Permíteme dudarlo, por muy requetechula que suene la frase, por mucho que la enchufe en una foto mía escalando el Everest sin cuerda ni oxígeno, por mucho que le ponga de fondo la banda sonora de Braveheart, por muy bien que quede en todos esos vídeos ultramotivadores de Youtube, justo después de otras perlas pseudomotivadoras como “nunca te rindas” o “querer es poder”. ¿O era “poder es querer”? Siempre me hago un lío con estas cosas…
Da lo mismo. Que yo pueda no quiere decir que tú puedas. Que tú puedas no quiere decir que yo pueda.
Y aunque podríamos profundizar mucho sobre el tema, ésta es una de las grandes mentiras de los “cutre-intentos” de discurso de motivación que se pueden encontrar por ahí básicamente por tres motivos.
Primero, porque tú y yo somos personas totalmente diferentes, con unas circunstancias personales totalmente diferentes.
La cruda realidad es que no tenemos los mismos antecedentes, el mismo trabajo, la misma familia. Puede que todo lo que haya hecho hasta ahora pero que yo no te he explicado, a propósito o sin querer, me lo ponga mucho más fácil que a ti. Puede que sea multimillonario o que tenga bastante trabajando tres horas al día, sea por el motivo que sea, no como tú que trabajas ocho y en horario partido y te queda poco tiempo y energía al final del día. Puede que yo no tenga esa gran responsabilidad llamada “hijos”, y sepas mejor que yo de qué estoy hablando.
Segundo, porque tú y yo somos personas totalmente diferentes, con unas características –y tal vez limitaciones– personales totalmente diferentes.
Puede que mi carácter y personalidad me lo ponga mucho más fácil para hacer eso que a ti también te gustaría tanto hacer –o eso crees. Puede que mi joven edad sea una ventaja. Puede que mi salud sea de hierro, gracias a mis antecedentes o a mi genética –qué más da–, y en cambio tú ya estés hecho un cromo.
Y tercero, porque tú y yo somos personas totalmente diferentes, con unas motivaciones totalmente diferentes y, sobre todo, una predisposición para pagar ciertos peajes absolutamente diferentes.
Puede que yo esté dispuesto a no comer, dormir, quedar con los amigos, ver la televisión, salir de fiesta o lo que sea con tal de conseguir lo que quiero, y tú simplemente no quieres dejar de hacerlo –con todo el derecho del mundo. Puede que yo prefiera sacrificar ciertos placeres convencionales, y tú simplemente tengas otras prioridades.
Si yo puedo, ¿tú puedes? Si tú puedes, ¿yo puedo? Claro que no. Somos totalmente diferentes.
¿Qué importa si podemos o queremos?
De todas formas, que yo pueda y tú no, o que tú puedas y yo no, no es lo más importante, y por tanto todas esas comparaciones absurdas que acabo de hacer no sirven para nada.
Porque la pregunta fundamental no es si tú puedes, ni tan sólo si tú quieres, sino honestamente… ¿por qué narices quieres copiarme, hacer lo que yo hago, ser como yo? ¿O por qué narices quiero copiarte, ser como tú?
¿No sería mejor que encontráramos y siguiéramos nuestro propio camino?
¿No valdría más la pena deshacernos de esa inútil y obsesiva admiración que sentimos por otros hasta tal punto de nublarnos la vista y vivir de sueños que tan siquiera son nuestros y que probablemente jamás podremos hacer realidad?
Una vez respondes todas esas preguntas desde la mediocridad, la autenticidad y sin complejo de ningún tipo, si da la casualidad que pretendes hacer lo mismo o algo parecido a lo que yo he hecho, entonces no habrá nada que discutir.
Sólo entonces, a pesar de las circunstancias y características personales, si yo puedo, tú también podrás. Y si tú puedes, yo también podré.
Soy Rober Sánchez, director del Laboratorio de Movimiento, nuestra plataforma de entrenamiento online. Desde 2003 enseño a las personas a entrenar para construir cuerpos móviles, fuertes y hábiles, y poder moverse de verdad.
Este es mi despacho en el suelo. Acostumbro a trabajar delante del ordenador así, sentado, cuando he tenido una sesión de movimiento intensa y/o estoy cansado. En otra habitación tengo un standing desk. Una de las gracias de este despacho es que las mesitas, los cojines y los gadgets inalámbricos se pueden mover conforme me voy moviendo yo cada poco rato.
Rápidamente, en redes sociales han surgido distintas dudas.
He grabado un breve vídeo, acompañado de las explicaciones de más abajo, para dar algunas pistas a los más inquietos y curiosos.
Movimiento integrado
Moverse sin moverse. Incrustar movimiento en el no-movimiento, o sea, fuera del tiempo reservado especialmente para el movimiento. Topicazo, pero efectivo. Impregnar de movimiento lo cotidiano.
Movimiento mediocre
En la media. Nada espectacular. Ni se necesita. Existe el mito de que debemos hacer grandes hazañas físicas para estar sanos y sentirnos bien. Mentira. Aunque puede estar bien hacerlas, no es necesario. Ser mediocre es lo más probable, estadísticamente hablando. Mediocridad aceptada.
Hay más de una docena de posturas de trabajo de suelo
Aunque no lo creas, puede llegar el día en que aprendas cómo se mueve y no se mueve tu cuerpo, e intuitivamente «sepas» qué hacer. Sin nombres de músculos ni métodos. Otro mito interesante de desmontar. Hoy he elegido cuatro. Podrían haber sido más. O menos. Podrían haber sido otros.
Estiro, pero podría… ondular, o sacudirme, o bailar
Existen otras formas menos convencionales pero tan o más efectivas de mantener el cuerpo en movimiento.
No cuentes… solo estira
Sal de tu caja mental matemática numérica controladora. Déjate llevar, ni que sea por un ratito en tu vida.
Esto, 10 ó 12 veces… al día
Vale más la frecuencia y la acumulación que la intensidad, reservada para momentos puntuales. ¡Eso es integrar!
No necesitas programas. Edúcate y practica
En vez de seguir tablas, rutinas, programas, que en algún momento pueden tener cierta utilidad para aprender y establecer hábitos –yo mismo los aconsejo–, a largo plazo conoce y comprende cómo funciona tu cuerpo. Sé que en la escuela le dieron más importancia a que supieras el nombre de los reyes del siglo quinto, pero creo que ya te habrás dado cuenta que tu educación careció de conocimientos más prácticos, importantes para tu vida y tu bienestar. Puedes educarte en el movimiento –¡no en el entrenamiento o el deporte o el ejercicio!. Y usa esa educación. Si no, no sirve.
Y recuerda tomártelo como un juego
Espero que lo disfrutes, en tu propia piel:
Soy Rober Sánchez, director del Laboratorio de Movimiento, nuestra plataforma de entrenamiento online. Desde 2003 enseño a las personas a entrenar para construir cuerpos móviles, fuertes y hábiles, y poder moverse de verdad.
“Haz sentadillas. Siempre. Es la tercera posición más utilizada por el hombre durante su evolución” – Ido Portal
Al César lo que es del César…
A pesar de mis años de artes marciales y el uso continuo de la sentadilla de reposo y sus diversas variantes, cuando me sumergí en el mundo del fitness y sus límites y miedos llegué a creerme aquello de no superar los 90 grados de flexión de rodilla y dejé de practicarla. Error. Cuando una década más tarde empecé a moverme de verdad, una de las primeras cosas que tuve que hacer fue rehabilitarla. Por eso lo primero que he de reconocer es que sí, como buen mediocre, yo también he pecado.
No fue hasta mis treinta, cuando me expuse al Método Natural, que comprendí la suprema importancia de la sentadilla como posición básica de reposo, así como punto de transición para una casi infinita cantidad de patrones de movimiento y fundamento de la salud móvil de pies, tobilllos, rodillas, caderas, pelvis y columna lumbar, por no hablar de cuestiones circulatorias, respiratorias o digestivas. Fue entonces cuando, en un curso con un jovencísimo Joseph Bartz, se me presentó por primera vez la figura de Ido Portal, así como la cultura del movimiento, y no desde un punto de vista teórico, sino práctico, a través de la sencillísima pero contundente rutina de ejercicios rehabilitadores para la sentadilla de reposo que compartiré más abajo.
He dicho sentadilla de reposo
Advierto que si lo que estás buscando es cómo hacer una sentadilla para tener el culo más duro o hacer crecer tus cuadríceps para pasearlos en verano por la playa, te sugiero que cierres esta ventana y sigas buscando. No quiero defraudarte. Aquí hablamos de movimiento, y lo que nos interesa es funcionar, no aparentar.
Además, creo que sería sensato dejar claro de primeras que la sentadilla, evolutivamente hablando, no es principalmente un movimiento para levantar un objeto –lo es más el peso muerto–, sino que es una posición de descanso y manipulativa.
¿De descanso? Sí, así es. Aunque lo más probable es que no seas capaz de permanecer más de 30 segundos en la posición de sentadilla, debido al sedentarismo y a los límites que te ha impuesto nuestra cultura, nuestros ancestros utilizaban tal posición para descansar, instintivamente, como si adivinaran que al mantener esa posición los músculos y tejido blando más castigado tras una larga caminata –sóleo, cuadríceps, glúteos, extensores de la columna, etc.– se relajan y se estiran.
¿Manipulativa? Exacto. Antes de que dejáramos de adaptarnos a nuestro entorno y lo adaptáramos a nuestros cuerpos –inventando mesas y sillas– para vivir de una forma más “cómoda” –comodidad que nos está matando en forma de sedentarismo–, cualquier actividad manipulativa que realizara el hombre, como buscar y recolectar alimentos del suelo, tallar herramientas, comer, jugar, etc., se hacía en la posición de sentadilla o alguna de sus variantes.
De hecho, como ocurre para todas nuestras capacidades motrices, la evolución se asoma como explicación lógica a ciertas capacidades innatas. ¿Alguna vez te has planteado por qué nuestra rodilla o nuestra cadera tienen la capacidad de flexionarse tanto como para tocar el pecho con la rodilla o el trasero con el talón? Efectivamente, porque es un gesto que hemos repetido durante cientos de miles de años. ¿Pero cuándo lo hemos repetido? ¿Cuándo hemos alcanzando esos rangos de movimiento? Al caminar, o incluso al correr –donde el talón sí puede llegar muy arriba, sobre todo cuando se hace a gran velocidad–, las piernas no abarcan un rango de movimiento tan amplio. En cambio, cuando estamos cerca del suelo, estáticos, caminando o gateando de mil formas diferentes, rodilla y cadera –y tobillo también– alcanzan sus límites fisiológicos, se mueven en su rango de movimiento total, real.
Si somos capaces de realizar movimientos tan amplios, ¿por qué dejamos de hacerlo? ¿No es una forma de incoherencia natural? Está claro que otra cosa es el cómo, algo que veremos enseguida, pero si lo que queremos es desarrollar todo nuestro potencial de movimientos que somos capaces de hacer, y que hemos heredado a través de la evolución, en este caso particular no tenemos otra elección que practicar la posición de sentadilla muy a menudo.
Una sentadilla de reposo estable, eficaz y sostenible, es una de las primeras puertas que debería abrir cualquiera que opte por la libertad de movimiento, así como una garantía de salud para el tren inferior. Es más, incluso debería plantearse como requisito previo antes de considerar la posibilidad de practicar levantamientos de peso en sentadilla –algo que la mayoría de personas no hace, por las prisas e imprudencias de la cultura de la cantidad.
Sentadillas cada día
Por eso es uno de los patrones que recomiendo realizar cada día a todo el mundo, sin excepción. Y si no entiendes lo de cada día, o te sorprende, o te asusta, lee este artículo. Insisto en ello porque la primera vez que te encuentras con una idea de este tipo lo más habitual es echarse las manos a la cabeza. ¿Y el descanso y recuperación de entre 48 y 72 horas? ¿Y el sobreentrenamiento? ¿Y la fase anabólica en la que se recomponen las “fibras rotas” de nuestros cuadríceps y crecen? Es normal… Yo también pensaba así cuando veía la sentadilla como un «ejercicio» que practicar uno o dos días a la semana con una barra al cuello cargada de discos, hasta el día que descubrí que la sentadilla abarca un universo mucho más amplio de movimientos e intensidades.
Recuerda. Fundamentalmente, no pienses en ejercicios. Piensa en patrones. O en movimiento.
Sea como sea, ¿te imaginas a uno de tus antepasados encontrando unas zanahorias y dejándolas pasar, pensando “uy, mejor no me agacho, que ayer ya me agaché tres veces para recoger unos rábanos, no vaya a ser que se me cargue el tendón rotuliano”? O ni tan solo eso. Pregúntale a más de la mitad de la población mundial, que todavía hoy utiliza la sentadilla de reposo como posición de descanso, espera o manipulativa.
Eso no quiere decir que, al no saber cómo hacerlo y al no estar físicamente preparado, no necesites cierta rehabilitación y progresión para recuperar una posición básica ancestral, especialmente en lo que se refiere a tu movilidad.
Así que te invito a estudiar y seguir los pasos que vienen sobre cómo hacer una sentadilla, para que la incluyas como posición frecuente en tu vida al jugar con críos, esperar el autobús, recoger cosas del suelo o ver la tele. Practica a menudo hasta que se convierta en una posición cómoda de mantener. Tu tren inferior te lo va a agradecer; su salud depende de ello.
Primero, antes de nada, lo más importante: ¡individualízaTE! Investiga con tu cuerpo, experimenta con él y, siguiendo lo que te planteo como guía pero no como dogma, encuentra tu propia sentadilla, que dependerá de tu estructura, tus antecedentes, tus lesiones, tu edad, tu sedentarimo… y un montón de condicionantes personales, únicos en ti.
Muévete en el máximo recorrido posible. Es decir, que tu punto más bajo de sentadilla sea tu máxima flexión de tobillo, rodilla y cadera. No te preocupes mucho por tu tendón rotuliano, tus meniscos, tus ligamentos y todos los miedos y creencias que te han inculcado con la sentadilla de 90 grados. Tienes la capacidad evolutiva de hacerlo. De niño podías hacerlo. No te dejes ni un grado de flexión.
Practica de forma isométrica y dinámica. Empieza a llevar a la práctica el principio más importante del movimiento mediocre, la variabilidad. Alterna momentos en que mantengas la posición con otros en los que subas y bajes. No te infles a repeticiones consecutivas. Mejor no pases de cinco, un número mágico en esto de moverse. Otra cosa es que hagas cinco por la mañana, cinco al mediodía y cinco por la noche. Es una buena estrategia para no predisponerte a la lesión acumulativa.
Practica en terrenos irregulares. Para empezar haz sentadilla en suelos lisos y firmes, pero con el tiempo añade todavía más variedad mecánica practicando en terrenos desnivelados, de diferentes superficies y texturas. Más diversidad, más estímulo, más adaptación, más vida.
Varía las posiciones de tus pies, rodillas, cadera y cuerpo. Olvida la cultura de la artificialidad mecánica, la simetría constante y la alineación permanente. Cuando domines la técnica básica, gira un pie hacia fuera y el otro hacia adentro, levanta un poco uno de los talones, etc. ¡Juega con tu cuerpo!
¿Y la curvatura de las lumbares? No te preocupes mucho por la “corrección postural” y disfruta de la incorrección postural. Piensa que vas a pasar unos minutos al día en esta posición, mucho menos de los que pasas delante del ordenador o sentado en el coche, donde sí debería preocuparte tu postura mantenida crónicamente. Cuando sí debes prestar atención a tu curvatura lumbar durante una sentadilla es cuando cargas o levantas peso, pero eso lo dejamos para otro día. La sentadilla sin carga sigue practicándose en muchas sociedades sin la pretensión de mantener la columna totalmente recta, debido al esfuerzo muscular que requiere, el cual representa un malgasto energético y hace que deje de ser una posición de descanso o manipulativa que pueda mantenerse en el tiempo. Eso no quiere decir que no trates de mantener tu espalda lo más recta posible, pero al mismo tiempo sin obsesionarte.
¿Por qué no puedes bajar del todo o se te levantan los talones? Porque tu movilidad es algo pobre… La musculatura de tus piernas y espalda puede no funcionar del todo bien. Sigue practicando dentro de tus posibilidades tal y como te explicaremos –Ido Portal y un servidor– enseguida y con el tiempo lograrás hacer una sentadilla completa, ass to grass.
La rutina de sentadilla
Como explicaba, Ido Portal difundió hace unos cuantos años su propia rutina de rehabilitación para la sentadilla. Desde que comprobé personalmente su efectividad, ha sido uno de los primeros «deberes» que le pongo a cualquiera de mis nuevos alumnos cuando no son capaces de realizarla. Los resultados llegan, tarde o temprano. Podría complicarse con los factores de variabilidad que he comentado más arriba, pero eso sería en una segunda fase. Como rutina básica, simple y completa para alcanzar la sentadilla de una forma cómoda, la rutina de Ido es sencillamente perfecta.
Lo importante ahora es que vuelvas a disfrutar de tu sentadilla, y lo vas a conseguir si practicas estos ejercicios –que podrás ver en el vídeo de más abajo:
1. Estiramiento dinámico del sóleo en sentadilla asistida: utiliza una silla, una mesa, una barandilla o una espaldera para sujetarte, no perder el equilibrio y forzar un poco el estiramiento en su fase final. No levantes los talones del suelo e intenta acercar cada vez más tus glúteos a tus talones manteniendo la espalda lo más recta posible. Este ejercicio es básico para recuperar la movilidad en uno de tus eslabones más débiles, el tobillo. Repítelo unas 10 veces de forma dinámica y mantenlo al final de forma estática durante unos 20 segundos.
2. Rotaciones de cadera en extensión: apóyate sobre pies y manos y mantén la cadera en alto. Busca la máxima rotación de tu cadera, pivotando sobre el nacimiento de los dedos. Si notas molestias en la rodilla de carga –debido a falta de fuerza o movilidad–, apoya más peso sobre tus brazos. Recuerda alcanzar los límites de tu rango de movimiento, tanto en la rotación externa como en la interna. Repítelo 4 ó 5 veces por cada pierna.
3. Rotaciones de cadera en flexión: manteniendo la posición de sentadilla más baja posible, mientras un pie se queda estático y plano, juega con la otra pierna a rotarla interna y externamente hasta tus máximos, cambiando también el apoyo del pie que se mueve, desde su cara interna hasta el borde externo. Repítelo 4 ó 5 veces por cada pierna.
4. Estiramiento estático de dedos, fascia plantar y sóleo: un ejercicio básico en muchas artes marciales y otras disciplinas. Simplemente siéntate encima de tus dedos e intenta alcanzar los talones con tu trasero. Mantén la posición unos segundos, después relájate y mueve los dedos, y luego vuelve a repetirlo 3 ó 4 veces.
5. Estiramiento dinámico de dedos, fascia plantar y sóleo: partiendo del estiramiento anterior, pero añadiendo movimiento al estiramiento para balancearte desde la posición de sentadilla hasta la posición de sentado sobre los dedos. Repítelo unas 5 veces.
6. Sentadilla estática: simplemente mantén la posición más baja de sentadilla que puedas sin despegar los talones del suelo. Puedes llevar adelante los brazos para mantener el equilibrio o colocar unas debajo de los talones, aunque no te acostumbres demasiado a ellas. Retíralas en cuanto te sientas cómodo.
7. Sentadilla dinámica: ya sabes de qué se trata, aunque debo insistir en que la realices en su máximo recorrido, tanto al bajar –pelvis lo más cerca posible del suelo– como al subir –completamente de pie.
Aquí tienes el vídeo con todos los ejercicios:
Soy Rober Sánchez, director del Laboratorio de Movimiento, nuestra plataforma de entrenamiento online. Desde 2003 enseño a las personas a entrenar para construir cuerpos móviles, fuertes y hábiles, y poder moverse de verdad.
Cuando hablaba hace unos días sobre las habilidades humanas básicas de movimiento, ya dejaba entrever que al plantearnos introducir en nuestras vidas el movimiento complejo y diverso vamos a tener que cambiar el chip y dejar de pensar únicamente en términos de ejercicio, series, repeticiones… entrenamiento.
De hecho, cuando explicas que «te mueves» cuatro o cinco horas al día es habitual que quien tienes delante haga alguna mueca rara y te pregunte si «no te estarás obsesionando», te suelte algo como «vaya forma de machacarse» o incluso se preocupe por ti en plan «¿pero de verdad que entrenar tanto es bueno?».
La distancia entre moverse y nuestra cultura de «hacer ejercicio o deporte» es tan grande que hay algunos aspectos relacionados con el movimiento que llevan a confusión, sobre todo cuando insistes en una práctica asidua, prestándole atención y dedicación constantes.
De ahí que recomiende, primero, comprender qué quiere decir «moverse mucho más», y después, evidentemente, hacerlo en los siguientes sentidos:
1. La frecuencia
No es la primera vez que hablo de la frecuencia en el movimiento. Nuestra vida es físicamente cómoda, muy cómoda, tanto que podríamos vivir sobrevivir sin movernos. En cambio, nuestro cuerpo ha evolucionado para moverse con mucha más frecuencia de lo que solemos hacer. Esto no tiene nada que ver con el tiempo que dedicamos especialmente a practicar tal o cual actividad física –gimnasio, deporte, etc.–, sino al esfuerzo físico global acumulado que realizamos durante toda la jornada.
La vida, nuestro cuerpo, necesita movimiento frecuente. Es parte de su alimento a muchos niveles –locomotor, circulatorio, neurológico, endocrino, inmunológico. Eso sí, la mayor parte del tiempo a intensidades significativamente bajas, como puede ser caminar, agacharse, transportar algo de peso, etc.
De nuevo, no se trata de machacarse a entrenar.
Se trata de moverse. Con frecuencia.
2. La movilidad
Otro aspecto del movimiento en el que nuestra vida física presenta muchísimas carencias es la movilidad. Nuestro cuerpo es una estructura con una posibilidad casi infinita de movimientos, especialmente debido al rango de movimiento tan amplio que tienen nuestras articulaciones, en principio. Lamentablemente, añadido a la comodidad de nuestras vidas de la que hablaba antes, la amplitud del mínimo movimiento que requiere nuestra vida diaria es realmente pobre y, además, nos invade cierto miedo cuando pensamos en realizar según qué gestos, creyendo que pueden resultar contraproducentes para nuestra salud futura o incluso provocarnos una lesión –pasar de los 90º de flexión de la rodilla al agacharnos, flexionar la columna lumbar, extender el cuello…
«¿Acaso no se suponía que podríamos mirar los pájaros, el cielo y las estrellas?» – Ido Portal
Si nuestras articulaciones poseen la capacidad innata de alcanzar ciertos límites fisiológicos –determinada especialmente por la forma de nuestros huesos y topes óseos, más que por nuestros músculos o ligamentos– y nos permiten hacer según qué movimientos, será porque han evolucionado para poder realizarlos, es decir, los habremos hecho muchísimas veces como especie y, de hecho, esa capacidad nos habrá dado alguna ventaja para superar el cribado de la selección natural. Otra cosa es el modo, la carga, la frecuencia y otros factores a tener en cuenta, pero como mínimo deberíamos conservar la capacidad de movimiento, de alcanzar con comodidad y fluidez esos límites, de mover nuestras articulaciones en todo su recorrido, en todo su rango de movimiento.
3. La diversidad
De forma ya redundante, me veo obligado a insistir una vez más en la diversidad, en la variedad de movimientos, desde los gestos más pequeños –cómo agarrar un objeto o cómo pisar al caminar o correr– hasta los movimientos más complejos –practicando diferentes tipos de actividad física: correr, saltar, gatear, cargar, escalar, etc.
Los patrones de movimiento estrictamente repetitivos son la mejor forma de dinamitar nuestras capacidades reales de movimiento, así como de predisponernos a la lesión crónica –generalmente debida a procesos acumulativos y a la repetición de dichos patrones– y a la pérdida de movilidad.
La especialización nos mata mecánicamente.
Lo más coherente es cambiar constantemente agarres, gestos, zancadas, pesos, formas, intensidades, texturas del terreno, posturas, desniveles, estimulando incesantemente a nuestro cuerpo para que se adapte a nuevas, diversas e inciertas situaciones.
Moverse mucho más quiere decir…
…moverse con mucha más frecuencia, en unos rangos mucho más amplios y diversificando al máximo los patrones de movimiento.
Es lo que ha ocurrido durante cientos de miles de años hasta hace bien poco.
La consecuencia no puede ser otra que libertad de movimiento, salud y bienestar.
(Aquí unos cuantos amiguetes, machacándonos durante nuestro entrenamiento)
Soy Rober Sánchez, director del Laboratorio de Movimiento, nuestra plataforma de entrenamiento online. Desde 2003 enseño a las personas a entrenar para construir cuerpos móviles, fuertes y hábiles, y poder moverse de verdad.
Una educación y cultura normalizadas, estandarizadas, limitadas
Bueno, sería cierto si…:
Si nos hubieran educado en un entorno libre.
Si aquellos juegos en los primeros cursos de escuela hubieran tenido cierta continuidad.
Si las clases de educación física hubieran consistido en dejar salir lo que llevamos dentro, lo que cada uno quisiera expresar, en vez de marcarnos unas normas de forma repetitiva –afortunadamente esto está cambiando en la educación infantil, aunque lamentablemente no tenga, otra vez, continuidad en la adolescencia.
Si, entre otros, nos hubiéramos movido en escenarios más naturales, con una consecuente e incontrolada variedad de desniveles, terrenos, obstáculos, etc.
Si nuestra educación física no hubiera acabado, finalmente, en un gimnasio lleno de máquinas monoarticuladas.
Si no nos hubieran –o hubiéramos– encasillado y especializado en un solo deporte.
En definitiva, si no nos hubieran domesticado.
Pero lo más común es que haya sido así, haber crecido y sido educado en una “cultura mecanicista” cada vez más restrictiva, controlada, previsible, analítica… Nada que ver con lo que hubiera ocurrido en plena naturaleza. Nada que ver con el Método Natural.
Reintroduciendo al cachorro
De hecho, ésta no es la primera vez que escuchas una historia parecida. Seguro que lo has visto en algún documental de animales –de los que vemos todos a todas horas, o por lo menos eso es lo que decimos en las encuentas. Por poner un ejemplo, alguna vez habrás visto u oído hablar de la historia de un cachorro de león que ha nacido en cautividad y que tratan de “devolver” a su hábitat natural. Obviamente, no pueden dejarlo ahí, suelto, libre, en plena sabana de hoy para mañana. El entorno en el que ha nacido y crecido es tan diferente a su hábitat natural que no sabría cómo desenvolverse. Moriría. No sabría cazar, orientarse, relacionarse con su propia comunidad o con el entorno.
¿Qué se hace entonces? Educarle. Mejor, re-educarle. Y no desde la restricción, desde el control. Al contrario. Él viene de vivir entre cuatro paredes, de conseguir su comida a través de una trampilla. Necesita desaprender las normas y deshacerse de las comodidades, es decir, aprender a ser libre y responsable, y por eso lo re-introducen muy poco a poco hasta que, después de un tiempo de adaptación y aprendizaje, por fin puede vivir en absoluta libertad.
En este sentido, cualquiera de nosotros es como el cachorrillo –o tal vez ya no tan joven. Lo más probable es no tener suficiente capacidad para correr, trepar, saltar o gatear de un día para otro. Es necesario re-introducirse, redescubrir nuestra naturaleza motriz, la que poco a poco fue limitándose desde niños. Y es necesario prepararse físicamente para ello.
Además, esta rehabilitación física no sólo debe enfocarse desde la capacidad o el rendimiento para realizar el esfuerzo físico requerido, sino para hacerlo con soltura y seguridad. Se necesita desarrollar una conciencia corporal, un control motor, una técnica que algún día fue innata, pero que hoy ya no.
Y, paralelamente, también se hace necesario rehabilitarse mentalmente. Porque no sabemos orientarnos, no conocemos nuestro cuerpo, y necesitamos tomar decisiones rápidamente, improvisar y adaptarnos, o incluso enfrentarnos a miedos, vergüenzas –¿ahí arriba tengo que equilibrarme? ¿Qué haces gateando?
Los ejercicios educativos elementales del Método Natural
Afortunadamente, esto es algo en lo que ya pensó Georges Hébert al crear el Método Natural. Gracias a su experiencia en la preparación física de la Armada Francesa observó que aquello que pretendía no era tan sencillo como poner a “hacer el mono” a los soldados de infantería. Era necesaria una re-educación y una preparación previa, primero, y paralela, más tarde, para practicar el Método Natural y establecerlo como actividad física principal.
Lo mismo, o incluso todavía más, necesitamos nosotros, en pleno siglo XXI, gracias a nuestro exagerado y enfermizo sedentarismo.
Con este objetivo se catalogan toda una serie de ejercicios a los que él llamaría ejercicios educativos elementales, los cuales servirían como preparación y complemento al Método Natural completo.
(Aquí, por ejemplo, rehabilito mi movilidad para poder posicionarme en sentadilla de reposo y sus variantes, y disfrutar de mis locomociones con más libertad)
Soy Rober Sánchez, director del Laboratorio de Movimiento, nuestra plataforma de entrenamiento online. Desde 2003 enseño a las personas a entrenar para construir cuerpos móviles, fuertes y hábiles, y poder moverse de verdad.