Nuevo curso: Movilidad de Columna

Breve post de domingo.

Que supongo que estará más apretado de lo normal si tienes pensado ir a votar.

Aunque hablando de votar, hay votos que cuentan más que otros.

En tu bienestar diario, digo.

Ojo con lo que votas… en tu vida cotidiana.

Yo, parte de mi voto en este sentido, precisamente lo expongo en el enlace de aquí abajo.

Te lleva a la página de información de un nuevo curso que ya está disponible en el Laboratorio de Movimiento.

Es para columnas / espaldas / cuerpos que estén o tiendan a estar tiesos / tensos / oxidados / entumecidos / quejosos / rígidos.

Y para quien quiera disfrutar de moverse con más libertad, control y fluidez.

Flexible y fuerte y suelto y sólido.

Y confiado y seguro también.

Por muchos años.

Como el bambú.

Y también para quien quiera aprender un poco más a nivel del movimiento del cuerpo en general y de la columna vertebral en particular.

Mucha chicha, mucho movimiento ahí.

Y mucho gustirrinín, por supuesto.

El resto lo explico aquí:

Curso de Movilidad de Columna. Liberación – Control – Fluidez

Rober

PD: ¿Que cuánto vale? 95€. Hasta el 2 de julio, que sube a 115€. En el enlace.

Cómo hacer que tus articulaciones no hagan ruido como una carraca

​A ver.

Al grano.

Esto de los ruidos corporales podría complicarse mucho.

De hecho, es muy complejo.

Como todo lo relacionado con el movimiento.

Por lo que no esperes una tesis en un mini-artículo como este.

Ahora.

Una especie de sentencia en plan gurú.

Puedes investigar sobre ello si quieres, por no moverte solo en base a cierta fe en mí.

El cuerpo hace ruidos.

Siempre.

Y el 99% de los ruidos en el 99% de las personas no significan nada «malo».

Ojo.

Una cosa curiosa que pasa cuando te mueves prestando más atención es que escuchas más ruidos.

Pero no es porque haya más ruido.

Sino porque prestas más atención.

Otro ojo.

Cuando vas al osteópata o al quiro y escuchas un crec y te sientes liberado, en realidad nada ha vuelto a «su sitio» porque estaba «mal colocado» o «bloqueado».

Bien.

De todas maneras, esos ruidos que no significan nada «malo» sí pueden significan algo.

Que la circulación alrededor y dentro de una articulación… pues… sep sep.

Y que la circulación alrededor y dentro esté sep sep… pues… bueno… no es interesante.

Porque la circulación es la que se encarga de:

a. Aportar oxígeno y nutrientes alrededor y dentro de la articulación.

b. Llevarse la porquería que se genera alrededor y dentro de la articulación.

De alguna manera que en lo profundo es poco precisa y reduccionista,

pero que acostumbra a ser muy útil para entenderlo,

puedes imaginar que tu articulación es como una bisagra,

y que lo interesante es tenerla bien engrasada, lubrificada.

Obviamente, el «ruido» te da pistas sobre tus niveles de aceite.

Guay.

¿Cómo hacer que no suenen como carracas?

Creo que ya lo intuyes.

Y ciertos hábitos integrados en el día a día se pueden encargar de ello sin necesidad de «entrenar», «estirar», «hacer ejercicio» y otras mandangas.

Es una de las cosas que desarrollamos y consolidamos aquí: Movilidad Natural.

Rober

PD: ¿Ñigui ñogui? No. Silencio y suavidad, engrasamiento, soltura. En el enlace.

Error de bulto de una profesora con sus rodillas

Es época de puertas abiertas en los coles.

Ayer visitaba uno que está a un par de calles de casa, pensando en la matriculación de Abril para el año que viene.

Y fui testigo de una cagada de campeonato por parte de una de las profesoras que guiaba la visita.

Fue con sus rodillas.

Aunque se puede extrapolar a cualquier parte del cuerpo, o al cuerpo entero.

Es un error gordo como una catedral que se repite demasiado entre muuuuuchas personas.

Espero que no seas una de ellas.

Pero, por si acaso, te cuento.

Sobre todo para que no lo cometas cuando pienses en la salud y la longevidad de tus articulaciones más preciadas.

(Incluyo un mini-manual sobre cómo cuidarlas).

En el grupo que visitábamos el cole, había una mami embarazada.

Intuyo que le quedaba poco.

Estaba a punto de estallar y le costaba caminar.

La profe, de unos 56 o 57 años, se la queda mirando.

Y le dice:

«​Mira.

Vamos a subir hasta la cuarta planta y desde allí iremos visitando planta por planta, de arriba abajo.

¿Cómo lo ves?

Si no lo ves claro, mientras el resto sube por las escaleras, tú y yo podemos usar el ascensor.

Y ya de paso, así cuido mis rodillas…»​.

Para más guasa, cerró la última frase con risitas.

Yo me quedé un poco parado.

Primero porque tuve la esperanza de que la muchacha embarazada le dijera que no.

Pero bueno, tal como estaba, entiendo que accediera.

De todas maneras, como el ambiente era bastante distendido y a mí se me quita mi introversión cuando emerge una cosa de estas, me lancé:

—​Pero… ¿Estás fastidiada de las rodillas?

—​Qué va, qué va, cariño —​me contesta como hacen todas las mujeres de esas edades, supongo que porque todavía tengo cara de niño —​Pero es que tanto subir y bajar escaleras, ya sabes, a mi edad me canso y quiero mimarlas —​y vuelve a cerrar con risitas.

Yo sonrío también, amable y cortés, y pienso para mis adentros…

Cariño, es justo lo contrario, es justo lo contrario…

Dos moralejas, venga.

Una sobre las escaleras, concretamente.

Y otra acerca del error de bulto.

1 Escaleras

Dadas las circunstancias, tener un trabajo en el que tienes que ir de aquí para allá y, entre otras cosas, te ves obligado a subir o bajar dos o tres plantas de escaleras (por Dios, que no es un rascacielos) una vez por hora…

…léelo bien…

…es un privilegio.

Especialmente si lo comparas con quien tiene que trabajar quieto, ya sea de pie o sentado, durante toda su jornada.

Aprécialo.

Porque, además, es un montón de movimiento integrado que cubre una parte importante de tus necesidades de movimiento.

2 Rodillas (y cualquier otra articulación)

Tus articulaciones se adaptan y se nutren del estímulo que les das —​y del que no les das.

Si no les das, ni se nutren ni se adaptan.

Y pierden sus capacidades y se deterioran más de lo determinado por el tiempo y se vuelven inútiles y envejecen precozmente.

Si les das, todo perfecto y maravilloso dentro de las leyes cronológicas de la biología.

En el ejemplo de las rodillas y las escaleras:

Si quieres “cuidar” tus rodillas para que puedan seguir caminando y subiendo y bajando escaleras, debes seguir caminando y subiendo y bajando escaleras.

Aunque te canses, que cansarse está bien.

Al revés, no es que no funcione.

Es que prepárate para un envejecimiento precoz, insisto, en este caso, de tus rodillas.

Bien.

Ahora que lo comprendemos…

Cómo cuidar de tus articulaciones en tres pasos:

a. Muévelas con frecuencia.

b. Muévelas diversamente (no siempre igual).

c. Muévelas exponiéndolas a un estímulo de un cierto grado de complejidad (cosas «difíciles», no lineales como si fueras un robot).

Todo esto lo puedes hacer en el día a día.

Para aprender, profundizar e instaurarlo como un hábito cotidiano, tengo este curso:

Movilidad Natural

Rober

PD: ojo con el contexto. Estamos hablando de subir o bajar dos o tres plantas por hora durante 8 horas. No el Empire State. Eso lo abordaríamos diferente.

PD2: para una vida activa, rica, estimulante sin necesidad de ir al gimnasio, porque lo cubres todo en el día a día, que es mejor, es en enlace de arriba.

Mi método para no agobiarme en una resonancia magnética

Acabo de llegar de hacerme una resonancia del cráneo y el cuello.

Algo rutinario anualmente para mí desde hace unos cuatro años.

Y, bueno, no sé si te has hecho alguna.

Pero eso de meterse en el tubo no suele ser agradable.

Y menos si es para “taladrarte” la cabeza.

Y mucho menos si te pasa lo que me ha pasado más o menos a la mitad de la RM.

Primero, la camilla no es que sea muy cómoda.

En mi caso diría que me va algo pequeña.

No se me salen los brazos por los lados por muy poco.

Y no es que yo sea muy ancho.

Luego, te meten la cabeza entre dos soportes.

Y te la encajonan entre ellos, aprovechando la presión de los cascos anti-metralletas.

La chica de radiología me aprieta fuerte y me empuja; yo solo no podría meterla ahí.

La cabeza, digo.

Después, por si no fuera poco, te ponen una especie de máscara que no te toca la cara, pero casi.

Creo que no tiene nada que ver, porque no la he visto desde fuera.

Pero cuando abro los ojos y veo eso en mi cara, me viene aquella imagen de Hannibal Lecter en El silencio de los corderos.

¿Cómo lo rematamos?

La camilla se desliza dentro del tubo.

Abres los ojos.

Y te ves ahí, como Tutankamón en su sarcófago.

Sin salida.

Todo es muy pequeño y está como pegado al cuerpo.

No puedes ni mirar fuera, hacia los pies, porque te acaban de ordenar que no te muevas ni un pelo.

Y además tampoco podrías sacar la cabeza, chafada entre los soportes.

Un poco tortura, la verdad.

Si tienes claustrofobia, vas apañado.

Y esto es solo el principio.

En cuanto llevas un rato lo empiezas a notar.

No hay nada que te despiste, que absorba tu atención.

Como cuando estás trabajando en el ordenador.

O conduciendo.

O chafardeando cosas en el móvil.

Aquí estás súper atento a lo que te está pasando.

Y lo que te pasa es que el cuerpo empieza a quejarse.

A veces de la lumbares, si no llevas bien eso de estar estirado bocarriba.

Lo más habitual es del cuello.

Estar estático tanto tiempo, y menos con cierta tensión de base, no le sienta bien.

¿Cuál es su instinto?

Cambiar ligeramente de posición.

¡Pero no!

Te están haciendo fotos de alta precisión en el cerebro.

No puedes moverte ni un milímetro.

Aunque las cervicales lo piden a gritos.

Necesitan sí o sí moverse cuanto antes.

Qué curioso, ¿no?

Es como que el cuerpo lo sabe sin necesidad de estudios científicos, gurús, aplicaciones…

En fin.

Si te pasa como a mí hoy, que encima a media resonancia me ha empezado a picar un oído, pues ya te cagas en todo.

Quieres mover la mano y llevártela a la oreja para rascarte.

Y no puedes.

Qué putada.

Esa foto panorámica:

Querer moverte, necesitar moverte…

…y no poder.

Mira.

No le vamos a dar vueltas a las causas y a nuestro estilo de vida porque nos lo sabemos de memoria.

Pero esto, justo esto que acabo de describir, nos pasa continuamente, todos los días.

Sin entrar en un tubo, claro.

Solo hace falta estar “metido” en una pantalla 5, 8, 10, 13 horas al día.

No nos damos cuenta de lo que pasa.

Pero luego pasa lo que pasa.

Y de aquí a unos años, si no sales de ella de vez en cuando para moverte un poco con cierta frecuencia y a diario, pasará lo que pasará.

El remedio, aquí: Movilidad Natural.

Rober

PD: ¡Mi método para no agobiarme! Contar. Contar respiraciones. Es simple y tremendamente efectivo. Cierras los ojos y te centras en tu abdomen. Y cuentas. Mejor si lo entrenas antes durante un tiempo, fuera del tubo. Hoy me han salido 227.

PD2: para enterarte de lo que realmente pasa (conciencia) y salir del tubo (acción) antes de que sea demasiado tarde, es en el enlace.

Mi gran cagada con el entrenamiento de la movilidad articular

Después de haber repasado los principales errores a la hora de plantear el entrenamiento de la movilidad articular desde “dentro”, en y para el propio desarrollo de la movilidad…:

  1. Interferencia y descanso.
  2. Intensidad.
  3. Especificidad.

…voy con otra de esas anécdotas personales de las que se puede destilar una gran cagada, el mayor de los errores que puedes cometer a la hora de abordar la propia movilidad articular dentro del infinito marco del movimiento.

Y es algo tan pero tan de Perogrullo y tan pero tan gordo que, hablando de gordura, tiene mucho que ver, cómo no y como casi siempre, con tener un ego no gordo, más bien obeso.

Ese fue mi pecado.

Lo comparto para que lo atiendas y no lo cometas tú, si lo ves coherente.

La cosa, en realidad, tiene mucho que ver también con lo que explicaba en Movilidad articular para monjes Shaolin y gimnastas.

Si lo leíste, y más si por aquel entonces ya me seguías, sabes que en cuestión de dos años mi movilidad mejoró espectacularmente.

Pasé de ser un tío de 35 tacos, larguirucho y tocho que no alcanzaba a tocar el suelo con las rodillas extendidas, a contar con una movilidad (casi) de gimnasta que ni con diez años de yoga diario.

(Porque, bueno, también sabes que lo del yoga para esto de la movilidad no sirve…).

¿Cómo fue posible?

Más allá de acertar con el abordaje y la metodología a seguir, así como gracias a la consistencia de mi práctica, solo hay manera de hacerlo teniendo en cuenta mis condiciones personales del momento:

Especializarte.

Recalco: convirtiéndote en un especialista de la movilidad.

Mmm.

No sé si lo ves, pero esto, de movimiento…

Del que promuevo, quiero decir.

Variado, diverso, versátil, equilibrado, etc.

Pues de eso tiene muy poco.

Cagada gorda.

¿Por qué?

Por dos cosas.

La primera.

Pasado ese tiempo, cuando alcancé el nivel de incluso tocarme el dedo gordo del pie con la cabeza manteniendo la rodilla extendida, mi ego chachipiruli y yo nos confundimos.

Creí que por tener tanta (flexibilidad y) movilidad disponible, me movería mejor.

Pero uno jamás puede moverse mejor desde una óptica generalista si se convierte en un especialista.

Contar con mejor movilidad articular no implica que te muevas mejor.

Solo es una puerta, un acceso para que lo hagas – y hasta cierta medida.

Lo que nos lleva a la segunda cosa.

Lo cierto es que por aquel entonces no es que no me moviera mejor.

Es más dramático, más triste.

¡Me movía peor!

Me había especializado tanto, tanto, tanto, dedicándole tantas horas y tanto esfuerzo que, sí, había mejorado muchísimo mi movilidad.

Pero, al mismo tiempo, me había dejado por el camino una parte de mi agilidad, de mi coordinación, de mi capacidad y habilidad de, por ejemplo, correr o saltar con cierta gracia, elegancia, incluso eficiencia.

Cuando lo probaba, parecía un pato mareado.

Y me sentía torpe, extraño, inseguro.

Cuando un par de años atrás disfrutaba muchísimo, entre otras cosas, de mi práctica de Método Natural y parkour, por ejemplo.

Hasta alcanzar el cúlmen… y tocar fondo.

Porque en este punto debo confesarlo.

En junio de 2017 me lesioné gravemente una rodilla (demasiado largo para explicarlo).

Y necesité una rehabilitación de un año y medio para volver a estar al 100%.

Ya lo ves.

Mucha pena todo…

La moraleja y el consejo esta vez no de gurú, sino de persona normal, mortal, mediocre que soy, como si fuéramos amigos de toda la vida, es este:

No te olvides del propósito “supremo” –por ponerle un apellido épico.

La movilidad articular no lo es todo.

Y lo peor que puedes hacer es, dentro de tu práctica general de movimiento, perder dicho generalismo y globalidad de vista.

Y nublarte con tus hitos y tus objetivos y tus trucos chachipirulis de movilidad.

No te especialices.

No te esclavices.

La movilidad articular debe servirte a ti.

No tú a ella.

Y ya está.

Gran día,

Rober Sánchez

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