Un error de principiante que puedes evitar

Los errores de principiante son algo intrínseco a ser, pues eso, un principiante.

Están bien. Forman parte del arte de aprender.

El problema es cuando esos errores se pasan por alto y uno se estanca y se convierte en un principiante sin fecha de caducidad.

Tropezar una y otra vez con la misma piedra jode.

Y se puede evitar.

Hay una regla heurística que puede salvarte hagas lo que hagas en cuestiones de movimiento.

Te la voy a contar enseguida.

Con un ejemplo muy visual y habitual lo verás muy claro.

Usaremos la práctica de invertidas.

Mira.

Hay un error de principiante que cometen el 90% de las personas que están intentando aprender a invertirse y montar verticales.

Y es un error que el 90% de ese 90% sigue cometiendo por los siglos de los siglos.

Y no consiguen montarla con control el 90% de las veces.

O sea, 9 de cada 10 patadas a invertida o vertical terminan en…

(1) Montarla de pura chiripa y caerse al momento debido al descontrol.

(2) No montarla y caerse directamente.

Imagínate.

Seguro que te ha pasado o se lo has visto por ahí a más de uno y de dos.

Una y otra vez.

Patada y al suelo. Patada y al suelo. Patada y al suelo.

Uff…

Y otra vez. Y otra vez.

¡Oooohhh! ¡¡Parece que sí!! ¡¡¡La tengo!!!

No, no, nooooo… Aaaahhhh… La pierdooo… Me caigoooo….

Y al suelo.

Algo que podría abrirte las puertas al disfrute y la diversión de moverte hábilmente se convierte en un suplicio.

No solo por la cantidad de intentos fallidos al principio, normales de un principiante.

Si no por la cantidad de intentos fallidos durante días, semanas, meses, incluso años (no exagero; lo he visto a menudo).

Una y otra vez.

Y la frustración y la sensación de “esto es muy difícil”, “no me va a salir nunca”, “soy un negado”, “no es para mí”.

¿Qué está pasando?

Lo de siempre.

Ahí va la regla heurística, hagas lo que hagas, aprendas lo que aprendas:

Como principiante, comprende mínimamente los principios.

(Dicho de otro modo, principiante, estás demasiado pendiente del “final”, no de los principios).

Y en el caso de las invertidas y todos los equilibrios sobre las manos (incluidas las verticales), todo se reduce a dos principios.

Te los explico en la primera lección práctica del Módulo 1 de Invertidas – El arte de moverte bocabajo.

Para que los intentos fallidos sean mínimos, cuestión de pocos días.

Y luego a disfrutar.

Rober Sánchez

PD: fallarás, porque es inevitable en cualquier aprendizaje. Pero muy poquito, porque habrás comprendido los principios. Arriba.

Anti-anatomía. Tres planos de movimiento. No los académicos

Advertencia: no son los tres planos anatómicos “de manual” (frontal, sagital, transversal).

Son otros tres planos de movimiento.

Conocer los tres planos de movimiento que voy a explicarte es crucial, primordial para moverte mejor y cubrir todas tus necesidades (sí, necesidades) y posibilidades de movimiento.

Y hay uno de ellos que está especialmente olvidado, abandonado.

Me atrevería a decir que gran parte de los dolores, carencias y conflictos corporales “modernos” que probablemente sufres se deben a no moverse en dicho plano.

Es tremendamente sencillo.

Casi nadie lo hace con intención, deliberadamente.

Y luego pasa lo que pasa, lo que está pasando con los cuerpos.

Tradicionalmente se enseña que existen tres planos de movimiento corporal.

A partir de una posición de referencia (estar de pie) y estos tres planos, se definen todas las acciones articulares.

Tal vez te suenen.

Son los planos frontal, sagital y transversal.

No profundizaremos.

¿Está bien conocerlos? Sí. Siempre.

Pero no vale la pena ahondar.

Porque no son los tres planos que “debes” conocer y en los que “necesitas” moverte.

Lee bien.

Lee bien esto que sigue.

Solo ten en cuenta un par de cosas en lo referente a estos planos.

Dos cosas que ya empiezan a poner en evidencia el pobre y limitado enfoque convencional de revista:

1 Casi todos los “ejercicios” se basan en moverse repetitivamente realizando un único gesto en solo uno de estos planos.

2 Casi todos los movimientos que realizas a lo largo de tu vida ocurren como una combinación aleatoria de (extremadamente) diversos gestos en una “nebulosa” de planos imposibles de definir.

Cuando me formé con Tom Weksler, bailarín, coreógrafo y acróbata reconocido mundialmente, me explicó otros tres planos mucho más útiles para comprender el movimiento corporal.

No son oficiales ni académicos, aunque en el mundo de la danza se utilizan como base de la comprensión, junto con otras terminologías que no vienen al caso.

Y, para más guasa, tienen apellidos que los entiende hasta mi hija, que no tiene ni dos años y medio.

Incluso Lula, mi chihuahua, también los entiende.

Mira.

Muy en general se podría clasificar a las personas en dos categorías:

Los que no se mueven para nada y los que hacen ejercicio.

Estos, los últimos, obviamente basan su “entrenamiento” en moverse en un solo plano repitiendo un solo gesto.

Y cuidado que da igual si comparas un curl de bíceps (analítico) con una sentadilla o unos burpess (globales, “funcionales”).

Repetición exhaustiva. Un solo plano. Un solo gesto.

He visto a grandes ejercitadores sudar la gota gorda y sufrir, literalmente, cuando les he propuesto moverse por el “plano olvidado”.

LOS TRES PLANOS DE MOVIMIENTO SON:

1 El plano bajo, a ras de suelo.

2 El plano alto, alrededor de estar de pie.

3 El plano medio, todo lo que pasa entre los planos alto y bajo.

Hilemos:

El plano bajo es donde pasa el tiempo la persona sedentaria, todo el día aposentada, tirada.

El plano bajo y el plano alto es donde se suele “hacer ejercicio”.

El plano medio es donde prácticamente nadie se mueve, donde hay más posibilidades y más chicha.

Es justo donde la diversidad y complejidad de gestos, patrones, posturas y sus combinaciones es más rica.

Y donde se estimula más la movilidad y la resiliencia articular, especialmente.

También donde hay más necesidad por falta de exposición.

El cuerpo se hace bueno en lo que más haces…

…y empeora en lo que menos haces.

Principio de especifididad.

Y hasta aquí la lección de hoy, que terminaremos con una pregunta de (auto)examen:

¿Te mueves en el plano medio?

Para un ejemplo gráfico de una posibilidad de plano medio puedes ver el vídeo introductorio de la página que enlazo.

Para aprender puedes inscribirte en este curso:

Locomociones – Muévete con inteligencia y disfruta de un cuerpo hábil

Rober

PD: en el correo de mañana contaré una gran anécdota referente al plano medio.

PD2: para moverte por ahí, justo donde hay más estímulos y beneficios (y necesidades debido a las carencias de nuestro estilo de vida), en el enlace.

Mi gran fracaso con Ido Portal. Rocío Jurado. Mariquita

Este es un post un poquito más personal aunque, como siempre, mi intención es que le saques partido para tu propia práctica de movimiento.

Te ayudará a entender un poco más quién soy y lo que cuento, y saber si esto es para ti.

Y también para determinar cuánto exigirte cuando te muevas, haciendo lo que sea.

Por si no lo conoces, Ido Portal es el gurú de los gurús en eso de la movement culture.

Le debo muchísimo. Le agradezco esta parte.

Y fracasé en su método.

Voy a resumirlo muy pero que muy mucho, que fueron años.

Escuché hablar de él por primera vez diría que en primavera de 2013, en un curso de la mano de Joseph Bartz.

Joseph fue durante unos años alumno directo de Ido y más tarde profesor en sus seminarios, casi casi al nivel de Johnny Sapinoso y Odelia Goldschmidt (muy majos, por cierto, sobre todo ella).

Curiosamente, un tiempo más tarde, a Joseph le pasó lo mismo que a mí –y a otros tantos, la mayoría.

Y a Joseph Bartz le sigo considerando un profesor de movimiento fabuloso.

De mi historia alrededor de Ido Portal, sus ideas, “su” comunidad y su método aprendí muchísimas cosas.

Además, aunque tenga fama de arrogante y sobrado, las tres o cuatro veces que hablé directamente con él me trató fenomenal, resolviendo mis dudas con amabilidad.

Bueno, una de esas veces se me puso a gritar al oído «¡Lower! ¡Lower! ¡¡Pelvis to the floor!!» delante de ochenta personas. Pero en realidad no hablábamos (yo no podía en ese instante), lo entendí como parte del espectáculo y, jo der, tenía razón… Mi pelvis estaba demasiado lejos del suelo.

En fin, todo muy a su estilo, cómo no: directo, asertivo, preciso, riguroso y con el toque justo de “incertidumbre” para que yo me espabilara en lo que debía espabilarme.

Es decir, respetando el principio de «no te lo voy a dar todo mascado, chaval».

Eso es de muy buen profesor. Y me gustó.

Pasaron algo más de cuatro años y, bueno, tal vez lo vieras en redes sociales…

Mis capacidades y habilidades, teniendo en cuenta mis antecedentes, mi (nulo) nivel de partida y mi condición natural de patoso y temeroso, progresaron espectacularmente.

¡Aaahhh! ¡¡El método funciona!!

Sep sep…

Porque fracasé.

Fracasé porque acabé quemado mentalmente y destrozado físicamente, y viceversa, ante la extrema demanda de tiempo, energía y foco que suponía aquel planteamiento.

La exigencia, la intensidad, el ritmo eran brutales, una locura.

Llevaba la vida de un deportista de alto nivel, de una mezcla entre un gimnasta, un artista marcial y un bailarín…

…a mis treinta y largos, trabajando como autónomo, con la paternidad en el horizonte y siendo una persona de lo más normal (ojo con esto).

El dolor, las lesiones y la desmotivación se tornaban cada vez más persistentes.

Me rendí y me bajé de aquel tren.

En definitiva, me pasó como a la Jurado.

A mí me parece fantástico que haya quien siga su método y le vaya bien.

Pero para mí y para cualquier persona normal que tenga una familia y más responsabilidades (y placeres) además de moverse, lo veo intolerable e insostenible.

Más cuando el discurso en torno al método te tilda de “débil” por no poder soportarlo.

Justo en ese momento, en la insistencia de que “you are weak” o “sissy” (algo así como mariquita, sea lo que sea lo que quiera decir), aquello ya no resonó conmigo nunca más.

Se me rompió el amor, de tanto usarlo…

Y dejé de ser un mover –“aquel que practica movimiento de verdad de la buena”, según él.

Mira.

El que te escribe es un tipo normal.

Puedes y te invito (posibilidad y propuesta) a moverte de manera diversa y compleja, centrándote más en la habilidad que en la capacidad, en la cualidad que la cantidad.

Pero siempre de manera sostenible y tolerable, porque entiendo que eres una persona normal también.

Una de esas propuestas es sacarle chicha a una de las habilidades naturales del ser humano, moviéndote alrededor de tu coordinación, tu fluidez, tu movilidad cerca del suelo, tu equilibrio y varios aspectos más.

En este curso: Locomociones. Desarrolla un cuerpo hábil y muévete con inteligencia.

Rober Sánchez

PD: las cosas claras, pero sin gritos. En el enlace.

Cómo moverte (y entrenar) en invierno. Dos maneras de observarlo

*También podría haberlo titulado «Cómo ahorrarte energía, tiempo y sufrimiento en invierno».

Si lo haces al tuntún, si lo concibes como «ejercicio», lo más normal es que lo hagas normalmente.

Y, desafortunadamente, en este sentido lo normal no tiene sentido alguno.

Porque lo normal, lo habitual, lo convencional es no observar y, en consecuencia, no comprender y, en consecuencia, meter la pata hasta el fondo.

Entonces, el abordaje más normal dentro de la normalidad, y el que se promueve en redes, blogs, podcasts y entrevistas chachipirulis, porque es lo más vistoso y épico, suele rondar lo de la disciplina, hacer lo que debes hacer aunque las «circunstancias» no sean óptimas y otras tantas bobadas.

Con tal de estar siempre en la cresta de la ola —pasando por alto que para que haya pico también tiene que haber valle.

Con tal de seguir «progresando» hacia la persona que quieres ser mañana —cosa que implícitamente conlleva la no aceptación y el rechazo de la persona que eres hoy.

Todo el deber y el sacrificio que sea necesario.

Aunque el instinto, la intuición, la naturaleza y la propia vida te estén gritando que es justo en la dirección contraria.

Otra muestra más de la ceguera imperante.

¿Ves cuánto desgaste, cuánta lucha, cuánto sufrimiento?

Cuando lo único que hace falta es observar los hechos.

No las ideas, no las opiniones, no los métodos, no las disciplinas, no las conclusiones.

Los hechos.

CÓMO MOVERTE EN INVIERNO OBSERVANDO HACIA FUERA

Mira los hechos «de fuera», sin catalogarlos.

Solo mira.

Yo miro.

Veo que las horas de luz disminuyen y el Sol no se levanta tanto.

La naturaleza, aunque eternamente viva, «se apaga». Jamás cesa, pero se modera. Si sales al monte, «escucharás» más silencio que en primavera y verano.

Mi hija de tres años, Abril, ha añadido dos horas de sueño por la noche.

Y las duerme todas del tirón acurrucada, apenas sin moverse, cuando en agosto tenía dos o tres despertares y cambiaba constantemente de posición, abriendo y extendiendo los brazos y las piernas, todo lo que el cuerpo le daba de sí.

Al igual que mi perra, Lula, que en julio me despertaba a base de lametones antes de las 6 de la madrugada para salir a ver el amanecer, y ahora no quiere saber nada de mí hasta las 11 de la mañana.

Los hechos, solo mirándolos, sin juzgarlos, son evidentes.

Todo aquello que de alguna manera sigue vinculado, conectado a los ritmos naturales de la vida, ha cambiado su comportamiento y adecuado su respuesta al otoño y el invierno.

Y, lo más importante: de forma espontánea.

Nada planificada, ni mucho menos pautada, y diametralmente opuesta a lo que se consideraría una manera disciplinada.

Si no lo has mirado, y por lo tanto no lo has visto, y por lo tanto no lo has entendido, para un momento y observa.

CÓMO MOVERTE EN INVIERNO OBSERVANDO HACIA DENTRO

Esto es un poco más complicado.

Primero, por evolución: hasta hace relativamente poco tiempo, confiarle nuestra suerte a los sentidos, especialmente a la visión, a lo que vemos con los ojos, lo de fuera, ha sido la mejor alternativa. El cambio radical que ha sufrido nuestro contexto vital no lo hace tan necesario. De hecho, quizá haya llegado el momento de desconfiar un poco de la interpretación de lo percibido, ligeramente, y más teniendo en cuenta los últimos descubrimientos en neurociencia. Aunque suene paradójico con lo de mirar hacia fuera.

Segundo, por educación y cultura: nos adoctrinan para que solo miremos hacia fuera, y no los hechos, sino las expectativas. El trabajo, el dinero, las relaciones, las posesiones, la carrera, los viajes a Bali, las reacciones a las fotos de Instagram, incluso el propósito de nuestra vida y la «autorrealización». Las zanahorias, vaya.

Y tercero, por miedo (es decir, ignorancia): eso de mirar hacia dentro debe ser algo esotérico, místico, espiritual, religioso, pseudocientífico, exótico. ¡Vendehúmos!

Aunque tarde o temprano la vida te pone en tu sitio.

Porque te acabas hartando de solo rebuscar fuera.

Total: ya lo has hecho cientos, miles, millones de veces, y por cada una de ellas acabas volviendo al mismo punto.

Buscar y buscar y buscar donde no es.

Cavar y escarbar y excavar un hoyo cada vez más profundo.

Disciplinadamente, por supuesto.

El día de la marmota.

Mira los hechos «de dentro».

Yo miro.

Y veo la pereza, la desgana, el sueño, una menor capacidad de foco y concentración, cierta desmotivación, incluso tristeza y melancolía, «frío» (interior).

A veces alguna chispa, algún arranque, algún subidón. Sobre todo cuando más he descansado. Y los aprovecho, claro que sí.

Pero la tónica, la dinámica general es la que es.

Podría resistirme, negarla, rechazarla, «gestionar» mis emociones y dejarlas a un lado porque «me alejan de la persona que quiero ser mañana» y mis objetivos (y mis deseos y necesidad de control y certidumbre) y tal y Pascual.

Pero, como dijo uno de los más grandes, «todo lo que resistes, persiste». (Jung)

Y acostumbra a hacerlo con más fuerza.

¿Aplicamos una dosis de lucha, deber y disciplina épica, estoica, como buen «emperador» de mi vida?

Por supuesto que no.

Porque no hay nada que ganar, que mejorar, que batallar, que conquistar, que dominar.

Solo observar.

Y…

CÓMO MOVERTE EN INVIERNO A TRAVÉS DE LAS DOS MIRADAS

Ya termino.

Sé que esto puedo sonar raro.

Verás:

Con el tiempo, si te paras a observar irás viendo una cosa:

No hay ni dentro ni fuera.

Todo es un continuo.

Y, precisamente, lo que jode la historia es que separamos la cosa y rompemos esa continuidad.

Luego, la cosa no fluye.

He ahí el conflicto, la fricción, el sufrimiento.

Por eso, para saber cómo moverte en invierno, sea de la manera que sea o, mejor dicho, sea de TODA la manera, porque en realidad solo hay UNA manera (no dos, adentro y afuera), lo único que necesitas es observar.

Observar ni dentro ni fuera, o dentro y fuera unido.

Y, a partir de la observación, ver.

Ver y comprender.

Comprender y respetar.

Y, desde la observación, la comprensión y el respeto, actuar, moverte.

¿Vivir?

Así es justo cómo moverte en invierno.

(Y siempre, porque no existe ningún otro momento, por cierto; aunque es lo dejamos para otro día).

Rober Sánchez

PD: Puedes seguirme la pista uniéndote a mi comunidad y completando los cursos de bienvenida de mi plataforma de anti-educación online, el Laboratorio de Movimiento (te recomiendo empezar por Core). Es todo gratuito. Más info y cómo hacerlo en este enlace.

Me escribe un profe de yoga escocido. Dos veces

A veces todavía me sorprendo.

Y mira que la historia se repite una y otra vez.

Por suerte, hay quien sabe leer.

Manu, el profe de yoga escocido que tiene una escuela en Murcia (sharmamovimientoyconciencia .com), sabe leer.

Y cuando uso el yoga como metáfora para ejemplificar algo más gordo y además uno es riguroso en la especificidad sobre para qué es útil el yoga y para qué no,

y encima sabes leer,

entiendes que no hay ni debate ni conflicto ni mala baba ni nada.

Y Manu me responde el correo sobre el escozor que provoca que el 99% de las clases de yoga no sirvan para aprender yoga, sino para decir “hago yoga”, como mucho.

Su correo contiene tesoros.

Mira:


Hola Rober,

Tu correo me escuece y no me escuece.

Por un lado me escuece porque la verdad entiendo lo que dices y una de las cosas que considero que merman mi profesión actual (tengo una escuela de Yoga) 😉 es lo que cuentas. 

Considero que la gente no enseña a moverse, ni enseña Yoga, solo hacen mera y simples clases que no transforman ni los cuerpos ni las mentes de los alumnos. Como el que hace churros vaya… 

Así q lo que me escuece es que se pueda hablar así del Yoga y con razón. 

Pero bueno, supongo que de momento es lo que hay. 

Y bueno, por otro lado no me escuece porque en mis sesiones de Yoga enseño Yoga y enseño a las personas a moverse (q lo considero lo más importante)

Considero el Yoga una gran base incluso antes de empezar a moverse o hacer cualquier otra cosa para entender cada gesto. 

No voy a añadir nada más, menos una cosa dentro de exactamente dos líneas.

Manu forma parte de aquel 1% que sí enseña y donde sí aprendes, y que no tiene por qué escocerse porque no engañan a nadie.

Con las Locomociones pasa lo mismo, exactamente lo mismo.

Hay quien pauta o manda o vocifera pasos y secuencias y “flows” y tal.

Y no entiendes nada, solo obedeces y sacas la lengua.

Y no aprendes nada, solo haces lo que puedes, de aquella manera, y esperas la siguiente instrucción.

Eso no tiene por qué estar mal.

Pero si lo que te interesa realmente es ser consciente, entender lo que haces y darle un sentido propio, personal, puedes hacerlo en este curso:

Locomociones – Desarrolla un cuerpo hábil y muévete con inteligencia.

Rober

PD: lee esto imaginándome con una sonrisa de oreja a oreja y un tono cachondo. Que a veces lo directo y asertivo se confunde con enfado, rencor, ira, pedantería o yo qué sé. Solo hemos comentado la jugada.

PD2: para aprender movimiento de verdad, “obedeciendo” durante unas semanas para luego despedirme y librarte de mí, porque has comprendido lo que has hecho y te lo has hecho tuyo, es en el enlace.