¿Es necesario calentar? Calentamiento para un duro, frío y húmedo día de invierno. 19 Ejercicios

¿Es necesario calentar?

Vamos con la práctica directamente.

Que para la teoría ya están los académicos que se pasan horas sentados en Twitter.

Y que “saben” mucho de movimiento, pero moverse…

Ojo que al final de todo hay una pregunta clave para saber si has entendido esto del calentamiento, en plan examen.

CALENTEMOS

Para calentar un poco el cuerpo y el ambiente:

Primer ejercicio.

Un ejercicio secsual.

Imagínate que estás con tu pareja y tienes ganas de secso.

Intuyes que él, ella o ello también tiene ganas de secso.

Sííííííí… Oooohhhh… Mmmmm…. Oh my God!

Todos tenemos ganas de secso.

Clavas tu mejor mirada acero azul en tu compi, a lo Ben Stiller en Zoolander.

—Alexa, pon Unchained Melody, la de Ghost.

El corazón ya va a mil.

La gallina de piel.

Notas la humedad.

Sin necesidad de experimentos de alfarería de por medio, que tiene más mérito.

Te dispones a ello.

Y te abalanzas.

¡Pero!

Tu pareja te planta la mano en la cara.

Y te dice:

«Espera, espera, espera.

Es que justo ayer mi experta favorita en movilidad de Internet me decía que debo asegurarme de cumplir varios requisitos antes de hacer actividad física intensa.

Más si requiere de cierta técnica.

Y, sobre todo, que nunca se me ocurra hacerlo si no he calentado antes.

Que me puedo hacer daño si no activo mi cuadrado lumbar trasero y protejo mi suelo pélvico.

Hago 3 series de 15 Rotaciones Articulares Controladas y nos ponemos, ¿vale?».

Yo…

No sé tú.

Pero acabo de sufrir un gatillazo de campeonato.

DUDAS SOBRE EL CALENTAMIENTO

Últimamente, sincronicidades de esas que tiene la vida, ha coincidido que me han llegado dudas alrededor del concepto de “calentamiento” y su práctica.

Algunas la mar de interesantes, como la que me planteó un alumno de La Práctica en la reunión mensual de la semana pasada.

¿Es necesario calentar?

Lo preguntaba haciendo especial hincapié para esos momentos en que uno quiere moverse de manera integrada, aquí y allá, en el día a día, para romper esos largos periodos de estatismo, por ejemplo, trabajando delante del ordenador, tan característicos de nuestro maravilloso estilo de vida.

Otras, en mi opinión, rozan el ridículo.

Son esas sobre técnicas de activación muscular, foam rollers, pelotas de Lacrosse, bandas elásticas y demás.

Ojo.

Cuando digo ridículas no me refiero a las personas que me lo preguntan.

No dejan de ser víctimas del sinsentido que hemos alcanzado como (in)cultura en cuestiones de movimiento, sobre todo en entornos académicos o influenciados por ellos.

En este sentido, aquello que (dicen que) dijo Einsten se hace más y más y más evidente.

“Cada vez sabemos más y entendemos menos”.

Lógicamente, hay un precio a pagar por caer en un error de tal magnitud.

El que ya estamos pagando –y el que pagaremos en el futuro, que sube incluso más que la inflación actual.

Tiempo al tiempo.

Al final (casi) todo viene reflejado en ese discurso fragilizador y generador de miedo y dependencia del permiso y la supervisión de la experta o experto en tal o cual cosa.

Como si (entiéndase la metáfora) tuviéramos que calentar y asegurarnos de que todo funciona bien y cumplimos unos requisitos antes de echar un polvo.

CALENTAMIENTO PARA UN DURO, FRÍO Y HÚMEDO DÍA DE INVIERNO

Esta semana, pensando en estas cosas, porque me estaban lloviendo por todas partes con una sincronía hasta preocupante, en uno de mis habituales paseos por la playa me paré para moverme un poco.

No hay nada como moverse un poco para pensar mejor.

Total, que me puse a hacer cosas, como acostumbro, también.

Mis cosas.

Ojo con la cursiva –para más adelante.

Y lo hice sin calentar.

Mis cosas. Sin calentar.

¿Cómo un calentamiento?

No lo sé.

Puede.

Hacía un frío interesante acentuado por un viento húmedo todavía más interesante.

¿Quieres más interés, frío y húmedo?

Párate en un espigón construido encima del mar.

Total, que sí.

Me sirvió para calentarme.

Digamos que fue un calentamiento.

Un calentamiento sin haber calentado previamente.

¿Una locura?

Júzgalo tú mismo.

Y, de paso, ahí tienes 19 “ejercicios” para tus calentamientos, si te apetece.

Ojo con el último, sin duda el más importante.

¿ES NECESARIO CALENTAR?

Ahora que estamos todos bien calientes, aunque con gatillazo de por medio…

No.

No es necesario calentar.

Para jugar, para explorar, para moverse no es necesario calentar.

O al menos es lo que me dice la experiencia.

¡Eps!

Ni por un momento pienses que esto es un elogio del amimefuncionismo.

Ni mucho menos.

Antes de estudiar y evidenciar, vamos a pensar.

Que no somos académicos de postín.

Total, no nos queda alternativa.

Pensar o no pensar. Que lo otro nos viene grande (hablo en serio).

“Solo” somos personas normales, mediocres, de la calle, “pobres ignorantes”.

Repito de nuevo: no vayamos a caer en aquello que (dicen que) dijo Einstein, tan prevalente en ciertos círculos expertológicos.

“Cada vez sabemos más y entendemos menos”.

¡Mira tú por dónde!

Voy a lanzar una sentencia en plan experto / gurú.

Esta:

El primer filtro por el que debes observar cualquier situación es uno y solo uno.

La biología y la evolución.

Esto es:

Con el ejemplo de nuestro fallido momento secsual ya deberíamos tener suficiente.

¿Cuántos “estudios” y réplicas y meta-análisis habrá hecho la evolución de tal acto?

Con lo técnico e intenso que puede llegar a ser, ¿necesitas calentar para calentarte y calentar al de al lado?

Pero vayamos más allá…

¿Te imaginas a Pedro, Vilma, Pablo, Betty y demás trogloditas calentando antes de salir a correr, saltar, trepar, arrastrarse para hacer sus cosas?

Un poco más allá…

¿A la leona antes de lanzarse tras una gacela?

¿O a la gacela antes de arrancar sobresaltada en su huida?

Más allá, más allá…

A una araña, a un ornitorrinco, a un oso polar.

A un T Rex, a una medusa, a una ameba.

Ya paro.

¿Los ves calentando antes de hacer sus cosas?

Supongo que ya deduces por dónde van los tiros.

Es tan ridículo.

Tú no, ni cuando calientas.

Ya te he dicho que simplemente eres una víctima de la intelligentsia (gracias, Taleb).

¿Los estudios científicos?

Tampoco. Ni mucho menos. Ojo con esto.

Sin olvidar el problema de raíz en este sentido académico:

“Cada vez sabemos más y entendemos menos”.

Lo ridículo es lo de la necesidad de calentar, digo.

Y NOS INVENTAMOS EL EJERCICIO

No vamos a explicar ni por qué ni cómo.

Que ya hemos hablado suficiente de ridículo.

Vino.

Llegó.

Nos lo inventamos.

El ejercicio, el deporte y esas cosas.

Como postizo, como sustituto, como simplificación.

Algo hace, por supuesto.

Pero el movimiento no se reduce a eso, por favor.

En fin…

Con lo del ejercicio llegaron otras cosas.

El rendimiento, la sobrecarga progresiva, las ganas (o necesidad o deber) de más.

(Aaaaahhh… A lo mejor en este sentido el calentamiento tenga algún sentido).

Y el sacrificio y lo de que si no aprietas y no sudas, pues no sirve para nada.

O sea, lo de ir siempre a tope.

Y claro, cómo no…

Los expertos.

Su necesidad –curiosamente.

Y el miedo y más debes y teneres que y los consejos y la fragilización y la prevención para la salud y la supervisión y la técnica y las órdenes y la obediencia y los másters y certificaciones y los requisitos y los cuidados y los autocuidados y la optimización y la pre-activación y la post-activación y la intra-activación y…

…y el calentamiento.

Esto es extenuante.

Y va y lo escribo sin calentar…

Necesito un foam roller.

EL CONTEXTO

Si la evolución es el primer filtro, el contexto personal es el último.

Pero no por eso indispensable.

Sin este, todo lo demás tampoco sirve.

Volvamos a las cursivas en mis cosas.

También en sus cosas.

En las cosas según para quién, según para qué, según para cómo, para cuándo, para dónde, para cuánto.

Porque, ojo.

Mira lo que te voy a decir.

No tengo ni idea de si necesitas calentar.

Porque no sé quién eres ni lo que has hecho ni lo que haces ni lo que vas a hacer.

Yo eso solo lo sé de mí.

Soy un tipo normal.

Tengo 42 tacos, trabajo (y sufro) como autónomo desde hace quince años y tengo una hija de casi tres.

Me gusta moverme, jugar, explorar.

Y pensar acerca de ello y escribir lo que va pasando a lo largo de estos años, y enseñarlo, sin más.

Y, entre tanto jaleo, sé que para eso que has visto en el vídeo yo no necesito calentar.

¡Pero!

Pero tal vez si necesitarías hacerlo.

Pero a veces para otras cosas yo sí que caliento.

¡¡Ostras!!

¿Qué cosas?

Demasiado largo explicarlo.

Son mis cosas.

Además, ¿para qué quieres saber de mis cosas?

Lo chulo es investigar y cuestionarte sobre tus cosas.

Y, SOBRE TODO, acerca de lo que te digan los demás sobre lo que debes o tienes que o necesitas hacer cuando no tienen ni puñetera idea de tus cosas.

Inclúyeme en ese «los demás», para cuando se me escapa algo sin que me lo pidas.

PREGUNTA Y PIENSA (Y ACTÚA)

Soy patético.

Acabo de decirte que pases de mí cuando te lance un consejo gratuito en plan gurú y va te lo suelto.

Pregunta y piensa.

Pregúntate y piensa sobre todas estas cosas para encajarlo en tus cosas.

Que mola mucho.

Algunas ideas:

  • ¿De dónde salió esto del calentamiento?
  • ¿Hay movimientos que se pueden clasificar como calentamiento y otros que no?
  • Quiero decir, ¿por qué hacer círculos con un brazo es un «calentamiento» y caminar sobre las manos no?
  • ¿Y si caminas sobre las manos cada día? ¿Te hace falta calentarlo?
  • Si viene una bici a toda castaña y ves que está a punto de atropellar a tu hija, ¿calentarás un poquito antes de cogerla rápidamente para apartarla?
  • Y un par que considero fundamentales:

¿QUÉ ESTARÁ PASANDO CON NUESTRO ESTILO DE VIDA QUE PARA MOVERNOS SIN MÁS PRETENSIONES QUE HACERLO POR HACERLO, PARA JUGAR UN POCO, PARA HACER UN PINO O UNA VOLVERETA, SALTAR, CORRER, CARGAR ALGO DE PESO, DIVERTIRNOS O «ACTIVARNOS» UN RATO NECESITAMOS «CALENTAR»?

¿Te imaginas que hubiera una manera de vivir que te mantuviera siempre «caliente», listo para la acción cotidiana (no un récord olímpico, joder), INCLUIDO EL JUEGO SEGÚN TU CONTEXTO PERSONAL, sin tener que padecer por los miedos y esas creencias tan limitantes y fragilizadoras que nos meten en el cuerpo los expertos?

—Rober, es que hay estudios científicos que demuestras que el calentamiento es necesario y previene lesiones y…

“Cada vez sabemos más y entendemos menos”.

Vuelve a leerlo todo.

Y luego sigue desde aquí.

LA PREGUNTA CLAVE

Verás.

Hay una pregunta, la última, que es clave en todo esto.

Sobre calentamientos y no calentamientos he hablado por activa y por pasiva ya.

En este blog puedes encontrar un montón de ideas que se pueden adaptar a tu contexto, sea el que sea tu nivel.

Cuidado, ninguna tesis o cátedra.

Que yo de eso no entiendo, en serio.

La primera premisa para leerme es no creer JAMÁS lo que digo.

La segunda es estar abierto a estas idas de olla.

Porque es el único propósito, en realidad.

Que se te vaya la olla.

Que salgas de la otra olla, esa olla a presión en la que nos han metido desde pequeñitos, y se te vaya la olla.

Tu olla.

Gracias por pasarte por mi espacio para dejarme ir e invitarte a reflexionar, si quieres.

Y moverte, claro.

Que tengas buen día,

Rober Sánchez

PD: LA PREGUNTA CLAVE

¿Cómo saber si has entendido y te ha sido útil todo esto que acabas de leer?

Solo hay una manera.

¿Ahora mismo en tu cabeza tienes más preguntas sobre el calentamiento (o sobre lo que sea) de las que tenías antes de leerlo y estás dispuesto a “moverte” a su alrededor?

Entonces, efectivamente, te ha servido.

PD2:

—Cariño, ¿tenemos secso?

—Espera, que lo miro. Pero creo que no.

PD3:

Si quieres seguir leyéndome para moverte con más cabeza, escribo un correo cada día a mis suscriptores y es gratuito. También te regalo un TEST para saber qué tal andas de movimiento. Puedes apuntarte aquí.

Una confusión con los estiramientos

A uno de mis correos referentes a algunas movilizaciones escapulares, recibo como respuesta un correo un tanto confuso.

También gracioso.

Que mi gestor de correo, en la cabecera del correo, me sugiere traducirlo del japonés. ¡Jaja!

Copio y pego literalmente (se lee de un vistazo):

<<b mmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmm 11111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111188888888888888888888888888888888888888888888888888888888888888888888888888888888888888888888888888888888888888888888888888888aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::………………..hhhhhhrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrqa>>

Lo he releído varias veces no fuese uno de aquellos textos combinando letras y números que simulan el mismo patrón visual que algo escrito “normal”, de los que tienes que descifrar lo que dice.

Pero no.

El correo me confunde.

No sé si Noemí ha sentido gustirrinín, que era la idea.

O son los crujidos y ruidos de su cuerpo al movilizarse así, que también puede ser.

O tal vez le produce cierto asco, con el “aaaaahhhrrrrq” tan largo del final. Hace un tiempo leí a una chica que ese vídeo le daba un poco de angúnia que decimos por aquí, algo así entre angustia y repelús.

En fin…

Con esto de las sensaciones y los efectos de moverse solemos caer en una confusión muy habitual, al emparejar e incluso clasificar algunas actividades por dichas sensaciones.

Y lo del gustirrinín suele relacionarse con eso, hacer algunas movilizaciones o estiramientos, ya sea como tal o enmascarados en disciplinas como el yoga, el Pilates o una clase de Body Balance, que se catalogan como actividades “suaves”, “relajantes”.

Como si después de hacer algunos estiramientos no pudieras acabar destrozado.

O como si el profe de yoga no pudiera haber enfocado la sesión con otros propósitos, centrándose en otras cualidades.

Se nos olvida lo más importante.

Al final, todo es moverse.

No es el nombre que le pongas. No son los beneficios que dicen que tiene X. No son las sensaciones que se supone que debes sentir al hacer Y.

Desde esa perspectiva más amplia, panorámica, el movimiento, puedes buscar y encontrar las sensaciones que te dé la gana cuando tú quieras, sin caer en confusiones de asociaciones absurdas, controlando el cómo y el para qué en cada momento hagas lo que hagas, incluso provocándote gustirrinín con una sesión de fuerza máxima, o fatiga y congestión extrema después de una sesión de Pilates o trabajar tu movilidad activamente.

Eso, en parte, es lo que implica moverse de verdad.

Un claro ejemplo son las Locomociones, con las que puedes sentir de todo y cuando y como tú quieras, en cualquier sitio, dependiendo de cómo las practiques.

Te enseño aquí: Locomociones.

Rober

PD: a mí me gusta para terminar algo así como bomchicawawaaaaawakawakawakabomchicawawaaaa. En el enlace.

¿Los ejercicios de movilidad pueden ayudar con el dolor de cabeza?

Spoiler: el dolor de cabeza es complejo y la respuesta a esta pregunta es densa y probablemente más larga de lo habitual. Voy a esforzarme para que te sea MUY ÚTIL. Lee con calma.

Xavi, que justo hoy termina Movilidad Natural (es del grupo de septiembre), me pregunta:

<<Ayer estaba hablando con una amigo que desde hace unos meses sufre migrañas y le han dicho que es tensional.

Va al fisio y tiene las cervicales y la zona alta de la columna y músculos cargados.

¿Los ejercicios de movilidad que tiene el training crees que podrían ayudarle?

Creo que si moviliza la zona, músculos, escápulas, cuello, etc., igual podría ayudarle.>>

Uff.

Qué complicado.

Qué complicado es y qué complicado es explicarlo.

Y qué sencillo es entenderlo… cuando lo entiendes.

A ver.

Lo primero y más importante: yo no trato el dolor. No es mi trabajo y no sabría cómo hacerlo directamente, con rigor.

Yo enseño movimiento desde diferentes ángulos y ya está. Con y sin dolor. Porque nos guste o no, el dolor siempre va a estar por ahí.

Es importante darse cuenta de esto: en términos probabilísticos y en los diferentes ámbitos de nuestra vida, de manera más “física” o más simbólica, el dolor siempre nos acompaña.

Si esto se entiende y se acepta, porque es lo que hay te pongas como te pongas, el alivio que puede sentirse al dejar de luchar contra el dolor puede hacer, curiosamente, que duela menos.

Un poco de lo que sé del dolor, obviamente y en parte, es por formación. Una pequeña parte porque, en general, la visión convencional del dolor en lo académico todavía se ciñe a ideas arcaicas instauradas por la vieja escuela que, entre otras cosas, están incrustadas en nuestra cultura, nuestras creencias, algo que tiene muchísima más influencia en el dolor de lo que creemos (presta atención al juego de palabras).

Un mucho de lo que sé del dolor es por haber leído un montón, investigado, hablado con gente que sabe mucho más que yo (que luego te recomendaré) y, SOBRE TODO, por cuánto dolor he sufrido y cómo he experimentado con él, sin miedo, tratando de comprender su naturaleza y utilidad, discerniendo precisamente cuándo es útil prestarle cierta atención y cuándo no, conociéndolo, conociéndome, conociéndonos (al dolor y a mí, al dolor conmigo y a mí con el dolor).

Enfatizo esto último porque, como el movimiento, esto del dolor es algo muy personal y, más allá de lo que sigue en este artículo, es algo que solo puede entenderse conforme se va viviendo.

Como todo en la vida, el grado más alto y la forma más pura de sabiduría (del dolor) se alcanza fenomenológicamente.

A partir de aquí, centrémonos en tres cosas: el dolor de cabeza mayoritario, mi respuesta a la pregunta de Xavi y mi recomendación.

(En cuanto a lo que diré del dolor de cabeza te pido por favor que leas con mente abierta, porque a veces sonará como contundente. No soy amigo de absolutismos, lo sabes. Soltaré algunos. Para profundizar en ellos, ten en cuenta mi recomendación final.)

La mayoría de los dolores de cabeza ocurren sin que haya daño en la cabeza.

No son tensionales. No son vasculares. No son por estrés, por falta de hidratación, por comer queso o chocolate, por la regla o por llevar una vida “desordenada”.

Puede haber (y de hecho hay mucho) dolor sin daño. De cabeza o de lo que sea. Sin que pase nada. En la cabeza o en donde sea.

El dolor sin daño (cuando se comprueba que no hay daño real, como seguramente en el caso del amigo de Xavi, que tiene “migraña tensional”) es una opinión del cerebro, un fallo en cómo interpreta las señales que recibe, probablemente como una amenaza, generando, en consecuencia, dolor.

Esas señales “amenazadoras” que resultan en una interpretación amenazante de la realidad pueden ser cualquier cosa del ambiente y el contexto personal, interno y externo, tanto “físicas” (tensión, calor, frío, movimiento, quietud, presión, etc.) como “mentales” o “psicológicas” (estrés, “emociones”, sentimientos, creencias, mensajes subliminales heredados culturalmente y en la familia, etc.).

En cualquier caso, el dolor no es algo que ocurre aquí o allí, “donde duele”, sino una sensación generada por el sistema neuroinmune como respuesta a un estímulo (o varios) que se considera como amenazante, que se estima peligroso, que se interpreta como “malo” y, por lo tanto, a evitar.

Metafóricamente, el dolor es una alarma de incendios que se ha disparado sin que haya un incendio.

Y que, en el caso de dispararse, debería apagarse en cuanto se comprueba que no hay incendio (la gran mayoría de casos).

En fin, lo importante:

A la cabeza no le pasa nada. No tiene daño. No tiene por qué doler. Aunque duele.

¿Contundente, verdad? Lo sé. Te entiendo. Espera a la recomendación. De verdad.

Respondiendo a la pregunta:

¿Los ejercicios de movilidad pueden ayudar con el dolor de cabeza?

Pueden.

Aunque no lo sé.

Si no hay daño (un tumor, una inflamación evidente debido a un traumatismo, un infarto, etc.), la cabeza no tiene por qué doler.

Tampoco duele por tensión o por falta de riego (dos de las explicaciones más utilizadas).

Hay un buen puñado de gente con el cuello y la espalda como piedras que no sufre migrañas.

Y si les haces una eco Doppler de carótidas la sangre sube a todo trapo.

Y con artrosis a nivel cervical, y hernias discales, y “mala postura”, y, y, y.

Y sin migrañas ni dolor de cabeza.

Y los ejercicios pueden ayudar.

Porque puede que afecten de alguna manera, directa o indirecta, “física” o “psicológica”, en cómo la persona que los hace (y su sistema neuroinmune) evalúe el entorno y la situación, y por tanto su respuesta (el dolor).

Por ejemplo:

  1. Promoviendo su confianza en el movimiento (puede hacer cosas aunque le duela, por lo tanto no debe ser algo tan grave).
  2. O simplemente despistándola, distrayéndola de su dolor (la hipervigilancia, prestarle atención al dolor, hacerle caso al dolor incrementa la sensación de dolor, que se viene arriba como cualquier ente a quien le das la razón y le otorgas el control de la situación, provocando, además, que vuelva a repetirse y se enciendan las alarmas cada vez que se experimente algo igual o parecido, dando pie a un círculo vicioso sin fin).

Entonces, Pepito se mueve.

Mueve el cuello, mueve las escápulas, mueve los hombros, mueve la mandíbula, mueve las cejas.

Y ¿deja de doler?

Puede ser. Se mueve, se siente bien, se relaja, se distrae, confía, se percibe como capaz y competente, no hay motivo para que la alarma siga encendida.

Y deja de doler.

Es lo más habitual.

Experimentalmente, fenomenológicamente, prácticamente.

Qué bien.

¡Pero!

Pero, primero, si deja de doler, no deja de doler por el movimiento en sí, por algo “mecánico”, tensional, vascular.

Y, segundo, sobre todo…

…puede que no.

Puede que no deje de doler.

Esa es mi respuesta.

¡Mis recomendaciones!

La primera: moverse.

Moverse con dolor y moverse sin dolor.

Hay matices infinitos para esto.

No es el momento ni el lugar para desarrollarlo.

Enlazándolo con el principio, con la “reflexión vital” en torno al dolor: la vida duele, a veces más y a veces menos, a veces más a menudo y a veces menos a menudo. Pero duele.

Vivir duele. Vivir va a seguir doliendo.

Y vivir es moverse, sí o sí.

(Consejo en plan chamán sobrado chulo piscinas: más te vale ir aprendiendo a hacer “bien” las dos cosas).

La segunda: investiga, aprende, auto-edúcate y experimenta sobre el dolor y con el dolor.

Como te decía, no es “mi cosa”, “mi elemento”, y mucho menos mi trabajo.

Busca, estudia, pregunta a los que saben de verdad.

Hay muchos, aunque sean poquitos si los comparas con los de la tensión, la circulación y el chocolate.

Si me pides una, solo una referencia, para mí la mejor y a partir de quien he aprendido más, te aconsejo esta:

El doctor Arturo Goicoechea y su equipo (especialmente María, que es una crack).

Su lema lo dice todo: know pain, no pain.

Teclea arturogoicoechea punto com.

Espero de verdad que todo esto te haya sido útil de alguna forma, ni que sea mínimamente, para iniciar una nueva aventura, una nueva relación con tu dolor.

Y discúlpame por toda la falta de rigor que pueda haber en mi relato.

Que no es lo mío.

Rober Sánchez

PD: lo mío es el movimiento. Apúntate a mi plataforma online. Es gratuito y solo necesitas un nombre y una contraseña para acceder. Que escribo sobre movimiento a diario y, además, como regalo de bienvenida puedes completar cuatro programas diferentes sobre movilidad, fuerza, agilidad y juego.

Cómo practicar remos escapulares e invertidos en casa si no tienes una barra

Eres consciente de la importancia de colgarte.

No solo verticalmente. También horizontalmente.

Y de traccionar tanto a nivel escapular como realizando una tracción completa (remo invertido) de cara a estimular tu movilidad y fuerza desde ese sentido más horizontal.

Tienes una barra para colgarte en casa —o no.

Si la tienes, generalmente es de estas de quita y pon que van a presión o colgadas en el marco de una puerta.

También puede ser que tengas una barra de dominadas fija, anclada en la pared o en el techo.

O un soporte o estación multifunción.

Sea como sea:

  1. Si es de quita y pon, o bien es imposible regularla en altura, o bien es un coñazo hacerlo y tener que cambiarla cada dos por tres dependiendo de si quieres practicar suspensiones horizontales o verticales.
  2. Si es fija, aunque se puede montar algún circo alternativo apoyando los pies en una silla que pongas por delante, no es algo muy ortodoxo (ni estable) que digamos.

No pasa nada.

Hay una solución muy sencilla.

Por cierto, algo completamente compatible a aplicar en lo que puedes aprender en el curso gratuito Calistenia Básica – Multiplica los resultados de tu entrenamiento de fuerza entrenando mejor (no más), con cabeza.

Te la explico en el vídeo de abajo.

Espero que lo disfrutes y te sea útil.

Rober Sánchez – M de Movimiento

No te moverás por organizarte

Me dice Toni que lleva muy bien todas las rutinas, que le sientan genial, pero que le está costando integrarlas en lo cotidiano.

De este desafío sale una idea, un matiz que muy a menudo cambia las reglas del juego para mejor y, en consecuencia, el resultado en esta “batalla” contra el sedentarismo.

Si aplicas lo que te voy a enseñar hoy, lo tienes chupado.

Justo el mismo día Carlos me respondía al correo de conócete a ti mismo y que tiene que ver con la “lección” de hoy.

Puede servir de titular:

<<El que piensa mucho para dar un paso se arriesga a pasar la vida parado en un solo pie>>.

La conversación con Toni es parte del feedback de la tercera semana de Movilidad Natural.

Toni parece un tío muy serio en los vídeos, aunque sospecho que es de lo concentrado que está.

Porque luego, en los reportes en texto, siempre tiene alguna salida de esas que no te esperas y que te arrancan una carcajada.

Creo que en el fondo Toni es un tío muy cachondo que se lo está tomando muy en serio. Mola.

El caso es que lo de integrar le está costando.

Bueno, ¿y a quién no?

Integrar es uno de los grandes propósitos y desafíos en paralelo de este jaleo: que tu vida esté tan impregnada del uso utilitario de tu movilidad que no necesites ni estirar ni dedicar tiempo extra ni leches.

Que sea algo natural en ti.

Tal como están las cosas y como siguen avanzando, no es fácil y cada vez lo será menos.

—Alexa, enciende la luz. Roomba, ponte a limpiar. C3PO, ¿me traes el café a la cama?

Entonces Toni, como muchas personas, piensa que es una cuestión de organizarse mejor, y que el uso de alarmas le ayudarán en su misión.

Y bueno, en parte eso de organizarse está bien, como lo de las alarmas, aunque no es lo primordial.

Lo que importa, lo que cambia las cosas es disparar y dispararse.

Verás.

En realidad el gran obstáculo no es cómo crear un buen plan.

Lo fundamental es llevarlo a cabo.

Y para eso no es tan importante tener el cargador hasta los topes de balas y el punto de mira calibrado.

Porque no es una cuestión “mental”, racional, como organizarse.

Si le prestas atención a la mente en ese momento, no te va a soltar un discurso en plan:

“Uy. Ha sonado la alarma. Me la puse justo ahora porque es el momento ideal para moverse un poco. De hecho, sabes que es muy importante, estás muy concienzado de que el sedentarismo es muy malo y tienes que moverte y blablablá… ¡Vamos a movernos!¡¡Qué alegría!!”.

¡Qué va!

Lo que hará es decirte algo así:

“Uff. ¿Ahora tengo que hacer la rutina de columna? Espera, espera un momentito que ahora justo estoy con este email tan importante, o chateando con Pepito, o liado con no sé qué, o acabando no sé cuántos, o… bueno… que simplemente no me apetece”.

Recuerda: la razón de ser de la razón es tener razón.

Como la encuentre, por mucha “excusa” que sea, te la vas a creer y succionará tu atención (y conducta).

Y, en este caso, no te vas a mover.

Que era el objetivo de la alarma, del “disparador”, que te movieras.

La clave está en disparar.

Luego ya afinarás tu puntería a base de práctica.

Entonces, cuando suena la alarma, sea cuando sea, que no importa tanto el momento ni haberse organizado, tú lo que tienes que hacer es disparar.

¡Pam!

¡¡Disparar!!

¡Eh! Que no es racional. No le des tiempo a la razón.

Tiene que ser algo como visceral.

Te organices como te organices, cuando suene el disparador, ¡dispara!

¡¡Dispara!!

¡¡¡Dispara!!!

Muévete primero. Piensa después.

Entre otras muchas cosas, en Movilidad Natural estamos más de 56 días seguidos practicando esto.

¡Pam! ¡¡Pam!! ¡¡¡Pam!!!

Rober Sánchez

PD: Dispara. En el enlace.