Sentarse en el suelo es incómodo y tan beneficioso

«Sentarse en el suelo es incómodo», se quejan.

¡De eso se trata!

Después de un rato sentado en el suelo, sea como sea, sin respaldo, empiezas a sentirte incómodo.

¿Dónde está el problema?


Pista: fíjate si esta «tontería» de sentarse en el suelo es importante que está implícita en uno de los 12 retos del programa TEST para:

· Valorar tu estado de fuerza, movilidad y habilidad para moverte.

· Descubrir tus puntos débiles.

· Determinar qué hacer al respecto.

TEST es un regalo de bienvenida. Puedes inscribirte sin coste alguno y completarlo aquí.


Porque, siendo honesto, estar sentado no tiene nada de malo ni es perjudicial para la salud per se.

Lo que es nefasto es pasarse horas y horas EN LA MISMA POSICIÓN, sea de pie, sea sentado. También en el suelo.

Pero… ah… magia. Sentarse en el suelo es incómodo.

Y justo por eso, sentarte en el suelo te obliga a cambiar de postura cada cierto tiempo, sin contar el esfuerzo extra que tienes que hacer cada vez que te sientas o te levantas del suelo.

¡Moverse sin moverse!

Y encima, en rangos de movimiento mucho más amplios y diversos de los que suelen verse en sillas y sofás.

A menudo confundimos la épica con lo utilitario y longevo. Por ejemplo, y sin caer en guerras de bandos absurdas, maratones frente a sentarse en el suelo. Me pregunto cuál de las dos opciones me ofrecerá más autonomía y libertad de movimiento a mis ochenta años, sin contar con la sostenibilidad de la práctica, física y mental, durante los cuarenta que me quedan. Mi abuela dejó de caminar por miedo a caerse al suelo y no poder levantarse estando sola en casa, y una antigua clienta de algo más de sesenta me confesaba que no jugaba con su nieta porque le dolían la espalda y las piernas al agacharse. Úsalo o piérdelo, dicen.

¿Cuándo comprenderemos que es la incomodidad lo que estimula a la vida? Acomódate y muere. Incomódate y evoluciona.


Rober Sánchez – M de MovimientoSoy Rober Sánchez, director del Laboratorio de Movimiento, nuestra plataforma de entrenamiento online. Desde 2003 enseño a las personas a entrenar para construir cuerpos móviles, fuertes y hábiles, y poder moverse de verdad.

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Cómo hacer fácil lo difícil y moverse fluido y sin esfuerzo en 3 pasos

Comparto la siguiente locomoción en Instagram e Iker, un apasionado del Crossfit y las carreras de obstáculos que he tenido la suerte de conocer en mis clases de Wods (es de lo más prudente y cordial, y eso me gusta), me pregunta: «¿cómo haces para que lo difícil parezca fácil?».

Bueno, empezaremos puntualizando un par de cosas:

  • Me gusta el matiz de Iker… «Parezca». Porque no. No es fácil. Al menos para mí. De hecho, al contrario, una de las direcciones que marca mi brújula en esto de moverse no es hacer algo que resulte fácil, subjetivamente, y repetirlo y repetirlo y repetirlo progresando solo en intensidad o volumen o carga. You know, cultura de la cantidad. Durante mi camino, mi proceso, mi práctica no quiero dejar de lado al piloto de todo este entresijo de tejidos y fluidos, de mi cuerpo, que es mi cerebro. Avanzo en complejidad, en hacer cosas más difíciles, que no siempre implica más intensas, sino más diversas, para no dejar de estimular, de retar, de desafiar ni a mi cuerpo ni a mi cabeza –¡que al final son lo mismo! ¡¡Maldita sea!! Púdrete Descartes. ¡¡¡Me muevo, luego existo!!!
  • Que alguien me haga un comentario de este tipo me halaga, mucho. Lo agradezco, evidentemente. Y comprendo que desde fuera mi movimiento pueda verse como algo fluido y sin esfuerzo –de ahí lo pretencioso del título de este artículo. Pero recordemos algo: siempre que utilizamos un adjetivo no debemos perder de vista el aspecto comparativo, cuál es nuestra referencia. ¿Fluido, bonito, fácil comparado con qué y con quién? En términos de movimiento, me gusta compararme con los que saben, los que se mueven muy bien de verdad, los especialistas y así, como generalista, acepto, me satisface y mantengo intencionadamente –esto es MUY importante– mi mediocridad. Quiero ser mediocre toda mi vida porque es más estimulante, infinito, y porque no quiero pagar el precio de la especialización. Prefiero tener la capacidad de moverme de maneras muy diversas medio bien, mediocre, y creo que es más sostenible y saludable. Al tiempo.

En realidad, estos dos puntos anteriores resumen perfectamente una de las motivaciones de este blog y de mi trabajo… ¡Tú, mediocre, también puedes hacerlo así de fácil, así de guay, así de bien, así de sexy! Moverse no se acaba en el deporte, el fitness, el «hacer ejercicio» o las carreras populares, ni tiene por qué parecerse a nada de eso. ¡¡Puedes moverte infinitamente más diverso, más rico, más divertido y más libre de lo que haces y de lo que te han vendido!!

Quien escribe estas tonterías sacaba todo sobresalientes, todo, excepto un «sufi» en educación física. Era patoso, tímido y miedica. Volvía a casa llorando después de la «clase de gimnasia». ¡La odiaba! Aunque le encantaba moverse fuera de ella. ¿Cómo puede ser y cómo se permite? Claro, aquello no era ni educación ni nada –y sigue sin serlo. Aquí uno alcanzó los 106 kilos a los 21, con un importante desajuste hormonal reflejado en su obesidad central. El menda no tiene ningún talento físico, ni don, ninguno. Al revés, en este sentido sus genes dan pena –síndrome de Haglund, malformación de una cadera, etc. Tampoco hay background en gimnasia, o acrobacias chinas, o danza silvestre. Tan siquiera ha viajado en busca de sabios ancianos maestros de lo oculto…

Y mira cómo puede moverse… (Ahora es cuando mi ego me aplaude, y me tira besos, y hasta me lanza bragas y sujetadores y corea mi nombre desde las gradas. ¡Rober, Rober, Rober!)

No serás mejor que nadie

Antes de nada, recalco algo sobre lo que escribí hace un tiempo. La mercadotecnia de la cultura del movimiento sigue haciéndose valer de ciertos aires de superioridad para hacer que la gente se sienta culpable –como toda mercadotecnia– por «no moverse» y ganar adeptos. Estas estrategias me dan bastante igual. Lo que quiero dejar claro es que personalmente esta manera de moverme no me hace superior o mejor que nadie. Es solo una opción. Nada más. Si es mejor o peor es algo que debe valorar cada uno.

Precisamente, en este sentido lo más importante no es esa valoración, sino el conocimiento. Conforme va pasando el tiempo y acumulo más experiencia y puedo compartir trocitos de la cultura en clases y cursos, puedo ver como la gente, en general, no se mueve más diverso y explorando más campos por simple ignorancia, por desconocimiento. Insisto. No, no y no. Moverse:

  1. No tiene por qué ser hacer deporte o ejercicio, ni tan solo el que sea más «funcional» –oh my gosh, qué daño– o esté más de moda.
  2. No necesita objetivos más allá que el propio movimiento; salud, rendimiento e incluso estética son meras consecuencias.
  3. Va mucho más allá que el Test de Cooper, hacer burpees o empollarse las reglas del bádminton.
  4. Y para nada debe suponer seguir el ritmo o las órdenes de nadie a toque de silbato o al ritmo de música taladrante.

En cambio, y de verdad de la buena, ahora que después de unos cuantos años ya puedo contar a las personas por docenas, no he conocido a nadie a quien le haya enseñado algo relacionado con el movimiento y no se haya sentido atraído, no haya querido saber más, probar más, o se haya planteado el SENTIDO de lo que está haciendo.

Sea como sea, cualquier estadio del viaje forma parte del proceso y creo que cada uno de esos puntos es necesario. Al fin y al cabo yo no habría llegado a estas conclusiones si antes no hubiera recibido una basura de educación física, hubiera estado trabajando más de diez años para la industria del fitness, me hubiera tropezado con el Método Natural y el parkour, hubiera descubierto a Katy Bowman o Frank Forencich, o me hubiera topado con Joseph Bartz o Ido Portal. Yo no he descubierto América. Por cierto, ellos tampoco.

Cómo hacer fácil lo difícil y moverse fluido y sin esfuerzo

Y así, para hacer que lo difícil parezca fácil en lo que se refiere al movimiento, el único secreto que hay es seguir estos tres pasos, más o menos como aquel que aprende a tocar un instrumento o a hablar un idioma:

1. Preparando articulación por articulación a conciencia

Dicen por ahí: «primero muévete bien, luego muévete mejor, y al final muévete mucho». ¡Conoce tu cuerpo! Edúcate de verdad. No tiene nada que ver con nombres o fisiología o etiquetas chachipirulis. Eso es para fisios y médicos y demás, que lo necesitan para trabajar y para ayudarnos cuando la cosa se complica. Pero para nosotros, mediocres, se trata simplemente de explorar, investigar, experimentar en primera persona, tener unas nociones básicas de cómo se genera el movimiento en tu cuerpo. Le podéis preguntar a cualquiera de los alumnos de ROOTS. Es moverse de la forma más diversa posible, articulación por articulación, vivirlo en propias carnes, estar preparado para cuando el movimiento sea más grande y saber decirle al cuerpo cómo queremos que sea ese movimiento.

2. Trabajando patrón por patrón miles de veces. Miles

Da igual si es en el suelo del parque, o sobre unas anillas, o colgado de unas barras, o en una pista de baile, o en un bloque de piedra, o en un recorrido –pasad un rato con un bailarín o un traceur o un escalador, por ejemplo. Después de comprender y preparar los «átomos articulares», toca sintetizar moléculas de movimiento, patrones, pasos en el caso de las locomociones. Conocer al detalle los apoyos, las trayectorias, los cambios de peso. No es un conocimiento al que estemos acostumbrados, de libro o de boquilla, el de los 12 años en el colegio 6 horas al día. Es un conocimiento real, experimental, basado en practicar, practicar y practicar, como decía, miles de veces.

3. Enlazando patrones y practicando la secuencia

Tal vez no miles, pero sí cientos de veces. Toca inspirarse en otros, o ser creativos, o ambas. Combinar, conectar, empalmar los patrones que ya conoces en profundidad. Y dejar el ego a un lado, fallar en incontables ocasiones, sentirse ridículo, tropezarse y hacerse un lío mental y un nudo corporal, cortocircuitarse, sudar y cansarse, y hartarse de secuenciar.

Probablemente es lo mismo que estás haciendo

Si estás haciendo algo, si te estás moviendo de alguna manera, aunque sea menos diversa, más enfocada en el rendimiento o utilizando la cantidad como vía de estímulo y progreso, en realidad el proceso no se diferencia tanto a lo que acabo de explicar. Probablemente, a grandes rasgos, es lo mismo que haces en tu box o tu gimnasio al intentar incorporar y entrenar cualquier habilidad –si es que quieres aprender. Eso sí, el enfoque tal vez es más meticuloso y profundo y, por tanto, más lento. Pero, ¿quién tiene prisa?

Posdata

Una parte fundamental de cualquier proceso de aprendizaje, y más para un mediocre, es la experimentación y la aceptación del fallo, del error, del fracaso. Hay que pasar por ahí, sí o sí.


Rober Sánchez – M de MovimientoSoy Rober Sánchez, director del Laboratorio de Movimiento, nuestra plataforma de entrenamiento online. Desde 2003 enseño a las personas a entrenar para construir cuerpos móviles, fuertes y hábiles, y poder moverse de verdad.

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Si el movimiento duele un poco, mejor

Ni siempre ni nunca. Ni blanco ni negro. Ni «no pain no gain» ni «si duele, no hagas nada».

De hecho, si el movimiento duele un poco, mejor.

Y la vida también.

Incluso si hay daño (sí, daño y dolor son cosas distintas y no tienen por qué corresponderse).

Las molestias, las lesiones y otros contratiempos ocurrirán, seguro.

A la mayoría le gustaría que no sucediera. En realidad, por aquel vicio de desear, a mí también. Pero a menudo confundimos lo que nos gustaría que fuera con lo que es, nuestro octavo pecado capital.

Vivimos en la cultura de la evitación de cualquier tipo de incomodidad.

Sin embargo, nos olvidamos de que desde el primer segundo en que existió cierto tipo de vida, y durante millones y millones de años, son precisamente las incomodidades, que duelen, lo que han estimulado a la propia vida para seguir viviendo –redundancia al poder.

Hoy, si nos apoyamos en un suelo duro las muñecas y las rodillas protestan –y dejamos de hacerlo, y a la próxima protestarán más todavía ¿Lo pillas?. Mantenemos nuestros habitáculos a 22º todo el año, y nos quejamos del frío en invierno y del calor en verano. Cuando nos damos un golpe(cito), corremos a por hielo e ibuprofeno. Si un tipo que no conocemos de nada nos llama mediocres en un blog de mierda, nos ofendemos.

Egocentrismo. Piel fina. Hipersensibilidad.

Es una simple elección, en el movimiento y en la vida, que va a tener mucho que ver con la libertad y la intensidad de la experiencia.

Pastilla roja o pastilla azul.

Salir a vivir, a pesar del dolor. Tirarse al suelo, ensuciarse, arriesgarse, experimentar, arañarse, exponerse, curtirse, nutrirse, endurecerse, aprender, adaptarse.

O seguir cerrado en casa, muriendo en vida. Estabilidad, telediario, gimnasio tres días a la semana, «amigos» de toda la vida, hipoteca y quince días de vacaciones, enganchado al consumo de lo que más nos gusta: drogas, carbohidratos y sueldo fijo a final de mes (Taleb).

Si va a doler igual, fill meu

Al menos que sea en movimiento.


Rober Sánchez – M de MovimientoSoy Rober Sánchez, director del Laboratorio de Movimiento, nuestra plataforma de entrenamiento online. Desde 2003 enseño a las personas a entrenar para construir cuerpos móviles, fuertes y hábiles, y poder moverse de verdad.

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Los vídeos de movimiento más inspiradores no son sexys

«La inspiración existe, pero tiene que encontrarte trabajando»

Pablo Picasso

No son sexys.

No.

Al revés. Son crudos, transparentes, cutres, honestos. Subjetivamente MEDIOCRES –dependiendo de la trayectoria del protagonista, sea cual sea su nivel, relativo según con quien se le compare.

El 99% de vídeos, fotos, tutoriales… información acerca de movimiento que se pueden encontrar en la red muestran MUY POCA VERDAD.

Y eso no le hace ningún favor a la mayoría, mediocre, ya que lo único que se consigue es que aún calen más algunos mensajes como:

· Yo no puedo hacer eso. Moverme no es lo mío.

· Ése seguro que lleva entrenando desde niño. Soy demasiado mayor.

· Así seguro que me hago daño. Mejor me conformo con un poquito de elíptica y los estiramientos de Bob Anderson.

Si se mostrara la realidad, tal como es…

Sí, esos momentos nada espectaculares, sexys, sobresalientes, editados. Todos los intentos fallidos. Todo el trabajo sucio, entre bastidores. Toda la basura.

En fin, todo el movimiento que, aunque no sea perfecto o de alto nivel, ¡SIGUE SIENDO MOVIMIENTO!

Esos son los mejores vídeos, de los que más se aprende, los que más inspiran a un mediocre…

Como un tío raro en un parque, curso tras curso niño torpe y tímido con todo excelentes menos un suficiente en educación física, ex-obeso y ex-comedor compulsivo, repitiendo y repitiendo y repitiendo patrones.

O como un padre que empieza a tirarse por el suelo todos los días a sus 37, pase lo que pase, en lugar de cervecitas y bravas.

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Una manera como otra de desperezarse…

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O como un ingeniero que sale del zulo y para su afterworks prefiere plantarse encima de una barra a experimentar como un mono algo desorientado.

O como una filósofa barista que se cuelga de unas anillas a jugar, solo jugar, sin tener mucha idea de lo que está haciendo.

https://www.instagram.com/p/BPgLvf-Dj2H/

O como un grupo de mediocres no, lo siguiente, que se juntan un fin de semana entero para aprender sobre nutrición, psicología, bienestar, movimiento, mientras silencian su mente y empiezan a escuchar y dejar fluir su cuerpo.

O como un mover de los que más respeto y admiración me despiertan, especialmente por su compromiso, sudando la gota gorda ante la realidad de lo difícil que es aprender a hacer el pino de adulto. «A veces la calidad de la práctica no está en la ejecución».

O, tirando muy arriba, viendo cómo uno de los supermegaguays tiene un mal día, no le sale lo que pretendía y al final no puede hacer otra cosa que cagarse en todo.


Rober Sánchez – M de MovimientoSoy Rober Sánchez, director del Laboratorio de Movimiento, nuestra plataforma de entrenamiento online. Desde 2003 enseño a las personas a entrenar para construir cuerpos móviles, fuertes y hábiles, y poder moverse de verdad.

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Gatear. Ni Método Natural, ni Animal Flow, ni Movnat, ni Ido Portal, ni Parkour

Gatear. O moverse en cuadrupedia. Una forma de locomoción humana. Sin más.

Y sí, repito, humana, al menos hasta hace muy poco tiempo, cuando estandarizamos los techos a 270 centímetros, los marcos de las puertas a 205, las mesas a 70 y las sillas a 40.

Lo demás son marcas, o sistemas, o llámalo y adórnalo como quieras.

Son perfectamente válidas, lícitas, muy interesantes. Yo mismo he aprendido muchísimo de cada una de ellas, y estoy agradecido. Pero no hago ni una cosa ni la otra. Gateo.

Para cualquier iniciado son una forma de entrar, de descubrir, de explorar. ¡Al menos salimos del press banca! Si te pica la curiosidad, apúntate a una clase o un seminario sin dudarlo. Pero no nos perdamos en más dogmas, más normas. Tengamos siempre presente la foto panorámica: UN SER HUMANO PUEDE GATEAR.

¿O debe gatear? Porque una buena dieta de movimiento –made in Katy Bowman– debería incluir una buena porción de gateos en nuestro plato. ¿No te los comes? Sufrirás malnutrición, especialmente en mano, muñeca, codo, hombro, columna, cadera, rodilla, tobillo, pie… ¡Todo el cuerpo!

Solo puedo acordarme otra vez del bueno de Hébert y su Método Natural, y pienso en cómo debió sentirse cuando sus marines, entrenados, recibieron un repaso por parte de los indígenas, que no entrenaban pero, entre otras cosas, sí gateaban y se arrastraban y lo que hiciera falta.


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