Aburrirse y divertirse. Movilidad y movimiento

–Rober, la rutina de movilidad es de lo más aburrido…

Lo sé. Es un rollo. Una lata, un coñazo, una caca.

De todas maneras, ¿cuál es el problema? ¿Aún crees que todo tiene que ser divertido? Lavarse los dientes es aburrido, pasar la ITV del coche es aburrido y el cumpleaños de tu suegra es aburrido. Al menos a la movilidad le sacarás más provecho –sobre todo si la comparas con las celebraciones familiares.

En fin, que nos desviamos, sí, es aburrido. Pero es lo que hay, la consecuencia de haber metido la pata hasta el fondo, al mismo nivel que recomendar aquello de «come de todo y equilibradamente» o equiparar dinero con felicidad.

En un momento dado de nuestra vida, de bien pequeños, empiezan/empezamos a limitar nuestra amplitud de movimiento progresivamente para terminar hiperadaptadados a la forma de un sofá, un asiento de coche y una silla en un cubículo o, si tienes título y un par de másters, en un despacho.

Si lo piensas bien, es un proceso duro y tedioso que requiere de unos cuantos años de entrenamiento varias horas al día (por lo que no acabo de entender esa resistencia a estirar quince minutos al levantarnos de la cama o antes de la cena, por ejemplo).

Sea como sea, y aunque a la mayoría de nosotros ya nos pilla con alguna cana, siempre viene bien comprender de donde salen los problemas. En términos de movilidad, no es una cuestión de no haberla trabajado, sino de haberla perdido. Ya la teníamos. Solo hacía falta mantenerla. ¡Maldita sea!

Ya no somos niños

Con un poco de suerte, un día te das cuenta de que no vas por buen camino y se te enciende una bombilla. «¡Voy a hacer deporte!». Y va y te pones a ello, y te sienta más o menos bien, y te gusta, y te engancha, y apretas… y ocurren dos cosas: o no eres capaz de hacer todo lo que te gustaría hacer o fuerzas demasiado y te duele –y hasta te haces daño.

Empiezas la casa por el tejado…

  • Cuando cargas una barra a la espalda para hacer sentadillas pero no puedes agacharte para descansar.
  • Cuando te tambaleas en unas anillas pero no puedes permanecer totalmente suspendido un par de minutos.
  • Cuando te arqueas en una clase de yoga pero no tienes «ni flowers» de lo que es una retroversión pélvica, y ni mucho menos sabes cómo realizarla.
  • Cuando te lanzas a correr mientras tus pies se parecen más a unas pezuñas que a unos pies.

Y lo entiendo, porque algo fundamental en cualquier práctica de movimiento es que, como mínimo, una pequeña parte de ésta sea divertida. Lo que quieres es pasarlo bien, aunque a veces se confunda –no pain no gain. De ahí que las actividades en grupo, las carreras populares, los deportes y ciertos desafíos personales tengan tanta tirada; la gente se lo pasa bien y quiere compartirlo con los demás.

¡En el fondo solo queremos jugar!

Sin embargo, pasamos por alto que ya no somos niños, algo que no debería ser un problema si no hubiéramos perdido nuestra inocencia mental… y corporal: la movilidad.

Nuestro cuerpo se ha olvidado de moverse como un niño.

Primero toca movilizarse y aburrirse…

No hay otra. Lo aceptas. Vas a tener que trabajar tu movilidad.

Estudias, investigas y experimentas tú mismo, compras un programa por ahí, o te hacen uno a medida.

Y la cruda realidad de la práctica analítica de la movilidad, del entrenamiento paralelo de la fuerza y la flexibilidad, se muestra ante ti en forma de ABURRIMIENTO.

(Que no te timen. Yo aquí me estoy aburriendo…)

…para después moverse y divertirse

No es que haya esperanza. ¡Es que debe haberla!

Porque algo habitual es que, una vez más, muchos nos encallamos en nuestra zona de comodidad, de control. Y si se ha superado el filtro del aburrimiento y realmente ha habido un compromiso, se comete el error de quedarse solamente en eso, en movilidad, no en movimiento.

Vuelve el despiste, la visión de asno.

¿Pero no te querías mover? Intentaste moverte, viste que no podías, le pusiste remedio y ahora ¿te quedas repitiendo día tras día las mismas rutinas, los mismos protocolos, las mismas series y el mismo análisis?

Eres consciente de que si pretendes gozar de cierto bienestar, vas a tener que moverte toda la vida. ¿En serio crees que vas a poder mantener esa práctica monótona y sin sentido completo toda la vida?

Para que cualquier práctica sea sostenible, especialmente la analítica, se le ha de dar un sentido.

Y el sentido siempre termina siendo el mismo: moverse.

No lo olvides.

Querías moverte.

Querías divertirte.

Y podrás hacerlo, aunque antes tendrás que aburrirte.

(Podría pasarme horas así. De hecho, lo hago. Ahora, no me pidas más de treinta minutos seguidos de estiramientos a conciencia…)


Rober Sánchez – M de MovimientoSoy Rober Sánchez, director del Laboratorio de Movimiento, nuestra plataforma de entrenamiento online. Desde 2003 enseño a las personas a entrenar para construir cuerpos móviles, fuertes y hábiles, y poder moverse de verdad.

Accede a los programas gratuitos de bienvenida y empieza a entrenar tu movilidad, tu fuerza y tu habilidad con cabeza. ¡Muévete!

Masajes no, gracias

Generalizando, de generalizar, no.

A la larga, no.

A medio y corto plazo, con pinzas, puntualmente y específicamente.

Un masaje es para el movimiento lo que una dieta para la alimentación.

(Y tú, masajista o fisio o santero o lo que seas, lo sabes que no. Que no solucionan nada. Solo parchean o pueden, solo pueden, ayudar. Y, reconócelo, te aburren un buen rato. Pérdida de tiempo para ti y tu cliente/paciente. Me dan igual tus referencias científicas. He hablado muchísimas veces de esto contigo en cafés, cursos, talleres, hasta en tu casa y en tu consulta, y me lo has confesado, aunque duela porque te juegues parte de tu sueldo. Esto no va contra ti. Solo digo que puedes, que sabes hacerlo mejor; estoy convencidísimo. Los masajes solo aseguran una cosa: cliente para toda la vida. Pero no nos despistemos: tú lo sabes).

Rober, ¿aún haces masajes?

Me lo preguntaban hace poco vía móvil.

Y yo respondía: «No massage. Useless». Y lo que sigue:

4 palabras clave

  1. Movimiento: o sea, moverse, ejercicio, actividad. Lo cojas por donde lo cojas, cualquier proceso doloroso solo puede acabar bien si tarde o temprano la persona que lo sufre se mueve. Si no, o no se soluciona nunca o, en caso de alivio, vuelve a aparecer. No hay otra. ¿Qué te apuestas?
  2. Curro: o sea, esfuerzo, trabajo, dedicación. Ni milagros, ni atajos, ni pastillas, ni primera cervical, ni sexto chakra. Horas, conciencia, intensidad, disciplina.
  3. Sostenibilidad: o sea, «nunca más». Sumado al punto 1: si sigues en movimiento, no te dolerá, y si no te mueves, te dolerá. Moverse toda la vida. Si no te gusta, ya puedes ingeniártelas para que te guste.
  4. Responsabilidad: o sea, «si lo haces, claro». Tú. Que lo hagas tú. ¡Tú! No que te lo hagan. Eso no vale, no sirve. Masajito una vez a la semana mientras no haces ni el huevo y pasas el día sentado, mal negocio. Nadie va a cambiar nada por ti.

Movimiento con sentido

Evidentemente, no todo vale, y ahí es donde pueden pasar dos cosas:

  1. Opcional: que un profesional te guíe. No que te trate. Que te enseñe, que trabaje contigo en tu educación del movimiento.
  2. Obligatoria: que te muevas. Y no solo en el sentido estricto de la palabra. Que investigues, que te intereses por tu propio cuerpo –que eres tú–, que comprendas la necesidad incuestionable de movimiento y cómo aplicarlo. En fin, que APRENDAS A MOVERTE Y QUE LO HAGAS.

Comparado con un masaje, sea al nivel que sea –tisular, circulatorio, neuronal, ¡hormonal!, energético, espiritual, cósmico o chamánico–, el movimiento gana por goleada.


Rober Sánchez – M de MovimientoSoy Rober Sánchez, director del Laboratorio de Movimiento, nuestra plataforma de entrenamiento online. Desde 2003 enseño a las personas a entrenar para construir cuerpos móviles, fuertes y hábiles, y poder moverse de verdad.

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Cómo mejorar mi salud si paso el día sentado en el trabajo y no tengo tiempo de nada

Hace unos días Rubén, uno de mis alumnos más comprometidos de la clase de movilidad que imparto en WODS, me preguntaba a propósito del futuro lanzamiento de su propio blog:

«¿Cuál es el principal consejo que darías para mejorar la salud de las personas que se pasan el día sentadas debido a su trabajo y tienen falta de tiempo por su estilo de vida?».

A lo que yo respondía algo un poco menos desarrollado que lo siguiente, aunque en la misma línea:

“En ese caso tan mayoritario, mediocre, tienes dos posibilidades de hacer algo extraordinario, además de los grises que se encuentran entre ellas.

La primera, integrar el movimiento en tu vida. Integrar no significa entrenar o hacer ejercicio, sino impregnar, incrustar el movimiento muy a menudo, moverse sin moverse, entrenamientos incluidos.

El movimiento integrado está infravalorado y suena a tópico, pero te ofrece la posibilidad de boicotear notablemente los efectos del sedentarismo. ¿Ejemplos? Usar las piernas para ir a todas partes, prescindir de asientos con patas y regresar al suelo sentándote de las maneras más diversas posibles, estirar obsesivamente, trabajar de pie a ratitos, utilizar alarmas que te obliguen a moverte con muchísima frecuencia, etc.

La segunda, dejar el trabajo, encontrar o inventar uno que implique (integre) actividad física y cambiar radicalmente tu visión de vida y, en consecuencia, tu estilo de vida.

Claro, radicalmente suena a radical ¿verdad? Algo mal visto en nuestra cultura, promovido por los que temen el cambio y cómo les puede afectar. Pero, sin duda, una posibilidad más que puede pasar por replantearte tu vida por completo, incluidas tus necesidades/expectativas/deseos materiales.

Sea como sea, como decía, están los grises. ¿Y cuáles son? Ni idea. Cuestión de imaginación. Cualquier alternativa que se encuentre entre las dos opciones que comentaba.

El caso es darte cuenta de que nadie va a cambiar nada por ti. De no responsabilizarte, de no hacer nada más que aceptar el status quo y quejarte, solo puede resultar una cosa: que tu vida se convierta en el día de la marmota, calcado día tras día, y los efectos del sedentarismo sigan, literalmente, castigándote.

Así, no te queda otra que desafiar ese status quo, y crear uno nuevo, tuyo, singular”.

–Sí, claro, Rober. Moverse a todas horas, cambiar de trabajo o las dos cosas, ¿no? Muy bonito y muy fácil…

Bonito no, precioso.

¿Y quién ha dicho lo de fácil?


Rober Sánchez – M de MovimientoSoy Rober Sánchez, director del Laboratorio de Movimiento, nuestra plataforma de entrenamiento online. Desde 2003 enseño a las personas a entrenar para construir cuerpos móviles, fuertes y hábiles, y poder moverse de verdad.

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Moverse es arriesgado, pero…

…pero no moverse todavía más.

Te mueves. Haces ejercicio. Practicas un deporte. Llámalo como quieras.

Tiene sus riesgos…

A veces notas cosas. Un pellizquito en la rodilla. Un cruc-cruc en el hombro. Un tironcito en la ingle. Qué le vamos a hacer. El movimiento te va dando sorpresas, y te va enseñando por dónde seguir. Todos los días.

Está claro que si te pasas, esas cositas pueden, y solo pueden, acabar en lesión. Generalmente ocurre cuando no has entendido muy bien esto del movimiento, sobre todo en cuanto a la conciencia, la lentitud, la paciencia en la progresión y la apuesta por la complejidad, no por la cantidad. Malditas prisas, malditas comparaciones con el gurú de turno, malditas revistas, malditos objetivos.

O no te mueves. No haces nada de nada. Ni caminas. Te pasas el día sentado, motorizado o estirado.

Tiene sus riesgos…

Tu musculatura se atrofia. Tus huesos se descalcifican. Tu circulación es penosa. Tu capacidad pulmonar es escasa. Tu cuerpo no tiene ni idea de cómo gestionar la energía. Tus hormonas se desajustan. Tus neuronas se mueren.

Y te duelen la espalda, o las rodillas, o los hombros, o las manos, o las cervicales. Y se te hinchan las piernas. Y te ahogas al mínimo esfuerzo. Y te engordas. Y estás triste, o desmotivado, o malhumorado. Y pierdes coordinación, equilibrio, memoria…

Si las dos opciones conllevan riesgos, ¿cuál elegir?

Antes de decidirte, fíjate en un pequeño matiz.

Lo que depara no moverse te lo sabes de memoria, puedes preverlo, no tiene ningún misterio, sabes perfectamente dónde terminará.

Lo que depara moverse es incierto, una aventura, una sorpresa, un aprendizaje impredecible, no tienes ni idea de adónde te llevará.

Cuestión de preferencias.

(Yo empecé haciendo curls de bíceps y mira donde he ido a parar…)


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Los 4 aliados del sedentarismo

Cuando uno se plantea moverse no viene mal hacerse a la idea del contexto sedentario, del escenario, de la situación, nada favorable. Y no por huir o luchar contra lo que haya, lo que vendría a ser una reacción instintiva en plan macho alfa. Aquí no va a haber ninguna guerra, ni pains ni gains, ni límites que buscar o mucho menos encontrar. Más bien se trata de conocer, aceptar y responder con amor –propio– al sedentarismo y sus nefastas consecuencias. En fin, optar por una actitud pro-activa, ahora que está de moda.

Los aliados del sedentarismo, los secuaces del Lado Oscuro del inmovilismo, son:

1. Las comodidades modernas

Ascensores, sillas, carritos de la compra, coches, sofás, escaleras mecánicas. Cualquier cosa que o bien nos mueva sin movernos, sin obligarnos a quemar ni una sola caloría ni activar ni una sola neurona, o bien nos invite a mantener la misma posición durante horas y horas de una forma confortable.

Coloca esas 3, ó 6, ó 10 horas semanales de actividad física especializada –bastante pobre en cuanto a diversidad y globalidad– a un lado de la balanza. En el otro platillo pon todo el tiempo que pasas durmiendo o sentado. Y no sentado de cualquier manera o de mil maneras diferentes –como hemos hecho durante miles de años antes de inventar una serie de “comodidades”, algo que también es una forma de movimiento–, sino sentado en la misma silla, el mismo sofá y el mismo asiento de coche exactamente de la misma forma y con la misma postura, horas y horas y horas, durante días, semanas, meses y años. ¿Qué crees que pesará más para el estímulo y la salud de tus articulaciones, tus músculos, tus huesos, tu sistema nervioso, tus arterias y venas, tu aparato digestivo, tu mente?

“Hacer ejercicio no es suficiente” – Décimo aprendizaje

La sobreutilización de todos estos cachibaches son las principales causas de sobrepeso, sobreconsumo de comida e información, sobre-trabajo, y sobrecargas por déficit de movimiento, por no decir de sobre-tristeza, característica común de nuestras vidas zombies.

Algunos pensarán “qué radical”.

Primero, recomiendo repasar varios de mis artículos, donde dejo claro que no se trata de renunciar a todo eso, sino de conocer sus efectos, reconocer su uso exagerado y resolver una situación que, literalmente, nos está matando –en vida.

Y segundo, pregunto: ¿radical comparado con qué? La verdad, no sé qué es más radical, aunque a mí me parece un tanto extremo acumular diez o doce horas consecutivas entre cama y sofá, desde el atardecer hasta el amanecer, para levantarse por la mañana, mantenerse en pie durante media horita, y sentarse durante diez o doce horas más entre coche y silla en la oficina. Y así, día tras día, repetir el bucle durante cuarenta años o más. No tengo datos concretos, y cada persona es un mundo, pero te invito a calcular exactamente cuantas horas a la semana estás de pie y cuantas en reposo. Resulta esclarecedor.

2. La biología de la voluntad

En cierto modo, moverse voluntariamente sin necesidad alguna –de supervivencia– va en contra de una de las leyes naturales más potentes, la economía energética.

De hecho, la voluntad consciente es una capacidad muy reciente, evolutivamente hablando. El inconsciente es el verdadero comandante, de ahí que la voluntad se agote tan rápidamente, y de ahí que requiera precisamente de un trabajo paralelo de conciencia. Sin él, si la guía es totalmente inconsciente, la voluntad no tiene nada que hacer.

Por eso, aparte de cultivar la conciencia, es necesario tener en cuenta otra realidad. Como decía, la voluntad dura poco, incluso aunque uno sea –o se crea– una especie de iluminado. Por tanto, si uno quiere integrar el movimiento en su vida cotidiana, algo primordial será aceptar esa limitación y apostar por el “día a día” y los “pasitos de bebé” –prestados de Homo Minimus.

Otra vez: direcciones, no objetivos. Las consecuencias vendrán solas.

3. La posibilidad de placer inmediato

No hay ninguna duda. Moverse estimula nuestros circuitos de recompensa desde hace millones de años, desde las primeras formas de vida superior, así como provoca la secreción de endorfinas y nos evoca placer.

El problema, comparado con otras actividades, es que requiere de dos factores: inversión energética –voluntad y esfuerzo– y tiempo –no es algo inmediato.

En cambio, tenemos tantas otras posibilidades que implican menos gasto y reportan un placer mucho más inmediato…

– Picar algo de la nevera, comerse una bolsa de patatas fritas en el sofá, pedir una pizza por teléfono.
– Ver la televisión y perderse en un universo imaginario de series y películas, jugar a la videoconsola.
– Navegar sin rumbo por internet para socializarse desde casa y chafardear perfiles de twitter, o facebook, o instagram, o youtube, o espachurrarse en la cama para hablar con diez personas a la vez por whatsapp.

–Rober, eres un radical…

¿Otra vez?

4. La represión corporal sociocultural

Como explicaba en mi cuarto aprendizaje vital como entrenador personal, la educación física de nuestra cultura es penosa. Se le da muchísima más importancia a la mente que al cuerpo, sin comprender que la mente está en el cuerpo y evolucionó para el cuerpo. Lo demás es un reflejo de esta represión corporal.

Aparte de lo económico, algo primitivo, instintivo y biológico –la belleza de la simetría y la aprobación social– mantiene cierto interés por el culto al cuerpo, aunque sólo desde un punto de vista estético, algo que te invita a aparentar un cuerpo, no a desarrollarlo o realmente serlo, moverlo.

La prueba de esta represión es la que tenemos algunos cuando nos da por movernos y sufrimos todo tipo de juicios, por el simple hecho de descalzarnos en casa, caminar muy a menudo, trabajar y comer de pie o sentarnos en el suelo. La mayoría de la sociedad se resistirá al movimiento, a cambio de seguir apoltronados delante del televisor, trabajar más horas delante del ordenador, usar el coche para ir al súper, en fin, vivir más cómodos. Y encima tacharán a los que se mueven de frikis, o de radicales, otra vez, o de obsesos del deporte, cuando moverse no es ni “hacer ejercicio” ni “practicar deporte”. Tiempo al tiempo…

¿Quieres moverte? Dirígete hacia el movimiento, muévete todos los días y a todas horas. Y, de paso, mantén en el rabillo del ojo a estos cuatro aliados del sedentarismo.

 


Rober Sánchez – M de MovimientoSoy Rober Sánchez, director del Laboratorio de Movimiento, nuestra plataforma de entrenamiento online. Desde 2003 enseño a las personas a entrenar para construir cuerpos móviles, fuertes y hábiles, y poder moverse de verdad.

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