Cuando chulearle a tu mujer es buena señal. Yogui linchamiento directamente

(Advertencia1: Vuelvo a usar el yoga como ejemplo. No se enfade. Intente extrapolar la metáfora a cualquier actividad física).

(Advertencia 2: Este correo es más largo de lo habitual, muy poco. Tiene muchos detalles. Y muy valiosos. Lea con calma. Dos veces si hace falta. Sobre todo las 3 lecciones del final. Es casi casi como un post, más que un correo. Y es viernes).

A veces poder chulear, como yo le hago a mi mujer, por ejemplo, es buena señal y otras…

Otras, bueno, no es ni señal, ni buena ni mala, creo.

Pero hay una posibilidad de chuleo de movimiento que es buena señal.

Muy buena señal. Moviéndote.

Tanto que creo de verdad de la buena que puede ser muy bueno para ti poder chulear así.

Puede ser algo muy bestia, en serio.

Quiero decir, cuando Cristiano Ronaldo sale diciendo aquello de “Me envidian porque soy bueno, guapo y rico”…

Pues vale. Hay a quien le gustará más o menos. Qué más da.

Es chulear por chulear… pfff.

Yo a veces le chuleo a mi mujer.

Y nos reímos juntos, los dos.

Y me siento orgulloso de ese momento de chulería.

Es justo esta manera de chulear la… ¿chula?

¿Te estoy chuleando con tanta chulería?

Es broma. Te prometo que chulear así vale mucho la pena.

Porque es muy buena señal.

Lo más importante, además, es por qué le puedo chulear a mi mujer.

Y cómo lo puedes usar en tu beneficio para moverte mejor, mucho mejor.

Ahora sí. Verás:

Meli va a clases de yoga entre semana. Le va muy guay. Le encanta. Me encanta. Nos encantamos.

Y el sábado bajamos a un parque tocando a la playa para movernos un rato.

Lo que ocurre es algo totalmente improvisado.

No hay programas ni estructuras ni planes ni numeritos.

Vamos al parque y nos movemos.

Brutal.

Entonces, entre movimiento, ella dice entusiasmada:

-Pues esta semana en yoga nos han enseñado este equilibrio.

Me lo demuestra.

Pone las manos en el suelo.

Me sigue hablando mientras tanto:

-Se llama cuchipandamrwonderfulasana. Bueno, concretamente la versión C. ¿Te suena?

-Ni idea, cariño. Ya sabes que yo los nombres me los invento en cachondeo y de yoga no tengo ni papa.

Un pie por aquí.

Una pierna por allá, esta segunda pierna ya con algunas dificultades.

Los entrelaza medio raro. Me estoy haciendo un lío. Yo. Ella no.

Ui. Ai. Se pone un poco roja.

Y… tacháááán. Consigue mantener el equilibrio durante un par de segundos.

Coge aire y me mira.

-¿A ti te sale? -me pregunta con un toquecito picón, un poquito chula, muy poquito porque no va con su carácter.

-Tal vez. A nivel práctico no lo sé. No lo he probado nunca, la verdad. ¿Cómo era?

Yo en este momento soy muy prudente y no me hago el chulo para nada, no vaya a ser que luego…

A ver, sí, las manos así, el pie aquí, la pierna acá, lo anudo todo.

Anda.

Ya está.

Ahí lo tienes.

Y respirando con normalidad, por cierto.

Namasté (guiño chulo).

Y es justo cuando aparece la chulería sin ningún tipo de mala intención y con toda la guasa del mundo entre una pareja que tiene como propósito principal uno y solo uno: divertirse.

Lo enfatizo con un tono en plan Matías Prats cuando cuenta el chiste malo del final del telediario:

-No sé para qué vas a clases de yoga, baby. Ya ves que no hace falta. Nunca lo había hecho y hala… No es tan difícil, pichoncita.

Y nos reímos un rato.

Y, por supuesto, le explico lo que ha pasado y trabajamos en ello.

Y lo entiende y puede hacerlo con mucha más conciencia y, por tanto, facilidad.

Lo que ha pasado y lo que denota esa chulería como buena señal es esto:

Ella, con toda su buena fe porque, además, no tiene mucha alternativa, en clase de yoga intenta copiar lo que hace la pautadora.

No es que esto esté mal.

Se puede aprender así.

Lo que pasa es que hay una forma mejor, más rápida, más sólida, incluso diría que más segura según el nivel de exigencia de la habilidad:

COMPRENDER LOS PRINCIPIOS DE LO QUE ESTÁS HACIENDO.

O sea:

Yo, en ese momento, me puedo hacer el chulo en plan cachondeo porque aunque no haya probado ni practicado ni olido ni pensado esa invertida en concreto en mi vida, comprendo en profundidad los principios de las invertidas.

No es una cuestión de nivel ni de poder hacer una invertida Xasana.

Hay invertidas que a mí no me salen ni para atrás.

Pero lo sé de primeras, solo de verla, la gran mayoría de las veces.

Me pones una delante e instantáneamente sé si puedo hacerla o no.

Si puedo porque sé que puedo, la hago.

¿Por qué?

Porque comprendo los principios de lo que estoy haciendo.

Si no puedo porque sé que no puedo, lo intento por hacer el cabra un rato, aunque se escape de mi nivel, y no me sale y me descojono, claro.

¿Por qué?

Porque comprendo los principios de lo que estoy haciendo.

Bien.

De todas maneras, esto no va de lo que yo sé y/o puedo hacer y/o de lo chulo que soy.

Sino de lo que tú podrías.

Saber, hacer y chulear.

Triple moraleja para cualquier habilidad:

1 Comprender los principios te permite saber con antelación si algo está a tu alcance.

2 Comprender los principios te abre las puertas a aprender cualquier habilidad que está a tu alcance al instante sin haberla probado antes.

3 Comprender los principios te sirve para saber qué falta, qué dirección tomar, qué hacer cuando la habilidad no está a tu alcance y lo planteas como un propósito por los motivos que sea.

Y de eso, de comprender los principios de una habilidad (aunque no esté a tu alcance o no te salga o no la hayas probado jamás), es muy buena señal el poder chulear.

Si quieres chulear alrededor de cualquier invertida, de cualquiera, hasta de las más difíciles y (aparentemente) imposibles para ti, te interesa este curso:

Invertidas – El arte de moverte bocabajo

Rober

PD: si haces yoga y le quieres chulear a tu pautador, en cachondeo, claro, comprende los principios. Le sacarás más chicha a tus clases.

PD2: los principios. Y a partir de ahí todo lo que te dé la gana. Pa chulo mi pirulo. ¿Por qué? Porque comprendes todo lo que necesitas comprender. Arriba.

¿Espalda como un bloque? Dos estiramientos dinámicos de columna para mejorar tu movilidad y resolverlo

¿Sientes la espalda como un bloque, dura como una piedra?

Sensaciones de rigidez, de cuerpo tieso como un tronco.

No es de extrañar.

Si gracias a la (in)cultura del movimiento metemiedos, fragilizadora –sí, la del “ten cuidado” no hagas esto o lo otro que te puedes romper / lesionar / hacer daño–, hay alguna parte del cuerpo que podríamos considerar la GRAN perjudicada, esa es la columna.

A ver, en realidad es todo el cuerpo.

Porque el miedo se contagia por todas partes, como lo del bicho ese de la pandemia, con todas esas “incorrecciones” y “desalineaciones” y “compensaciones” y tal.

 (Madre mía…).

Pero si hay un cacho, un segmento, un sistema (que no estructura) que se lleva la palma y es el centro de todos los mensajes de alarma, insisto, es ella, la columna vertebral.

O, mejor dicho, como acostumbra a apuntar magistralmente el gran Arturo Goicoechea, el eje vertebrador.

(Él, con su acento bruto y vasco, te exclamaría: «!Que no es una columna, co ño! ¿Que no ves todas las vértebras que tiene? ¡¡Que se tienen que mover!!»).

En este sentido, antes de pasar a los tutoriales de los estiramientos dinámicos que te quiero proponer, te recomiendo ver primero este vídeo.

Lo entenderás todo mucho mejor.

SEGMENTACIONES DE COLUMNA EN EL PLANO SAGITAL (DE PERFIL)

De entre todas las limitaciones y carencias resultantes del panorama que describía, hoy vamos a encargarnos de dos, específicamente:

  1. Percibir y comprender experimentalmente, en movimiento, que la “columna” se necesita, se debe y se puede mover vértebra por vértebra en el plano sagital, mirando el cuerpo de perfil, al realizar las funciones de flexión y extensión, y quizás descubriendo algunas “sorpresas” o “vacíos” motrices que puedas tener individualmente. En este sentido, si no lo hiciste, te recomiendo leer Cómo conocer tu cuerpo y moverte mejor sin saber nada de anatomía.
  2. Practicar los dos estiramientos dinámicos que te presentaré y reacondicionarla específicamente en su flexión y extensión, pieza a pieza.

Esto te servirá para ganar mucha más conciencia corporal y que, inevitablemente, tu columna empiece a participar y colaborar de manera muy distinta cuando te muevas, en armonía con el resto del cuerpo y con plena confianza en ti mismo.

Porque, como decíamos, es el EJE de todo el movimiento.

Y si hay alguna cosa por ahí que no termina de funcionar bien (sin caer en la trampa de la dicotomía «correcto vs. incorrecto»), pues luego pasa lo que pasa.

En definitiva, no estamos hablando en ningún caso de corregir, sino de ENRIQUECER y contar con más POSIBILIDADES.

De conciencia y LIBERTAD de movimiento.

(Bueno, y de unas sensaciones de bienestar y “gustirrinín” que ni te cuento).

*Voy a usar unos términos sencillos, pero algo técnicos. Si no lo has hecho ya, te recomiendo completar el curso gratuito JOINTS – Conoce tus articulaciones en movimiento. Le sacarás mucho más provecho a lo que sigue.

**Ojo que, después de reorientar la movilidad de tu columna con estos dos patrones, te propondré una manera de seguir progresando hacia esa libertad de movimiento y disfrutar de todavía más posibilidades mediante una rutina de movilización. No te quedes solo con los dos tutoriales. Hay un vídeo “extra”.

FLEXIÓN SEGMENTADA DE COLUMNA

Tanto para este estiramiento dinámico hacia la flexión de columna como para el siguiente (hacia la extensión), lo más importante es tener siempre bien presente el concepto del que te acabo de hablar: la SEGMENTACIÓN de la columna.

Es decir, para ambas funciones / acciones / tareas, lo primordial es tratar de segmentar la columna, de MOVERTE VÉRTEBRA POR VÉRTEBRA.

No es algo que «deba» ser y, además, de manera pura ni tan solo «puede» ser.

Pero eso no quita que no deba y pueda ser nuestra INTENCIÓN.

Ocurra o no ocurra, lo notes más o lo notes menos, te salga «mejor» o «peor», mantén siempre la misma actitud e intención.

Visualiza que mueves una sola vértebra a la vez.

Incluso cuando sientas ciertas frustración porque haya un segmento que se comporta como un «bloque».

Es justo para lo que estás aquí:

  • Para descubrirlo.
  • Para liberarte de esa sensación y limitación.

O sea que, en realidad, sentirte así es lo que podríamos considerar «normal», ahora mismo.

(Más allá de que lo que pretendemos es que deje de ser normal, por muy habitual que sea para la mayoría de las personas. Tener una espalda tocho, dicho).

Todo lo demás te lo explico en este tutorial:

EXTENSIÓN GLOBAL

Siguiendo la misma línea… En este estiramiento… cuidado.

¿Cuidado con la espalda?

No.

Si haces las cosas con cabeza, no.

Cuidado con la frustración, de nuevo.

Nada de comparaciones, «nivel», «es que soy un tocho».

Y cuidado con la SEGMENTACIÓN, porque sigue estando ahí, aunque la propuesta sea más GLOBAL y vayas a involucrar a las caderas y un pelo las rodillas.

Otra vez: es un acondicionamiento. Es para ir mejorando. No es para que ya tengas una súper extensión.

Pasito a pasito, gota a gota, ladrillo a ladrillo.

Comprende el patrón y ajústalo a tu estado.

He aquí el tutorial:

MOVILIDAD + INTEGRACIÓN EN UNA RUTINA DE MOVILIZACIÓN HABITUAL

Una vez hayas interiorizado y domines los estiramientos que acabo de presentarte, tienes dos opciones (que no son excluyentes entre sí):

  • Practicar los estiramientos concienzudamente como parte de tu trabajo de movilidad, con el fin de pulir detalles y estimular el movimiento de tu columna de manera muy concreta, precisa, específica y, como has podido comprobar, exigente. En este sentido, realizar entre 3 y 5 series de 8-10 repeticiones de cada patrón un par de veces a la semana puede ser un buen punto de partida, a partir del cual ir ajustando el trabajo según tus necesidades y progreso.
  • Integrar ambos estiramientos en una rutina de movilización centrada en la columna y con un enfoque mucho más global.

Para este último propósito, te sugiero empezar por la rutina de movilización que suelo recomendar a todos los iniciados en estos asuntos.

Los detalles de dicha rutina los tienes en el siguiente artículo:

3 movimientos para empezar a cuidar tu columna. Rutina de movilización en tiempo real

En resumen, consiste en secuenciar estos movimientos, con los siguientes parámetros:

  1. Flexo-extensión de columna con sentadilla — 6 repeticiones
  2. Lateralizaciones de columna sentado en el suelo — 6 repeticiones por lado
  3. Rotaciones con inercia — 2 minutos consecutivos.

Un poco más abajo tienes el tutorial de la rutina.

Para más tutoriales, consejos y reflexiones para moverte mejor, si todavía no lo has hecho, puedes suscribirte a mi newsletter. Te mantendré al tanto de todo. Y podrás completar gratuitamente hasta 7 cursos de bienvenida del Laboratorio de Movimiento, mi plataforma de educación online. (Te sugiero empezar por CORE).

Espero que este artículo te haya sido útil.

Rober Sánchez

Aunque no hagas yoga, no te interesa esto de las clases de yoga

Hay un problema con las clases de yoga que puedes extrapolar a cualquier práctica de movimiento y que puedes solucionar en 15 minutitos, literalmente.

Te cuento primero el problema.

Luego la solución.

Digo el yoga no porque tenga nada en contra.

Al contrario, me encanta, a veces lo practico y lo encuentro interesante en algunos sentidos de movimiento.

Lo que explico podría servir para una clase de Pilates, por ejemplo, o de Crossfit o Zumba o lo que se te ocurra.

Cualquier clase dirigida por alguien que sencillamente da una serie de pautas y tú las sigues, y tenga que ver con practicar, combinar o enlazar una o varias habilidades o tareas corporales.

En el yoga pasa especialmente con lo que te contaré ahora.

Lo uso como metáfora, como simple ejemplo porque es lo más generalizado ahora mismo.

En el 99% de las clases de yoga, el 99% de los asistentes hacen algo así, hablando en segunda persona:

Tú entras.

Sigues las indicaciones de la persona a cargo, esforzándote en hacerlo lo más parecido posible según tus propias interpretaciones, con más o menos acierto.

(Muy a menudo creemos que nos movemos de una manera… que no tiene nada que ver con la realidad).

En ese momento el azar estará más o menos a tu favor, según el pautador que tengas delante.

En el mejor de los casos se acercará un par de momentos para darte pautas más “personales”.

Generalmente, al tratarse de un grupo, hace lo que puede con lo que sabe.

Y los consejos que lanza son, pues eso, grupales y generalistas, frecuentemente superficiales.

Tú pillas lo que pillas, intentas no perder el hilo y haces lo que puedes.

Se acaba la clase.

Te vas a casa.

Esto es así por triplicado:

(1)

Esto es así, aunque le pueda escocer a alguien, la mayoría de las veces.

Si no lo es personalmente en tu caso, no pasa nada.

No tiene por qué escocer.

Formas parte del 1% afortunado.

(2)

Esto es así en cualquier momento de la “clase tipo”, secuenciada:

Primero con la “meditación”.

Segundo con los saludos.

Tercero con los guerreros.

Seguido de los equilibrios, las torsiones o los puentes, según el día.

Y antes de la otra “meditación”, la del final, la guinda con las invertidas.

A toda prisa, ese momento que podría ser tan chulo y jugoso pero que suele reducirse a:

“Bueno, vamos a hacer cinco minutitos de invertidas.

Cada uno que se adapte a su nivel.

Utilizad la pared si lo veis necesario.

Mirad, se hace así”.

Y el pautador lo demuestra.

Y tú, lo mismo, lo pruebas y lo pruebas y lo pruebas clase tras clase tras clase.

Y te da miedo.

O aporreas la pared.

O no entiendes nada y haces cualquier cosa menos una invertida.

Y, con un poco de suerte, montas tu primera invertida de pura chiripa después de año y medio de “clases de yoga”.

Namasté.

*Insisto, no te quedes con el yoga o con las invertidas, sino con la clase tipo de la disciplina X a la que asistas y la habilidad Y.

(3)

Y esto es así porque esas clases dirigidas están mal planteadas por los impartidores y mal enfocadas por los asistentes.

Al menos si quieres aprender algo.

Si no, si lo único que quieres hacer es seguir una clase y decir “hago yoga” sin entender ni aprender nada, entonces nada que decir.

La solución en 15 minutitos.

Siguiendo con el ejemplo de las invertidas, pero sirve para lo que sea:

Coges un cuarto de hora, ¡un cuarto de hora!

Dedicas un cuartito de hora a entender la habilidad en cuestión.

No en plan cuatro pautas generales y vamos a probar.

Diseccionas la habilidad, te sumerges en sus profundidades, descubres cada matiz y detalle.

La proyección de la cabeza, la rotación de los hombros, la activación de las escápulas, la segmentación de la columna, la orientación de la pelvis, la tensión teledirigida desde los pies…

Eres consciente de todo ello y lo comprendes.

Y lo practicas.

Y lo aprendes… de verdad.

En resumen:

Si eres pautador pero en realidad quieres enseñar, enseñas.

Si eres asistente pero en realidad quieres aprender, aprendes.

El proceso es absolutamente distinto.

Eres consciente – comprendes – practicas – aprendes.

(Y tus habilidades progresan extremadamente más rápido, consecuentemente).

Bien.

Yo de yoga o de Crossfit o de Pilates o de Zumba en general y como disciplinas estructuradas no tengo ni idea.

De lo de invertirte y sus principios de movimiento sí.

Si quieres disfrutar y aprender de verdad, te enseño de verdad:

Invertidas – El arte de moverte bocabajo

Rober

PD: si quieres decir “hago yoga”, ve a una clase. Si quieres aprender yoga, busca a alguien que enseñe yoga.

PD2: conciencia, detalles al milímetro y soporte directo personal en vídeo. Aprender de verdad y por tanto progresar más rápido. Y disfrutar en lugar de estancarte. En el enlace.

Mi madre se mofa de que dos señoras me piropeen en la playa

Mi madre es un persona rápida.

Tiene un carácter ágil y fuerte, adaptable, digamos.

Yo he heredado su pronto.

Me gusta.

Ella, su rapidez, mi pronto, la adaptabilidad y viceversa.

Y nuestra relación siempre ha sido rápida, pronta, picona.

Creo que viene de mi abuelo, el yayo, su padre.

Somos calcaditos.

No hacía más que enrabietar a mi abuela:

«¡Magdalena! ¡¡Pichoncita!!», le soltaba nada más levantarse por la mañana para pedirle cualquier cosa.

El verano pasado estábamos pasando el día en una calita de L’Escala.

Yo en la playa alterno moverme con no moverme.

No moverme nunca es tomar el sol. Me agobia.

Si me tumbo, siempre es debajo de la sombrilla, leyendo o durmiendo.

Me muevo mientras tomo el sol. O al revés.

Juego con Abril o con mi hermana.

O hago el pamplinas con mis cosas de movimiento.

El caso es que, en un momento dado, me dio por plantar un press to handstand en la orilla, aprovechando que la arena era dura y firme.

*Un press to handstand consiste en levantar una vertical a pulso, sin patadas ni inercias.

Salgo del press y me giro porque escucho un murmullo.

Las dos señoras que están escachufladas en sus sillas de playa me están mirando y dicen algo.

No escucho bien. Arrimo la oreja.

—Muy bien, muy bien.

—Gracias —respondo con una tímida sonrisa. —Solo estoy jugando un poco.

—Jugar dice —le comenta una a la otra. —Se necesita mucha práctica para eso.

—Jaja. Sí, la verdad. Pero hoy solo juego —insisto.

Sigo con lo mío, intuitivamente.

Levanto otro press, pero esta vez no lo bajo.

Me quedo arriba y camino hasta el agua con las manos.

Cuando ya no puedo avanzar más, porque las manos se me hunden en la arena y es imposible mantener el equilibrio, lo bajo.

Vuelvo a escuchar algo:

—Bravo, bravo. Pero… ¿Tú eres gimnasta?

El press es un patrón básico y facilito para un gimnasta, un acróbata o un artista de circo, pero para una persona media es bastante “impresionante”.

—¡Gracias! Qué va. Soy… —dudo — una especie de entrenador— mientras pienso en cómo explicarle a la señora a qué se deben mis habilidades chachipirulis. Paso. Se lo resumo —Hago un poco de todo y juego… y voy aprendiendo cosas.

Sonreímos todos.

Mi madre me hace así con la mano: ven pa’acá.

Voy.

Y me suelta:

—Cómo te gusta que te digan cosas —con su sonrisita picarona.

Lo primero que pienso es «A ver, mama. Si fueran dos jovenzuelas veinteañeras…».

Pero no le respondo rápido en plan adolescente, sino al estilo gurú de movimiento:

—Yo preferiría que la gente se moviera más.

En realidad lo que me gusta no es eso ni lo de las veinteañeras.

Es otra cosa.

Lo último de esta anécdota es lo menos importante.

Lo que yo prefiera.

Mis habilidades, las mías, tampoco son importantes.

Pero hay un par de hechos guays, de lecciones en esta historia:

1 Poder moverte donde sea y cuando sea practicando cosas chulas, y sentirte bien tú, no porque te miren o te digan cosas, sino porque co ño, te sientes hábil y compruebas que tu “entrenamiento” es útil y sirve para algo, mola.

2 Puedes enfocar tu práctica no como un “entrenamiento”, sino como un juego en el que aprendes a moverte.

*Sé que hay una paradoja en cómo uso “entrenamiento”. Es a propósito.

A veces no hace falta darle muchas más vueltas.

Moverte mola más que hacer ejercicio.

Una manera de empezar a moverte aprendiendo cosas chulas y luego usarlas para divertirte te las enseño aquí:

Invertidas – El arte de moverte bocabajo

Rober

PD: ser tan rápido como tu madre pero ya no de adolescente sino en plan gurú cuarentón sobrado, aunque sea soltando una parida, también mola.

PD2: para pasarlo bien mientras aprendes y luego poder moverte y usar tus habilidades en cualquier parte sin necesidad de que sea un “entrenamiento” formal y divertirte y sentirte bien y hábil y competente, es arriba.

El error número 1 en el entrenamiento de la movilidad articular. Fatiga e interferencia

Estas cosas de clasificar errores es bastante complicada.

A bote pronto se me ocurren tres errores más, de los gordos, como este.

Todos derivan, como no podía ser de otra manera, de no cumplir la Regla de las 3 C’s.

Luego pasa lo que pasa con la falta de progreso y el estancamiento, la frustración y la desmotivación, las molestias y otros «conflictos dolorosos».

Por no hablar de, hablando de movilidad y personas normales, esa trampa tan habitual de «esto no es para mí; seré un tocho para toda la vida».

No es que tú seas así o asá; es que lo estás enfocando al tuntún y llevándolo a la práctica fatal.

En fin…

En las próximas semanas los iremos desgranando aquí en el blog (si no estás suscrito, hazlo aquí).

Por algún lado tenía que empezar.

EL ERROR NÚMERO 1 EN EL ENTRENAMIENTO DE LA MOVILIDAD ARTICULAR

Antes de nada, aunque es algo que hemos revisado ya no sé cuántas veces, es importante recordar que cuando hablamos de movilidad no hablamos de flexibilidad.

La movilidad, más allá de la amplitud de rango, implica control, estabilidad, FUERZA en el patrón de movimiento X que esté bajo el foco.

Es decir, no es una cuestión de si una articulación llega a aquí o allá de manera pasiva yoga style, sino de si puedes moverte hasta aquí o hasta allá, o de aquí a allá, de forma activa, especialmente en los extremos del recorrido.

De ahí que se requieran dichos atributos: control, estabilidad, FUERZA… en todo el rango, insisto.

(Y, por cierto, hablando de movimiento «a lo grande»: también coordinación, comunicación, colaboración, armonía entre todas las articulaciones. Aunque este es un tema que no se resuelve con análisis, ni mucho menos).

Dicho esto, como habrás visto, hay una palabreja que se ha llevado una mención especial.

Va en mayúscula.

Es el componente de FUERZA.

Y de ahí surge el error.

FATIGA

Cabe decir que, en los círculos más mediocres, formados por personas en la media, la mar de normales (cosa que no tiene nada de «malo»), prácticamente nadie entrena la movilidad como se debe entrenar la movilidad.

Como mucho se ve algo que dicen que es «movilidad» en las clases de Crossfit.

Aunque en la gran mayoría lo único que se practiquen en esos 10 minutitos son «movilizaciones» en modo de calentamiento que no llevan a nada, a ningún cambio relevante.

(Para profundizar en esto, puedes leer este artículo: Movilización vs. Movilidad).

El entrenamiento de la movilidad es un entrenamiento de FUERZA.

De fuerza en los extremos del rango articular para un patrón determinado en el que dichas articulaciones se exponen a ciertas desventajas mecánicas, por así decirlo.

Por lo tanto, se rige bajo los mismos principios que el entrenamiento de fuerza que solemos tener más en mente (sentadilla, peso muerto, press de banca, ejercicios de calistenia, etc.).

Efectivamente, para moverte alrededor del carpado, el middle split, el spagat, el sapo y el puente, también son aplicables los principios de sobrecarga progresiva, adaptación, especificidad, etc.

Si comprendes esto, que en realidad es muy simple y no tiene ningún misterio, puedes intuir que el error del que hablamos es exactamente el mismo que cometen aquellos que se empiezan a tomar el entrenamiento de la fuerza «convencional» en serio.

Lo que la gran mayoría pasa por alto, vaya.

Verás:

El factor que, en el fondo, determina cómo juegas con las variables de intensidad, volumen, carga y frecuencia del entrenamiento es uno y solo uno:

La FATIGA.

En mayor o menor medida, según cómo lo plantees, el entrenamiento de la movilidad provoca fatiga.

Te cansa.

Te agota.

Y esa fatiga, si no juegas coherentemente con las variables de arriba, se acumula.

Y si no lo tienes en cuenta, cuanta más fatiga acumulas, más riesgos corres y peor va a ser tu rendimiento y progresión.

Incluso, en casos extremos, provocando un retroceso, una pérdida de movilidad.

Porque el cuerpo no es idiota.

Evalúa dichos riesgos constantemente —y más cuando estás entrenando la movilidad, moviéndote intensamente en los extremos del recorrido articular, pudiendo llegar a interpretar que estás comprometiendo su integridad.

¿Cómo reaccionará el cuerpo entonces?

No dejándote, no permitiéndote moverte por ahí.

Generando cada vez más resistencia, más (sensación) de tensión y rigidez.

Parándote los pies, echando el freno, vamos.

Y, si no le haces caso, pues bueno…

Tendrás que parar pero a base de hacerte daño, garantizado.

Porque superarás la capacidad del cuerpo de hacer frente a la demanda.

Y te lesionarás.

Una vez más, como algo propio de la (in)cultura de la cantidad, el error número 1 es caer en la trampa del «más es mejor».

Cuando no.

No va así.

Más no es mejor.

Mejor es mejor.

Y para eso hay que poner cabeza.

Y coherencia al jugar específicamente con patrones, intensidad, volumen, carga, frecuencia, progresión, etc.

Bajo la atenta mirada de la fatiga acumulada.

Y teniendo bien presente otro matiz.

Este:

INTERFERENCIA

El cuerpo cuando se cansa, se cansa de dos maneras:

  • En general.
  • Y específicamente.

Son dos maneras de cansarse diferentes.

Ambas hay que atenderlas y valorarlas.

Para lo «bruto», la fatiga general, debes tener en cuenta todos los estresores e inputs de tu vida en un momento puntual.

Aquí entran lo que duermes, lo que comes, el ritmo que llevas, tus rachas cotidianas de más o menos jaleo en tu vida de persona normal.

Esto es muy complejo y subjetivo, así que no vamos a entrar en ello.

Solo lo menciono para que no lo olvides.

Porque a lo mejor, y solo a lo mejor, de tu entrenamiento no tienes que tocar nada en un momento dado.

Y la fuga de energía y la falta de progreso y la rigidez vienen por otro lado.

Si nos centramos en la cuestión del entrenamiento, pues, debes tener esa fatiga específica.

Es algo muy intuitivo.

Cualquiera que sea tu «objetivo», foco o patrones de movilidad sobre los que estás trabajando, piensa en movimientos o «ejercicios» de una naturaleza semejante que pueden INTERFERIR en tu entrenamiento, SOLAPARLO de alguna manera, provocando que acumules, pues eso, más fatiga específica, aunque no estés haciendo exactamente lo mismo.

Fíjate y te cuento:

Por ejemplo, si estás practicando el Jefferson Curl como yo en este vídeo, probablemente lo más sensato sería no meterte mucha caña con el Peso Muerto.

Ojo.

No digo abandonarlo completamente, si no quieres.

(Podrías perfectamente, pero entiendo que sufrieras algo de FOMO y temieras perder fuerza. Esto es una pérdida de tiempo, pero comprensible. Y lo dejamos para otro día).

Solo digo determinar cuál es tu prioridad en un momento dado y durante un tiempo.

Y a partir de ahí ajustar las variables de tu entrenamiento para que sea viable y seguro encajarlo todo, si es que quieres combinarlo.

Resumiendo:

Cuidado con las interferencias y su impacto en la fatiga específica acumulada.

UN ÚLTIMO APUNTE

Aparte de todo lo que hemos repasado, permíteme recordarte algo muy bonito:

Cualquier cosa que entrenes, que practiques, en realidad representa una habilidad para el cuerpo.

El cuerpo se expone, y a partir de dicha exposición lleva a cabo una serie de aprendizajes para terminar manifestando otra serie de adaptaciones.

La movilidad no es una excepción.

Es una habilidad más.

Y lo bonito no es esto.

Lo bonito es el cuándo.

Porque todo este aprendizaje y todas estas adaptaciones no ocurren cuando entrenas, o cuando practicas.

Tienen lugar cuando descansas.

Última vez: ojo con la fatiga y la interferencia.

Espero que te hayas servido.

Si todavía no lo has hecho, puedes unirte a mi comunidad en mi plataforma de anti-educación, el Laboratorio de Movimiento.

Es gratuito y nada más entrar puedes completar hasta 7 cursos de bienvenida.

Todo aquí.

Gran día,

Rober Sánchez

PD: hay por ahí quien propone entrenar la movilidad todos los días, seguir metodologías propias de la gimnasia y la danza, y exponerse con alta frecuencia y volumen a este tipo de estímulos. Cuidado. No es que no sirvan o sea algo «incorrecto» o «malo». Es que dichas formas se aplican en niños y adolescentes con un contextos, unas condiciones y un bagaje diametralmente opuesto a las de una persona adulta y normal que quiere gozar de mayor libertad de movimiento y se pone con estas cosas un poco más tarde y de otra manera. Cabeza. Poca frecuencia y bastante intensidad, por qué no. Y, sobre todo, descanso y mirada largoplacista. Más no es mejor. Mejor es mejor. Poco a poco y buena letra.