jajaja, ¡jajaja!, ¡¡jajajaja!!

(Y yo ya notándolo en mis brazos…).

Luego Mateo.

Este es más grande y más pesado, más difícil de manejar, que es largo de narices el tío, como sus padres.

Lo agarro y lo lanzo varias veces.

Arriba y abajo, arriba y abajo, venga a rebotar y a empujar.

Y jajaja, ¡jajaja!, ¡¡jajajaja!! ¡¡¡¡Ooooopaaaa!!! Que casi se me escapa…

(Y mis brazos ya casi casi destrozados…).

¿Se acaba aquí?

Claro que no.

Un par de rondas más… ¡cada uno!

Jojojo. Jajaja. Jijiji.

Menos mis brazos, claro, que ya no se ríen tanto.

Empiezo a estar fundido.

El remate:

Pido tiempo muerto.

No se lo toman muy bien, pero lo aceptan con cara de corderito degollado.

Y yo, como me sabe mal, me invento otra.

Me pongo yo encima de la pelota, medio acostado.

Me monto encima a Abril para jugar a hacer equilibrios.

Pero…

En un instante, de un salto, Edgar y Mateo están encima.

Los tres.

Intentando mantener el equilibrio, encima de mí, encima de la pelota.

Agarrándome de los brazos.

Y yo a ellos para que no se caigan.

Y manteniendo el equilibrio encima de la pelota.

En las “posturas braciles” más raras y chungas que te puedas imaginar.

Madre mía, si lo ve mi personal trainer.

Muy incorrecto todo.

Momento de orgullo:

Intentaron destrozarme.

Pero no lo consiguieron.

Al revés, nos reímos de lo lindo.

¿Por qué?

Porque… medallita para mí….

Yo, la verdad, tengo unos brazos larguiruchos, delgaditos, normalitos…

Pero robustos y fuertes que te cagas para ser un tipo normal.

Y en gran parte gracias a lo que enseño en este curso:

Calistenia Minimalista – AntiPrograma de Fuerza de Brazos

Rober

PD: y jojojo, jijija, jajaja. Para disfrutar a tope de la intensidad y los imprevistos de la vida, y hacer el burro sin miedo, con confianza. En el enlace.

Este es un artículo segmentado

¿Qué quiere decir eso de segmentado?

Pues que solo te interesa si eres un tipo de persona.

¿Qué tipo de persona?

Una persona que tiende a dejar las cosas para más adelante, posponer, procrastinar si te pones moderno.

Sobre todo si eres de los que espera a que llegue un momento “ideal” para ponerte manos a la obra.

Hablemos de procrastinación.

Y de las dos únicas cosas que necesitas hacer realmente para dejar de hacerlo.

Y salir del pozo del estancamiento.

De la desidia de ver cómo ese momento “ideal” nunca llega.

Y la vida va pasando.

Desde luego, ir posponiendo una y otra vez las cosas que sabes que quieres hacer o que sabes que te van a hacer un bien pues… no mola.

Porque, además, un efecto colateral de ir dejando pasar el tiempo es que cada vez te queda menos tiempo… porque va pasando.

Uff.

Hablar de la procrastinación está de moda.

Está de moda porque hay una moda más grande.

La de la productividad.

Y entonces salen libros y cursos y talleres y expertos sobre productividad y procrastinación.

Y te cuentan cosas sobre el miedo al fracaso.

O el miedo al éxito, también.

La falta de atención y la meditación.

Las redes sociales e Internet.

Las carencias de descanso y sueño.

Las patatas hervidas y la microbiota y las decisiones intestinales.

Y de no saber cuál es tu misión en el mundo, tu propósito de vida, qué has venido a hacer aquí.

Y tu por qué y tu para qué.

Y y y…

Y esos cursos y talleres y libros y expertos siguen llenando las estanterías de las librerías.

Y vaciando las cuentas bancarias de quien procrastina.

Y aumentando la desesperación y frustración de ver cómo la vida se escapa y tú sigues ahí, posponiendo, una y otra vez.

Aunque sepas que lo que quieres hacer sería bueno para ti.

Mira.

No me gusta ser reduccionista.

Todo eso de arriba puede estar muy bien, pero también es muy variable y, a su vez, poco tangible, digamos que controlable, demasiado incierto y difuso.

En cambio, hay dos cosas que, vete a saber por qué, SIEMPRE ocurren cuando alguien deja de posponer algo que estaba posponiendo.

Solo dos.

Siempre las mismas dos.

(Uno) Darte cuenta.

Darte cuenta de que te está pasando.

Y no poder más, tener suficiente, hartarte.

Ya has tropezado demasiadas veces con la misma piedra.

(Dos) Actuar.

Accionarte, ponerte en marcha, hacer, moverte.

Si eres una persona normal, el momento “ideal” nunca jamás va a llegar.

De hecho, lo mejor que puedes hacer es que cualquier sistema, método, línea o llámalo como quieras que vayas a seguir contemple precisamente eso.

1 Que eres una persona normal.

2 Que tu vida nunca va a tener momentos ideales.

Y, aún y con esas, poder aplicarlo y hacer que funcione.

Segmentemos:

Si llevas tiempo posponiendo inscribirte en Movilidad Natural, aunque sepas que es justo lo que necesitas, quieres y te va a sentar de PM,

Rober

PD: para apuntarte ahora es en el enlace.

Otro año más no, por favor

Mira.

Este es un post diferente y corto.

Corto por corto.

Diferente por cómo voy a hablarte.

Yo generalmente escribo como hablo.

Si me has conocido en persona, lo sabes.

Lo que pasa es que los posts, al ser algo que leen unas cuantas miles de personas, aunque intentan tener un aire personal y humano, de gente normal, son… digamos que prudentes, por jugar con cierto margen.

Por poner un ejemplo…

Yo diría que te hablo más o menos como a mi vecino del tercero, Ramon, con quien me llevo de coña y hago cachondeo y soy franco otras veces y le he prestado mi hombro cuando murió su madre y lo que toque.

Y al mismo tiempo, pues eso, como con cierta prudencia.

Ser transparente, asertivo, cercano, incluso cariñoso o chinchón a veces… pero sin apretar del todo.

Hoy no voy a tratarte como a Ramon, con quien tengo buen rollo.

Lo voy a hacer como si fuéramos muy buenos amigos de toda la vida, literalmente.

De esos con los que has compartido aventuras y sueños y secretos.

Siendo muy directo.

“Otro año más no, por favor”.

Léelo y escúchalo con un tono al estilo Manolo Banderas al ponerle voz al Gato con Botas en Shreck, mientras mira al ogro con las lagrimillas reposando sobre los párpados.

Vamos, en plan “perdóname la vida, no me comas”.

Este podría ser tu cuerpo (y tu cabeza).

Estos días te he estado hablando de una vía indirecta para empezar a cambiar de rumbo y orientarte hacia “lo del movimiento”.

Eso de ir dejando de pensar en “ejercicio” para moverte “de verdad”, hacia la habilidad, la complejidad y la diversidad.

Al fin y al cabo, te da mucho más de lo que da el ejercicio, y lo que te da el ejercicio te lo da de gratis, como una consecuencia.

Por no hablar de que es mucho más estimulante y divertido. Engancha más.

La vía es indirecta porque el cambio no es a saco y no implica dejar de hacer el ejercicio que estás haciendo, si no quieres.

Te la puedes tomar como un complemento.

Directo:

Con toda la franqueza y la determinación del mundo, y cariño y respeto y cachondeo y todas esas cosas que se mezclan espontáneamente con un buen amigo o amiga…

Si llevas más o menos tiempo con el runrún del movimiento y la tienes ahí, la tienes ahí pim pam pim pam, la idea, digo, pero no te atreves a dar el paso, piensa en una cosa.

Es inicio de año.

La motivación está a tope.

Ya hemos hablado y dado mil vueltas a los conceptos.

Y sobre que esto es un Laboratorio (porque se hacen experimentos) y que lo que más importa no es la inspiración, sino la transpiración, la acción, el movimiento, la experiencia.

Otro año más no, por favor.

Podría ser tu cuerpo (y tu cabeza) pidiéndotelo.

Y si no, te lo digo yo, como se lo diría a un buen amigo.

Dejar escapar la oportunidad de ese giro, de ese cambio de rumbo y no atreverte a moverte para seguir escachuflado en el ejercicio (o ni tan solo eso).

En lugar de lanzarte a la piscina, porque al final se trata de eso, como todas las decisiones que implican un cambio de dirección.

Y ver qué pasa con eso del movimiento, con las posibilidades de la vida, sin más.

Para empezar a moverte de verdad, pero sutil, sin hacer mucho ruido, fluido:

Invertidas – El arte de moverte bocabajo

Rober

PD: ¡Eps! No quiero convencerte de que te apuntes a Invertidas. Si no lo estás, no lo hagas. Sí quiero convencerte de que si estás ahí con el runrún de empezar a moverte, lo hagas y no te quedes ahí dondequiera que estés otro año más.

PD2: si te he convencido de no seguir otro año más así y te cuadra, te propongo empezar indirectamente, aprendiendo a moverte bocabajo. En el enlace.