Por qué elegir una silla y un váter incómodos

María, de 54 años, padece osteogénesis imperfecta, más conocida como la enfermedad de los huesos de cristal. En su caso, la enfermedad le afecta básicamente a piernas y pelvis, aunque en realidad todos los huesos de su cuerpo son más frágiles de lo habitual.

Después de varias operaciones de adolescente en las que le colocaron multitud de placas y tornillos desde los pies hasta las caderas para que sus arqueadísimas piernas no se rompieran, pasó toda su vida caminando con muletas, y utilizando una silla de ruedas excepcionalmente, hasta hace unos años cuando, desafortunadamente, sufrió una caída y se fracturó ambas rótulas y una muñeca.

Después de otras tantas operaciones –en una osteogénesis imperfecta los huesos no se sueldan así como así…–, a base de muchísimas horas de trabajo, María ha conseguido recuperarse y, aunque todavía no camina con muletas, hoy ya consigue mantenerse en pie de nuevo, lo que le permite lavarse mejor, cocinar, fregar los platos, alcanzar los libros de la estantería. Todo un logro.

Pero esto no es lo más importante…

Coincidió que, justo cuando tuvo el accidente, María había decidido hacer reformas en su lavabo. Reformar el baño de una persona discapacitada es toda una odisea; hay que tener muchísimas cosas en cuenta: espacio para girar la silla de ruedas 360 grados, nada de bordillos ni escalones, todo colocado mucho más a mano y bajito, espacio libre por debajo de la pica para poder entrar de cara con la silla, etc.

Llegado el momento de elegir el váter, el especialista en baños para discapacitados que contrató le propone dos opciones:

1. Optar por una taza de váter y una silla chachipirulis que van a juego y pueden acoplarse. Con estos artilugios, para hacer sus necesidades, María no tendría que levantarse de la silla, ni necesitaría que nadie la acompañara, ya que la taza se coloca justo por debajo del asiento de la silla, que a su vez tiene un ingenioso mecanismo para dejar el hueco necesario para realizar tales quehaceres personales.

2. Quedarse con su silla y elegir un váter normal, y colocar un soporte en la pared para poder agarrarse fuerte, mientras hace sus transiciones, de la silla al váter y viceversa.

María, afortunadamente, y con mucho coraje, escogió la incomodidad, y le respondió literalmente: “No vayamos a condenarme antes de tiempo…”. O sea, incluso al principio, cuando no podía ni flexionar las rodillas, eligió tener que hacer un esfuerzo inmenso cada vez que fuese al lavabo. Esto es, como mínimo cinco veces al día, una diez transiciones de silla a “silla”.

No voy a dar consejos ni extraer moralejas, porque la mera elección de María ya resume la lección.

La única duda que me queda es… Si María hubiera elegido la comodidad, si no hubiera integrado el esfuerzo físico en su día a día, a pesar del resto de horas extras de trabajo de rehabilitación, ¿hoy podría mantenerse en pie? ¿Y mañana podría volver a caminar?
 


Rober Sánchez – M de MovimientoSoy Rober Sánchez, director del Laboratorio de Movimiento, nuestra plataforma de entrenamiento online. Desde 2003 enseño a las personas a entrenar para construir cuerpos móviles, fuertes y hábiles, y poder moverse de verdad.

Accede a los programas gratuitos de bienvenida y empieza a entrenar tu movilidad, tu fuerza y tu habilidad con cabeza. ¡Muévete!

Sentadillas y meditación, igual de inútiles

Igual de inútiles si no hay continuidad, si no hay algo más tras ellas, si no se les da sentido.

No dejo de insistir. Es una cuestión evolutiva. Desde el dominio ecológico, desde el desarrollo exponencial de la conciencia, el hombre se convirtió en el primero en poder elegir. De hecho, tal como están las cosas, elegir ya casi se ha convertido en un deber, si es que se pretende vivir sano, sentirse bien. Y para ello, hay que “vivir a propósito”, escoger, practicar, mover… cuerpo y mente.

Para mí, la sentadilla y todas sus versiones –la de verdad, la evolutiva, no la de los 90 grados del fitness ni la del levantamiento de peso– y la meditación son herramientas básicas del movimiento. Sí, la meditación también, algo así como moverse sin moverse.

Ahora bien, si se quedan en eso, en sentadillas y meditación, en la práctica de unos pocos minutos al día, ambas son exactamente igual de inútiles.

No me refiero a la continuidad como perseverancia, sino al hecho de servir, de ser utilitarias, de tener sentido, de formar parte de un “algo más”, de mantener su “espíritu” a lo largo de toda la jornada, de toda la vida, y sin misticismos.

Como decía, la sentadilla es una base, un principio de movimiento físico, y como principio, algo que debe generar una continuidad. La sentadilla es el inicio de una nueva y al mismo tiempo ancestral forma de movimiento, cerca del suelo, donde la corrección y alineación postural desaparecen, donde empieza el juego natural, espontáneo de nuestra capacidad real de movimiento, donde se asientan los cimientos de movimientos mucho más complejos, como caminar, correr, gatear, saltar, trepar…

Como decía, la meditación es una base, un principio de movimiento mental, y como principio, algo que debe generar una continuidad. La conciencia plena es el inicio de una nueva y al mismo tiempo ancestral forma de pensar, en el presente, pensar sin pensar, donde el ego y los juicios se quedan a un lado, donde empieza el juego natural del asombro y la incertidumbre diarios, donde se asientan los cimientos la interdependencia de todas las cosas, donde se aceptan y disfrutan la mediocridad y la suficiencia, donde cuerpo y mente vuelven a encontrarse…

Puedes hacer mil sentadillas cada día. Si se quedan sólo en eso, en sentadillas, son inútiles.

Puedes sentarte a meditar dos horas todos los días. Si se queda sólo en eso, en un rato sentado contigo mismo, es inútil.
 


Rober Sánchez – M de MovimientoSoy Rober Sánchez, director del Laboratorio de Movimiento, nuestra plataforma de entrenamiento online. Desde 2003 enseño a las personas a entrenar para construir cuerpos móviles, fuertes y hábiles, y poder moverse de verdad.

Accede a los programas gratuitos de bienvenida y empieza a entrenar tu movilidad, tu fuerza y tu habilidad con cabeza. ¡Muévete!

Cómo descubrir tu debilidad mental a través del movimiento

Fácil. Moviéndote.

La propia práctica es un descubrimiento diario de mil debilidades mentales. Al menos a mí me pasa cada día. En serio, cada día.

Años ejecutando como un robot, repitiendo cientos de veces exactamente los mismos gestos, a veces más “funcionales”, y otras interactuando con otros robots –máquinas, actividades dirigidas.

Además, los resultados no llegan. Tú «haces ejercicio» para algo. Para adelgazar, para rendir, para enseñar tus músculos, para prevenir. No te mueves por y para moverte. Eso de disfrutar de las consecuencias no va contigo. Es más, no va con ningún robot. ¿Disfrutar? Aquí lo importante es ejecutar el programa y producir.

Moverse en lugar de entrenar da miedo, mucho miedo.

Decía, que yo también he pasado por eso. Es más, otra vez, paso por eso todos los días.

Miedo al propio movimiento. ¿Equilibrarte sobre una barandilla? ¿Saltar un muro? ¿Hacer el pino? ¿Voltear sobre unas anillas? ¿Gatear a través de los pasillos del gimnasio? ¿Estirar rebotando? ¿Revolcarte por la hierba mojada? ¿Bailar en el parque?

Y miedo al qué dirán de tu movimiento. Porque los robots no sólo están programados para moverse como robots, sino para juzgar a otros robots y para avergonzarse cuando no sigues el programa establecido, sintiéndote ridículo cuando te desvías de las normas del ejercicio convencional, del «entrenamiento». ¿Esto quema calorías? ¿Voy a partirme la espalda si reboto? ¿Me estarán mirando? ¿Se reirán de mí?

Al miedo pronto le seguirá la parálisis, a la parálisis las excusas, y a las excusas el abandono.

Entonces descubres lo débil que es tu mente. Lo seguro y previsible del fitness, superficial y repetitivo, es demasiado cómodo y atractivo. La aprobación de la tribu demasiado incisiva.

Es normal. A todos nos pasa una y otra vez. Eso no nos distingue. Todos sentimos miedo. Todos tenemos debilidades.

La diferencia está en tu capacidad de comprender la naturaleza de la debilidad y el miedo, y más tarde en elegir qué camino tomar.

¿Resignarse ante la debilidad e instaurarse en el día de la marmota mecánica, o superar el miedo para salir más fortalecido?

Tal vez ese juego entre miedos y debilidades al moverte diferente y exponerte a la crítica pública, sumado a la fuerza resultante de haberlos superado, también te sirvan para romper cualquier círculo vicioso de miedo, parálisis, justificación y abandono de tu vida cotidiana.
 


Rober Sánchez – M de MovimientoSoy Rober Sánchez, director del Laboratorio de Movimiento, nuestra plataforma de entrenamiento online. Desde 2003 enseño a las personas a entrenar para construir cuerpos móviles, fuertes y hábiles, y poder moverse de verdad.

Accede a los programas gratuitos de bienvenida y empieza a entrenar tu movilidad, tu fuerza y tu habilidad con cabeza. ¡Muévete!

La locomoción como base compleja en la cultura del movimiento

Por lo general, si a una persona le pides ejemplos de ejercicio físico, te responderá con salir a correr, ir en bicicleta, hacer unos largos en la piscina, levantar pesas, practicar yoga o Pilates, o acudir un par de días a la semana al gimnasio para hacer unas clases de Zumba y tonificación.

Un ejemplo de visión túnel, de anteojeras.

La mayoría, de la que yo formaba parte hasta hace unos pocos años, no ha comprendido que el movimiento está en todas partes, que somos movimiento, y que «hacemos ejercicio» cada vez que nos movemos. Caminar de casa al trabajo es ejercicio físico. Subir las escaleras del metro, siempre que no sean mecánicas, es ejercicio físico. Jugar con los hijos o el perro en el parque es ejercicio físico. Bailar en una fiesta es ejercicio físico. Correr para que no se nos escape el autobús es ejercicio físico. Cargar con la compra, instalar y colgar unas cortinas, y saltar un par de charcos en un día de lluvia para no mojarnos los zapatos es ejercicio físico. Incluso levantarse del sofá para ir a buscar unas galletas a la cocina es ejercicio físico.

Cualquiera de estos movimientos que realizamos cotidianamente es un ejercicio físico, requiere de un esfuerzo por parte de nuestro cuerpo, y lo podemos comprender como movimiento integrado.

Además, si nos fijamos bien, todos esos casos de movimiento, cada una de las situaciones de nuestra vida diaria que implican un esfuerzo físico, aunque sea mínimo, tienen un factor común: conllevan un desplazamiento del cuerpo, una locomoción. Es realmente difícil encontrar un gesto cotidiano que no implique cierto desplazamiento. Incluso colocar y ordenar la compra en los armarios de la cocina, típico ejemplo utilizado por los gurús del entrenamiento funcional, conlleva desplazarse ni que sea un par de pasos desde donde tenemos las bolsas hasta el armario en cuestión. De hecho, muy pocos movimientos habituales del día a día se asemejan a los gestos que se repiten una y otra vez en las salas de fitness de los gimnasios, ya sean analíticos o globales, siempre estáticos.

En definitiva, me atrevería a afirmar que el 99% de las veces que nos movemos es en forma de desplazamiento, de locomoción.

La cultura del fitness ha logrado inculcar la creencia de que para tener fuerza o desarrollar la resistencia muscular debemos levantar un peso o vencer una resistencia siempre externa a nosotros. Pesas, poleas, discos, gomas, balones medicinales, etc. Yo me pregunto: ¿acaso no es el propio cuerpo una resistencia a vencer o un peso que levantar y cargar cada vez que nos movemos?

Claro que lo es…

De hecho, es muy curioso ver lo que ocurre cuando a cualquier persona que lleva años levantando pesas o incluso trabajando con su propio peso corporal en estástico, que aparentemente ha desarrollado de manera notable su fuerza y resistencia, le pides que se locomocione, es decir, que se desplace de alguna forma, ya sea corriendo, saltando, trepando o gateando. Lo más habitual es que no sepa hacerlo, al menos con cierta soltura, eficiencia o incluso elegancia. No saben o no pueden moverse. No sabemos o no podemos movernos. ¿Por qué? Porque el tipo de ejercicio que llevamos años repitiendo no implica una locomoción, que no requiere solamente de capacidades específicas de fortaleza o resistencia, sino también de coordinación, técnica, equilibrio, movilidad, estabilidad e incluso inteligencia, en este caso cinestésica.

Y es una lástima, porque la locomoción, que podríamos apellidar como natural, la traemos de serie, es algo innato. Todos los niños saben moverse naturalmente. Es lo que llevamos haciendo durante cientos de miles de años, por no decir millones, nosotros, el resto de especies animales y todos nuestros antepasados, comunes y no comunes. Hasta las medusas se locomocionan, aunque sea como consecuencia involuntaria de su movimiento retráctil para filtrar el agua y alimentarse. Es una pena que con el paso de los años nos autolimitemos tanto, adormeciendo habilidades como saltar, gatear o trepar. Es una pena que una gran parte de propuestas de movimiento de nuestra cultura sean estáticas, algo que no podrá traer como consecuencia nada más que el deterioro de nuestras capacidades innatas de movimiento, aunque se disfracen como algo fit.

En realidad, como veíamos hace un momento, esa locomoción natural es algo que practicamos a diario, aunque probablemente con demasiada poca frecuencia y con demasiada poca variedad. Ya sabemos, de sobras, del daño que nos está haciendo nuestra vida acomodada, en forma de sedentarismo y movimiento repetitivo, cuando el universo de movimientos que somos capaces de realizar es mucho más extenso, prácticamente infinito, de forma natural.

Lo mejor de todo es que movernos como siempre nos hemos movido, la locomoción natural, es más que suficiente para mantenerse en forma, sano, móvil.

Además, si a esta locomoción natural le añadimos la práctica de una enorme diversidad de locomociones emergentes, culturales, como las del deporte o las artes escénicas, danzas, circo, etc., lo que podemos llegar a enriquecer nuestro día a día en movimiento se eleva exponencialmente, por no decir de manera infinita.

Y por si no fuera poco, gran parte de los distintos tipos de locomoción los podemos realizar en cualquier lugar y momento, sin planificaciones, sin instalaciones, sin aparatos, sin cuotas, sin repeticiones, sin gimnasios.

Las capacidades básicas humanas de agacharse, colgarse, tirar, levantar, empujar, etc., y los ejercicios que utilizamos para desarrollar dichas capacidades analíticamente no tienen sentido real si no se traducen en «macro-movimiento», es decir, primordialmente en locomoción.

Por eso, quien quiera adentrarse en la cultura del movimiento de forma longeva y sostenible debe dar el salto a la complejidad de la locomoción sí o sí, antes de que el sinsentido, la monotonía y la pérdida de capacidades para enfrentarse a lo complejo provoquen el abandono o la desidia, y con ello consecuencias nefastas para el potencial personal de movimiento, incluso de manera irreversible.

(He aquí un ejemplo de locomoción entre lo natural y lo artístico: el lagarto)


Rober Sánchez – M de MovimientoSoy Rober Sánchez, director del Laboratorio de Movimiento, nuestra plataforma de entrenamiento online. Desde 2003 enseño a las personas a entrenar para construir cuerpos móviles, fuertes y hábiles, y poder moverse de verdad.

Accede a los programas gratuitos de bienvenida y empieza a entrenar tu movilidad, tu fuerza y tu habilidad con cabeza. ¡Muévete!

Los cinco tipos de movimiento contemplados en el Método Natural

No. Una vez más, no. El Método Natural no se trata simplemente de hacer el cabra y saltar de rama en rama.

Podría valer para algunos de nosotros, sobre todo aquellos privilegiados que vivan en entornos silvestres y que se dediquen a profesiones donde la variedad e incertidumbre de movimientos sea la tónica general. Pero el escenario de la mayoría de nosotros es la ciudad, el sedentarismo, la escasez de material natural con el que interactuar y la previsibilidad de nuestros esfuerzos físicos.

Es por eso que el Método Natural, a pesar de caracterizarse por su infinita variedad, sigue una estructura que divide, sin excluir totalmente, unos movimientos de otros.

Además, a esta estructura se le añade un orden, desde los movimientos más analíticos, repetitivos y programados hasta los más globales, variados y «descontrolados». De todas maneras, que se estructuren de forma ordenada no quiere decir que ese orden, insisto, sea excluyente. Los cinco tipos de movimiento se realizan en paralelo, dedicando más tiempo a unos o a otros dependiendo de las necesidades y condición física de aquel que los practica. Por norma general, cuanto más tiempo se lleva practicando el Método Natural menos necesario es el trabajo analítico y más se pueden potenciar las actividades improvisadas.

En realidad, esa es la gracia del asunto, y no al revés, como suele pasar.

Estos son los cinco tipos de movimiento contemplados en el Método Natural:

1. Análisis – Ejercicios Educativos Elementales

Son ejercicios sistematizados, como los fondos de suelo, las dominadas o los pesos muertos, que constituyen el principio del resto del potencial humano de movimiento –no el final, como en el caso del fitness. Es decir, hacer dominadas no tiene como objetivo hacer dominadas y ya está –para fardar, tener la musculatura más desarrollada o lo que sea–, sino que es uno de los principios para desarrollar otro tipo de movimientos más complejos, como las trepas, las escaladas o las travesías.

Por eso, esta parte educativa del Método Natural no tiene otro objetivo que prepararte mental, técnica y físicamente para el desarrollo del siguiente grupo de trabajo, los ejercicios utilitarios indispensables.

El mismo Georges Hébert así los definía: “los ejercicios educativos elementales no son más que los ejercicios utilitarios indispensables separados en partes más sencillas”. Por eso son la base, pero no el fin, porque te dan la posibilidad de desarrollar un tipo más complejo de movimiento, tu movimiento natural.

2. Integración – Ejercicios Utilitarios Indispensables

Los nombres de las familias en que están divididos lo dicen todo: caminar, correr, saltar, gatear, equlibrarse, trepar, cargar, lanzar, defenderse y nadar. Los más importantes son los que desarrollo en Locomoción Natural.

¿Qué buscan? Desarrollar una por una las mil y una formas que tenemos de realizar cada una de esas acciones, de esos movimientos naturales. Y digo mil y una porque, aunque no me he parado a contarlas todas, así, a bote pronto, podría decir que hay más de diez técnicas de caminata, o más de quince de gateo, o más de veinte de salto, las cuales se multiplican para cada vez que debemos adaptar esos movimientos a un entorno u obstáculo nuevo.

Cada uno de esos ejercicios te abre la puerta para descubrir cuál es tu movimiento natural, tu potencial real de movimiento, el que practicas en el siguiente grupo de trabajo.

3. Combinación – Plateaus

Una vez desarrolladas las técnicas de movimiento natural por separado, es hora de empezar a combinarlas. Ésa es la función de los plateaus, los circuitos.

Aunque se contemplen como circuitos, no tienen nada que ver con un circuito convencional, especialmente porque no hay repeticiones. ¿Cómo cuentas que gateas? ¿O que te equilibras? Imposible. Dentro del circuito hay un tramo que consiste en gatear, otro en equilibrarte, otro en saltar para superar un obstáculo, otro en realizar una travesía por una rama, etc. Y así vas realizando vueltas al plateau, al escenario, ya sea determinando un número de vueltas o el tiempo que vas a estar dentro del circuito.

Como ves, no se trata sólo de ser capaz de trepar un muro, saltar un obstáculo o cargar un peso, sino de combinar todos estos movimientos una y otra vez. ¿Te das cuenta de todo lo que implica a nivel tanto mental como físico tal combinación de movimientos? Todo un desafío.

4. Improvisación – Parcours

Los plateaus ya representan un verdadero reto, tanto por complejidad como por intensidad, aunque al estar programados todavía se caracterizan por su previsibilidad.

El siguiente paso, y el más difícil sin ninguna duda, es la improvisación en los parcours, los recorridos.

¿Cómo se practican? Sencillo pero muy muy muy complicado. Se acude al lugar del recorrido, mejor si es en un entorno desconocido y silvestre, y se determinan los puntos de salida y llegada. No conoces el camino, no sabes lo que vas a encontrarte. Simplemente caminas, corres, gateas, trepas, etc. según te vas encontrando con distintos obstáculos.

Como explico en el libro sobre el Método Natural, éste es el súmmum del método, cuando el método deja de ser método.

Si los plateaus son exigentes en muchísimos sentidos, no puedes ni imaginarte como lo es un recorrido. De hecho, para realizar parcours se requiere de mucha experiencia y práctica en los tres grupos de trabajo anteriores, especialmente si queremos de el recorrido se ejecute de forma eficiente y fluida.

No hay nadie que se mueva mejor en este sentido, sin duda alguna, que los traceurs, los practicantes de Parkour.

Como muestra, los compañeros de DAPP (Difusión Activa Pro Parkour):

5. Ocio, entretenimiento y actividad física sociocultural – Deporte, arte y movimientos de fantasía

Este grupo de movimientos no forman parte del Método Natural, aunque sí se contemplan.

Es importante tener en cuenta que cada momento histórico, cada territorio, cada cultura tiene sus propias “expresiones de movimiento”, es decir, sus juegos físicos de entretenimiento, sus deportes, sus modas, sus artes.

Georges Hébert se mostraba bastante reacio a su práctica, sobre todo desde un punto de vista moral, pero uno debe comprender el contexto histórico en el que emergió el Método Natural, en plena efervescencia de la Revolución Industrial, cuando el hombre se desnaturalizó y empezó a transformarse en una máquina más dentro de las cadenas de montaje y producción.

Personalmente, y abrazando una perspectiva más amplia del movimiento, hoy día no creo que por practicar el Método Natural deban dejar de explorarse otras prácticas más «artificales». De hecho, una de las bases de la cultura del movimiento es practicar cualquier tipo de disciplina que uno, individualmente, considere enriquecedora para su propio movimiento. El deporte y el arte, lo que Hébert llamó movimientos de fantasía, no tienen por qué ser algo perjudicial, siempre que:

  1. Se practiquen desde la mediocridad generalista, y no la especialización.
  2. No se olvide el trasfondo e impacto «psicosocial» del deporte y los movimientos de fantasía –pasando por gimnasias, acrobacias y competiciones varias–, cuando estos tengan como objetivo prioritario la distracción social, la estimulación del consumismo, la competitividad y el ensalzamiento del ego.

(Un servidor, practicando gimnasia mediocre para fortalecer hombros y escápulas)


Rober Sánchez – M de MovimientoSoy Rober Sánchez, director del Laboratorio de Movimiento, nuestra plataforma de entrenamiento online. Desde 2003 enseño a las personas a entrenar para construir cuerpos móviles, fuertes y hábiles, y poder moverse de verdad.

Accede a los programas gratuitos de bienvenida y empieza a entrenar tu movilidad, tu fuerza y tu habilidad con cabeza. ¡Muévete!