Mentes binarias, cuerpos binarios. El movimiento perfecto

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Mentes binarias

Es un hecho.

El último episodio de la Revolución Industrial, la revolución informática y digital de nuestros días, nos ha empujado a pensar como computadores.

El «sentido común», social, nos dice que la escuela es donde los niños se preparan para la vida adulta –y curiosamente, hoy día, tal como está planteada la educación y al ritmo al que avanzan las cosas, cuando un estudiante termina su «preparación para la vida», ésta ha quedado obsoleta.

En los primeros tiempos de la Revolución Industrial, como apunta habitualmente Seth Godin, el método que se estableció para la educación pública era sencillo: entras a las 9, te sientas, permaneces callado, atiendes al profesor, obedeces, cumples las normas, lo haces lo mejor posible y te vas a las 17.

Si repites sistemáticamente este proceso con todos los niños de un estado durante ocho o diez años, ¿qué obtienes? Eso es. Trabajadores obedientes que serán puntuales, ni se moverán ni abrirán la boca, y harán lo que se les pida, por aquel entonces en la fábrica y más recientemente en la oficina.

Conforme pasaron los años, la tecnología se fue desarrollando, transformándose en algo más complejo, y, como todos sabemos, ordenadores y otros dispositivos digitales pasaron a ser conciudadanos que conviven con nosotros a todas horas, especialmente en el trabajo, y también para «disfrutar» del peor de los tipos de entretenimiento, y el más consumido, el pasivo.

Desde un punto de vista educativo, la escuela también tuvo que evolucionar. Los futuros trabajadores y consumidores necesitan comunicarse con las máquinas, que solo entienden un lenguaje compuesto por dos únicos símbolos: 0 y 1.

Si te fijas bien, comunicarse con un ordenador o un teléfono móvil consiste en eso, dar órdenes binarias resumidas en «Aceptar» o «Cancelar», «Abrir» o «Cerrar», «Copiar» o «Pegar», «Guardar» o «Eliminar», «Me gusta» o «No me gusta».

Así, durante los últimos cincuenta años, además de seguir promoviendo la obediencia y la estandarización, la escuela centra sus esfuerzos en prepararnos para la vida binaria y simplificar nuestra forma de interpretar y reaccionar ante la realidad en términos absolutos que se sintetizan en «Sí» o «No», 0 ó 1.

– Bueno o malo.

– Aprobado o suspendido.

– Correcto o incorrecto.

– Blanco o negro.

– Feliz o deprimido.

– Casado o soltero.

– Ciencias o letras.

– Compañero o adversario.

– Unionista o secesionista.

– Conmigo o contra mí.

– Nosotros o ellos.

– Yo o los demás.

Cuerpos binarios

¿Qué tiene que ver todo esto con el movimiento?

Más allá de lo obvio respecto a la gran medida en que nuestra interacción incesante con las pantallas impactan en nuestro sedentarismo, dando continuidad a lo aprendido en la escuela –»estate sentado y quieto»–, esta forma de domesticar al ser humano, insisto, fruto de una gran inversión de tiempo y dinero que más tarde dará de comer a la industria médica y farmacéutica, no podía dar otro resultado: mentes y cuerpos que piensan y se mueven en binario.

¿Este ejercicio es bueno o es malo?

¿Ocho repeticiones es fuerza o resistencia?

¿Esa técnica es correcta o incorrecta?

¿Qué es más importante para la salud, pesas o cardio?

¿Cuándo tengo que estirar, al principio o al final del entrenamiento?

¿Por dónde respiro, por la boca o por la nariz?

En la sentadilla, ¿las rodillas sobrepasan o no sobrepasan la punta de los pies?

El movimiento perfecto

Si estás leyendo este blog, lo más probable es que ya seas un poco distinto a la media de los alumnos que terminan la educación básica o, como diría mi amigo Félix, un desviado social.

Seguramente eres raro, un poco friki o, como mínimo, lo que te ha traído hasta aquí… te cuestionas las cosas más allá de los dogmas y creencias culturales y sociales, y tienes una mente abierta (si algún día la inspiración se transforma en transpiración, tu mente abierta dará paso a un cuerpo abierto, que es más chulo todavía).

Aún así, esta reflexión solo pretende insistir en esparcir un mensaje:

«Ni pienses ni te muevas en binario»

Acostumbrados a hacerlo para el resto de nuestra vida, en el ámbito de la actividad física la mayoría de nosotros buscamos órdenes precisas para respuestas absolutas.

Error de sistema.

Porque los sistemas «ser humano» y «movimiento» son tan complejos, tan inciertos, tan desconocidos y tan tan tan subjetivos, que intentar moverte exactamente de la forma en que un ente externo a ti, ya sea un entrenador, un médico, un fisioterapeuta, un campeón del mundo, una academia, un instituto o un estudio científico, es lo más absurdo, inútil e incluso arriesgado que puedes hacer.

Las ciencias de la salud, el entrenamiento y el movimiento y sus conclusiones, que afortunadamente juegan un papel fundamental en nuestra salud y bienestar, se basan en estadísticas, medias, modelos computacionales, binarios, que se aproximan a la realidad de los seres humanos en lo que nos es común, el cuerpo y «sus cosas».

¡Pero!… no son la realidad absoluta.

Por este motivo, entre otros, este blog se subtitula «laboratorio», y no escuela. No quiero adoctrinarte en nada, sino invitarte a que experimentes.

Hace unas semanas compartía una de mis escasas pero grandes conclusiones después de casi quince años en esto: el principio de individualización es el más importante de los principios del entrenamiento/movimiento.

Ten en cuenta lo común, claro que sí.

Pero cuestiona la existencia de «el movimiento perfecto» y plantéate algunas cuestiones, por supuesto, binarias.

Yo mismo lo sigo haciendo, cada día, y todavía no tengo respuestas precisas, lo reconozco –¡maldita sea! No puedo ser tu gurú favorito.

Algunas de ellas son…

¿Buscas órdenes o principios?

¿Apalancas tu bienestar en otros o te comprometes y responsabilizas?

¿Catalogas los ejercicios como buenos o malos, correctos o incorrectos, o comprendes y, por qué no, abrazas la ambigüedad e incertidumbre de los principios de individualización y especificidad?

¿Obedeces normas, técnicas o métodos, o investigas, aprendes, experimentas?

Las respuestas a estas preguntas determinan la diferencia entre 0 y 1, un mediocre a secas o un mediocre extraordinario.


Rober Sánchez – M de MovimientoSoy Rober Sánchez, director del Laboratorio de Movimiento, nuestra plataforma de entrenamiento online. Desde 2003 enseño a las personas a entrenar para construir cuerpos móviles, fuertes y hábiles, y poder moverse de verdad.

Accede a los programas gratuitos de bienvenida y empieza a entrenar tu movilidad, tu fuerza y tu habilidad con cabeza. ¡Muévete!

Planificar tu movimiento por proyectos (y mis proyectos personales de otoño). Segunda parte

Después de entender qué es esto de planificar o plantear la práctica de movimiento por proyectos y el papel fundamental que juega el modo mantenimiento –y los miedos que le acompañanan–, en modo de ejemplo, y solo de ejemplo, comparto cómo encaro yo mismo este próximo otoño.

El miedo del mediocre a la exposición

De hecho, hablando de miedo, como buen mediocre, añadir esta segunda parte más personal me da un poco de, no sé, cosita, por aquello de disimularlo.

Por muy detallado y transparente que intente ser, internet es un ente muy superficial. Ni con lo que escribo ni con lo que comparto en las redes nadie puede tan siquiera aproximarse a cómo es realmente mi vida y mi práctica de movimiento.

Además, una de las cosas que menos me gustan de lo virtual es que cuando alguien comparte algo es muy habitual que el receptor llegue a creer que su camino debiera ser parecido al del emisor.

No, no. Esta historia es algo extremadamente personal.

No porque yo plantee o haga las cosas de cierta manera deberías suponer que tú tienes que plantearlo igual. Aquí un servidor solo pretende compartir un ejemplo más, inspirar en la medida de lo posible, servir de brújula que marca una dirección, el movimiento, pero no de mapa preciso. No soy la X que señala dónde está enterrado el tesoro, sino más bien un montón de arena esparcida y removida, como si debajo hubiera algo valioso, o no… A partir de ahí, cada cual tendría que crear, construir, caminar su propio camino.

Para añadirle un poquito de picante, seguro que por ahí habrá algún experto, especialista, académico, certificado, licenciado, doctorado, master del Universo sabelotodo, especialmente joven o especialmente viejuno, que me juzgará, se echará las manos a la cabeza y gritará para sí «¡Madre mía, pobre Rober!».

Mmm… éste no me da miedo, sino más bien me hace gracia. No solo por creer que lo sabe todo. También por creer que sabe más que yo. ¿Qué es saber? Es una buena pregunta a la que ya di una respuesta aproximada. Y parafraseando a Thoreau, ¿alguien puede saber más de mí mismo que yo?

Así, no entiendas lo que sigue como «lo que se debe seguir», o el tiempo que invierto como «el tiempo que se debe invertir», o los tantos proyectos que pongo en marcha como «los tantos proyectos que se deben poner en marcha».

Todo ello es una consecuencia de una serie de decisiones que he tomado en los últimos años –se dice pronto–, especialmente en lo que se refiere a cómo entiendo la vida a nivel relacional, social, cultural, incluso económico, que, a bote pronto, es radicalmente distinto a lo convencional. Mis prioridades y mis centros de atención son poco habituales. ¡Eps! Y por encima de todo, ni mejores ni peores.

Y ¡ojo! Como esto es un laboratorio no todo lo que pruebo está previamente probado, sobre todo subjetivamente, o sea, en mí –de hecho, en mí nada de lo nuevo que hago está probado porque si no, no sería nuevo.

Por eso, además de exponerme a todo esto, también comparto lo que comparto para invitarte a experimentar y exponerte, por mucho que te aprieten las marcas y los gurús, o por muy ridículas que supongas que son tus capacidades actuales, mediocres, y aunque tu reto más duro a día de hoy sea hacer una dominada, o tener suficiente movilidad para agacharte a recoger un lápiz, o caminar diez mil pasos cada día.

El mediocre no entiende de niveles. Por encima está la actitud y la dirección: el movimiento.

En fin, nunca olvides el principio más importante –con diferencia– del entrenamiento/movimiento: la individualización.

Otra cita, esta vez de George Bernard Shaw:

La estadística es la ciencia que demuestra que si mi vecino tiene dos coches, los dos tenemos uno

Por cierto, toda ciencia se basa en estadísticas…

Mis proyectos de otoño

Entonces, por empezar por algún sitio, y si me sigues en redes ya lo habrás visto, últimamente le he estado dedicando mucho tiempo a las verticales, que van a permanecer en mantenimiento durante todo el otoño. ¿Por qué? Porque llevo casi dos años practicando cada día, viniendo de la nada absoluta, del inframundo de las verticales, siendo el más mediocre de los mediocres, y estoy cansado mentalmente.

¿Eso quiere decir que las elimino de mi día a día? No. Quiere decir que no van a ser un centro de atención. De hecho, durante unos meses voy a pasar a practicarlas como movimiento integrado, y no como movimiento intencionado. Es decir, sin objetivos, sin programas. Como cualquier movimiento integrado. Cuando me venga en gana, intentaré alguna. Puede que tenga un rato libre de vez en cuando, como media hora, y practique algo más, pero esporádicamente y por sensaciones. En fin, seguro que al final del otoño habré acumulado unas cuantas y las pérdidas no serán tan desastrosas para mi ego.

Además, y como tal vez también habrás podido ver, prácticamente no estoy haciendo trabajo de suelo y locomociones.

Este tipo de práctica lleva medio año en mantenimiento. ¿Por qué? Primero, porque se me da «bien». No es que sea un crack; sigo siendo un mediocre. Pero aprendo muy rápido, me adapto fácilmente a nuevos patrones –acordes a mi nivel– y, sobre todo, tengo una capacidad notable en crear y memorizar secuencias, coreografías. Otra cosa son las improvisaciones…

Y segundo, porque de haber practicado muchísimo antes de desplazarlo al mantenimiento (marzo 2017) mis rodillas –punto débil– y mis tobillos y pies están algo saturados. Afortunadamente, estos meses teniendo como proyecto principal el equilibrio sobre las manos les ha ofrecido un buen descanso a mis piernas que podré aprovechar ahora para darles un poco más de trabajo, aunque en un sentido menos orgánico, más lineal.

Con todo esto en mantenimiento, ¿qué colocaré como proyectos principales?

Solamente dos.

El primero, en la capa «movimiento intencionado», será fortalecerme analíticamente con un asentamiento profundo de los básicos de fuerza y movilidad, sobre todo a nivel de resiliencia y antifragilidad articular.

En el futuro, aún sin planificar pero más o menos adivinándolo, me gustaría explorar nuevas habilidades gimnásticas que requieren de mayor preparación física, para después aplicarlas a la práctica de Parkour y escalada, ya de cara al próximo verano –uff, qué lejos. Y voy a necesitar un trabajo previo muy pensado y muy bien hecho si, por un lado, quiero aproximarme a esas exploraciones y, por otro, no quiero hacerme daño.

Por ello, las rutinas de anillas y otras prácticas complejas se quedan a un lado. No dedicaré tiempo a avanzar en este sentido, el de la alta complejidad –para un mediocre–, que exploraré quizás una vez al mes, por decir algo, como recordatorio o para despejarme un poco.

Al contrario, ahora siento que a nivel analítico necesito tanto más intensidad como más volumen, centrándome más en la pre-habilitación articular, la circulación de fluidos y la resistencia muscular, sobre todo en lo que se refiere a la estabilización articular –o sea, «estar cachas» de los músculos chiquititos.

En fin, no habrá mucho macromovimiento y sí muchísimo micromovimiento, y las famosas 5 repeticiones –ó 2 ó 1– se verán complementadas por series de 10, 15, 20 y a veces 50. Me toca darme una buena paliza de tirones, empujones y levantamientos, así como de trabajo de movilidad muy específico. Ya lo dicen, si quieres divertirte, antes vas a tener que aburrirte –aunque este tipo de trabajo personalmente no me aburre para nada, supongo que porque detrás tiene un sentido mayor.

Total, será un trimestre de preparación física monótona pura y dura.

En cuanto a la movilidad a lo grande, el trabajo puro sobre la cadena posterior seguirá en mantenimiento como el último medio año.

Durante año y medio fue mi absoluta prioridad. Venía de muchísima rigidez, lumbalgias frecuentes y una amplitud de rango ridícula y arriesgada para todo lo que pretendía hacer. Ya sabéis, casi 1,90 de altura, piernas extra largas, no alcanzar el suelo con las rodillas bloqueadas.

Como anécdota… El año pasado alcancé a mover la mitad de mi peso en Jefferson Curl, 40kg por 5 repeticiones, con cierta comodidad en un recorrido amplísimo, inaccesible para la gran mayoría. El caso es que no lo toqué en 6 meses y, cuando volví a intentarlo, no había perdido ni pizca de fuerza o rango en este patrón. ¿Entiendes lo de las pérdidas? Nada.

Con esas, para lo que yo quiero hacer, de momento no necesito más movilidad/flexibilidad en ese sentido.

En cambio, de cara a algunas acrobacias que quiero aprender en 2018 y el asentamiento de un par de entradas a vertical que quiero atacar a primeros de año –aquí es donde sí utilizo la concreción de objetivos a corto plazo–, necesito mejorar en mi extensión torácica y mi apertura de cadera. Proyectos de movilidad establecidos.

¡Pero no es todo!

Falta el segundo proyecto, dedicado al movimiento integrado.

Al mismo tiempo que establezco estos proyectos y mantenimientos de movimiento intencionado, que podrían caracterizarse por ser lineales, estructurados, planificados, más o menos programados –de forma muy flexible porque cada vez me muevo más por sensaciones–, me planteo otros integrados desde un punto de vista mucho más lúdico.

Los malabares con bolas es uno de ellos. A mis 37 y pico jamás me había planteado hacer malabares, pero mis compis Álex y Carlos me terminaron de convencer –o más bien picar. Hace un mes me compré unas bolas y empecé a practicar unos pocos minutos al día. No hay metodología, programa o nada parecido. Simplemente tengo las bolas siempre a la vista –¡movimiento integrado!– y cuando tengo ocasión practico dos o tres minutos, no más, unas cinco o seis veces al día. Aprender lo básico no ha sido difícil, sino una consecuencia (véase el siguiente vídeo). Ahora intentaré avanzar en complejidad. Veremos en unos meses.

Para seguir sumando retos, Meli, my wife and teacher, se ha comprado un hula hoop. Practicamos de vez en cuando, no tanto como con las bolas, pero también es un juego al que recurriremos durante un tiempo para mover el esqueleto de otra forma. ¡Viva la diversidad!

Además, voy a caminar más. No cuento los pasos que doy porque ni me interesa saberlos ni lo considero importante. Camino bastante gracias a mi perrita, Lula. ¿Cuánto es bastante? Con ella mínimo dos horas diarias, los fines de semana más. Pero siento que quiero caminar más, todavía más.

«Pero al caminar al que me refiero nada tiene en común con, como suele decirse, hacer ejercicio, al modo en que el enfermo toma su medicina a horas fijas (…), sino que es en sí mismo la empresa y la aventura del día» – H.D. Thoreau

Y por último, hay otro proyecto que realicé durante un tiempo la temporada pasada, luego lo dejé de lado y ahora voy a retomar. Es la práctica de estiramientos pasivos todas las noches antes de dormir. ¿Estiramientos pasivos? ¡Nooooooo! Pues sí, que no son el demonio y tienen sus beneficios, y creo que es un buen momento para volver a experimentar con ellos no desde la programación, intención o búsqueda de objetivos, sino desde la integración en lo cotidiano como hábito pre-«vamos a ir a dormir bien relajaditos en vez de ponernos nerviosos con imágenes en una pantalla, ideas de algún libro o pensamientos emergentes que nos agiten».

En cuanto a lo integrado que mantendré, me es difícil concretar una lista de mis movimientos integrados, ya que están muy, eso, integrados. Sentarme el 90% del tiempo en el suelo, interrumpir momentos de sedentarismo con mucha frecuencia, trabajar con el ordenador de pie, realizar mini-rutinas de movilización cada dos por tres, evitar el transporte motorizado, etc. es algo ya muy mío, después de años de práctica. En realidad, honestamente, es algo que ya ni pienso ni clasifico.

Resumiendo, como ves, algo que para nada es obvio y que requiere de mucha observación, conciencia y, sobre todo, dedicación, fruto de poner al movimiento en lo más alto de mi lista de prioridades, casi obsesivamente.

Aunque no es una obsesión.

Es una reacción proporcional a la obsesión que tienen mi entorno y mi (in)cultura para que me esté quieto.


Rober Sánchez – M de MovimientoSoy Rober Sánchez, director del Laboratorio de Movimiento, nuestra plataforma de entrenamiento online. Desde 2003 enseño a las personas a entrenar para construir cuerpos móviles, fuertes y hábiles, y poder moverse de verdad.

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Planificar tu movimiento por proyectos (y mis proyectos personales de otoño). Primera parte

Es una de las dudas más habituales.

Sí, sí, Rober. Ya lo he entendido, al menos la teoría. Moverse lo más diverso y frecuente posible, tanto en patrones como en cualidades, impregnando de movimiento lo cotidiano. Abrazar la mediocridad, experimentar, centrarse sobre todo en lo que uno no sabe hacer, que es de donde se le saca más jugo a la cosa. Picotear diferentes disciplinas. Gimnasia, yoga, Método Natural, danza, verticales, juegos, movilidad, capoeira, meditación, petanca…

Pero…

¿Cómo narices lo hago todo, con lo justo que voy de tiempo, y de energía, por no hablar de que ya no soy un chaval y no tengo tanta capacidad física ni de aprendizaje? ¡Soy un mediocre!

Planificar tu movimiento por proyectos

¿Y quién dijo que lo tuvieras que hacer todo a la vez?

Bien, para la élite, o para alguien muy joven libre de ciertas responsabilidades y otros condicionantes, o para quien se quiera dedicar, no sé, al circo o trabajar como especialista de cine, moverse diez horas al día y tener cien frentes abiertos puede tener sentido –aunque ni con esas creo que sea la mejor estrategia.

El resto de los mortales, mediocres, no tenemos otra salida que dejar el ego y la épica a un lado, ser especialmente conscientes y precavidos con cómo juega el marketing y la publicidad con nuestra motivación y supuesta necesidad (o incluso supuesto deber) de conseguir esto o aquello, y optar por dividir nuestro calendario en periodos y en cada uno de ellos centrarnos en unas pocas direcciones –cuántas dependerá de nuestras propias inquietudes, nuestro recorrido personal en la práctica de movimiento, y el tiempo y energía que estemos dispuestos a invertir en movernos.

Es decir, resumiendo, escoger. Todo un arte, y un desafío, hoy en día –sumidos en la paradójica esclavitud de la libertad, cuando hay tantas opciones que o bien lo queremos todo, o bien no sabemos por dónde tirar.

En este punto entran en juego dos conceptos clave: los proyectos y el modo mantenimiento.

Proyectos

Los proyectos son aquellas prácticas, disciplinas o patrones concretos de movimiento en los que te centras durante un tiempo, que puede variar de entre unas pocas semanas hasta meses o tal vez años –más tarde lo ejemplificaré con mis proyectos de otoño.

Durante un periodo en concreto, por poner un porcentaje, el 80% del tiempo que pasas en movimiento te enfocas y practicas aquello que has decidido que serán tus proyectos que, además, pueden definirse como objetivos o como simples direcciones a seguir. Por ejemplo, puedes entrenar para ser capaz de sostener una vertical durante un minuto o, sencillamente, practicar equilibrio sobre las manos todos los días un ratito. O puedes plantearte conseguir dar 100 toques seguidos a un balón de fútbol o jugar a dar toques al balón cada mañana mientras paseas al perro.

Qué planteamiento es mejor va a gustos –aunque en nuestra (in)cultura resultadista está muy arraigado eso de que sin objetivos no llegarás a ningún sitio. No sé cómo la humanidad ha llegado donde ha llegado, cuando la evolución… Objetivos… ¿Eso qué es?

Sea como sea, yo no soy muy amigo de los objetivos y prefiero una perspectiva ociosa, aunque a veces los utilizo, solamente para cositas a corto plazo relacionadas con un patrón muy concreto especialmente difícil para mí, y con mucho cuidado, ya que conllevan manejar dos grandes enemigos que presionan con fuerza la motivación real, intrínseca: el deseo y la expectativa (es decir, querer conseguir una cosa y esperar conseguirla; ¿y si no ocurre?). Ya sabes, uno de mis lemas… Muévete y disfruta de las consecuencias.

Cabe recalcar, además, que un proyecto no tiene por qué estar relacionado con una habilidad o una capacidad (fuerza, movilidad, equilibrio, etc.). Tal vez el mediocre se encuentra en un punto en que su mejor proyecto puede ser establecer el hábito de movilizarse un poco nada más levantarse en vez de pegarse al teléfono móvil, ir al trabajo cada día en bicicleta, asentar la sentadilla como una posición de descanso más, o estirar y relajarse antes de ir a dormir. Considero muy recomendable que en una lista de proyectos siempre aparezca como mínimo uno que tenga que ver con el movimiento integrado, más allá de nuestras elecciones de movimiento intencionado.

Mantenimiento (y sus miedos)

Por otro lado, destaca el papel del modo mantenimiento.

El modo mantenimiento es todo nuestro historial de movimiento, todo lo que ya hemos investigado, practicado, desarrollado hasta el momento, cositas que vamos a dejar en segundo plano y que practicaremos muy de vez en cuando. Esto es importante. No se trata de un destierro, sino de un cambio de mirada, más que nada en lo que se refiere a frecuencia, volumen, intensidad, profundidad de la práctica.

En el caso de los hábitos o rituales integrados, pueden mantenerse tranquilamente, aunque también prefiero ir cambiándolos, tal vez no totalmente, pero sí matizándolos.

Un «buen» hábito o ritual no es bueno per se, sino en un contexto concreto y con una intención determinada. Y como nuestra vida va evolucionando conforme pasa el tiempo, lo lógico es que nuestras costumbres y rutinas también lo hagan, si pretendemos que sirvan para algo –y no que nosotros las sirvamos a ellas, como suele ocurrir.

Si estamos hablando del movimiento intencionado –entrenamiento, deporte, actividad física, etc.–, la cosa cambia un poco, básicamente por dos motivos, que en realidad se resumen en una palabra: miedo.

El primer miedo es el de la pérdida. ¿Perderé fuerza, movilidad, agilidad, coordinación, resistencia? ¿Olvidaré cómo se hacía tal o cual?

No voy a recurrir al discurso facilón Mr. Wonderful de «no hay que tener miedo» y esas cosas. Si tu práctica te ha servido, te sientes mejor, has aprendido a expresarte con tu cuerpo de maneras que jamás habías imaginado, es absolutamente normal que tengas miedo a perderlo.

Lo curioso de todo esto es que no tienes nada que temer.

Primero, porque por encima de todo siempre debes recordar algo que a menudo olvidamos, que eres un mediocre. Vamos, amplia el marco de ombliguismo, observa a vista de pájaro. Llevas tiempo moviéndote, has conseguido esto o aquello y EN GENERAL te mueves mucho mejor. ¿No es suficiente? Tal vez es momento de aprender a celebrar, y dejar de exigirte tanto, por mucho que te intenten convencer de que siempre tienes que estar en la cresta de la ola.

Y segundo, porque si el proceso de movimiento que has seguido ha sido el adecuado y lo acompañas con un buen mantenimiento, o sea, si sigues explorando tus antiguas prácticas con cierta frecuencia, las pérdidas no van a ser ni repentinas ni exageradas. ¿Quizás pierdas algo de fuerza o movilidad en un patrón en concreto, o algo de fluidez en según que secuencias, o las primeras verticales o malabares te cuesten un poco, o a nivel de resistencia o recuperación también notes menos capacidad? Puede ser. Pero tanto por conocimiento como por experiencia puedo asegurarte que, insisto, si se ha seguido un proceso y aprendizaje adecuados, el cuerpo tiene una memoria brutal, tanto en lo más específico (fuerza, movilidad) como en lo más global (coordinación, secuenciación, técnica).

Además, está el segundo miedo, algo menos superficial, y por tanto más difícil de manejar: el miedo de tu ego a volver a ser aún más mediocre de lo que todavía eres –no lo olvides, siempre.

Porque llevarás bastante tiempo dedicándote a algunos proyectos y, lógicamente, habrás mejorado, saborearás lo que es que algo se te dé más o menos bien. Solo más o menos.

¡Ah! Y justo cuando ya no te sientes tan mediocre, ¡pam! Toca plantarte, siempre después de celebrarlo, por supuesto, observarte de nuevo y preguntarte: «Muy bien, he aprendido esto, he mejorado aquello, ya le he pillado el rollo a lo otro… Ahora, ¿qué más puedo aprender? ¿En qué terrenos no  me estoy moviendo? ¿Cómo lo puedo complicar? ¿Qué otra disciplina me llama la atención o me puede aportar capacidades, habilidades, cualidades que no venía trabajando o que pueden complementar lo que he hecho hasta ahora?».

–¡Maldita sea! Qué difícil. Con las chuladas que he conseguido hacer en las anillas, y lo fuerte y super cachas que me siento, y tal vez ahora acabe planteándome no tocarlas más que una vez cada quince días durante medio año, y dedicarme a aprender a respirar, que no tengo ni idea.


A lo grande.

Observa a lo grande.

Como mediocre, te mueves, así, en general, ni más ni menos.

Y si sigues moviéndote, no en cuanto a fuerza o movilidad o habilidad o capacidad, sino en cuanto a movimiento, siempre seguirás creciendo, aprendiendo, progresando, a pesar de cambiar de proyectos, a pesar de los mantenimientos, a pesar de las pérdidas, a pesar de exponerte otra vez a la mediocridad.


En unos días, en modo de ejemplo, compartiré mis proyectos para estos próximos meses.


Rober Sánchez – M de MovimientoSoy Rober Sánchez, director del Laboratorio de Movimiento, nuestra plataforma de entrenamiento online. Desde 2003 enseño a las personas a entrenar para construir cuerpos móviles, fuertes y hábiles, y poder moverse de verdad.

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Movimiento integrado y movimiento intencionado. Definición, diferencias y la cruda realidad

Bueno, en esta cruzada de darle forma o estructura a esto de moverse, aunque ya lo he medio explicado alguna vez, a menudo se me escapa esta diferenciación entre movimiento integrado e intencionado, pero nunca he acabado de definirlos con cierta concreción.

Y es que ya empezamos mal porque, hoy día, para la mayoría de nosotros la cruda realidad es que cualquier movimiento que practiquemos ha de ser intencionado. De hecho este es uno de nuestros grandes desafíos, si no el mayor.

Sobrevivir ya no requiere movimiento. Pero para vivir con cierta salud, bienestar y calidad de vida sí es algo que necesitamos hacer con frecuencia. Y aunque parezca obvio, es una característica de nuestra cultura y sociedad de la que debemos ser muy conscientes a diario, siempre que nos interese movernos, claro. No hay otra.

Si te mueves, tiene que ser por voluntad propia, a propósito y a conciencia, con intención.

Si no, no te mueves, ya que todo tu entorno, interno –conservación de energía– y externo –comodidades, quéhaceres y entretenimientos pasivos diversos–, está concebido y presionando fuerte para que te lo ahorres.

Aún así, dejando por un momento este matiz a un lado para refinar un poco más los esquemas y hacer más comprensible el mensaje, de primeras lo que propongo es dividir toda nuestra expresión de movimiento en dos grandes grupos: el movimiento integrado y el movimiento intencionado.

Movimiento integrado

Por un lado, el movimiento integrado es toda aquella expresión de movimiento que puede –y creo que debería– estar presente en lo cotidiano, el día a día. Por eso lo de «integrado».

Algo de movimiento integrado, sea consciente o no, se haga a propósito o no, siempre está implícito, incluso para el más sedentario.

Cuando nos levantamos de la cama por la mañana y caminamos hasta el lavabo y después hasta la cocina, o al revés, ya podemos ver algo de movimiento integrado. Y cuando salimos de casa, si salimos, se supone que es caminando aunque, ahora que caigo, algunos solo caminan hasta el ascensor que les lleva al garaje que les lleva al coche que les lleva al garaje de su empresa que les lleva al ascensor que les sube a la oficina que les lleva a una silla con ruedecitas… ¡Maldita sea! ¡¡Se acabó el movimiento integrado!!

En términos de movimiento, precisamente es este EL PROBLEMA, una enorme carencia de movimiento integrado. En mayor o menor medida según cada persona, todos nos movemos muchísimo menos de lo que necesitamos movernos como seres vivos grandotes y complejísimos. Incluso he escuchado por ahí que nuestros científicos han concluido ya en muchas ocasiones que hacer ejercicio una hora al día no compensa las otras 23 de sedentarismo. Al sujeto que encaja en este perfil lo han llamado sedentario activo, y a largo plazo su «actividad» no supone ninguna diferencia significativa en cuanto a salud o esperanza de vida comparada con las de los sedentarios inactivos.

Lo pondré en plan cita como si lo hubieran dicho Einstein o Gandhi:

«El sedentario activo está tan jodido como el sedentario absoluto»

Por eso, completando la definición que ha quedado medio colgada, a menudo recurro al verbo IMPREGNAR para enfatizar la práctica de movimiento integrado.

Como el perrito que levanta la patita a cada árbol o farola que se encuentra por el camino, el movimiento integrado es toda aquella expresión de movimiento con la que podemos marcar, impregnar nuestro día a día moviéndonos más diverso y con mucha más frecuencia, interrumpiendo constantemente nuestros episodios sedentarios –que también vienen bien, por supuesto.

Para cerrar los debates en blanco y negro, insisto en que tampoco se trata de estar siempre en movimiento o, lo que es lo mismo, no estar nunca quietos. Descansar también es muy necesario, al igual que saber estar quieto sin hacer nada. La raíz de nuestro problema con el sedentarismo es una cuestión de frecuencia, diversidad y dosis de movimiento, demasiado escasas, pobres.

¿Ejemplos de movimiento integrado?

Primero, los típicos tópicos. Usar como motor las piernas, y no una máquina, para ir de un lado a otro. Escoger escaleras en vez de ascensor. Comprar en el barrio y arrastrar ni que sea el carro de la compra, y no ir a comprar en coche. Descansar con frecuencia de estar sentado delante del ordenador –¿descansar de estar sentado?; hasta dónde hemos llegado. Después, todos los que no hacen esto, se encierran en un gimnasio a pedalear al son de música paramilitar o se pegan palizas puntuales paseo marítimo arriba y abajo, como si sirviera de algo –vuelvan a leer la cita de Einstein/Gandhi de más arriba.

¡Además! Incluir otras propuestas menos sobadas, desde trabajar de pie –se empieza a escuchar pero todavía se ve muy poco–, pasando por hacer mini-rutinas de ejercicio de un par de minutos cada poco tiempo o instalar una barra en casa o en el trabajo para colgarse a menudo, hasta, por qué no, plantearse nuevos hábitos caseros como sentarse siempre en el suelo o cambios de lugar de trabajo o de residencia para dinamitar el tema de las conmutaciones y relocalizar su vida –un servidor, por ejemplo, lo hizo. «Ah, sí, claro, como si fuera tan fácil, tal como están las cosas». ¿Quién ha hablado de facilidad? Solo es una posibilidad más, mucho más factible y eficaz de lo que la mayoría cree.

Movimiento intencionado

Como decía, sin olvidar que lamentablemente el gran grueso de movimiento integrado va a tener que ser intencionado en cierta medida, la categoría de movimiento intencionado abarca toda aquella práctica de movimiento a la que dedicamos un tiempo y espacio significativo y concreto en nuestra vida.

Es justo ese «voy al gimnasio los lunes, miércoles y viernes de 19 a 20» del sedentario activo. O salgo a correr, o quedo con los colegas para jugar un partidillo de lo que sea, o acudo a clase de yoga o bachata, o completo la rutina X de la aplicación móvil Y en casa, o cuelgo las anillas en el parque y practico algo de gimnasia.

Este tipo de movimiento, más allá de movernos, tiene una intención explícita –que no objetivo–, disfrutar y desarrollar el movimiento/disciplina/actividad/deporte en concreto. Por eso es intencionado.

Y, de hecho, es el mejor momento para que florezcan otras intenciones que requieren de más dedicación, intensidad, volumen, atención y que no pueden nutrirse solamente a base de esos instantes de movimiento integrado con el que vamos impregnando nuestra jornada a poquitos.

Estas sub-intenciones pueden enfocarse tanto a nivel de capacidad, como puede ser desarrollar fuerza, movilidad, resistencia, coordinación, equilibrio, ritmo, control motor, como a nivel técnico, al aprender los patrones característicos del deporte o expresión artística que hayamos decidido practicar –tenis, escalada, Pilates, halterofilia, Parkour, jota aragonesa.

Movimiento integrado y movimiento intencionado. Los dos

Llevo años interesado en estos dos tipos de movimiento, investigando y, sobre todo, experimentando, y es muy curioso como, cuando lo expongo, muchas veces mi interlocutor se siente algo así como saturado. Uff, cuánto movimiento, cuánto trabajo.

Pues sí, my dear.

Una de las cosas en las que más insisto es en que el mediocre probablemente caería en un gran error si se dejara llevar por las presiones de la élite del movimiento, los gurús que se mueven desde antes de nacer, los especialistas. Que no. No se trata de alcanzar su nivel, su ritmo, sus diez horas diarias de entrenamiento, es decir, de movimiento intencionado.

Pero después de casi década y media en este mundillo tampoco puedo esconder o reprimir mi gran conclusión, realista, sincera y sensata, lo único de lo que estoy seguro: en occidente, los mediocres que conformamos las sociedades más opulentas –y sedentarias– del planeta necesitamos movernos muchísimo más en los dos terrenos de juego, el integrado y el intencionado. Evidentemente, tanto a nivel de tiempo como de logística, relaciones, dineritos y otros ámbitos, tal como lo planteo, esto afecta sistémicamente a toda nuestra vida, lo sé.

Fill meu, así son las cosas.

Si no nos movemos más, por un lado nos situamos a años luz de cuánto y cómo nos hemos movido a lo largo de nuestra evolución, y nuestro cuerpo se despista, por decirlo de alguna manera.

Y por otro, dejamos de explorar todo nuestro potencial de movimiento, dada la riqueza de todas las culturas y prácticas de movimiento que hoy existen y tenemos a nuestra disponibilidad, algo que nos encapsula en jaulas de movimiento muy estrechas, bajas, oscuras y no nos permite gozar de la libertad y nuestras posibilidades reales de movimiento.

Moverse no es la fuente de la salud, sino de la vida.

Y no hacerlo conlleva un alto precio a pagar, tan alto como el de no vivir plenamente.


Rober Sánchez – M de MovimientoSoy Rober Sánchez, director del Laboratorio de Movimiento, nuestra plataforma de entrenamiento online. Desde 2003 enseño a las personas a entrenar para construir cuerpos móviles, fuertes y hábiles, y poder moverse de verdad.

Accede a los programas gratuitos de bienvenida y empieza a entrenar tu movilidad, tu fuerza y tu habilidad con cabeza. ¡Muévete!

Peso Muerto Rob – Rob Deadlift (Aplicación del principio de individualización)

Palabras clave: YO, MI, CONTEXTO, INDIVIDUO, PERSONAL

He aquí MI peso muerto.

Según la academia es algo así –con mi rigor habitual– como un peso muerto rumano con déficit, pero no estoy muy seguro ni de llamarlo así ni de si estaría ejecutándolo «correctamente», y tampoco creo que sea muy importante.

Es MI peso muerto –¿lo había dicho ya?

Peso Muerto Rob

Podría haber titulado esta nota «El mejor peso muerto que puedes hacer», pero no sería honesto. No sé cuál es el mejor peso muerto que tú puedes hacer. Solo sé cuál es el mejor peso muerto que YO puedo hacer ahora, según MI CONTEXTO.

Las consideraciones desorganizadas que tomo en cuenta para afirmar esto y practicar este ejercicio son:

· MI CONTEXTO morfológico (¿podríamos hablar de genética?) no juega a mi favor de cara a un peso muerto.

De hecho, no juega a mi favor de cara a ningún tipo de levantamiento de peso. Dejando a un lado MI altura, MIS proporciones y la longitud de MIS palancas, MI pelvis y cadera son notablemente más grandes y robustas que MIS rodillas, enclenques y ligeramente valgas. Nunca seré un gran levantador, ni me interesa. Aún así, no voy a utilizar como excusa mis condicionantes estructurales. Tampoco voy a menospreciar los beneficios que me puede aportar levantar peso.

· MI CONTEXTO biográfico (¿podríamos hablar de epigenética?) tampoco juega a mi favor.

Recibí una educación física de mierda, estuve expuesto mucho tiempo a las tonterías del fitness, y nunca cuidé especialmente MIS rodillas como es debido, punto muy débil y problemático desde niño. YO necesito desarrollar más fuerza alrededor de MI cintura pélvica ya que en cuanto se fatiga o no se implica lo suficiente y con eficacia en según qué patrones, MIS rodillas se comen todo el esfuerzo y sufren. Una perspectiva en plan «fortalece tus rodillas» es simplista para MI caso. Recuerden: no todas las cositas que no funcionan bien a nivel local tienen una causa principalmente local. Observen el cuerpo como un todo.

· MI CONTEXTO actual (también epigenético), es decir, las disciplinas o movimientos «a lo grande» a los que YO me veo expuesto o tengo idea de exponerme en un futuro próximo y para los que quiero estar preparado/pre-habilitado requieren de una pelvis/cadera más funcional, útil, móvil, capaz en este rango y patrón de movimiento. Esto explica sobre todo MI elección por trabajar con déficit.

· En cuanto a MI técnica… no es una técnica prescrita, sino una consecuencia de MI experimentación con diferentes técnicas.

Primero, no hay técnica correcta para todos, aunque sí principios básicos. En lo referente a lo analítico, los principales son siempre dos: bloqueo y motor. O sea, dejar quietecito lo que no quieres que se mueva –importante proporcionalmente a la carga con la que se pretende trabajar–, y mover justo lo que quieres que se mueva.

Y segundo, matizar el hecho de que una técnica en realidad es una consecuencia de saber qué es lo que quieres hacer para realizarlo de manera segura y eficaz, por y para tus intereses, y no una receta exacta a seguir –esto, a pesar de que para alguien que se inicia puede ser útil, a largo plazo puede convertirse en un lastre, ya que no invita al INDIVIDUO a experimentar, entender cómo funciona su propio cuerpo, comprender el porqué de encontrar una técnica propia, en fin, educarse, y sacarle mayor partido al entrenamiento y la experiencia de moverse.

Así, el mediocre, experimental e individualizado Peso Muerto Rob consiste en:

  1. Cojo una barra con una separación de manos justo por fuera del ancho de las caderas.
  2. Subo a algún soporte un poco elevado y mantengo los pies poco separados, entre 10 y 15 cm, y apuntando hacia delante –matices poco convencionales, PERSONALES. Las rodillas permanecen ligeramente flexionadas.
  3. Cojo un poco de aire, miro al frente, activo el abdomen y fijo bien fuerte brazos y tronco.
  4. Inicio la bajada con un tempo controlado a una velocidad constante, manteniendo en la medida de lo posible el bloqueo de tronco y rodillas, tratando que el movimiento solo ocurra alrededor de la cadera. Intento mantener la cabeza neutra, aunque al final del recorrido extiendo el cuello para beneficiarme de su reflejo tónico de cara al mantenimiento de la postura en la pausa que sigue y la extensión de la cadera para la subida.
  5. Pauso. Detengo el movimiento justo cuando la barra toca la punta de mis pies. Elimino cualquier posibilidad del efecto/reflejo «muelle». No quiero aprovecharme de la energía elástica acumulada durante la bajada, sino asegurarme de que mi cuerpo sabe aplicar fuerza justo en ese punto desde el reposo.
  6. Inicio la subida lo más rápido posible, sin perder ninguno de los bloqueos.

* Evidentemente, la elección de la carga también es un factor a tener en cuenta según el CONTEXTO y el INDIVIDUO. En el vídeo estoy trabajando con 35kg, ya que mi sesión del día estaba enfocada en la conciencia corporal, el control en la ejecución y la acumulación de volumen, para un total de 5 series de 10 repeticiones.

Principio de individualización, incultura y educación

Esta nota es un ejemplo del principio de individualización. Nada más.

Dadas las circunstancias individuales de cada uno, incluidas las mías, desde mi punto de vista el principio de individualización es el más importante de todos los principios del entrenamiento, al mismo tiempo que difuso, impreciso, variable, un tanto caótico.

De ahí que no sea un principio controlable como pueden ser el de sobrecarga o el de especificidad, sino que requiere de una actitud pro-activa en cuanto a la experimentación y el aprendizaje de cada INDIVIDUO.

Lamentablemente, este principio del entrenamiento Y del movimiento es el más difícil de aplicar, debido a nuestra pobre educación física, reflejo de nuestra incultura del movimiento –la educación que recibimos es una consecuencia cultural y social, y no al revés.

Aquí a nadie le interesa que cuestiones, investigues, experimentes. Solo tienes que obedecer, seguir las normas.

Sin embargo, si pretendes conocerte, culturizarte y exprimir TU movimiento, esta estrategia no sirve.

¿No quieres aprender y experimentar, incluso pasando por el error o la mediocridad? Sigue buscando «El mejor peso muerto que puedes hacer».

¿Quieres comprender, ser consciente, enriquecerte, desarrollar, moverte de verdad, a pesar de los fracasos o de sentirte mediocre? Encuentra tu peso muerto –o el movimiento que sea.

O mejor…

Invéntatelo.


Rober Sánchez – M de MovimientoSoy Rober Sánchez, director del Laboratorio de Movimiento, nuestra plataforma de entrenamiento online. Desde 2003 enseño a las personas a entrenar para construir cuerpos móviles, fuertes y hábiles, y poder moverse de verdad.

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