Entrenamiento minimalista de la fuerza. Mínima inversión, máximo rendimiento

Esta entrada del blog forma parte de una serie de lecciones sobre calistenia que desarrollamos junto con los lectores hace un tiempo.

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Entrenar el mínimo tiempo y con la mínima parafernalia posibles para obtener los máximos resultados.

Este es el objetivo primordial de este enfoque, el entrenamiento minimalista de la fuerza.

Desde que salí de la industria del fitness para sumergirme en la práctica de movimiento generalista, el entrenamiento, el acondicionamiento físico ha pasado a un segundo plano, dejando el espacio prioritario para la conciencia, la habilidad, la inteligencia corporal, el movimiento en sí mismo.

Durante una década lo único que hice fue entrenar y entrenar y entrenar, combinando decenas de ejercicios y metodologías, en busca fundamentalmente de resultados estéticos, hasta que un día dejé de encontrarle sentido.

Una pregunta se instauró en mi cabeza.

¿Para qué entrenas, Rober?

(Si no te interesa mi historia, sáltatela y baja hasta el título Entrenamiento minimalista de la fuerza)

CB001 - Georges Hebert

Como por casualidad, me topé con el Método Natural de Georges Hébert y algunas cosas cobraron sentido (no todas).

¿Qué tal entrenar para «moverte como un ser humano» y darle un sentido funcional al entrenamiento, en lugar de buscar la apariencia estética o de rendimiento?

No suena mal.

El Método Natural ya planteaba una clara diferenciación entre dos tipos de ejercicios, los educativos y los utilitarios.

Los primeros, los ejercicios educativos elementales, consisten en preparación física pura y dura que, por cierto, es algo que a grandes rasgos no ha cambiado mucho en los últimos cien años.

La razón de ser de este acondicionamiento solo es una, prepararte físicamente para los segundos, los ejercicios utilitarios indispensables, que podrían considerarse más naturales, aunque eso del movimiento natural no exista, como ya vimos aquí.

Estos ejercicios más «humanos» se dividen en diez familias: caminar, gatear, correr, saltar, equilibrarse, trepar, cargar, lanzar, luchar y nadar.

Como ya he dicho más de una vez, ser capaz y competente en nuestras habilidades más ancestrales, evolutivas ya es un gran qué para la mayoría de las personas, teniendo en cuenta la epidemia de sedentarismo actual, y lo considero el punto de partida para cualquiera que pretenda reconducir su práctica de actividad física, antes de explorar otras opciones más contemporáneas, culturales y perseguir trucos y habilidades más recientes, chachipirulis, evolutivamente hablando.

Ahora bien, afortunadamente existen más posibilidades de movimiento que pueden motivarnos y enriquecernos todavía más en un escenario y contexto que ya no son naturales, evolutivamente hablando, en absoluto.

¡Vamos a explorarlas! ¿Por qué no?

Y llegaron la gimnasia, las anillas, las locomociones y el trabajo de suelo de la danza, la parte más física del yoga, las verticales, los malabares, las artes marciales, los juegos orgánicos, etc.

Más posibilidades, más riqueza, más nutrientes, más opciones, más libertad, más movimiento…

…y ¿más preparación física?

Sí y no.

Sí porque lo que no se suele tener en cuenta es que cada una de estas disciplinas, al ser más recientes evolutivamente, se especializa más en unas u otras cualidades y capacidades físicas o las matiza de alguna manera, la fuerza incluida, y, como ya ocurría con el Método Natural, practicarlas no es algo tan obvio y accesible para un adulto que se plantea hacerlo a cierta a edad y con ciertos condicionantes (cuando se practican desde niño, el enfoque cambia notablemente). Primero hace falta prepararse.

Y no porque lo más curioso y divertido de todo esto es que, en realidad, el cuerpo humano es el que es, funciona como funciona, con los matices personales de cada cual pero bajo unos principios comunes que se pueden aplicar a todo el mundo, como es humanamente lógico.

El resto, las diferencias de forma de cada disciplina, de cada actividad son pequeños detalles específicos que pueden considerarse más como una habilidad de la propia disciplina que no de la cualidad o capacidad física en sí, aunque en ocasiones sea de manera más intensa (en el top 1 colocaríamos los ejercicios de gimnasia artística, por supuesto).

Entrenamiento minimalista de la fuerza

¿Más es mejor?

Por supuesto que no.

La cultura de la cantidad nos empuja a creer que hacer más, esforzarse más, exigirse más va a repercutir en más resultados. Puede que en algún ámbito esta norma se cumpla -aunque lo dudo mucho. En el entrenamiento de la fuerza, desde luego, pensar y plantear las cosas así es una equivocación que acostumbra a acabar en estancamiento, frustración y, lo peor, lesión o pérdida de forma.

¿Menos es mejor? Tampoco. A menudo se utiliza como eslogan minimalista, igual que «menos es más». Pero esta afirmación es un error de concepto. El minimalismo no consiste en ajustar las cosas a lo mínimo de manera absoluta, sino contextualizada en torno a un propósito, respecto a una idea, y siempre en última instancia a título personal, individual. No hay una fórmula minimalista «para todo el mundo».

Mejor es mejor.

O, siguiendo el consejo de Albert Einstein, simplifiquemos las cosas todo lo que podamos, pero no las hagamos más simples de lo que son.

Por un lado, en lo que se refiere al entrenamiento de fuerza, de base todo se puede resumir en tres acciones corporales, las dos primeras para los brazos y la última para las piernas: empujar, traccionar y propulsarnos.

Por otro lado, ante tantas posibilidades de movimiento, sean más naturales o más culturales, la práctica de movimiento tiene dos grandes inconvenientes:

1. Moverse mola más que entrenar. Ya sea baile, fútbol, gimnasia o tenis. Es lo que hay, incluso cuando te gusta entrenar por entrenar (que es totalmente lícito; esta historia no va de ser “superior” o mejor persona por moverte más que entrenar o algo así). Ahora, a pesar de poder encontrarle su qué a ejercitarse monótona y repetitivamente (soy un gran detractor de la sobre-edulcoración del fitness actual), a cualquier cuerpo le sienta mejor el movimiento global que el entrenamiento aislado, física y mentalmente. Quien diga lo contrario es un embustero. O no se ha movido fuera del lunes pecho, martes espalda, miércoles pierna, etc.

2. Solamente entrenar requiere de menos inversión de tiempo y energía que entrenar y además moverse, como es obvio. ¡Un gallifante!

A partir de estos dos hechos, por un lado la simplicidad de gestos a nivel básico y por otro las limitaciones temporales y de motivación, surge la necesidad y el concepto de entrenamiento minimalista de la fuerza.

¿En qué consiste?

Entrenar la fuerza lo mínimo, justo y necesario para obtener el máximo de resultados de cara a la práctica de movimiento.

¿Cón qué objetivos?

1. Alcanzar, establecer y mantener una BASE MÍNIMA sólida de fuerza corporal para cubrir las necesidades inherentes de esta cualidad en lo referente a la salud y el bienestar.

Como suele explicar magistralmente Katy Bowman, si comprendemos nuestra actividad física total como si se tratara de nutrición (que lo es), la fuerza es uno de los nutrientes esenciales de nuestra dieta de movimiento, por no decir el más esencial.

No es solo una cuestión de músculos, de fitness, de capacidad de movimiento.

El cuerpo entero necesita hacer fuerza con frecuencia para funcionar bien fisiológica, metabólica, neurológica, psicológica, hormonalmente y el resto de -mentes que te puedas imaginar.

Al fin y al cabo, y citando a otro de los grandes, el Dr. Andreo Spina, “la fuerza es el lenguaje de las células”. Desde un punto de vista puramente físico, mecánico, todo se reduce a eso: FUERZA. Vale la pena investigar sobre el tema. Te lo recomiendo.

2. Cumplir unos requisitos mínimos que hagan accesibles y sostenibles otras prácticas más complejas y/o intensas, tanto a nivel “natural” (gatear, trepar, lanzar, jugar) como sobre todo “cultural” (gimnasia, Parkour, locomociones, escalada, etc.), conforme pase el tiempo y uno vaya cumpliendo años, y mientras sea factible (los trucos no van a durar para siempre).

3.Disponer de más tiempo, energía y motivación para la práctica de movimiento complejo y diverso (y darle sentido al entrenamiento), o para cualquier otra cosa (la vida no se reduce a moverse).

En definitiva y hablando claro, el entrenamiento minimalista de la fuerza trata de alcanzar y mantener unos cimientos robustos de fuerza sin tener que pasarse el día levantando peso en el gimnasio o combinando doscientos ejercicios distintos.

Comprendiendo que a partir de unos pocos movimientos globales muy básicos uno puede acceder a otros más complejos sin romperse mucho los cuernos (y las articulaciones), en realidad este concepto es muy sencillo de entender y llevar a cabo.

Entrenar el mínimo tiempo para obtener los máximos resultados, decía al principio.

Y en este sentido la calistenia (el entrenamiento con el propio peso corporal) es la mejor herramienta, sin duda.


Esta ha sido la lección más conceptual del curso, una simple introducción.

No te dejo más «deberes» que reflexionar acerca de cómo estás encarando tu entrenamiento de fuerza (si es que entrenas en este sentido), cómo lo enmarcas dentro y en relación a toda tu actividad física. Plantéate qué, cómo, cuándo, cuánto, por qué, para qué… Utiliza el «músculo» más importante para el movimiento: el cerebro.

Rober Sánchez – M de MovimientoSoy Rober Sánchez, director del Laboratorio de Movimiento, nuestra plataforma de entrenamiento online. Desde 2003 enseño a las personas a entrenar para construir cuerpos móviles, fuertes y hábiles, y poder moverse de verdad.

Accede a los programas gratuitos de bienvenida y empieza a entrenar tu movilidad, tu fuerza y tu habilidad con cabeza. ¡Muévete!

 

Mi entrenamiento, mi hija y mi trabajo. Qué es de mi vida – Marzo 2019

Lo dije a principios de temporada.

Este año (soy de los que cuenta los años como en el cole) el blog iba a ir más sobre ti que sobre mí. De ahí que haya publicado tan poquitas cosas en torno a qué estoy haciendo, y más acerca de bastantes cosas que puedes hacer tú (entre ellas este proyecto de movimiento, este otro y este ebook, todos gratuitos).

Sin embargo, porque le seguirá dando contexto a todo este jaleo y porque es de justicia contigo, lector, sobre todo si llevas tiempo acompañándome en este viaje bloguero (puede ser que hasta más de 9 años), de vez en cuando voy a publicar entradas como esta, en plan «Qué es de mi vida».

Y la verdad, haciendo honores a mi viejuno libro/blog «una vida sencilla», que parece haberse puesto de moda otra vez gracias a mi amigo Pedro de Paleobull, este año mi vida se ha reducido casi de forma exagerada, ultra-sencilla, a tres ámbitos, dejando a un lado las relaciones personales (algo en lo que no pienso entrar porque creo que no aportaría nada aparte de eso, que sí, que las tengo).

MI ENTRENAMIENTO

Como en los inviernos de los últimos años, estos meses atrás me he dedicado más a entrenar que a practicar o a moverme en sí, algo que dejo para los meses de mejor tiempo en Barcelona (aunque aquí siempre hace buen tiempo).

¿Qué he estado haciendo?

Cuando estoy en «modo acondicionamiento» hay dos focos bastante obvios, los cimientos de todo lo demás, la fuerza y la movilidad -que, por cierto, cada vez me parecen términos más difusos, o ambiguos, no sé.

Empezando por el final, en cuanto a la movilidad, a pesar de centrarme en ella específicamente, por primera vez la he enfocado prácticamente de manera orgánica, no lineal o analítica.

Y este trabajo lo he divido en dos partes:

· Por un lado, la acumulación de volumen, la reiteración, el machaque de los básicos de movilidad orgánica, para provocar un impacto rotundo en mi resiliencia a la hora de moverme muy bajo sin necesidad de calentar y otros trucos, basándome en la idea de transitar y trasladarme a ras de suelo sin usar las manos.

Esto es algo que les sonará especialmente a los investigadores de los programas Movilidad Natural y Squat. Aunque lo que yo practico ahora es un pelín más complejo, todo se genera a partir de esos fundamentos.

Gracias a este trabajo casi diario, después de superar una lesión de rodilla bastante chunga que he arrastrado durante año y medio (y que nadie ha notado, ¿verdad?), nunca me había encontrado tan resistente, fuerte, ágil e inteligente por ahí abajo.

He aquí un ejemplo muy simple:

· Por otro lado, he estado experimentando con un concepto que me llama la atención, la aplicación de velocidad en patrones que requieren de cierto nivel de movilidad, o sea, no solo poder moverse en un rango de movimiento amplio, sino además hacerlo rápido (la velocidad está muy relacionada con la fuerza máxima).

En este vídeo puedes ver a lo que me refiero, otra vez partiendo de un patrón que pertenece a ese repertorio que practicamos en el programa Movilidad Natural, en el módulo «el arte de levantarse del suelo sin usar las manos», y que he llamado dragon squat speed spin racatacapumchimpampum:

Como ves, fuerza y movilidad se difuminan, se confunden, se fusionan.

¿¡Pero esto qué es!? ¿Registramos una certificación level master1000 en fuermovilidad?

En fin, en paralelo, alrededor de mi tren superior he estado trabajando la fuerza lineal de empuje y tracción. En realidad, más la de empuje que la de tracción, porque individualmente me interesa más de cara a moverme por el suelo.

Y este año, por fin, cogí por los cuernos un patrón que tenía cruzado (y que evitaba), puse toda mi mediocridad en el asador, y me centré justo en eso, no en lo que se me da bien, que es empujar verticalmente, sino en lo que se me da mal, empujar horizontalmente.

Y encima, para rizar el rizo, me propuse implementar una metodología minimalista, que pronto explicaré lo que es, y que se resume en entrenar muy poco y muy bien.

Los resultados, que para los cracs no son gran cosa, para mí han sido espectaculares.

Nunca he tenido tanta fuerza entrenando tan poco.

Y esto a poco más de cuatro semanas de cumplir los 39. No estamos tan mal, como decía Laporta -madre mía, citando a Laporta…

Este vídeo es una demo de lo que era uno de mis entrenamientos de hace algo más de un mes. Ahora he mejorado más, bastante más. Eso significa que puedo hacer dos de estas consecutivas, y casi tres:

Más allá de esos dos focos, evidentemente, hay varias cosas que se han quedado en mantenimiento y que he ido explorando con menos frecuencia, pero que siguen ahí, entre juegos, verticales, locomociones, malabares y correr, como casi siempre, con mi perra.

El mantenimiento siempre se implementa con calma:

MI HIJA

Bueno, mi medio hija, porque todavía no ha nacido -pieles sensibles con este comentario, por favor, curtirse ya. Claro que mi diminuto yo Mr. Wonderful la considera mi hija, así, completa, pero mi consciente yo Es Lo Que Hay hasta que no la vea no se lo va a creer. Meta-realismo.

En fin, si todo va bien, nacerá pronto, en menos de un mes.

En relación con el movimiento no puedo decir mucho más que exponer que no tengo ningún plan para cuando nazca. Y es algo que hago a propósito.

La mejor forma de adaptarse a la incertidumbre es partir de la incertidumbre.

No tengo ni quiero tener ni idea de lo que pasará ni de cómo plantearé mi práctica, al menos los primeros seis meses, que estadísticamente son los más inciertos.

Solo sé una cosa en este sentido. Pase lo que pase, moverme es una prioridad.

Así que, en el peor de los escenarios, si sale de esas que te destrozan la vida y el sueño y toda tu existencia, como parece que la mayoría de padres ven y experimentan la paternidad, y que encima no tienen reparo en desearte que te pase lo mismo, tengo claro que minimizaré mi vida incluso más. Aun hay cosas que sobran, por lo que todavía tengo margen para generar tiempo, espacio, energía. Por eso no estoy preocupado en este sentido.

Y si no, o, como dicen, si sale «buena», como si los bebés que no duermen y no comen y solo lloran fueran «malos», pues seguiré con el mismo plan, no planificar nada, y seguiré moviéndome, pero más descansado.

Creo que voy a cambiarle el nombre al blog otra vez, y en lugar de M de Movimiento se llamará P de Perogrullo.

MI TRABAJO

Me lo habéis preguntado muchos, y agradezco vuestro interés.

Refiriéndome otra vez a mi libro/blog «una vida sencilla», que terminé/cerré con aquel Foco, foco, foco, este año estoy aplicando a rajatabla mi lema «una sola cosa a la vez».

Por eso, esta temporada todo mi trabajo está centrado en el Laboratorio de Movimiento y es 99% online.

El 1% restante son colaboraciones que tenía comprometidas desde verano con Nexes – Més que Pilates, impartiendo algunos talleres para sus profesores de cara a las clases de movimiento que ofrecen para sus alumnos, y con la tribu de Wods, el box de Entrena como un héroe, con quienes llevo tres años trabajando, aunque ahora las clases semanales van a reducirse a una mensual.

El resto, coaching 1 a 1, talleres y cursos presenciales, jornadas de movimiento, etc., se mantiene en stand by.

Soy humano. No puedo con todo. Y prefiero hacer una cosa bien que varias regulín regulán.

Sea como sea, de verdad, muchas gracias a todos los que os interesáis por mis servicios presenciales.

La próxima temporada será otra historia (si sale «buena», claro. ¡Juas!).


Y esto es todo lo que da de sí mi vida a día de hoy.

Como hemos acabado hablando de trabajo, te recuerdo que la vida online continúa.

¡Nos (mo)vemos)!

Rober

Rober Sánchez – M de MovimientoSoy Rober Sánchez, director del Laboratorio de Movimiento, nuestra plataforma de entrenamiento online. Desde 2003 enseño a las personas a entrenar para construir cuerpos móviles, fuertes y hábiles, y poder moverse de verdad.

Accede a los programas gratuitos de bienvenida y empieza a entrenar tu movilidad, tu fuerza y tu habilidad con cabeza. ¡Muévete!

Para ser autónomo tienes que entrenar en soledad. (O por qué me niego a ser un entrenador personal niñera)

No «en soledad» de que no puedas entrenar con la compañía de alguien, con un colega o en grupo.

En soledad con tus cosas, tus condiciones, tus límites, tus creencias, tus miedos, perezas, rompecabezas corporales, excusas para no moverte.

Solo/a contigo mismo.


Cuando tenías tres añitos, tu mamá o tu papá te cortaban el bistec para que tú solamente tuvieras que pinchar los trozos con el tenedor y te los llevaras a la boca, a la vez que te animaban con onomatopeyas raras.

Con cuatro añitos, con su mano cogían la tuya, que ya era la encargada de sujetar el cuchillo, y entre los dos cortábais el bistec a trocitos.

A tus cinco años, se sentaban a tu lado para ayudarte a cortar un par de trozos y te decían «venga, ahora tú solit@», para que tú terminases de cortar el bistec sin su intervención directa.

Ya con seis años tus padres solo se encargaban de mirarte de reojo para que no la liaras parda con el cuchillo y echarte una mano únicamente si pillabas algún «nervio» que te era imposible cortar.

Al cumplir los siete años (o a los más de veinte añazos que debes tener ya…) se supone que ya no necesitas que tus padres tengan que estar a tu lado mientras cortas y te comes el maldito bistec, y mucho menos adornándolo con un «ooohhhh, un avión, que viene, que viene, aaaaahhhmmmm».

Enseño autonomía

Hace mucho tiempo que dejé de ser entrenador personal. Como mucho, de vez en cuando, podría ponerme la etiqueta de profesor o coach, que es más cool. A mí la idea que más me atrae es verme como un transmisor, un simple divulgador, con mi toque personal, claro.

Ya he hablado más de una vez sobre por qué lo hice y por qué considero que es tan importante que las personas sean autónomas y responsables con su práctica de actividad física, se muevan solas o acompañadas.

Si quieres saber más, puedes (re)leer:

· Mis 10 aprendizajes más importantes en más de 10 años como entrenador personal

· Por qué establecer la autonomía de movimiento como objetivo número 1

· Entrena en grupo. Y no permitas que tu entrenamiento dependa del grupo

· Lo mejor que puede hacer un profesional de la salud (y el movimiento) no es un tratamiento

Cosas de la vida y sus sincronicidades, en las últimas semanas hay una cuestión que me ha llegado reiteradamente, en algunas clases presenciales y, sobre todo, en los programas del Laboratorio de Movimiento, con matices según la persona que me la trasladaba, pero en general algo así:

—Rober, me gusta mucho el enfoque de lo que enseñas y cómo lo haces, y el nivel de detalle del programa es increíble. Pero me cuesta ser constante y a veces siento que necesito más acompañamiento, que estés más ahí, o que esté todo más fijado a un calendario en plan día 1 tal, día 2 cual, etc.

¿Quieres una niñera?

(Acompáñese todo lo que viene con una sonrisa entre amable y picarona, y para nada una cara de mala leche, especialmente si sospechas que tienes la piel sensible o acostumbras a confundir la asertividad con soberbia o algo así).

Claro. Entiendo. Tú esperas tener un entrenador personal niñera.

No es culpa tuya. Y no pasa nada. En realidad esta es una de las consecuencias de nuestra no-educación que nos hace dependientes de una autoridad que nos diga qué tenemos que hacer, porque de lo contrario no sabemos qué hacer (o nos escaqueamos cuando requiere de cierto esfuerzo).

Entonces esperamos un papá o una mamá que nos recuerde que tenemos que hacernos la cama y lavarnos los dientes. Un jefe que nos esté detrás todo el día para que hagamos el trabajo. Un dietista que nos detalle lo que tenemos que comer en un papel que engancharemos en la nevera. Y, entre todos ellos, un entrenador, un monitor, una aplicación de móvil, una fit-pulsera que nos anime con frases motivacionales y música chachipiruli para que nos pongamos a hacer ejercicio.

Y ahora te ves ahí, tú solo, con un proceso que desarrollar, con algo que comprender, romperte los cuernos y trabajar, y no una serie de órdenes que obedecer o repetir como un loro, y te cuesta.

Lo sé. Y es normal. A mí también me pasó en su momento.

Insisto. No es culpa tuya. No es culpa nuestra.

Pero es nuestra responsabilidad.

Para ser autónomo tienes que entrenar en soledad

Te dejo solo/a a propósito.

Otra vez… No solo/a de que no puedas entrenar con la compañía de alguien, con un colega o en grupo.

Solo/a con tus cosas, tus condiciones, tus límites, tus creencias, tus miedos, perezas, rompecabezas corporales, excusas para no moverte.

Solo/a contigo mismo.

Y «en soledad» es un decir.

Porque si te paras a pensar en frío, fuera de ese momento de entre desesperanza y gandulería, tú sabes que no vas a encontrar algo tan detallado, tan estructurado, tan mascado, tan progresivo, teniendo en cuenta que intento ser lo menos programado posible dentro de un programa (¡contradicción!) para que tú tengas que currártelo mínimamente, adaptando principios generales a tus condiciones individuales, a tu contexto único.

¡Pero si he necesitado más de dos semanas para explicarte paso a paso y al más mínimo detalle, insistiendo una y otra vez en los pequeños matices, cómo ganar movilidad de extensión en la muñeca!

Si no lo hiciera así, ¿cómo iba a justificar las más de 4 horas de vídeo que tiene, por ejemplo, el curso/programa Movilidad Natural?

Y todo hecho obsesivamente a conciencia para que al final seas autónomo y responsable, y te comprometas contigo mismo, y un día dejes de necesitarme.

Entonces, si la autonomía es uno de los grandes objetivos, ¿cómo vas a aprender a ser autónomo si no te «obligo» a serlo, ni que sea sutilmente?

Me niego a ser tu entrenador personal niñera

No lo voy a ser.

Lo fui por casi trece años.

No funciona.

Muéstrame a alguien que siempre dependa de la presencia de su entrenador, coach o lo que sea, y se mueva bien, sepa lo que está haciendo, sea consciente de lo que tiene entre manos, haya integrado el movimiento en su vida.

No vas a encontrar ni un solo caso.

Por eso te dejo solo/a.

Por eso te lo explico todo al detalle, pasito a pasito, a veces hasta demasiado matizado, aunque al mismo tiempo te fuerzo a tomar decisiones, a entrar en juego, a tener que trabajar con tu compromiso, con tu disciplina, con tu constancia.

Y con tu pereza, tu desidia, tus dudas, tu desmotivación, tu frustración, hasta tu auto-flagelación, si es necesario.

A veces es duro, lo sé.

Te entiendo, te comprendo, he sentido lo mismo que tú muchas veces, y yo mismo batallo algunos días para levantarme de la cama, lavarme la cara e ir al gimnasio a las 6 de la mañana a hacer lo que sé que debo hacer.

Y ojalá en mis más de quince años de profesión hubiera encontrado otra manera.

Pero no la hay.

Todo está estudiado y planteado milimétricamente con la mejor de las intenciones.

Para que te conozcas mejor, para que incluso esos malos momentos te sirvan como motor, para que tomes las riendas de tu vida y ejercites tu voluntad.

En fin, por si no había quedado claro, para que seas autónomo.

Y para eso tienes que entrenar en soledad.

Rober Sánchez – M de MovimientoSoy Rober Sánchez, director del Laboratorio de Movimiento, nuestra plataforma de entrenamiento online. Desde 2003 enseño a las personas a entrenar para construir cuerpos móviles, fuertes y hábiles, y poder moverse de verdad.

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Si necesitas estar motivado para hacer ejercicio, tienes un problema

Estética. Rendimiento. Incluso salud —¿qué es estar sano?.

Da igual en qué categoría encajes esa motivación.

Si necesitas estar motivado para hacer ejercicio, o si esperas a tener ganas o que te apetezca moverte para hacerlo, tienes un problema.

Porque vas a depender de esa motivación y de la infinidad de veces que va a ir y venir, a subir y a bajar.

Y porque vas a relegar tu actividad física, tu movimiento lejos de los primeros puestos de tus prioridades. Siempre surgirá algo (aparentemente) más importante o apetecible que moverte, ni que sea algo tan urgente como estar tirado en el sofá viendo Netflix.

Esta estrategia, por mucho que la maquilles o la adornes con objetivos y música épica, o incluso la trabajes con tu coach sideral, no funciona, no dura.

Tarde o temprano falla.

Y tu práctica de actividad física se convierte en una montaña rusa, o una batalla, que es peor.

Algo mejor que estar motivado

Ser consciente.

Darte cuenta de que moverte no puede ser negociable, y mucho menos dependiente de si estás motivado o no, o de tu estado emocional.

No solo porque lo necesitas, como dormir, beber, comer, respirar o relacionarte con los demás —algo que, por cierto, siempre implica moverte. Sí, dormir incluido.

Más que nada por respeto hacia lo que te ha sido dado, hacia lo que se te ha regalado, hacia ti mismo.

Toma, un cuerpo. Pa ti.

Te guste o no, es lo que eres —o al menos una parte, si prefieres acompañarlo de un ramalazo espiritual.

Y un cuerpo puede moverse.

¿No lo mueves?

Paga el precio.

Luego, cuando no puedas moverte, cuando el dolor de espalda te deje clavado, cuando un tendón inflamado no te permita levantar el brazo, cuando te ahogues al subir cuatro peldaños, cuando tus articulaciones hayan envejecido precozmente, cuando tengas hijos o mascotas y no puedas agacharte a jugar con ellos… entonces lo echarás de menos.

Un ejercicio diario de conciencia

Cada día al levantarte, sé consciente.

Practícalo como te dé la gana.

Da lo mismo si es sentado meditando, mirándote al espejo con la postura de Superman, repitiendo mantras, tomándote un té verde con jengibre, anotándolo en tu libreta de milagros, imaginando que Louise Hay y Tony Robbins están a tu lado.

Haz el ejercicio de darte cuenta de que eres un cuerpo y que, como tal, no digo ni que «debes» o «necesitas» moverte…

¡Puedes moverte!

¿No te parece suficiente motivación?

¿Vas a esperar a no poder hacerlo para necesitar, deber, querer hacerlo?

Respétalo. Sé agradecido. Dale su sentido. Honra a tu cuerpo.

¡Muévete!

Sin necesitar estar motivado, tener ganas, apetecerte.

(Y que los adornos, los motivos, los objetivos, que nadie ha dicho que no puedan tener su lugar, estén al servicio de tu conciencia, tu compromiso, tu responsabilidad, tu autonomía y tu acción. Y no al revés).

Rober Sánchez – M de MovimientoSoy Rober Sánchez, director del Laboratorio de Movimiento, nuestra plataforma de entrenamiento online. Desde 2003 enseño a las personas a entrenar para construir cuerpos móviles, fuertes y hábiles, y poder moverse de verdad.

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Por qué deberías grabarte cuando entrenas y te mueves

¿Grabarte durante tus entrenamientos y prácticas?

Un poco egocéntrico, narcisista, ¿verdad?

Puede ser. Lo sabrás si corres a subirlo a Instagram nada más grabas algo que te ha salido medianamente bien (o eso crees).

Si no, en realidad puede ser una muy buena herramienta.

Y no es algo que hacer siempre que te mueves, sino en algunas ocasiones. De lo contrario, provocarías el efecto contrario de lo que buscamos, algo que entenderás enseguida.

Hagas lo que hagas, más simplón o más sofisticado, más fitness o más cool movement, más mediocre o más high level, deberías grabarte básicamente por dos motivos.

Primero, porque lo más probable es que te estés moviendo diferente a cómo crees que te estás moviendo, especialmente cuando eres novato o cuando la actividad física no ha sido un gran qué en tu vida infantil y adolescente, contando con muchos números para que tu conciencia corporal no esté muy afinada (este era mi caso y grabarme me fue de grandísima ayuda cuando empecé a interesarme por cómo me estaba moviendo).

Y da igual si estás haciendo algo más simple, analítico, específico, como parte de tu entrenamiento o acondicionamiento físico, o algo más complejo, global, diverso, cualquiera que sea la actividad o disciplina en cuestión.

Grabarte te servirá para verte, observarte de manera un poco más objetiva, desde «fuera».

Por un lado, serás más consciente de la diferencia entre cómo percibes que te estás moviendo y cómo te mueves realmente. A menudo esa diferencia es abismal.

Y por otro lado, como consecuencia de lo anterior, si tenías una intención concreta en la forma de moverte y en realidad no te estabas ajustando a ella, podrás detectarlo y, por tanto, corregirlo.

Es más, si no lo haces, sobre todo cuando te estás exponiendo por primera vez a un tipo de movimiento o a una nueva forma de entender y trabajar en algo que ya practicabas, correrás el riesgo de que tu cuerpo se aferre más a su creencia, su percepción distorsionada de que se está moviendo de cierta manera y, cuanto más tiempo pase, más difícil será cambiarlo en el futuro.

Grábate.

En el gimnasio haciendo flexiones, planchas o dominadas. En clase de yoga, Pilates o salsa. Mientras corres, saltas, escalas, haces malabares o verticales.

Y fíjate en todo, ya sea en un sentido más técnico o más «artístico», orgánico.

Posiciones, tendencias posturales, trayectorias, coordinación. Fluidez y limpieza, seguridad, ritmo, precisión, armonía.

Insisto. No te extrañes si te llevas alguna sorpresa.

Y tampoco te frustres.

Observa, extrae conclusiones, aprende, conócete mejor en movimiento y, si es necesario, corrige.

Y el segundo motivo por el que vale la pena grabarte es porque, con el tiempo, recopilar tus vídeos te será útil para crear un histórico de progresión, para ver cambios.

A menudo puede parecerte que no estás progresando en absoluto, sobre todo cuando eres muy exigente contigo mismo, y más cuando estás intentando desarrollar algo que PARA TI es complicado (recalco, ya sea más sencillo o más chachipiruli para el resto del público). Cuando esto ocurre con frecuencia es muy fácil que tu motivación se vaya al traste.

Personalmente me ha pasado decenas de veces los últimos años. Si me veo enredado en este bucle negativo miro vídeos de hace un tiempo y los comparo con los de ahora. ¡Madre mía! ¡¡Menudo patata era entonces!! No estamos tan mal.

Grabarte te ayudará a ver que, aunque sea mínimo, si has sido constante y has hecho las cosas a conciencia, ha habido progreso, seguro.

¡Celébralo!

Y si no, lo más probable es que no hayas utilizado tus grabaciones adecuadamente para la primera aplicación, como diagnóstico de «tu cruda realidad», para detectar qué no estaba yendo del todo bien y reconducirlo.

En cualquiera de los casos, y más en este último, como te decía antes, tampoco es cuestión de que te obsesiones con grabarlo absolutamente todo.

La utilidad de esta herramienta radica fundamentalmente en la comparación entre dos momentos de aprendizaje, de desarrollo corporal.

Y el cuerpo necesita tiempo.

Los asuntos corporales raramente cambian de un día para otro.

Rober Sánchez – M de MovimientoSoy Rober Sánchez, director del Laboratorio de Movimiento, nuestra plataforma de entrenamiento online. Desde 2003 enseño a las personas a entrenar para construir cuerpos móviles, fuertes y hábiles, y poder moverse de verdad.

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