3. Pura probabilidad mediocre

Es una cuestión estadística.

Lo más probable es que, sin ninguna duda ni remedio, seas mediocre.

Primero, porque sí, porque en cualquier grupo y ámbito los que sobresalen por los bordes son pocos o, de lo contrario, no se podría decir que sobresalen, se establecería una nueva media y serían mediocres.

Y segundo, porque tu educación física y nuestra cultura sedentariogénica te han empujado a serlo.

Si no lo haces muy bien, si no sobresales, si no eres excelente, mejor no lo hagas.

Dedícate a otra cosa, algo que se te dé bien.

Y si quieres moverte, como mucho «haz ejercicio», «entrena» o «haz deporte» un par de días a la semana.

El resto no es para ti.

Por favor, te he dicho que no lo hagas.

Para, para. Déjalo ya.

Estás haciendo el ridículo.

No te muevas.

Mejor siéntate.

Y mira cómo lo hacen los buenos.

Ser mediocre, estar en la media es lo más habitual, normal.

Ya no vas a poder cambiarlo.

Y no pasa nada.

Acostúmbrate.

Rober Sánchez – M de MovimientoSoy Rober Sánchez, director del Laboratorio de Movimiento, nuestra plataforma de entrenamiento online. Desde 2003 enseño a las personas a entrenar para construir cuerpos móviles, fuertes y hábiles, y poder moverse de verdad.

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2. Mediocridad relativa

Otra pregunta.

De hecho, es algo que puedes plantearte cada vez que utilizas un adjetivo.

Pero centrémonos en esa supuesta mediocridad.

¿Comparado con qué o, en este caso, con quién?

¿Mediocre comparado con quién?

Porque, en términos de movimiento, es obvio que no es lo mismo compararse con cualquier ciudadano de a pie, que probablemente está en la media, como tú, que con alguien que practica gimnasia o artes marciales, participa en triatlones, baila, levanta peso o se dedica al circo o al baloncesto profesionalmente.

Tampoco puedes hacerlo con ningún gurú de turno, que seguramente lleva años, incluso toda la vida, entrenando, practicando, moviéndose como se mueve.

Es más, ni tan solo con tus vecinos, tus colegas del trabajo, tus familiares que, quién sabe, puede que acumulen más experiencia que tú o que, ya que nos gusta tanto eso de la «predisposición», hayan heredado mejores genes o gocen de más talento, así, de serie.

Cualquiera de ellos puede moverse «mejor» que tú.

Y si te paras a pensarlo, antes de ofenderte, disociando la emoción de la lógica, en cualquier ámbito y por lo general, los que suman más tiempo de práctica suelen hacer mejor las cosas que los que no lo hacen, y más cuanto más jóvenes se iniciaron.

¿Qué sentido tiene compararse con los mejores cuando es evidente que lo son y por qué lo son?

¿Qué sentido tiene compararse con el resto de mediocres cuando en realidad son personas totalmente diferentes a ti, con distintas responsabilidades, inquietudes, antecedentes, expectativas, formas de ser, condiciones corporales?

¿Qué tiene que ver tu nivel con el de ellos?

Ahora que ha salido el tema del nivel, ¿qué debe ser más importante? ¿La actividad física en sí misma y todo lo que reporta «por dentro»? ¿O el nivel estético o de rendimiento de esa actividad observados «desde fuera»? Si lo que haces es estimulante para ti, ¿qué más da en qué lugar de la escala de niveles se sitúa eso que haces?

O, dándole la vuelta a la tortilla, ¿por qué no te comparas con alguien de menos nivel? No sé, quienquiera que se te ocurra, incluyendo tu abuela o un lisiado. ¿Por qué no lo haces y, de hacerlo, qué adjetivo le pondrías? Si tú eres mediocre, ¿ellos qué son? ¿Súpermediocres, hipermediocres o megamediocres?

Hablando de abuelos, una persona que ha superado los setenta y que camina un par de horas al día, hace aquagym al menos tres veces de lunes a viernes y aprende a bailar en el centro cívico cada fin de semana, ¿es mediocre aunque ande lento, a duras penas siga las coreografías en la piscina y le cueste recordar los pasos de la última clase de baile?

En fin, ¿dónde está la línea de la mediocridad?

Conceptualmente, ¿qué es mediocre y qué no lo es?

Literalmente, ser mediocre quiere decir estar en la media, no sobresalir, y siempre depende del contexto subjetivo, el marco individual a través del que observemos esa supuesta mediocridad.

Personalmente, ¿eres mediocre comparado con quién?

Rober Sánchez – M de MovimientoSoy Rober Sánchez, director del Laboratorio de Movimiento, nuestra plataforma de entrenamiento online. Desde 2003 enseño a las personas a entrenar para construir cuerpos móviles, fuertes y hábiles, y poder moverse de verdad.

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1. ¿Te molesta que te llamen mediocre?

Eres un mediocre.

¿Te molesta?

¿Te sientes ofendido?

«¿Quién se ha creído este para llamarme mediocre?», pensarás.

Si te molestas, te ofendes cuando te llamo mediocre porque crees que te estoy faltando al respeto, despreciando o incluso insultando, te invito a cuestionarte otras cosas.

¿Por qué crees que ser mediocre es algo negativo, malo?

¿Alguna vez te has planteado que, en según qué contextos, y como veremos en este elogio, ser mediocre tal vez sea algo positivo, bueno?

¿Quién te ha inculcado, te ha metido en la cabeza que la mediocridad es un defecto, algo a pulir o, como mínimo, disimular?

¿Quizás alguien que quiera convencerte de que debes o tienes que ser excelente para exponerte, para mostrarte y, de lo contrario, mejor que te escondas, pases desapercibido o te dediques a otra cosa?

¿Qué interés hay detrás de la cultura de la excelencia?

Y, por último, algo que te concierne a ti y solo a ti…

¿Cuántas experiencias, cuánta vida, cuánto movimiento te estás perdiendo por ese miedo a sentirte mediocre, a poner encima de la mesa tu mediocridad de modo transparente, a que los demás vean lo mediocre que eres?

Rober Sánchez – M de MovimientoSoy Rober Sánchez, director del Laboratorio de Movimiento, nuestra plataforma de entrenamiento online. Desde 2003 enseño a las personas a entrenar para construir cuerpos móviles, fuertes y hábiles, y poder moverse de verdad.

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¿Cuánto tiempo es necesario calentar?

A raíz del programas MOVILIDAD NATURAL del Laboratorio de Movimiento, las dudas que me llegan acerca del calentamiento se han disparado.

Y entre ellas, curiosamente, la más frecuente es esta: ¿Cuánto tiempo es necesario calentar?

Supongo que, todavía presos de algún modo por la cultura de las prisas, muchos pretenden ajustar al máximo los tiempos para hacer un hueco a la actividad física en sus apretadas agendas –cuando tal vez el reto más interesante no sea cómo conseguir entrenar en menos tiempo, sino en más.

El calentamiento es, en mi opinión, uno de los grandes damnificados de la incultura del movimiento, más que nada porque hay un buen puñado de gente que ni tan solo calienta.

Aún con esas, dejaremos a un lado la cuestión de si es necesario calentar o no, por su obviedad el 99% de las veces.

En este sentido, sí encuentro interesante exponerse a ciertos esfuerzos sin calentamiento previo, con tal de testear la capacidad del cuerpo en frío, aunque siempre de manera submáxima y excepcional.

Así que partiremos de la premisa de que, efectivamente, estamos calentando antes de la parte más seria de cualquier entrenamiento o sesión de lo que sea con tal de poner a punto el cuerpo a nivel de circulación, movilidad, motricidad y mentalidad –los cuatro objetivos básicos del calentamiento.

Y en este otro sentido, de hecho, lo más importante no es, ni mucho menos, cuánto tiempo se debe dedicar a un calentamiento.

La pregunta no es cuánto tiempo es necesario calentar

El tiempo del calentamiento es lo que menos debería importarte.

La cuestión primordial es: ¿qué intención tienes al realizar el calentamiento de ese día en concreto?

Porque según ese propósito, el estado previo de tu cuerpo en esos niveles (circulación, movilidad, motricidad y mentalidad) antes de tu entrenamiento o práctica de lo que sea podrá variar, necesitarás que sea específico para lo que vayas a hacer.

Entonces, otras preguntas entran en juego:

· ¿Qué es lo que vas a hacer después? ¿En qué consiste tu entrenamiento de hoy?

· ¿Es un entrenamiento con más tendencia hacia la capacidad, como la movilidad, la fuerza, la resistencia, o hacia la habilidad, como la coordinación, el equilibrio, la agilidad, la fluidez?

· ¿Estás preparándote para una sesión de acondicionamiento? ¿O para una práctica en torno a algo más técnico o a aprender y desarrollar una habilidad?

Porque, según la complejidad de lo que vas a hacer, estaría bien que también te preguntaras: ¿es algo simplón, como un entrenamiento de fuerza específico para algún ejercicio o patrón? ¿O es algo complejo, como una sesión de locomociones, danza, acrobacias, parkour o escalada?

· ¿Cuál va a ser la intensidad de la sesión? ¿Estás en una fase de máximos, de submáximos, de descarga?

· ¿Qué rango articular necesitas tener disponible, accesible de cara al entrenamiento? No es lo mismo salir a correr un rato o hacer malabares que entrenar con anillas o practicar algunas figuras en inversión o vertical.

Además, aparte de cuál es la intención del calentamiento, otro factor a tener en cuenta es en qué condiciones tiene lugar ese calentamiento:

· ¿Hace frío o calor? Este va a ser un factor muy determinante, especialmente a nivel circulatorio y de movilidad.

· ¿Estás descansado o acarreas cierta fatiga?

· ¿Cómo te sientes a nivel de concentración? ¿Hoy es un día de aquellos en los que no te cuesta nada atender a lo que estás haciendo o te notas algo despistado, disperso?

Estas preguntas y un largo etcétera son mucho más importantes que cuánto tiempo es necesario calentar.

La respuesta universal

La respuesta se esconde en la propia pregunta.

¿Cuánto tiempo es necesario calentar?

El tiempo que sea necesario.

Punto.

Y entender de una vez por todas que lo que menos importan en todo este juego son los números.

Y lo que más importa es la conciencia, la comprensión, la intención, la responsabilidad, el (auto)conocimiento y la acción autónoma en torno a ti mismo, tu cuerpo, y no lo que diga una «receta de ejercicio».

Obedece menos.

Aprende más.

Y muévete mucho.

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¿Quemazón y sobrecarga en las tibias? Un truco para valorar la eficiencia de tu dorsiflexión de tobillo en una sentadilla profunda de reposo

Como ves, estoy compitiendo para el premio nacional a los títulos de post más largos.

Pero es que en esto de moverse, si uno quiere hacerlo a conciencia y con cierto sentido educativo, los matices marcan la diferencia.

Esos matices, por lo general, suelen referirse a la individualización o la especificidad del asunto.

Y como internet tiene muy poco de individualizable (¿esto existe?), pues hoy, como casi siempre, esos matices tratarán sobre una especificidad, esta vez en torno a la sentadilla profunda de reposo.

Es decir, lo que vamos a ver no tiene por qué ser necesario o aplicable a cualquier tipo de sentadilla dinámica, simétrica o asimétrica, bilateral o unilateral, lineal u orgánica, con o sin carga.

Solo sirve para la sentadilla profunda de reposo, específicamente.

La eficiencia en una sentadilla profunda de reposo

Y una sentadilla profunda solo puede merecerse el apellido «de reposo» si realmente lo es, si para ti representa una posición descansada, que no implica una inversión/malgasto de energía para hacerla sostenible en el tiempo.

Es decir, en el momento en que de alguna manera necesitas esforzarte para mantenerte en sentadilla profunda durante un «tiempo determinado» (rigor científico nivel top), esa sentadilla ya no es de reposo.

La eficiencia durante una sentadilla profunda va a depender de varios factores (de flexibilidad, circulatorios, respiratorios, etc.).

La cuestión del día es valorar cómo es de eficiente la dorsiflexión de tu tobillo durante una sentadilla.

Porque, muy a menudo, uno de los motivos por los que la sentadilla no es sostenible en el tiempo es esa sobrecarga y consecuente quemazón que puedes sentir por delante de las tibias o en la cara anterior del tobillo.

¿Te queman las tibias? ¿Sientes esa congestión?

Lo más probable es que tu tobillo no sea suficientemente flexible en su dorsiflexión y, entonces, los músculos que llevan el dorso de tu pie hacia la tibia tengan que estar activos todo el rato con tal de evitar que te caigas de culo, tratando de mantener el equilibrio.

Que esos músculos se activen de vez en cuando para estabilizar la posición no tiene nada de malo. Que tengan que estar siempre activos derivan en una fatiga acumulada que, finalmente, termina por hacer insostenible esa teórica sentadilla de reposo que, para ti, todavía no lo es.

El truco para valorarlo

Ese truco, por llamarlo de alguna manera, consiste simplemente en observar qué ocurre en la zona anterior de tus tobillos (mira los dos, porque puede ser que solo te ocurra en uno).

Es algo que podrás ver a simple vista.

Si la zona anterior de tu tobillo se ve engrosada, es porque los tendones que pasan por ahí delante están transmitiendo la contracción de esos músculos que intentan llevar tu peso hacia delante para que no te caigas y sostener la sentadilla.

Si, en cambio, la ves aplanada, músculos y tendones están relajados, lo que indica que en este sentido específico tienes suficiente flexibilidad en tu dorsiflexión para que la sentadilla profunda sea sostenible y pueda apellidarse «de reposo».

Sencillo, ¿verdad?

Sentadilla - Tibial on off

Qué hacer al respecto

En el caso de haber concluido con que todavía no tienes suficiente flexibilidad y, por tanto, eficiencia específica, puedes hacer dos cosas:

1. Antes de creer que realmente es una cuestión de flexibilidad, ten en cuenta que tal vez lo que está ocurriendo es de origen postural.

¿Hacia dónde llevas el peso de tu cuerpo? Si lo llevas demasiado hacia atrás, hacia los talones, puede ser que tú mism@ te estés saboteando, provocando cierta descompensación y obligando a que tus tobillos tengan que esforzarse de más para mantener la sentadilla.

Si puedes, prueba a llevar el peso más hacia delante, intentándolo repartir por toda la planta del pie, sin levantar el talón, claro.

¿Puedes? No era una cuestión de flexibilidad –tenías margen de sobras en tu tobillo para jugar con tu posición a este nivel.

Acostúmbrate a esta nueva distribución del peso.

2. En lugar de encabezonarte en mantener esa sentadilla profunda de NO reposo, colócate unas alzas debajo de los talones para que tus tobillos estén descansados durante la sentadilla y plantéate el hecho de invertir cierto tiempo en trabajar tu flexibilidad o movilidad de tobillo específicamente para su dorsiflexión.

En este artículo, Cómo mantenerte en sentadilla con carencias de flexibilidad de tobillo (y el error más habitual al intentar resolverlo), hablo de ello extensamente. Échale un vistazo.

A veces, pequeños matices pueden marcar la diferencia entre encontrarte en un callejón sin salida o ver la luz al final del túnel.

¡Nos (mo)vemos en el Laboratorio!

Rober Sánchez – M de MovimientoSoy Rober Sánchez, director del Laboratorio de Movimiento, nuestra plataforma de entrenamiento online. Desde 2003 enseño a las personas a entrenar para construir cuerpos móviles, fuertes y hábiles, y poder moverse de verdad.

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