Cómo empezar a moverte desde cero. Una oportunidad para los más mediocres

La pregunta del millón.

<<Rober, todo lo que propones suena muy bien y las cosas que haces son muy chulas (y blablabla).

Soy mediocre. Estoy en la media. Por fin me he dado cuenta de que eso no tiene nada de malo. Simplemente no tengo ningún talento físico y mis posibilidades actuales son limitadas. Es normal. Ya está.

Me siento identificado con eso de que la educación física que he recibido es pobre y parcial. No es que esté “mal” del todo pero, dadas las circunstancias (nuestra vida no nos obliga a movernos, como antaño) y las consecuencias (la epidemia de sedentarismo), es insuficiente.

Nadie me ha enseñado realmente a moverme por mí mismo y como quiera, a conocerme y tomar decisiones, es decir, ser responsable. Y justo por eso siempre espero y dependo de que alguien me diga lo que “tengo que” hacer, con toda la inestabilidad que supone, y no sé realmente qué hacer conmigo mismo, con mi cuerpo.

Entonces, sí, lo que necesito es más conciencia y autonomía, comprometerme conmigo mismo y aprender, educarme.

Está claro, además, que eso no es incompatible con entrenar y moverme con otras personas o que un monitor o entrenador me guíe. Son cosas complementarias.

Guay. He captado el mensaje.

Pero verás. Es que me pillas un poco viejo (o en muy baja forma, o con dolores, o sin tiempo, o desmotivado, etc.).

Y encima, uff, es que hay tanto que hacer, tanta información, tantas posibilidades…

¿Qué hago?

¿Por dónde empiezo?>>

Cómo empezar a moverte desde cero

Primero lo primero. Tus circunstancias personales se me escapan. No puedo ayudarte con eso. Llevo mucho tiempo insistiendo en que moverse es algo muy personal y, en gran parte, lo es porque esas circunstancias son diferentes para todo el mundo. Un gran qué en todo este lío es integrar el movimiento en TU vida. Y eso solo lo puedes hacer tú. Esta es la principal causa de que las fórmulas para todos no funcionen (las dietas y los protocolos médicos rígidos son otro gran ejemplo de este sinsentido). Las propuestas en masa están fracasando.

Desde un punto de vista práctico, lo máximo que puedo ofrecerte es este experimento de 10 prácticas: el Proyecto Removimiento. Recalco… ES COSA TUYA.

Ahora bien, por muy chunga que parezca que tienes la cosa, lo que sí puedo hacer es asegurarte que hay personas que lo tienen peor, seguro. Y se mueven. ¿Cómo? En este sentido ya te lo he dicho, no puedo ayudarte. No lo sé. Investiga. No esperes que te lo den todo masticado (la raíz de todo este jaleo). De nuevo, se trata de ser responsable, tomar decisiones y establecer prioridades.

Segundo lo segundo. Sí, parece que hay mucho que hacer, pero para empezar no hay tanto que hacer. No porque no lo haya, de hecho, sino porque NO PUEDES.

¿Si quieres, puedes? No.

¿Puedes más de lo que crees? Seguramente sí. Pero no puedes con todo.

No puedes con todo, primero por lo primero. Por esos condicionantes personales. Si llevas toda la vida moviéndote poco y/o pobre, no vas a cambiar eso en dos días, ni en cantidad ni en diversidad, porque va a afectar a toda tu vida. Entonces, toda tu vida va a cambiar. Tus horarios, tu atención, tus relaciones, tu comida, tus inquietudes. Tu estilo de vida.

No es que te sobren tiempo y motivación para ocuparlas con movimiento. Es que vas a tener que decidir dejar de hacer unas cuantas cosas para darle prioridad y espacio a la actividad física y centrarte en ella. ¿Cuánto? Otra vez… Cosa tuya.

Y no puedes con todo porque tu cuerpo no está preparado. Porque cuando vienes de la nada, o prácticamente la nada, hay unos pasos a seguir, un orden, si quieres hacer las cosas con cabeza, coherencia, sensatez.

Es algo así, muy figuradamente, como si volvieras a nacer. Empezarás aprendiendo a controlar tu cuerpo a lo pequeño, para algún día, pronto, hacer la oruga, rodar y arrastrarte. Pasará un tiempo y gatearás. Y unos meses más tarde (¡meses!) irás cogiendo fuerza para sostenerte en pie y caminar (cayéndote tropecientas mil veces durante el proceso). Luego, con los años (¡años!), podrás correr y saltar y hacer “trucos chachipirulis”.

En fin, que esto no va de milagritos, de entrenos exprés de 7 minutos, de rutinas de 8 semanas para ganar músculo o perder grasa.

Esto va de cambiar totalmente el chip, comprender que se trata de tu vida y de una manera de hacer las cosas todos los días, hasta el final.

Una oportunidad para los más mediocres

Los trucos, la épica y lo espectacular llaman la atención. Gustan. Enganchan. A mí también. Vale.

La cuestión aquí es si todo eso es prioritario o secundario.

Depende de para quien.

Para alguien que lleva entrenando cierto tiempo y ya tiene una base sólida en cuanto a la dedicación, el compromiso, la autonomía, etc., aunque solo haya practicado algún deporte o disciplina en particular o vaya de vez en cuando al gimnasio, plantearse un inicio a partir del aprendizaje directo de según qué habilidades es una posibilidad, por qué no.

Aún así, cuidado. Más de uno se lleva una sorpresa en cuanto a sus carencias de movilidad, fuerza y control de base cuando intenta superar los tests más simples de movimiento.

Sea como sea, este conjunto podría catalogarse de mediocres que se mueven un poco y quieren moverse más complejo y diverso.

Ahora, el problema gordote a nivel social y cultural no es ese.

En mi opinión, el peor de los problemas de la (in)cultura del movimiento es la gran cantidad de gente que no hace absolutamente nada o que roza la nada y que no sabe por dónde empezar. Lamentablemente, la mayoría. La motivación de este artículo.

Son/sois los más mediocres.

Y quizás os sintáis un poco perdidos (parece que no hay alternativas), frustrados («estoy tan mal que ni siquiera vale la pena empezar») u os hayáis dado cuenta incluso experimentalmente de que tirarse de cabeza a los burpees, los yogas, los crossfits, los hiits, las halterofilias, las anillas, las verticales, los flows, la escalada, los saltos, etc. os vaya un poco grande –de momento.

Y es verdad. No estáis preparados. Eso es empezar la casa por el tejado. Demasiada complejidad, demasiada intensidad, demasiada prisa, demasiados riesgos.

¿Cómo empezar a moverse desde cero?

Siempre, siempre, SIEMPRE, restaurando las capacidades y habilidades básicas a nivel de movilidad, fuerza y control motor del ser humano, que giran en torno a dos gestos/familias de movimiento:

1. Agacharse y moverse cerca del suelo.
2. Colgarse y mover los brazos por encima de la cabeza.

Ese es el 1 que vendrá después del 0 y que algún día podrá dar pie a muchísimos más pasos.

Pero ese es el primero.

El punto de partida.

De cero.

A estos fundamentos, que pueden parecer simples y para los que luego más de uno/a se estampa con una gran dosis de realidad e incompetencia, les daremos el nombre de MOVILIDAD NATURAL.

Justo por ahí se empieza de cero, insisto.

Como el bebé que necesita aprender y asentar un buen puñado de cosas antes de aventurarse a caminar, correr, saltar y algún día hacer malabares si le da la gana.


Y he aquí la oportunidad.

Por mi parte, he diseñado un plan de entrenamiento para que todo el mundo que quiera empezar realmente desde cero, con cabeza y sensatez, pueda hacerlo.

Es un training con ese mismo nombre, MOVILIDAD NATURAL.

Consiste en:

· APRENDER cositas sobre movilidad, fuerza y control motor.

· PRACTICAR y ENTRENAR cositas sobre movilidad, fuerza y control motor.

· HABITUARSE a hacer cositas sobre movilidad, fuerza y control motor.

· HACER PROPIAS (y no como yo te diga «porque lo digo yo») cositas sobre movilidad, fuerza y control motor.

Si me sigues desde hace tiempo, ya sabes que soy bastante prudente y flexible, a pesar de mi concreción y asertividad –a menudo esto de ser tirando a contundente hace que la gente se confunda.

En fin, me cuesta aferrarme a certezas absolutas, aunque hay algunas con las que me he topado una y otra vez en estos últimos quince años batallando para que todos nos movamos más y mejor.

Y esta es una de ellas.

¿Cómo empezar a moverte desde cero?

Siempre alrededor de dos gestos.

Repite conmigo, en plan mantra: agacharte y colgarte, agacharte y colgarte, agacharte y colgarte, agacharte y colgarte, agacharte y colgarte, agacharte y colgarte, agacharte y colgarte, agacharte y colgarte, agacharte y colgarte, agacharte y colgarte, agacharte y colgarte, agacharte y colgarte, agacharte y colgarte, agacharte y colgarte, agacharte y colgarte, agacharte y colgarte, agacharte y colgarte, agacharte y colgarte, agacharte y colgarte, agacharte y colgarte, agacharte y colgarte…


Rober Sánchez – M de MovimientoSoy Rober Sánchez, director del Laboratorio de Movimiento, nuestra plataforma de entrenamiento online. Desde 2003 enseño a las personas a entrenar para construir cuerpos móviles, fuertes y hábiles, y poder moverse de verdad.

Accede a los programas gratuitos de bienvenida y empieza a entrenar tu movilidad, tu fuerza y tu habilidad con cabeza. ¡Muévete!

El fitness y la cultura de los límites

Practicar fitness no tiene nada de malo. Es una forma más de moverse. Si se hace a conciencia, no problemo.

Al fin y al cabo, en el movimiento y en la vida, todos hacemos “lo que podemos” con “lo que hay”.

Precisamente, el problema, el matiz es ese.

Lo que plantea el fitness, lo que te explican, lo que te venden, cómo te educan físicamente desde bien pequeño parece ser «lo que puedes hacer”, incluso “lo que debes hacer”, es decir, «lo que hay».

Y es mentira.

La consecuencia de la cultura de los límites

El fitness es inocente.

Más que nada porque es un resultado, una consecuencia de algo más grande, una cultura, la nuestra.

Esta cultura, ideada y promovida por los industrialistas hace ya más de dos siglos, tiene un objetivo concreto: que cumplas las normas y seas obediente, competitivo y productivo, y te centres en el resultado –la zanahoria.

La educación física no iba a ser una excepción, y lo que empieza bastante bien en la etapa infantil (juego, experimentación, expresión) se acaba difuminando durante la adolescencia en hacer caso al profesor, aprender y seguir las reglas de un deporte, competir contra los demás o contra ti mismo, y esperar la valoración de un juez que determinará si mereces o no el premio.

Da igual si, por ejemplo, te da miedo, no te interesa para nada o no le encuentras sentido a darle patadas a un balón, hacer una voltereta o dar vueltas a una pista corriendo a destajo durante 12 minutos. Tú cállate y hazlo.

Y encima, como no alcances los «estándares» que han establecido los académicos, que por lo general no tienen ni pajolera idea de moverse, te vas a llevar un bien, porque ponerte un sufi en «gimnasia» es muy triste y no voy humillarte tanto.

Así, lo que se te propone desde un principio no es la realidad, sino una versión modelada, parcial, incompleta de lo que podría ser tu realidad, y solo tuya.

Y tú, que no eres tonto, aunque alguien ha invertido mucho tiempo y dinero para que lo parezcas, tarde o temprano empiezas a intuir que algo no encaja, y muy probablemente llega el día en que sientes que vives en una rueda de hámster (concepto que aprendí hace ya unos años del “vividor” Ángel Alegre).

La versión limitada de nuestra práctica de movimiento no es un problema del fitness, sino de nuestra cultura y sus propias versiones, creencias y mandamientos.

Lo que puedes hacer, lo que debes hacer, lo que hay es:

· Pasar la selectividad, ir a la universidad, conseguir que alguien te contrate, trabajar para él toda tu vida y jubilarte (de “júbilo”: alegría, gozo, entusiasmo, placer) cuando ya has consumido más de tres cuartas partes de tu vida y estás en «plenas» facultades.

· Ganar dinero, casarte, ganar más dinero, comprarte un piso, ganar más dinero, comprarte un coche, ganar más dinero, tener hijos, ganar más dinero, comprarte otro coche más grande, ganar más dinero, comprarte una segunda residencia.

· Desayunar viendo la televisión. Comer viendo la televisión. Cenar viendo la televisión. Desayunar, comer, cenar, comprar, preocuparte por, votar, centrarte en… lo que dice la televisión.

· Pasar los sábados en el centro comercial. Y si queda poco para Navidad, también los domingos.

Y entre todo este barullo… bíceps, carreras, objetivos, HIIT’s, calorías, burpees, récords, espejos, épica, deporte, básculas, core.

Límites.

Crea tu cultura

Y no contra el fitness, o contra su espejo, simbólico y literal, el materialismo.

Y no una cultura o realidad para todos.

¿Cómo puedo saber que no estoy equivocado? ¿Quién soy yo para pensar que el mundo debe ser como yo quiero que sea?

¿Y tú? ¿Cómo lo sabes? ¿Y quién eres?

La propuesta es experimentar, desarrollar, evolucionar, crear una forma de moverse y vivir personal, individual, propia.

No una cultura del movimiento –como algunos promueven… y venden.

Sino TU cultura del movimiento.

Miro atrás y, casi sin saberlo, es lo único que he estado haciendo los últimos años desde que salí de la industria del fitness, abrí y después cerré mi centro de entrenamiento personal, empecé a escribir «en serio» y dar mis cursos, y finalmente monté mi laboratorio virtual de movimiento.

Crear MI cultura, mientras intento compartirla y alinearla con otras culturas, tantas como personas se cruzan en mi vida.

Y romper los límites.

No los de la cantidad, ni en plan épico –siguiendo otra vez las normas, persiguiendo inconscientemente todos esos más guapo, más lejos, más alto, más duro, más rápido, más, más, más.

Sino los límites de la realidad que nos han impuesto.


Rober Sánchez – M de MovimientoSoy Rober Sánchez, director del Laboratorio de Movimiento, nuestra plataforma de entrenamiento online. Desde 2003 enseño a las personas a entrenar para construir cuerpos móviles, fuertes y hábiles, y poder moverse de verdad.

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Cómo mejorar tu movilidad y flexibilidad, específicamente

Hace unos días estaba practicando en un parque de la playa de la Barceloneta (voy cambiando de «gimnasio» al aire libre de vez en cuando) y justo a mi lado entrenaba un grupo con el que suelo coincidir allí a rachas desde que empecé a cambiar definitivamente mi práctica, hace tres años, después de haber estado experimentando otros tres o cuatro con el Método Natural.

Una de las chicas del grupo, con la que ya había hablado alguna vez pero que hacía tiempo que no veía, se me acercó:

–¡Uau! Pero… ¿cómo haces eso? Me encantaría tener esa movilidad, pero creo que mis caderas explotarían si lo intentase. (Carcajada) ¡Y has mejorado un montón! Yo cada día me siento más rígida… ¿Qué puedo hacer?

Lo más curioso de todo es que en aquel preciso momento no estaba haciendo nada espectacular que digamos. Conozco un buen puñado de gente, sobre todo mujeres, que lo pueden hacer sin despeinarse ni practicar nunca. Para mí, un caso particularmente muy particular debido a una leve displasia de una de mis caderas, ha sido algo muy costoso e incluso doloroso –hasta ahora. Mis nuevas posibilidades de movimiento son la consecuencia de un trabajo diario de nada más y nada menos que esos tres años.

(Esto es lo que estaba practicando. El comentario de la muchacha me hizo gracia y por eso lo grabé haciendo un poco el tonto)

Esta chica y sus compis llevan entrenando allí el mismo tiempo que yo.

Todos los días hacen prácticamente lo mismo: cardio con algunos ejercicios de boxeo, cositas de fuerza en plan calistenia, core y abdominales, y 5 minutos de estiramientos pasivos al final, de aquella manera, y tal y tal. A mí me parece estupendo.

Yo, como ya acostumbro a ir por la vía rápida, serio pero con una sonrisa, rotundo pero con cachondeo, le contesté:

–Pero con lo que hacéis… ¿qué quieres, hija mía?

Y la conversación siguió más o menos con mi respuesta un poco más elaborada, pero de esas que acaba resultando en una perogrullada como tantas otras que he publicado en este blog, que lo sé, a veces solo es un intento de INSISTIR y PERSEVERAR, lo mismito que lo necesario para mejorar la movilidad.

De hecho, Ido Portal, que me gusta en algunos sentidos y en otros no, lo resumió perfectamente con el archiconocido…

TU CUERPO MEJORARÁ EN LO QUE HAGAS – O EN LO QUE NO HAGAS

SI NO TE MUEVES, TU CUERPO MEJORARÁ EN NO MOVERSE

SI TE MUEVES, TU CUERPO TE PERMITIRÁ MÁS MOVIMIENTO

…lo que sintetiza uno de los principios del entrenamiento más importantes (para mí el que más junto al principio de individualización): el principio de especificidad.

Cómo mejorar tu movilidad y flexibilidad, específicamente

¡Obviedad a la vista!

De esas de tanto (y tan escaso) sentido común, de las que la mayoría razona pero que casi nadie comprende y aplica a nivel práctico, como casi toda la información que consumimos, que al final sirve para justo lo contrario de lo que pretendíamos en un principio: paralizarnos en lugar de movernos.

¿Cómo mejorarlas?

Pues eso, específicamente.

En realidad, tú ya lo sabes.

Piensa y responde.

¿Vas a mejorar tu movilidad y flexibilidad poniendo en la balanza un 99% de tono, fuerza, tensión o llámalo como quieras y un 1% de «esoquellamasestiramientos»?

¿Crees que con 5 minutos de «esoquellamasestiramientos» 3 días a la semana va a haber algún cambio?

Lo que pasa es que entre saber y SABER hay una gran diferencia.

La inspiración/información no sirve de nada si no hay transpiración/acción.

Venga, más masticado.

La única forma de mejorar tu movilidad y flexibilidad es practicando, entrenando, dedicándole tiempo específicamente.

Es más, esa especificidad también se refiere a la o las articulaciones sobre las que quieras mejorar, específicamente, y a la o las funciones o patrones de cada una de esas articulaciones, también específicamente.

Si lo haces (prácticamente) a diario, con muchos matices en torno a las formas y los métodos y las personas y los objetivos, todos ellos específicos, mejorarás.

Si no lo haces, empeorarás.

Y ya está.


Rober Sánchez – M de MovimientoSoy Rober Sánchez, director del Laboratorio de Movimiento, nuestra plataforma de entrenamiento online. Desde 2003 enseño a las personas a entrenar para construir cuerpos móviles, fuertes y hábiles, y poder moverse de verdad.

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Cómo practicar la libertad de movimiento (Especial mediocres extraordinarios)

Desde que expongo públicamente lo que hago y cómo me muevo, con mi evidente mediocridad de por medio, de vez en cuando algún illuminati me juzga y me manda un mensaje del estilo «oye Rober, tú que predicas el movimiento libre, no parece que te muevas con mucha libertad en según que rangos de movimiento o realizando esto o aquello, o cuando sales repitiendo ejercicios o secuencias previsibles, y tampoco tienes una fuerza extraordinaria o mucha fluidez en según que habilidades que digamos».

(De verdad, parece increíble, pero hay personas que invierten su tiempo en internet para minarte de esta manera)

Estos personajes son, precisamente, los que más hondo han caído en el pozo de la cultura de la obediencia, el talento y la excelencia.

Podríamos pensar en la libertad de movimiento desde un punto de vista superficial, claro.

Si demuestras tener mucha fuerza o mucha flexibilidad, o tu repertorio de habilidades es muy amplio, o te defiendes en diversas y distintas disciplinas, tienes más libertad de movimiento, eres más libre.

Mmm… Puede que sí y puede que no. Al fin y al cabo, por lo general, las personas que más se mueven en ese sentido, ya sea en términos de cantidad –rendimiento y deporte– o calidad –danza, circo–, son más esclavas del movimiento que libres de movimiento –y por eso, por ejemplo, tantos profesionales terminan sus carreras con el cuerpo destrozado o hasta el gorro de «moverse», y acaban abandonándose físicamente.

Sea como sea, a un mediocre extraordinario no le toca valorar esta cuestión.

De hecho, la gracia de nuestra mediocridad y lo extraordinarios que podamos ser no tiene nada que ver con el nivel y las demostraciones de nuestras capacidades y habilidades que tengamos hoy o alcancemos algún día.

Por lo tanto, nuestra libertad de movimiento tampoco.

La libertad de movimiento es un valor

Nuestra condición de mediocridad es invariable. El panorama es:

· O no tenemos ningún talento corporal o lo perdimos hace muchísimos años (por mucho talento que tengas, si no le das de comer termina esfumándose).

· Nuestra educación física fue muy pobre, si es que se le puede llamar educación. El experto afirma: «No puedes moverte sin mi permiso y supervisión». El mediocre espera instrucciones: «Si no me dicen lo que tengo que hacer no sé qué hacer y, por tanto, no hago nada a no ser que me digan qué hacer, con suerte».

· Nuestra cultura y entorno son sedentariogénicos. Todo te invita y/o está diseñado para que te muevas lo mínimo posible.

Aún así, podemos hacer algo fuera de lo ordinario, ser extraordinarios.

Podemos optar por experimentar y aprovechar los beneficios de las mismas disciplinas que practica la élite. No es verdad que «mejor no hagas eso» si no lo haces «muy bien» o si «no sirves» para ello. Nos mintieron.

Nuestra actividad física no tiene por qué reducirse al fitness, el entrenamiento «funcional», los burpees, las carreras populares y los deportes de «nuestra tierra» porque en todas las demás opciones vamos a hacer el ridículo o nunca vamos a alcanzar un alto nivel, y seremos «muy malos», mediocres.

Podemos hacer gimnasia mediocre y bailar mediocre. Podemos hacer malabres, verticales y parkour mediocre.

Podemos elegir aprender y desarrollar nuestra propia educación física, individual, subjetiva, que va a depender de un montón de factores personales y que nos va a tocar adaptar, otra vez, venga, individualmente.

Podemos educarnos y optar por investigar, probar, conocer y enriquecernos, aunque nunca vayamos a tener el nivel de conocimiento de los que más saben.

Y así ser cada día más autónomos, al contar con más herramientas y recursos, y reaccionando a cada momento según nuestra propias necesidades, sin el permiso o la supervisión de nadie, dueños de nuestro propio cuerpo, o sea, de nosotros mismos.

Podemos responsabilizarnos y comprometernos, y hacer las cosas a conciencia y con conciencia, a propósito y con propósito, aunque nuestra cultura solo insista y espere que sigamos las instrucciones tres horas a la semana, como autómatas, sin plantearnos el cómo, el porqué y el para qué, y el resto nos lo pasemos sentados delante del ordenador, en el coche, tomando cervezas aunque no tengamos sed y devorando series, acompañadas de procesados altos en hidratos de carbono refinados.

No podemos alcanzar la libertad de movimiento. ¿Qué narices es eso?

Podemos ejercer la libertad de movimiento. Escoger entre un buen puñado de alternativas. Dar un paso al frente. Tener iniciativa. Tomar decisiones.

Detectar las posibilidades de movimiento disponibles individualmente, y experimentarlas.

Eso es la libertad de movimiento.

Un estilo. Una dirección. Un valor.

Independiente del nivel o la estética.

Claro, otras cuestiones se cruzan por el camino.

Ya las hemos visto.

Coraje, responsabilidad, perseverancia, conciencia, compromiso, autonomía, educación.

De la mano de todos estos aspectos cualquier mediocre puede practicar la libertad de movimiento, y disfrutarla todos los días, a pesar de sus aparentes limitaciones, reversibles o no.

Esa puede ser nuestra habilidad extraordinaria.


Rober Sánchez – M de MovimientoSoy Rober Sánchez, director del Laboratorio de Movimiento, nuestra plataforma de entrenamiento online. Desde 2003 enseño a las personas a entrenar para construir cuerpos móviles, fuertes y hábiles, y poder moverse de verdad.

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Por qué establecer la autonomía de movimiento como objetivo número 1

Vamos a suponer que ya eres consciente de que comer, relacionarte, descansar y moverte bien es vital.

Hablando de comida, ¿esperas que tu dietista te acompañe al mercado, te cocine y te meta la cuchara en la boca mientras te dice «Que viene un avión, que viene. Aaaahmmm…»?

Hablando de relaciones, ¿esperas que tu psicólogo te acompañe a todas partes y hable por ti cuando no sabes qué contestarle a tu jefe o cómo plantearle cierta conversación a tu pareja?

Hablando de descansar, ¿esperas que tu mamá o tu papá vengan todas las noches a casa a la hora de dormir y te arropen y te canten una nana?

Entonces, ¿por qué para moverte esperas a que un monitor, un entrenador, un preparador, un smartphone o incluso un médico (espero que no…) te diga lo que tienes que hacer o cómo te tienes que mover?

Cuidado, no te confundas.

Esto no significa que esporádicamente no puedas contar con su ayuda, su guía, sus consejos. Dadas las circunstancias, el contexto sedentario y la descorporalización de nuestra cultura es muy probable que en un principio lo necesites.

Igual que un/a (buen/a) nutricionista te dará ciertas pistas acerca de qué y cómo comer hasta que hayas adquirido unos hábitos en torno a la comida adecuados PARA TI, o un/a (buen) psicólogo/a te ayudará a descubrir realmente qué quieres y/o forjar TUS PROPIAS herramientas para afrontar ciertas situaciones, cualquier (buen) profesional del movimiento puede acompañarte en tu educación para que TE HAGAS CARGO de ese ámbito de tu vida.

(De hecho, si el proceso que estás llevando a cabo con tu nutricionista, coach, mentor, psicoloquesea, fisio, médico, chamán, experto del orden, profesor de meditación, entrenador, etc., no tiene una fecha de caducidad, un final… ¿Está cumpliendo su propósito? ¿Funciona?)


¿Por qué establecer la autonomía de movimiento como objetivo número 1?

¿Honestamente?

Porque es cosa tuya.

De nadie más.

Es tu vida, es tu cuerpo, es tu movimiento.

Es tu responsabilidad.

Porque solo tú puedes descubrir y saber qué hacer, cómo moverte, cuándo y cuánto te va mejor hacerlo, con qué propósito, y cómo adaptar todo esto a tus condicionantes en cada momento.

No estamos hablando de cómo funciona un coche, un televisor o una lavadora. Estamos hablando de ti, de tu cuerpo, de cómo funcionas tú.

Y porque si no, seguirás moviéndote a la suerte de tu motivación superficial, los «tengo que» y «debo» hacer ejercicio, con sus idas y venidas, o no moviéndote, que es peor, y siendo una marioneta de las instrucciones, las modas, los mitos, las creencias, los intereses o las tonterías que te cuente cualquier experto o gurú de turno, un servidor incluido.


Rober Sánchez – M de MovimientoSoy Rober Sánchez, director del Laboratorio de Movimiento, nuestra plataforma de entrenamiento online. Desde 2003 enseño a las personas a entrenar para construir cuerpos móviles, fuertes y hábiles, y poder moverse de verdad.

Accede a los programas gratuitos de bienvenida y empieza a entrenar tu movilidad, tu fuerza y tu habilidad con cabeza. ¡Muévete!