Algo peor que enfocarse en el resultado

-Rober, me estás liando. Tal como me lo pintabas con lo de la atención, la energía y el tiempo, no me imaginaba que podía haber algo peor.

Pues sí.

Sí hay algo peor que tener fugas en tus tres tesoros y que se te escurran como agua entre los dedos.

Hay algo peor que enfocarse en los objetivos y el resultado, en lugar de hacerlo en la orientación y el aprendizaje.

Mira.

La naturaleza humana tiene una característica que es un arma de doble filo para nuestro comportamiento, nuestra vida, nuestro movimiento.

El ser humano por naturaleza es un ser social.

Eso tiene sus ventajas y sus desventajas.

Tenemos necesidades sociales.

De pertenencia, de seguridad, de propósito comunitario, de aprobación.

Las ventajas y desventajas conviven diluidas entre estas necesidades.

Muévete en uno de los dos extremos, solamente tú solo en tu soledad, o únicamente agrupado en un grupo, y estás muerto.

Con la atención, la energía y el tiempo tienes que vigilar, cuidarlos.

Es fácil perder el foco, tener fugas.

Centrarte en el resultado.

Tú solo.

Eso es chungo.

Hay algo peor que enfocarte en el resultado tú solo.

Porque todavía engancha más, esclaviza más, te hace obedecer más, te hace depender más.

Y de dónde es más difícil todavía escaparse, fugarse, moverse.

Formar parte de un grupo enfocado en el resultado.

Eso es peor.

Lo peor.

He aquí una manera entre muchas otras de aprender a moverte mejor sin necesidad de lidiar con las desventajas sociales.

De hecho, es algo que se aprende mejor a solas, en tu casa o en el parque, de tranquis, con tu musiquita guay.

Invertidas – El arte de moverte bocabajo

Rober

PD: hay ventajas sociales, por supuesto. Pronto hablaremos de ellas.

PD2: foco, autonomía y libertad. Sin miedos ni comparaciones ni competiciones ni dependencias grupales. En el enlace.

Una lección de movimiento que me dio una entrenadora hace casi veinte años

Me la dio una entrenadora personal y profesora, a mis 23.

Y es una lección que empezó a cambiarlo todo, aunque me comiera diez años de fitness entre medias, con un aprendizaje extremadamente valioso.

Tanto como para ponerlo todo del revés, ahora, años después.

Yo salía de la academia.

Ya trabajaba en un par de gimnasios como monitor de sala.

Me estaba formando como entrenador personal.

Y por aquella época lo que más me entusiasmaba, por no decir obsesionaba, era la planificación y programación del entrenamiento.

Cualquiera que lleve un tiempo siguiéndome ya sabe de mi casi trastorno obsesivo-compulsivo con los números y la simetría y las cuadrículas.

(Algo muy característico de nuestra (in)cultura computacional, por cierto).

Hablamos de 2003.

Por aquel entonces, siguiendo la tendencia estadounidense, lo del entrenamiento personal se empezaba a poner de moda por aquí.

Y como parece que hay que sofisticarlo todo, un parte importante de la formación la ocupaba eso de la planificación y programación que, además, ya no la llamaban “planificación convencional”.

Lo que me enseñaron era más cool: planificación “moderna” del entrenamiento.

Todo bajo las siglas ATR, que no viene al caso lo que significan, pero que era la metodología que utilizaban los profesionales, la élite (y siguen haciendo hoy, porque para ellos es importante y funciona, de verdad).

Yo tuve la suerte de aprenderla de la mano de un grande en esto. Me gustó mucho y aprendí un montón. No digo el nombre para que nadie me confunda con un hater. Decía más arriba que me entusiasmaba, se convirtió en mi obsesión.

Total, que ya me ves a mí planificando el “entrenamiento de gimnasio municipal” de Antoñito, mi vecino del cuarto tercera.

Un padre normal de familia normal, con su mujer y sus dos hijos normales, su trabajo normal y sus preocupaciones normales.

Todo normal.

Menos su planificación del entrenamiento.

Un calendario lleno de gráficas y tablas y colores e intensidades y siglas más difícil de descifrar que el más chungo de los jeroglíficos esos de las pirámides.

Aunque eso no era un problema. Yo, el “experto”, estaba allí para explicárselo, guiarle, decirle lo que tenía que hacer.

Y entonces llegó ella… Montse Ascensión.

Fue en una formación “extra”.

La formación que le dio la vuelta a la tortilla y lo cambió todo.

Era sobre movimiento.

Bajo la sombra del fitness, sí.

Pero sobre movimiento.

Lo que me enseñó es muy complicado.

Lo puedes complicar tanto como lo de la ATR, o más todavía.

En lo profundo, al detalle, eso que me enseñó es irrelevante y una persona normal tampoco tiene por qué conocerlo.

Pero de base sí.

Todo giraba en torno a una cuestión que simbólicamente podría resumirse en esta situación:

Cuando me veía con mis libretas y mis gráficas y mis calendarios y mis colorines me decía:

<<Muy bien, Rober. Qué chulo, qué bonito, qué bien pensado, qué estructurado todo. Muy meticuloso. Tu planificación no tiene fisuras.

Bueno… Tal vez una. Me pregunto una cosa:

¿Antoñito, el del cuarto tercera, sabe mover bien sus articulaciones?

Y no solo eso…

¿Lo sabe hacer con intención?>>.

¿Con intención?

¿Qué dices, Montse?

¿Qué es eso de moverse con intención?

¡Devuélveme mis gráficas, maldita sea!

Y entonces todo empezó a cambiar y ya no hice ni una planificación más.

Aparte de las que me “obligaban” porque venían en el pack, claro.

En fin, yo no sé si eres de la élite o en qué piso vives.

Lo de la intención me parece más importante. Lo más importante.

Y si quieres moverte bien, lo puedes aplicar tanto a lo analítico (movilidad) como a lo global (moverte, obvio).

Para lo global en breve empezamos un curso en el que te enseño a moverte con muchísima intención.

En realidad, podría decirse que es un curso de moverse con intención.

Locomociones

Rober

El patrón de los lunes y los viernes

Hay un patrón.

Lo llamo “el patrón de los lunes y los viernes”.

Pasa en mi cafetería -y en muchos sitios y ámbitos más.

También en el movimiento.

Es curioso, esclarecedor… y doloroso. Explica muchas cosas. Vale la pena prestarle atención para no caer en él.

Cada mañana de lo primerito que hago es tomarme un café en una cafetería, la misma cafetería cada día.

Allí echo mis primeras horas de trabajo.

Los lunes suele ser una mañana especialmente tranquila.

Para mí no. Para la cafetería.

Al entrar, suele estar vacía. A menudo permanece así todo el tiempo.

Tampoco hay mucho tráfico de take away.

Los dos baristas de los lunes trabajan cada uno en lo suyo, muy concentrados. De vez en cuando lo “máximo” que preparan es un café solo.

Hay un silencio casi sepulcral. Solo se escucha de fondo el ruido del ventilador del tostadero.

Los viernes, en cambio, son frenéticos.

Cuando llego ya hay varias mesas ocupadas.

Generalmente he de esperar uno o dos turnos para que me sirvan.

Al poco rato de sentarme, la cola de cafés para llevar empieza fuera, en la calle.

Las dos chicas de los viernes, aparte de ir de culo preparando desayunos completos, hablan por los codos.

El bullicio es constante. Los clientes están inquietos, diría que incluso irritados.

La gente de las mesas, millenials que trabajan en las oficinas de alrededor, se desahogan con sus colegas ¿mientras se toman un espresso? No. Se zampan compulsivamente su desayuno completo: un latte XXL, un zumo de naranja y la porción de pastel del día.

Lo de los lunes y los viernes me parece revelador.

Por eso hace ya muchos años instauré un hábito que creo que puede serte muy útil.

Al fin y al cabo, me pasé una década trabajando en gimnasios, y las salas de fitness siguen el mismo patrón, aunque a la inversa.

Los lunes están a petar. No se puede hacer nada. Hay cola para las máquinas de cardio. Casi peleas para hacerse con un par de mancuernas. Incluso overbooking para estirar un poco en las espalderas (algo que me parece hasta milagroso).

Los viernes no hay ni dios. Está todo muy calmado. La sala es casi casi como tu club privado.

El patrón de los lunes y los viernes esconde muchos matices sobre cómo nos comportamos, nuestra manera de movernos (y vivir).

Justo por eso hace tanto tiempo que tomé una decisión.

Puedes hacer lo mismo:

Haz que tus lunes y tus viernes sean idénticos en timing y acciones.

Tanto que no podrías diferenciarlos.

Parece una tontería, pero con eso te aseguras dos cosas.

1. No caes en la complacencia, la falta de compromiso, la “confusión de fin de semana” de los viernes.

2. Esquivas la tendencia de descenso en picado de cada semana, arriba de todo los lunes y en el inframundo los viernes, fruto de una cuesta abajo continua martes, miércoles y jueves. Eres mucho más constante día a día.

El sábado ya llegará el sabbat, que por algo tiene ese nombre.

Y no te despistas, no pierdes tu dirección de movimiento, tu determinación de vida.

Hoy no sé qué día es.

Cualquier que sea, puedes apuntarte aquí:

Locomociones

Rober

La Regla de las 3 C’s para moverte mejor

Empecemos por el final del enunciado, para no caer en confusiones.

Esta regla sirve para moverse mejor.

No sirve para moverse más.

Ni mucho menos para hacer más ejercicio, deporte, fitness o lo que sea.

Solo para moverse mejor.

Por eso, si no lo has hecho ya, antes de pasar a la Regla de las 3 C’s, te recomiendo tener bien claro el marco y propósito de tal regla.

Lee: Moverse mejor para tontos. Del fitness y el entrenamiento a la libertad de movimiento

LA REGLA DE LAS 3 C’S

La Regla de las 3 C’s no es nada complicada.

En un momento dado, sea cuando sea, puedes pararte a observar tu movimiento.

De hecho, es algo que te recomiendo de primeras.

Que, al menos de vez en cuando, te pares y te observes, como si estuvieras mirándote por la mirilla como hace la vecina chafardera del quinto segunda.

Esto puede pasar antes de iniciar una “temporada” después de vacaciones, al introducirte en una disciplina, al determinar una dirección que vayas a seguir durante un tiempo o tal vez en un instante concreto, “dentro” de una sesión de movimiento, entrenamiento, ejercicio o llámalo como quieras.

Entonces…

El primer paso es parar.

Parar para respirar(te) y observar(te).

¿Por qué?

Porque puede ser que aquello que tengas entre manos sea lo que menos necesitas, debes o incluso quieres hacer.

Y que, en realidad, sea producto de un automatismo, de una ilusión (generalmente de control), de un miedo (habitualmente de sentirte excluido, en soledad), o, relacionado con esto último, de una corriente cultural, grupal que quizá para ti, en lo más profundo, no tiene sentido pero… como todo el mundo lo hace…

(…pues va y tú haces series de 200 burpees o planchas abdominales de 2 minutos o 109 saludos al sol… Sin comentarios).

En definitiva:

Dadas las circunstancias y nuestra naturaleza socio-dependiente, lo más probable es que precisamente hagas, practiques, te muevas inconscientemente de una manera que no “toca”, no encaja, no necesitas, no debes o incluso no quieres.

Por eso lo primero es parar, respirar y observar.

¿Y para qué?

Esto nos lleva directamente a la aplicación de la primera C.

CONCIENCIA

Hablamos de automatismos inconscientes, escondidos en la sombra, y de elecciones tomadas generalmente desde dos puntos de partida:

  • El miedo “natural”, instintivo, evolutivamente social, a menudo exprimido por las marcas comerciales y/o papá Estado («cuidamos de ti»), fundamentado en la necesidad de pertenecer a un grupo y sentirte parte de él. Pura supervivencia.
  • El miedo “cultural”, adquirido, instaurado habitualmente por la voz experta que lo promueve, que te contagia la necesidad de supervisión, seguimiento, permiso, y que termina derivando en “yo no tengo ni idea de qué hacer; espero que el entrenador / fisio / médico / influencer me diga que es lo que tengo que hacer”.

*Fíjate en que ambos miedos pueden solaparse perfectamente. De hecho, casi siempre lo hacen.

Si caes en la trampa, insisto, inconsciente (no te sientas mal por ello, que nos pasa a todos constantemente), pues eso…

Puedes verte atrapado en laberintos y nudos de necesidades, deberes y “voluntades” que, en realidad, ni son tuyas ni son la mejor manera de moverte en un momento dado.

En este caso, además, ten muy presente qué papel juega en tu práctica de movimiento esta palabreja que se ha puesto tan estoicamente de moda:

¡DISCIPLINA!

¿Te imaginas convertirte en «el más disciplinado de la clase» justo en aquello que no necesitas, no debes o no quieres hacer?

No tiro más del hilo, que esto huele a desastre…

Así que la primera C consiste en darse cuenta, en sacarlo a la luz, en ser consciente.

Si no eres consciente de cómo te mueves y cómo realmente necesitas, debes o quieres moverte, ¿cómo vas a moverte mejor?

COHERENCIA

Bien.

Te has dado cuenta.

¿La cosa encaja?

Guay.

Adelante.

¿La cosa no cuadra?

Y, al menos por lo que yo suelo ver, ya te digo yo que es lo más habitual, con diferencia.

Pues ya sabes que incluso cuando a corto plazo parece que “funciona”, a medio y largo plazo la cosa acabará petando.

Que en esta vida es muy jodido hacer cosas que no necesitas, o no debes, o no quieres hacer.

¿O no te ha pasado nunca?

Total que, como ya eres consciente, ahora puedes empezar a tomar decisiones con otra C.

Con C de cabeza.

Y no T.

T de tuntún.

O de tontería.

Pero no vamos a entrar ahí…

Cómo te mueves y cómo necesitas, debes o incluso quieres moverte necesita y debe e incluso quiere encajar, cuadrar, fluir, conectar.

Necesitas, debes y (espero que) quieres:

Coherencia.

¿No?

COMPROMISO

Hasta aquí es todo muy bonito.

Como todo lo conceptual, racional, lógico, de “sentido común” (no tan común).

Ahora…

Cuando es hora de arremangarse…

Vuelvo a recurrir a la resobada “cita” marca de la casa:

LA INFORMACIÓN NO SIRVE DE NADA SIN TRANSPIRACIÓN.

En este caso, por mucha conciencia (de hechos) y coherencia (de intenciones) que haya, si al final lo que hay no es acción…

¡Mira!

Otra C:

Caca de la vaca.

Todo el trabajo que te has pegado parando, respirando, observando, siendo consciente y planteando tu dirección hacia la coherencia se queda en nada si no te comprometes con ello, si no ejercitas y ejerces tu responsabilidad, si no pasas a la acción, SI NO TE MUEVES.

¡Y ya está!

Esta es la Regla de las 3 C’s.

No es nada complicado.

Que no tiene nada que ver con que no sea difícil.

Porque, siendo franco, lo es.

Yo, al menos, que llevo mucho tiempo con ello, no ceso de caer una y otra vez en las mismas trampas.

¿O te creías que era un ser de luz perfecto e inmaculado?

Nada de eso.

Pero te puedo asegurar que cuanto más apliques la Regla, pues como todo…

Menos te costará aplicarla.

Y casi como consecuencia, y no como “objetivo” o “resultado”, estarás siempre subido en el tren de moverte mejor.

Al menos más adecuado a tus necesidades, también deberes, por qué no voluntades individuales.

Vaya, con cabeza, no al tuntún.

Espero que la Regla de las 3 C’s te sea útil.

Para más cositas como esta, y reflexiones, consejos, tutoriales, “ejercicios”, etc., puedes darte de alta en el Laboratorio de Movimiento, si no lo has hecho ya.

Como bienvenida tienes acceso directo a 7 cursos gratuitos (te recomiendo empezar por estos dos: Core y Joints).

Más información en este enlace.

Que tengas un gran día,

Rober Sánchez

Un estiramiento, una vertical, una dominada, una acrobacia

Imagínate.

Estás haciendo un estiramiento de cadera.

Notas la tensión justo aquí y te sientes algo restringido.

Pero si rotas un poquito la pierna, orientas así la pelvis o proyectas el cuerpo y te alargas hacia allí, la cosa cambia.

Lo tendrás en cuenta.

Estás practicando una vertical.

Vaya. Los codos se han desbloqueado. O las escápulas se te han hundido. Ha sido sutil.

Y entonces te caes. Y lo anotas en tu libreta.

Estás ejecutando una dominada.

El orden ha sido preciso, muy bien sincronizado. Y esa extensión torácica bien acentuada.

Qué bien. A repetir.

Estás aprendiendo una acrobacia, un paso, una transición, un patrón nuevo.

Algo no fluye. ¿Es miedo?

Tal vez cómo distribuyes el peso. Quizá la trayectoria de las piernas.

Necesitas investigar, probar, estudiar, exponerte más.

En ninguno de estos procesos el resultado es el foco.

La posición final del estiramiento, la vertical, la dominada o la acrobacia. El “dinero”, la “felicidad”, los resultados empujan para despistarte.

Pero no.

Todo gira en torno a dos preguntas.

Vas bien. Justo así. Eso es practicar. Y moverse mejor.

¿Dónde pongo mi atención, mi energía y mi tiempo?

¿He aprendido algo hoy?

Una forma de practicar el preguntar y el responder esas dos preguntas,

y cuidar de tus tres tesoros:

Invertidas – El arte de moverte bocabajo

Rober

PD: Posibilidades (y resultados) y preguntas y respuestas personales e infinitas. Para toda la vida (y el movimiento). En el enlace.