Una vida de obstáculos. ¿Correr o vivir?

Una de las cosas que más me fascinan de los procesos en la cultura del movimiento es la cantidad de aprendizajes que pueden extraerse para la vida.

Hoy comparto un artículo invitado. Lo firma Dani García, Dawizard, autor del blog Entrena como un héroe, mi jefe en Wods, algo más que un box, un lugar donde, entre otras, se han especializado en el entrenamiento para carreras de obstáculos.

Gracias Dani.

Una vida de obstáculos

Subidas, bajadas, cambios de ritmo. A veces corriendo, a veces caminando.

Casi siempre acompañado, rodeado de personas, aunque también hay muchos momentos en los que te sientes solo, incluso sumergido en la multitud.

En ocasiones te arrastras. En otras saltas. Hay momentos en los que sientes que llevas un peso extra sobre tus hombros y tratas de adaptarte a él hasta que por fin puedes liberarte de su lastre.

En muchos instantes te caes, te golpeas, incluso te puedes hacer daño. Pero no queda otra que levantarse, sacudirse y seguir adelante.

En algún punto necesitas ayuda y en otros eres tú el que la ofreces.

Sientes frustración, alegría, fatiga y energía a la vez. Pasas de sentir vértigo a estar hundido. Una tormenta de emociones que te hacen llorar y sonreír por partes iguales.

Tienes que mancharte. No queda otra.

O te implicas y haces lo que está en tu mano o no avanzas. Y sin progreso son hay felicidad.

Unos llegarán antes y otros más tarde.

Todos seremos finishers pero lo importante es cómo lo serás tú y los tuyos.

Unos acabarán en buenas condiciones y otros muertos en vida, sufriendo más de la mitad del recorrido.

Unos habrán hecho todo lo que estaba en su mano y algunos habrán pasado sin compromiso, usando todos los trucos y trampas posibles.

Muchos harán amigos por el camino y unos pocos todo lo contrario.

Algunos avanzarán instaurados en la queja, maldiciendo cada paso, deseando acabar.

Otros disfrutarán del proceso, de los contratiempos, del esfuerzo, de los buenos y no tan buenos momentos, porque todos y cada uno de ellos hacen del camino algo irrepetible.

No hablo de una carrera de obstáculos. Tampoco de la vida. Hablo de ambas cosas.

¿Y tú? ¿Cómo quieres ser finisher?

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7 lecciones sobre movimiento de una abuela de 92 años

(O algo así cómo «Y ahora vas y me pones la excusa que quieras como la edad, o los dolores, o la falta de tiempo, o la inexperiencia… de por qué no te mueves»)

Benita.

Es la abuela de mi mujer, y como si fuera la mía también.

Ha muerto a los 92 el 9 de enero de 2017, aunque adivino que seguirá viva, moviéndome cada día. En diez años me ha enseñado muchas cosas.

Una de las más importantes, parte de la inspiración para mi elogio de la mediocridad, tiene que ver con moverse, moverse todo lo que uno pueda, cuando sea y como sea.

La abuela pertenecía a otra generación, una que jamás se había planteado la necesidad de hacer ejercicio. Las prioridades eran otras: trabajar, de sirvienta o de modista como la mayoría de abuelas inmigrantes, y cuidar de su familia. No había más.

Pero al jubilarse y perder a su marido, con todo el tiempo del mundo por delante, le tocó enfrentarse a un gran dilema. ¿Me siento todo el día a ver la televisión y me muero en vida? ¿O me muevo?

Benita no tenía ninguna cultura del movimiento ni educación física, aunque sí era enérgica, inquieta, curiosa y con una fortaleza infinita.

Alrededor de sus ochenta decidió moverse en diversos sentidos y su día a día hasta hace muy poco tiempo, cuando dejó de ver, consistía más o menos en:

  • Dos horas de catalán, informática, meditación, yoga y piscina a la semana. Dos de cada, digo. Nunca había visto tantas ansias por hacer cosas y aprender en alguien tan mayor.
  • Cuentas diarias. Sumas, restas, multiplicaciones y divisiones, a mano. Ella misma sospechaba que «si no lo usas, lo pierdes».
  • Lectura diaria, tanto de libros como dejándose llevar por San Google. Investigaba y le gustaba empaparse de conocimiento, sobre todo acerca de anatomía o geografía. «Cuando tengo lumbago son éstas las que me duelen, ¿verdad Rober? Que tengo una hernia en L3-L4…», me decía con acento extremeño mientras me enseñaba una foto de la columna en su iPad.
  • Escritura de prosa y poesía diaria, primero textos a mano, luego los pasaba a ordenador y después los imprimía, para releerlos cuando quisiera.
  • Dibujo diario, también en el ordenador. Sabía manejar el Paint mucho mejor que cualquiera de nosotros.
  • Ejercicio analítico, por su cuenta y en casa, de manos, hombros, cadera, pies y columna, diario. ¡Sin que ningún entrenador personal le estuviera detrás motivándola o diciéndole lo que tenía que hacer y sin ponerse canciones épicas de fondo!
  • Paseos por el barrio, de mañana y de tarde, diarios, al tiempo que tomar el sol y charlar con las vecinas.
  • Paseos por el inacabable pasillo de su casa, si llovía. Una decena cada vez.
  • Entre una y dos horas de televisión al día, poco más, para ver La ruleta de la fortuna antes de comer y Pasapalabra antes de cenar, o sea, concursos que le mantenían la mente en marcha.

Lo que me ha enseñado acerca del movimiento son básicamente siete cosas:

  1. Nunca es tarde para empezar a moverse (uno). Da lo mismo la edad. Solo hacen falta valentía, decisión y acción.
  2. Nunca es tarde para empezar a moverse (dos). Da lo mismo la condición física. A saber lo trillado que tendría el cuerpo la abuela, con sus artrosis y sus dolores, aquí y allá, y su maltrecho corazón. Pero se movía cada día.
  3. Nunca es tarde para empezar a moverse (y tres). Da lo mismo la condición cultural. La abuela no tenía ni papa de gimnasia o de deporte, nunca la concienciaron ni le enseñaron nada, pero como todo ser humano tenía un cuerpo y un cerebro capaces de experimentar y aprender.
  4. Responsabilidad propia y actitud DIY (do it yourself). Hacía clases de todo tipo y aprovechaba la guía de sus profesores y monitores, pero también investigaba y trabajaba por su cuenta. ¡Esto es fundamental!
  5. Me muevo porque puedo moverme y todo lo que puedo moverme. Sabía que, como el cálculo, si no se movía a diario luego le costaba más moverse y se encontraba peor. Si le dolía la espalda, no se estiraba veinte horas seguidas. Probaba, caminaba, movía la columna. A pesar del dolor de lo que fuera, se movía. Y si algo no lo podía mover, movía otra cosa. ¿He dicho cada día?
  6. Cualquier tipo y nivel de movimiento vale la pena, por muy bajo o mediocre que aparente ser. Evidentemente, ella no iba a aprender a hacer el pino con noventa años, pero era capaz de hacer ejercicios de coordinación de dedos y manos que ya me gustaría ver si algunos de treinta podrían hacerlos.
  7. Si te mueves, morirás mejor. Algún homo binarius saldrá con aquello del abuelo que nunca hizo nada y estaba tan bien o con el que hizo de todo y lo pasó tan mal. Que busque generalizar en el diccionario. Generalizando, si te mueves, morirás mejor. La abuela fue totalmente autónoma hasta hace unos meses, cuando empezó a perder gradualmente la vista, y solo tuvieron que limpiarle el culo en su última semana de vida. ¡Yo aspiro a eso! Sospecho que tuvo algo que ver con su actitud y, sobre todo, su puesta en práctica de todo lo que acabo de describir.

Solo puedo acabar con uno de sus refranes favoritos, de nuevo en referencia a la responsabilidad y la autonomía:

Este burro es mío, en el burro mando yo.

Cuando quiero digo arre, cuando quiero digo so.

Benita, en movimiento:


Rober Sánchez – M de MovimientoSoy Rober Sánchez, director del Laboratorio de Movimiento, nuestra plataforma de entrenamiento online. Desde 2003 enseño a las personas a entrenar para construir cuerpos móviles, fuertes y hábiles, y poder moverse de verdad.

Accede a los programas gratuitos de bienvenida y empieza a entrenar tu movilidad, tu fuerza y tu habilidad con cabeza. ¡Muévete!

Nos hemos perdido en la teoría del movimiento

Esta es la segunda gran catástrofe de la incultura del movimiento, después de la educación física de las escuelas, que no pecan solo en cuanto a tiempo dedicado, una o dos horas a la semana, sino en contenido y forma («chicos/as, vamos a hacer deporte, no a movernos, porque lo digo yo y con la normas que yo dictamino, os guste o no»).

Con un poco de suerte, si cuando somos adultos nos queda algo de interés por movernos, nos zambullimos en un mar de (sobre)información, tutoriales, guías, programas, libros. Y malgastamos horas y horas delante de textos como éste, en el peor de los casos, o vídeos, en el mejor, moviéndonos virtualmente, mentalmente.

Es lógico. Desde pequeños, durante más de una década, como mínimo, sentados cinco horas al día nos convencieron de dos cosas:

  1. Primero la teoría.
  2. No te equivoques, no hagas el ridículo, no fracases.

Lo veo y lo vivo cada día en mi práctica y en la de las personas a las que enseño.

Nos cuesta un mundo probar, hacer las cosas mal, experimentar sin tener o que nos den «toda» la información, como si existiera la teoría perfecta, como si fuéramos capaces de absorberla en unos pocos minutos y, además, como si nuestro cuerpo fuera capaz de traducirla en algo tildado de excelente o al menos correcto.

Es imposible, porque el movimiento está hecho de sensaciones, percepciones, emociones, miedos, gestos, posturas, patrones… no de números o letras.

Perdemos el tiempo.

Por mucho conocimiento teórico que tengamos, que es necesario hasta ciertas cotas básicas –en ningún momento lo niego–, vamos a tener que morder el polvo, sí o sí, y más si somos mediocres.

La experiencia y la experimentación son el culmen del conocimiento, la prueba de que la teoría es válida, y no al revés.

Así, antes de saber si este músculo hace esto o aquello, el número de series que optimizan el entrenamiento de fuerza o cómo se consigue teóricamente la línea perfecta en una parada de manos, invito a invertir el orden:

  1. Primero la práctica.
  2. Equivócate, haz el ridículo, fracasa.

Puede que para algunos sea contradictorio, ya que hacerlo de esta forma nos expone, hace que corramos más riesgos o incluso podría provocar que avanzáramos más lento.

Dejando a un lado que la calidad de aprendizaje debe preceder a la velocidad, habría que pensar que tal vez ocurra al revés.

Por un lado, experimentar puede convertirse en un gran filtro teórico, debido a que la propia experiencia marque INDIVIDUALMENTE y específicamente, con exactitud y precisión qué refinamiento teórico es necesario para cada uno, excluyendo de un plumazo la basura. Además, el propio cuerpo y sus mecanismos, que hemos heredado a través de la evolución desde los inicios de la vida y que nos han hecho sobrevivir, nos protegerá mucho antes de hacernos daño. No nos imaginamos lo que realmente puede llegar a soportar el cuerpo.

Recalco, para los homos binarius, que evidentemente ciertos conocimientos teóricos son necesarios, siempre que se acompañen de práctica. Por ejemplo, no vale «saber» lo que es una retroversión pélvica; se debe «conocer en carne» cómo ejecutarla y mantenerla en diferentes posiciones y situaciones.

Además, que uno experimente no quiere decir que el experimento se realice a ciegas o que no se pueda modular la intensidad o la dificultad, adecuándola al nivel de conocimiento práctico, insisto, del practicante.

Y por otro lado, que el cuerpo y el ego saboreen a diario la mediocridad del movimiento, hacerlo fatal, sigue siendo algo bueno para curarse de miedos/neurosis/expectativas perfeccionistas y elitistas y, sobre todo, SUMA tiempo en movimiento, algo que nunca está de más en nuestro escenario sedentario.

(La mayor parte del tiempo la práctica debería parecerse a esto…)


Rober Sánchez – M de MovimientoSoy Rober Sánchez, director del Laboratorio de Movimiento, nuestra plataforma de entrenamiento online. Desde 2003 enseño a las personas a entrenar para construir cuerpos móviles, fuertes y hábiles, y poder moverse de verdad.

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El cardio que no se ve mientras te mueves

Uno de los pecados capitales del fitness y de la pobre educación física que hemos recibido es la simplificación y el reduccionismo del movimiento como medio para conseguir ciertos objetivos, generalmente estéticos o deportivos, y no como fin, o como origen, o como núcleo, o como un todo que genera espontáneamente un universo infinito de consecuencias beneficiosas, como sin quererlo –wei wu wei.

El fit-producto que se lleva la palma, con el pretexto de la salud cardiovascular y el mantenimiento o pérdida de peso de por medio, es, sin duda alguna, el cardio.

Rober, ¿qué importancia le das al ejercicio cardiovascular?

Eso me preguntaban en la entrevista que concedí a Entrena Salud hace unos días, a lo que respondía:

<<Ninguno.

Cuando uno se mueve de la forma más diversa posible, la salud y trabajo cardiovascular están más que cubiertos en intensidad, volumen, frecuencia, etc.

El “entrenamiento cardiovascular” es intrínseco a la sesión de movimiento.

Cualquiera que lo dude, que pruebe a bailar intensamente durante una hora o a practicar capoeira, tae-kwondo o parkour.

Si además tenemos el buen hábito de caminar o ir en bicicleta a todas partes, no estar mucho tiempo sentados y salir de excursión los fines de semana, ¿qué más necesitamos?>>

El cardio que no se ve

Es parte de la gracia de moverse, en vez de hacer ejercicio o deporte.

Y fíjense bien en dos matices los que esperan que cada entrada de un blog sea una tesis doctoral…:

  1. Nadie dice que la capacidad y el trabajo cardiovascular deban menospreciarse. Lo que se propone es que no son el foco ni el objetivo. Viven en el movimiento, son implícitos, forman parte de él.
  2. Nadie dice que no se deba hacer ejercicio o deporte. Lo que se propone es que cuando alguien haga ejercicio o deporte, si se quiere llamar así, haga ejercicio o deporte. «Cuando camines, camina» – Thich Nhat Hann. Olvídense de las etiquetas de «lo que está ocurriendo» en el cuerpo o «lo que se espera que ocurra».

Cuando uno se mueve, sea de la forma que sea, el esfuerzo cardiovascular que debe realizar el cuerpo para realizar tal esfuerzo es algo obvio, evidente. ¿Para qué prestarle atención o dedicación exclusiva?

¡Muévanse!

Y disfruten del cardio, en toda su diversidad e intensidades, consecuente de:

  • Un partidillo de baloncesto, futbol, tenis, balonmano.
  • Unos largos en la piscina.
  • El trayecto hasta el trabajo, en bicicleta o caminando.
  • Una carrera de obstáculos.
  • Unos saltos entre muros a lo Yamakasi.
  • Una sesión de cualquier arte marcial.
  • Una rutina de gimnasia en anillas.
  • Unas palas en la playa.
  • Unos esprints con su perro.
  • Una práctica mediocre de danza como la del vídeo a continuación…

Rober Sánchez – M de MovimientoSoy Rober Sánchez, director del Laboratorio de Movimiento, nuestra plataforma de entrenamiento online. Desde 2003 enseño a las personas a entrenar para construir cuerpos móviles, fuertes y hábiles, y poder moverse de verdad.

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Mi entrevista para Entrena Salud

Para que no se pierda en el olvido de las redes sociales, dejo aquí un enlace a la entrevista que me han hecho en la web Entrena Salud.

Entrevista con Rober Sánchez – El fitness no tiene sentido

Me ha hecho especial ilusión, por un lado porque es la primera en esta nueva etapa, y por otro porque con muy poquitas preguntas creo que ha quedado una idea bastante redonda de lo que quiero transmitir.

Tal vez me ha faltado hablar un poquito sobre mi elogio a la mediocridad…


Rober Sánchez – M de MovimientoSoy Rober Sánchez, director del Laboratorio de Movimiento, nuestra plataforma de entrenamiento online. Desde 2003 enseño a las personas a entrenar para construir cuerpos móviles, fuertes y hábiles, y poder moverse de verdad.

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