Una predicción de la primera semana de cole para los papis

También para las mamis.

Pero quizá un poco más para los papis.

No tengo estadísticas académicas, pero sí mucha experiencia cotidiana.

Basta con observar por encima la manera de caminar.

En la primera semana de cole hubo un cambio en mi paseo matinal con Abril hasta la guarde.

Ella empezó el día 1, pero la mayoría de peques han empezado el 13.

Antes, esos paseos eran tranquilos y silenciosos, dejando a un lado algún que otro berrido de Abril a lo lejos, montada en su bici: “¡Papa! ¡¡No me pillas!!”.

Estos días la calle está plagada de peques y papis y mamis camino al cole.

Y entonces puedo hacer una predicción basada meramente en la observación de las personas al caminar.

Ojo, dicha observación y la conclusión que se deriva no tiene ningún ánimo de juicio, faltaría más.

Al contrario, el propósito de compartirla es lanzar un mensaje del estilo: “Cuidado, tío, que esto no va por buen camino, opino”.

Y otro ojo: que no se confunda con la típica y mítica observación del quiropráctico, chamán o lo que sea.

“Mmm… Interesante… Viéndote caminar puedo determinar que tienes una subluxación anterior con rotación de 34 grados a la derecha en C5 que está provocando que te duela la quinta pestaña del párpado superior izquierdo y, por tanto, tus riñones no están depurando bien las toxinas y entonces tus emociones se estancan. Uff. De tu bazo mejor ni hablemos… Anda, ven, túmbate, que te voy a arreglar todas esas compensaciones”.

Qué va.

No llego a tanto.

Es más simple.

Papis y mamis caminan.

Veo una cosa, más en papis que en mamis.

Cuerpos rígidos, palos, piedras, troncos, bloques.

Falta de soltura, de armonía, de fluidez.

No en plan bailarín del ballet de Moscú.

Sí del rollo, insisto, sin ánimo de juicio, solo de compartir la mirada del ojo “experto”.

Como si fuéramos amigos íntimos:

“Cuidado, tío. Tienes, no sé, entre 31 y 44.

Y tienes el cuerpo como una alcayata.

Si siendo joven estamos en este punto, ¿cómo estaremos a los 55, 61, 73…?

Francamente y sin pretender meterte miedo, intuyo que deberías, sí, deberías moverte más.

No hacer ejercicio.

Y aunque hagas ejercicio y estés muy cachas y camines mucho.

Hablo de moverte más diverso, más variado, más frecuente en el día a día.

Por el bien de tu cuerpo y de tus articulaciones.

Y sobre todo por el bien de tu yo del mañana”.

Y ahí lo dejo.

Movilidad Natural

Rober

PD: sin juicios, con observaciones individualizadas. En el enlace.

La puerta del aburrimiento, el sopor y la desmotivación. Y cómo cerrarla

Este post contiene una de las lecciones de vida más valiosas no solo para moverte más y mejor.

También para tener una buena vida y ahorrarte un montón de cabezazos contra la misma pared, pumpum, pumpum, una y otra vez.

Nunca voy de farol con estas cosas.

Matrix. Primera parte:

Neo está esperando debajo de un puente.

¿Llueve? No. Está diluviando.

Un coche se detiene a su lado.

Trinity había quedado en recogerle allí.

Se abre la puerta.

Dentro está ella.

Él sube.

Se cierra la puerta.

Interruptor le apunta con una Glock y le pide que se quite la camiseta.

-¿Qué? -contesta Neo extrañado.

No entiende nada.

El coche se detiene en seco.

-Mira, chaval. No tenemos tiempo para tonterías. Ahora mismo solo hay una norma: o a nuestra manera o puerta.

Neo duda, pero se decide.

Abre la puerta.

Trinity le sujeta del brazo, con cariño, respetuosa, muy a su estilo, y le dice:

-Por favor, Neo, tienes que confiar en mí.

-¿Por qué?

-Porque ya has estado allí, Neo. Mira ese camino. Sabes perfectamente dónde termina. Y sé que no es donde tú quieres estar.

Momento de tensión.

Hay cientos de estos, en el cine. Y en tu vida.

Y van pasando.

Dejaremos de hablar de esto por un tiempo.

Si te interesa aprender una manera de moverte diferente, diversa, orientada hacia la complejidad y extremadamente estimulante,

(y ganar todo lo que se trabaja “sin entrenar”),

inscríbete en este curso:

Locomociones – Muévete con inteligencia y desarrolla un cuerpo hábil

Rober

PD: Neo cierra la puerta. Se miran. Ha llegado el momento. El coche arranca. En el enlace.

Microentrenamientos (Microworkouts). ¿Es una moda? Mi opinión

Julio, alumno del Laboratorio de Movimiento, y tipo de lo más curioso, inquieto y comprometido (cosa que se agradece muchísimo), me escribe:

«Llevo un montón de libros ya leídos de Amazon sobre hacer pequeños entrenamientos sin llegar a la fatiga a lo largo del día en lugar de concentrar todos los patrones en una hora.

Este sistema sobre el papel puede que a mí me viniera mejor para combatir el sedentarismo, ya que como te comenté en una ocasión soy informático y paso ocho horas al día sentado.

¿Crees que es pura moda?

Todos se basan en que lo importante es hacer trabajar al cuerpo con constante estímulo neurológico y muscular.

En ocasiones yo es verdad que he notado que soy más productivo y puedo dar más de sí, pero me pregunto si eso no es entrar en una rueda de hámster y hacer las cosas al tuntún. 

¿Tú qué opinas?».

Ahí va mi respuesta:

MICROENTRENAMIENTOS

MÁS FRECUENCIA…

…Y MÁS DE LO MISMO

Si me dejara llevar, podría escribir intuyo que un libro sobre este tema.

Pero para eso ya escribí Camina, salta, baila: Muévete más y vive mejor.

Si no lo has leído, hazlo.

Entenderás mucho mejor lo que voy a explicar.

De hecho, y no exagero, comprenderás TODO lo que se refiera a movimiento –ejercicio, entrenamiento, deporte y actividad física incluido.

Si ahora mismo no te apetece leerte un libro entero, puedes leer Qué opino del Body Combat, spinning, aerobic, yoga, Pilates y el resto de las actividades dirigidas.

Los tiros van por el mismo sitio.

Al lío:

La idea de los microworkouts no es nueva.

Practicar varios “entrenamientos” a lo largo del día, de corta duración y un volumen prácticamente anecdótico, se estudia desde hace muchísimo tiempo (décadas).

Y, de vez en cuando, cíclicamente, como todas las modas, toma cierto protagonismo en lo mainstream.

Diría que la última vez que ocurrió fue hace cosa de unos trece o catorce años, con el método GTG (Grease The Groove) de Pavel Tsatsouline a la cabeza.

Estas cosas de la industria del fitness funcionan así:

Buscas una fórmula, una receta, una pauta, una instrucción, un método.

Lo promueves y lo publicitas.

Lo vendes y lo exprimes.

Hasta que la cosa ya no da más de sí.

Luego, cuando una generación más o menos se ha olvidado, lo vuelves a sacar a la luz como algo “novedoso” y que, cómo no, representa la solución, la panacea, la revolución del entrenamiento y la actividad física.

Esto, si te paras a observar con perspectiva, siempre ocurre de la misma manera.

Y adivino que ahora con lo de los microworkouts pasará lo mismo.

Tiempo al tiempo.

Con esto resolvemos parte de las dudas de Julio.

Sí, tiene pinta de moda.

Y gracias a ello podemos vislumbrar uno de los grandes problemas de toda esta historia de «hacer ejercicio»:

El patrón repetido en bucle de la promoción por parte de la industria del fitness para seguir alimentando la (in)cultura de movimiento entre las personas medias, de a pie, y así tenernos a todos bien alineados y alienados, sin profundizar en ciertas cuestiones, esperando la instrucción, listos para obedecer, necesitados de permiso y pauta para movernos, dependencia enmascarada.

Negocio infinito, vaya.

(Y todo lo contrario de lo que realmente sirve: autoconocimiento, conciencia, responsabilidad, autonomía y, finalmente, libertad).

Dicho esto, ¿la propuesta de los microentrenamientos es un fraude? ¿No sirve para nada? ¿No tiene ningún beneficio?

Pues ni sí ni no ni todo lo contrario.

Vayamos paso a paso.

En mi opinión (ojo, que esto no es una tesis), la idea, si se pone en práctica, tiene un beneficio extremadamente POSITIVO.

Como ya he explicado en más de una ocasión y como profundizo en mi libro, parece que todos estamos de acuerdo y comprendemos que, tal como están las cosas, necesitamos movernos más, ¿cierto?

Lo que pasa es que convencionalmente este más se suele orientar hacia la cantidad.

Más fuerza, más kilómetros, más calorías, más pasos al día, etc.

Cuando hay otros aspectos en los que ese más, que no digo que no tenga su qué a nivel cuantitativo, quizá pueda tener más impacto o, como mínimo, cubrir ciertas áreas que quedan olvidadas cuando solo te centras en esas métricas.

Y aquí aparece la santa trinidad olvidada por la mayoría de las propuestas.

El más referente a…:

  • La frecuencia.
  • La diversidad.
  • Y la complejidad.

…de movimiento.

*No voy a entrar en detalle porque para eso dediqué un capítulo entero de mi libro.

Si se comprenden profundamente estas ideas (y las correspondientes carencias de la concepción convencional de “hacer ejercicio”), lo de los microentrenamientos tiene este gran punto a favor:

Hace que te ejercites muy a menudo, interrumpiendo todos esos largos ratos de estatismo, de sedentarismo que protagonizan nuestro día a día, especialmente para todas aquellas personas que por su trabajo pasan muchas horas sentadas de manera continua.

En definitiva, provocan un aumento de la frecuencia de movimiento.

Te mueves más en este sentido.

Y esto no es que sea bueno.

Es que es MUY bueno.

Ahora bien, para no romper la norma, no es oro todo lo que reluce.

Sigo opinando:

Le veo puntos flacos.

Tres, a bote pronto.

Dos que, bueno, son detallitos.

Uno que es gordo.

1

El primero es muy específico, referente a la especialización de la fuerza-resistencia, ya que la mayoría de las propuestas de microentrenamientos (hay algunas excepciones) giran en torno a este atributo.

Dicho de otro modo, no hay propuestas de microworkouts orientados hacia la movilidad o lo cardiorespiratorio –que tampoco estaría mal, aunque en el sentido de lo «cardio» tiene muy poca viabilidad para que sea conciliable en la vida cotidiana de una persona normal.

*Con lo de la movilidad no pasa los mismo. Mírate esto: Movilidad Natural.

En general, pues, lo que se propone es hacer una pocas flexiones ahora, unas sentadillas en un rato, unas dominadas algo más tarde, una plancha abdominal por aquí, unos desplantes por allá, etc.

Y si te ciñes a estas instrucciones, claro está, la mesa del movimiento, que es mucho más vasta, ya empieza a cojear.

Además, aquí ya puede haber alguien que se confunda y que, igual que pasa con los dichosos 10.000 pasos al día, piense:

«Ah, qué bien; ya lo tengo todo cubierto porque hago microworkouts. Que yo me muevo mucho, ¿eh?».

Nanay de la China.

Ojo con estas confusiones.

2

En segundo lugar, ya que estamos hablando de fuerza y de especificidad, supongamos que no hay confusiones del tipo de arriba y que fuera de los microworkouts se presta atención y dedicación al resto de ámbitos del movimiento.

Pasa una cosa:

A la mayoría de los humanos, para estas cosas del ejercicio y el entrenamiento, nos gusta ver un progreso.

Y si la práctica de fuerza la planteamos a través de estos microentrenamientos, la mayoría de esa mayoría de humanos lo vamos a tener complicado para progresar, a largo plazo.

Luego, si no hay progreso, no hay adherencia y, en consecuencia, tampoco consistencia.

Cosa que, irremediablemente, nos llevará al tercer (y GRAN) punto débil.

¡Pero!

Pero que conste que sí puede haberlo.

Lo que pasa es que para experimentarlo ya se requiere de cabeza, de especificidad –como lo que plantea el propio Tsatsouline en su Grease the Groove y lo que menciona Julio en cuanto a la frecuencia de estímulo.

Y hay muuuuuy poquitas personas que tienen en cuenta y aplican de manera coherente y constante esta forma de hacer las cosas, y que muy poco tiene que ver con el planteamiento más habitual y simplón de microworkout de hacer esto por aquí, eso por allá, ahora por ahí y magia potagia.

Ni va a durar ni va a funcionar –porque lo que no puedes hacer durar nunca funciona.

Piénsalo fríamente.

Yo, por ejemplo, rozo ya los 43.

¿Crees que podría pasarme el resto de los 30 años que me quedan de curro metiendo entre horas de ordenador flexiones, remos agarrado a la mesa, fondos en la silla, planchas abdominales, jumping jacks, burpees, sentadillas y zancadas una y otra vez, una y otra vez, una y otra vez, una y otra vez, todos los días?

Qué sopor.

Y qué tristeza de vida en movimiento, con la de posibilidades que tiene mi cuerpo.

Por no hablar de todas esas personas, de nuevo la gran mayoría, que perciben el trabajo como un deber.

Como para añadir todavía más “deberes” monótonos, repetitivos, aburridos… por muy saludables y tal y Pascual que sean.

Lo que, insisto, nos lleva al punto débil más evidente y grave.

Algo que tiene que ver con lo que explicaba al principio, y esa inevitable inclusión de los microworkouts como parte del concepto de “hacer ejercicio” o entrenar.

3

Más allá de las modas y el no profundizar y el no ver los patrones y lo que se promueve en segundo plano y cómo repercute tanto social como individualmente, cualquier individuo va a concebir más inconsciente que conscientemente que “microentrenar” sigue siendo “hacer ejercicio”.

O sea, más de lo mismo.

Más deber, más sacrificio, más disciplina.

Más «he fallado»” si me salto alguno.

Más «ahora no tengo ganas que estoy liado».

Más «llevo una semana sin hacer un puto microworkout, esto es un desastre, el lunes vuelvo a retomarlo».

Más«“¿otra vez me toca otra maldita plancha abdominal?; pero si ya hice ayer y antes de ayer y el otro y la semana pasada y el mes pasado y el año pasado…».

(Cuando, por cierto, podrías estar perfectamente sano y en forma sin hacer NI UNA MÁS en toda tu vida – mírate el curso gratuito CORE).

Entonces, sigo…

Más frustración, culpabilidad, lucha.

Porque, evidentemente, como fallan los otros dos más, la variedad y la complejidad, a largo plazo un planteamiento así resultará intolerable e insostenible.

Tremendamente monótono y aburrido –casi casi como empieza a ser este artículo.

 Y, por tanto, SACRIFICADO.

Sin un sentido de movimiento detrás, de aprender algo, de desarrollar una habilidad, de involucrarse en un proceso personal de exploración o ni tan solo de juego.

Por no hablar de las repercusiones corporales de estar constantemente repitiendo los mismos patrones lineales, robóticos, maquinistas.

Porque cuidado… Lo siento pero no.

Combinar versiones chachipirulis de flexiones, remos usando el borde del escritorio y sentadillas, zancadas y demás, no es variado y diverso.

Es la misma porquería motriz envuelta con un lazo distinto.

Pero NO ES MOVERSE MÁS –ni mucho menos mejor.

Con todo, puede que sí, que haya quien en cierto momento y durante un tiempo lo encuentre motivador, se enganche a la idea, le sirva y tire palante gracias al subidón.

Como todo suflé, tarde o temprano el pastel se desinflará.

Y vuelta a empezar.

Sobre todo, insisto, con el perjuicio añadido del bucle flagelador a nivel “psicológico”, mental:

«¿Qué he hecho mal?

Yo he cumplido con lo que me habían dicho los expertos.

Y vuelvo a fallar.

Soy un incompetente.

Voy a leerme disciplinadamente otro libro sobre estoicismo.

A ver qué tengo que hacer para alcanzar mi mejor versión.

Porque está claro que ahora soy un desastre, una mierda de versión, vaya».

Y así hasta que aparezca una nueva moda.

Y vuelta a empezar con la montaña rusa.

En resumen, ya que se solicitaba mi opinión.

Los microentrenamientos no están “mal” per se.

De hecho, en algunos sentidos son una idea interesante.

Incluso para abordar la práctica de fuerza – si se hace con cabeza al estilo Grease the Groove.

Al mismo tiempo, no dejan de estar enmarcados bajo el modelo de “hacer ejercicio”, y no del movimiento en sí.

Y eso, a no ser que te vaya bien con resignarte a ser una especie de androide sin alma, obediente y cuadriculado que repite las mismas tareas de por vida dentro del engranaje de la cadena de producción, siempre requerirá de lucha, deber, disciplina.

Y tenderá al fracaso… o al vacío.

A partir de esta chapa, que no es más que una opinión, querido Julio y querido lector, comprenderéis que podéis hacer lo que os dé la gana.

¡Justo de eso se trata, cáspitas!

De observar las cosas desde distintos puntos de vista, desarrollar un criterio personal, tener inquietud por explorar y experimentar, tomar decisiones propias.

Y, sobre todo, ni hacer caso a ciegas ni esperar las órdenes o el permiso ni obedecer a lo que cualquier “autoridad” o experto o mediocre como yo pueda decir.

Es decir, ejercitar y ejercer la libertad de movimiento –con toda la responsabilidad que conlleva.

Y ya está.

Espero que mi opinión, solo una opinión, te sirva.

Gran día,

Rober Sánchez

PD: puede que hayas terminado de leer este artículo con más lío en la cabeza, sin entender algunas cosas, un tanto aturdido. Eso está bien. Jamás he pretendido resolver ciertas cuestiones por ti. Al contrario, si tengo alguna intención al escribir, es despertar tu inquietud, tu curiosidad, tu iniciativa para que te muevas, para que investigues por tu propia cuenta. Y eso a menudo implica terminar con más dudas de las que tenías al principio. En este sentido, mi libro Camina, salta, baila: Muévete más y vive mejor te puede ayudar.

PD2: tengo una lista de correo. Escribo semanalmente reflexiones, tutoriales, consejos. Y, al estar dentro, puedes completar los 7 cursos de bienvenida de mi plataforma de anti-educación online, el Laboratorio de Movimiento. Es gratuito. Más info aquí.

Lo que he aprendido del cheerleading

Más que un aprendizaje es un par de confirmaciones.

Una sobre la excelencia y mejorar y tal.

Y otra sobre los valores del deporte y la superación y tal.

Con lo bonito que es ser mediocre y disfrutar de la mediocridad.

Darte cuenta de esto, aunque a veces duela, puede ahorrarte un montón de disgustos y que no pierdas la cabeza.

Y lo mejor de todo es que no tiene nada que ver con ser animador, triatleta, futbolista, crossfitter o practicante de cualquier deporte.

Te cuento:

En casa hemos visto Cheer, una serie documental de Netflix que te recomiendo.

Va sobre cómo se prepara un grupo de élite de cheerleading durante una temporada, todo centrado en el objetivo final, ganar el campeonato más importante del año, el de Daytona.

En el proceso se van desarrollando las historias personales de varios de los integrantes del equipo. Para mí es lo mejor de todo, donde hay más chicha.

Son 6 capítulos (creo). Es entretenido y ameno. Lo que hace esa gente es espectacular.

Y el ritmo entre acción, reflexión, movimiento y lagrimilla está muy bien temporizado.

Algo muy chulo también, o al menos así lo vendieron los productores, es que no tiene guion. Es la realidad tal cual.

Al grano.

Empezando por el final, la segunda confirmación:

Lo del deporte y la competición siempre es más perjudicial que beneficioso.

Siempre. No se me seca la boca ni tiemblo al decirlo.

Tiene sus pros y sus contras, como todo. Sí.

Tiene más pros que contras. Doble sí.

Si lo llevas al nivel que se ve en el documental, pues claro, es mucho más evidente. Nada nuevo bajo el Sol deportivo.

Pero en las profundidades de la mente humana, el patrón que sigue cualquier mentalidad deportista y competitiva, desde el más amateur al más pro, es exactamente el mismo.

La misma mentalidad que hay tras el cambio climático, la obesidad de las sociedades opulentas, el pedir y pedir derechos sin cumplir con una serie de deberes y que haya quien haga horas extras para ganar más dinero para pagárselo a un canguro que cuide de sus hijos, cuando simplemente podría pasar ese tiempo con ellos.

Y bueno, lo ves, lo ves clarísimo.

Cómo lo que aparentemente “salva la vida” de muchas vidas oscuras, como las de los personajes, en realidad es un nítido ejemplo de que lo único que consiguen es cambiar el parche, pero no curar las heridas, ni mucho menos.

La inmensa mayoría de problemas que tenemos se resumen en no sentirnos queridos y no apreciar la suficiencia.

Con el deporte, especialmente el deporte en equipo, te sientes útil, valorado, parte de una tribu. Eso está bien.

Aunque luego, claro, haces lo que sea para seguir perteneciendo a ella.

Y nunca es suficiente. Aunque si te observaras a ti mismo a vista de dron verías que te estás jodiendo la vida.

“Pero juntos podemos con todo y seremos los mejores del mundo”. Chachipiruli.

Pues vale.

La otra confirmación: ser el mejor, o no serlo pero tener la excelencia como objetivo, te va a joder la vida. Otra vez.

Porque cada vez que te mueves solo en una dirección, y empujas y empujas y empujas en una sola dirección…

…te olvidas del resto.

Y cada vez te enganchas más a esa dirección, porque ser bueno, ser mejor, ser excelente mola.

Más si es en grupo, porque entonces molamos todos, y ellos, los otros, no.

Y mola tanto que te despistas y te olvidas de las otras direcciones. Hasta abandonarlas.

Puedes pensar en el movimiento, incluso de manera “superficial” o mecánica, teniendo especialmente presente la paradoja de la repetición –para aprender necesitas repetir pero no necesitas seguir repitiendo cuando ya has aprendido.

Y puedes aplicarlo a la vida y todos sus ámbitos. También sirve.

Moraleja, sin un atisbo de duda:

Moverse en un montón de direcciones, aceptando y abrazando y disfrutando de ser una persona normalísima, la mar de mediocre, es moverse mejor.

¡Y si es en grupo, pues mucho mejor!

Pero siempre independientemente del grupo, que el rebaño nubla la vista.

Puedes tener todo lo bueno del deporte y desechar lo malo al mismo tiempo.

¿Cómo?

Centrándote en un solo “objetivo”, aunque yo prefiero llamarlo propósito, por aquello de no buscar ni esperar nada en especial:

Moverte mejor cada día.

(Por si no lo has leído todavía, para afinar la definición de moverse mejor, teclea en Google “moverse mejor para tontos”. Va en serio.)

Para moverte en esta dirección, diametralmente opuesta a la (in)cultura del deporte, este curso te puede interesar:

Locomociones – Desarrolla un cuerpo hábil y muévete con inteligencia

Rober

PD: El cheerleading me ha encantado como disciplina. Ojalá se promoviera más por aquí. Ojo, como disciplina, como campo a explorar, como camino de aprendizaje de movimiento. No como deporte. Todo mi apoyo en este sentido.

PD2: No esperes un espectáculo en plan cheerleader. Pero si eres sedentario o simplemente haces deporte, cómo te moverás al terminarlo será espectacular. En el enlace.

Cómo aprovechar la adaptación de los peques en la guardería

Este post, aunque vaya de “peques”, va de piernas, espalda, movilidad, fuerza y resistencia.

Hemos metido a Abril en una guarde.

Dicho así, “metido” y “guarde”, Sergio, el director, me daría un par de collejas.

Abril, en realidad, se está integrando en su nueva English school, una escuela infantil de inmersión 100% al inglés que además combina las líneas Montessori y Waldorf.

Muy cool todo.

La verdad, bromas aparte, es que estamos muy contentos todos. Ella también.

Y más cuando la adaptación se ha superado de manera fluida, sin más fricciones que un par de días de breve llanto al marcharme.

Como puedes adivinar, la adaptación me la he “comido” yo.

Y encantado, tú. Porque he aprovechado súper bien el tiempo.

La propuesta de la adaptación suele ser esta:

Tú estate ahí sin intervenir demasiado, a un lado, por si las moscas.

Si tu hija te solicita, atiendes, acompañas, acomodas y… vuelves a distanciarte.

Pero no participes mucho porque si no, obviamente, la cría no va a coger confianza con el espacio y las personas con las que va a convivir este año.

Que la idea es que se adapte a todo eso sin ti en el escenario.

Me parece coherente y acertado.

Es todo lo contrario, por cierto, a aquello de algunos trainers y fisios y médicos y psicoloquesea y expertos metemiedos:

«Quédate conmigo, que eres frágil. Ni se te ocurra ser autónomo. Necesitas mi permiso y supervisión… Vuelve el mes que viene».

Y la pregunta del millón:

¿Cómo aprovechar el tiempo mientras estás allí sin poder hacer nada?

Hay de todo, y no digo que esté mal.

Algunos papis se ponen a mirar el móvil. Me chirría con lo del Montessori, pero bueno.

Otros charlan y comentan la jugada.

A mí eso no me va mucho, así que hago lo que suelo hacer en situaciones así en las que poco puedes hacer.

Una de las mejores maneras de aprovechar el tiempo:

Callar, observar y aprender.

La sala es grandota y diáfana.

Está plagada de cosas.

Juguetes de todo tipo, una rampa, una escalera, un tobogán, una cuerda para colgarse en plan Tarzán, un agujero en un tronco que sirve de escondite secreto.

Y peques de entre 6 meses y 2 años y pico por todas partes.

Algunos siguiendo por momentos las dinámicas que propone alguna de las educadoras.

Otros completamente a su rollo.

Y ahora viene en lo que me fijo más.

Evidentemente, en cómo se mueven.

Si dividimos el tiempo según el plano de movimiento, diría que proporcionalmente la cosa va así:

· Plano bajo, a ras de suelo, 20% del tiempo, generalmente en estático entretenidos con algo.

· Plano alto, de pie, ponemos otro 20, para desplazarse de una lado a otro cuando la distancia entre puntos es notable.

· Plano medio, entre el plano alto y bajo, ya sea a gatas, manipulando juguetes y cachivaches sin acabar de sentarse, recogiendo cosas, tirando cosas, agachándose para meterse en el escondite del tronco… el 60% del tiempo.

Repito: plano medio, a medias entre los planos bajo y alto, más de la mitad del tiempo.

Y me fijo más.

Me fijo en sus piernas y espalda.

Y en todo lo que son capaces de hacer con sus piernas y espalda.

Nudos, transiciones, malabarismos articulares, arriba y abajo, a un lado y a otro, exprimiendo sus cuerpos.

Cosas que cuando están en el plano bajo, más “estático”, no hacen tan “en movimiento”.

Cosas que cuando están en el plano alto, tirando a erguidos, tampoco hacen.

Y cosas que a nivel de movilidad, fuerza en “posiciones raras”, resistencia y resiliencia, uff… tela marinera.

Flipo.

(Y aprovecho también para coger ideas).

Bueno.

No es de extrañar que ellos tengan esas capacidades y habilidades.

Tampoco es de extrañar que las pierdan, tarde o temprano, cuando en el plano medio se empiezan a incrustar sillas y mesas.

Y mucho menos es de extrañar que la gente lo pase tan mal en dicho plano y todo lo que implica moverse por ahí.

Y la mayoría estén tan tochos.

Sobre todo a nivel de piernas y espalda.

Y de movilidad, fuerza, resistencia y resiliencia.

Cuánto se puede aprender de los peques, callando y observando.

Para moverse en el plano medio y estimular todo eso, tal vez te interese este curso:

Locomociones – Muévete con inteligencia y disfruta de un cuerpo hábil

Rober

PD: todo muy adaptado, progresivamente, como en una guarde Montessori. Quiero decir, para que te muevas con libertad y confianza, y no encorsetado en los límites y miedos convencionales. En el enlace.