Bueno, el lector asiduo ya sabrá la respuesta. Al fin y al cabo, es uno de los hilos conductores de este blog y de mi trabajo, por no decir de mi vida –forofo de la eficiencia y el pragmatismo del taoísta «hacer sin hacer».
Porque sí, es posible, estar en forma sin preocuparse o pretender estarlo, aunque a la mayoría le cueste creerlo.
A mí también me pasaba –hasta que me di cuenta de que estar en forma no es necesario para gozar de cierto bienestar.
De hecho, desde que fui señalado como niño físicamente negado –explícitamente en las notas del colegio– hasta que decidí salir de la industria del fitness, pasando por los altibajos adolescentes y post-adolescentes de la aprobación y la inclusión en los modelos estéticos de nuestra (in)cultura, durante la mayor parte de mi vida estar en forma fue una de mis prioridades.
Curiosamente, cuanto más me preocupaba por estar en forma, más me costaba mantener mi motivación y, en realidad, peor en forma estaba, por mucho que aparentara estarlo –fruto de mi especialización en el fitness.
Estar en forma sin estar en forma
El mundo moderno está produciendo hombres más centrados en la apariencia que en la función – Georges Hébert
Entonces me topé con esta cita, una de tantas otras del creador del Método Natural.
Tirando y tirando del hilo, con los años, apareció la Cultura del Movimiento –que ni yo ni nadie ha inventado, sino que siempre ha estado ahí, aunque nuestra incultura solo nos cuente una parte muy pequeñita de este mundo o ahora algunos se auto-denominen fundadores de todo este tinglado.
¿Qué tal si en lugar de preocuparte por estar en forma te ocupas en moverte?
En aprender, investigar, experimentar, exponerte, compartir, educarte, arriesgarte… ¡Eso! ¡¡Moverte!!
Acabo de responder a la pregunta, cuando para nada pensaba de antemano que esta entrada acabaría así.
Pero es que no hay mucho más que decir.
Un poco soso, ¿no?
Es lo que hay. Seguramente moverse no requiere de tanto artificio como estar en forma y sus modas, cursos, eventos, vídeos de motivación, ropas, aparatos…
Es más fácil.
Vuelve a leer justo seis líneas más arriba.
Si te centras en eso, estar en… ¿qué?
Moverse.
El resto son consecuencias.
Con cariño y como despedida durante algo más de dos meses –en los que no estaré disponible para el «gran público» de bichos raros que me seguís.
Gracias infinitas por una temporada 16/17 alucinante.
Soy Rober Sánchez, director del Laboratorio de Movimiento, nuestra plataforma de entrenamiento online. Desde 2003 enseño a las personas a entrenar para construir cuerpos móviles, fuertes y hábiles, y poder moverse de verdad.
La temporada se acaba. Ha sido bonita, tal vez la que más, con muchísimo experimentado y aprendido, y con un cambio radical en el enfoque y la forma de compartirlo.
Se acabó entrenar. El movimiento es el protagonista.
La práctica y el aprendizaje experimental, primero. La teoría, si es necesaria, después.
La curiosidad, la sostenibilidad y la frecuencia como constantes.
La mediocridad como bandera.
Bienvenida al verano con tres clases de movimiento
Y nada mejor para terminarla y dar paso al verano –y sus vacaciones– que una triple sesión de movimiento.
Será el domingo 2 de julio.
En la playa de Bogatell de Barcelona.
A las 9 de la mañana.
Hasta el mediodía.
Y nos bañaremos, comeremos y charlaremos juntos después.
Las clases
La jornada consistirá en moverse. Ni hacer deporte, ni entrenar, ni competir, ni contra uno mismo ni contra nadie. ¡Moverse!
Y para ello mis compañeros de viaje y un servidor ofreceremos tres clases de movimiento de alrededor de una hora cada una.
Todo el mundo es bienvenido, independientemente de sus antecedentes, nivel, etc.
El único requisito para asistir es tener un cuerpo.
Arquero Zen (por Carlos M. Cátedra)
El arquero zen es una práctica que conlleva la utilización de todas las articulaciones del cuerpo. Para ello, en primer lugar se aíslan varias partes del cuerpo y se intentan mover de forma precisa e independiente, para más tarde, de una manera sistemática y progresiva, crear movimientos combinatorios más globales y complejos.
El juego consta de tres partes. La primera es individual, en la que uno mismo deberá ser consciente de qué parte del cuerpo mueve y cómo se mueve.
La segunda parte es con compañero, quien jugará el papel de guía y nos desafiará con retos suficientemente complejos como para poner a prueba nuestra capacidad de adaptación a estímulos externos imprevisibles.
La tercera parte es la más dinámica. En ella, los dos compañeros actúan a la vez de guía y de pupilo. Se culminará la práctica de lo trabajado en las dos partes anteriores, creando finalmente algo así como un diálogo pero sin palabras, una conversación de movimientos.
Mientras la incultura del movimiento propone el uso de tecnología cada vez más sofisticada y cara, nosotros retaremos diversas cualidades del cuerpo –y la mente– con un palo, simple y barato.
El estímulo será tan diverso y complejo que fuerza, resistencia, cardio, movilidad, equilibrio, coordinación, precisión, ritmo, creatividad… se difuminarán en… ¡movimiento!
(Cada participante tendrá que traer su propio palo. Uno de escoba o de fregona también sirve.)
El Shadow Yoga es un estilo de Hatha Yoga influenciado notablemente por antiguas artes marciales y varias formas de baile del Sur de India.
El Shadow consiste en una serie desecuencias que, juntamentecon la fluidez de sus movimientos y rítmica de sus respiraciones, ayudan a ser conscientes de las tensiones de cuerpo y mente, y a liberarlas.
Comparado con otros estilos de Yoga, en el plano físico nos exponemos ante un trabajo mucho más dinámico y activo de la movilidad, la resistencia y la fuerza.
Las secuencias se dividen en diferentes niveles con tal de que el alumno pueda evolucionar de manera gradual y controlada, y dotándolo de la capacidad de crear su propia autopráctica e integrarla en su día a día.
Fecha y hora: domingo 2 de julio de 9 de la mañana hasta que el cuerpo aguante (aprox. 12:30 del mediodía, sin contar bañito y comida).
Precio: 15€.
Plazas: 30.
Inscripciones: envía un correo electrónico a robert(punto)sancheze(arroba)gmail(punto)com con el asunto JORNADA DE MOVIMIENTO.
Los asistentes deberán presentarse puntualmente en el punto de encuentro –que se facilitará después de inscritos–, ya que nos moveremos por distintas zonas del frente marítimo y cerraremos comunicaciones en cuanto empiece la primera clase.
Traigan agua fresca y ropa cómoda. Quien quiera/use, se recomienda traer protector solar, ya que es posible que alguna de las actividades se hagan a pleno sol de verano.
Quien quiera quedarse para compartir baño, comida y sobremesa al final de las clases, traiga ropa de baño y su propia comida.
¡Vamos! Apúntate y dale la bienvenida al verano como se merece, como te mereces, ¡¡en movimiento!!
«El que ha naufragado tiembla incluso ante las olas tranquilas» – Ovidio
Los conozco porque en los últimos años, desde que empecé a dejar ir el fitness para ir abrazando la cultura del movimiento, he tenido que enfrentarme a cada uno de ellos todos los días sin excepción, como buen mediocre, o los he reconocido en las personas que en mayor o menor medida están compartiendo este viaje.
¡Al grano!
1. Miedo corporal
El cuerpo como tal, raso, sin condicionantes culturales o sociales, tiene miedo. Es algo evolutivo, instintivo, intuitivo. Su razón de ser es protegernos. Y agradecidos que debemos estar.
El problema no es el miedo. El problema es que este miedo se modela y se moldea según los estímulos que recibimos, los desafíos cotidianos del entorno en el que vivimos.
Dadas nuestras condiciones hipersensibles y sobreprotectoras, desde bien pequeños cada vez nos exponen o exponemos menos a situaciones de cierto riesgo físico propias del movimiento humano. Esta carencia de estímulo resulta, obviamente, en una falta de adaptación y de desarrollo de herramientas y recursos físicos y mentales para superar los retos y sus miedos.
Bajo estas circunstancias, un mediocre adulto en el que este tipo de miedos se han multiplicado exponencialmente (miedo a las alturas, a invertirse, al vuelo durante un salto, a explorar un rango de movimiento extremo, a moverse en una dirección sin tener referencias visuales, a caer, a golpearse, al contacto físico, etc.) no quiere ni oír hablar de subirse a una barandilla a practicar equilibrios, saltar de piedra en piedra, hacer una vertical o colgarse de unas anillas.
Y no es que él o ella no quieran. Es que su cuerpo no quiere, debido a la enorme distancia que hay entre su espectro de movimiento habitual, generalmente pobre y muy limitado, y las posibilidades de movimiento que realmente tiene o a las que se ve expuesto de forma novedosa o menos frecuente. Este tipo de miedo es muy profundo y activa sus defensas sin que uno se dé cuenta, incluso por mucho que uno mismo razone que aquel desafío no es «tan peligroso». Los bloqueos corporales (rigidez, descoordinación, falta de fluidez y equilibrio, respiración entrecortada, temblores) florecen ante cualquier exposición.
Es un tipo de miedo que solo tiene una cura: exponerse repetitivamente.
2. Miedo educativo sobreprotector
Sumado a la falta de estímulo, la mayoría de veces con toda la buena intención del mundo –no lo olvidemos–, desde pequeños recibimos constantemente inputs de precaución en cuanto nos vemos expuestos a cualquier tipo de riesgo. Padres, madres, abuelos, abuelas y otros familiares, profesores, amigos, etc. no dejan de repetir una y otra vez «baja de ahí que te vas a abrir la cabeza» y sus derivados de drama mamá/papá –recomiendo el libro Cómo no ser una drama mamá de Amaya Ascunce. «¡Ni chocolate ni chocolata!».
Para ser conscientes de este tipo de miedo, solo basta con estar atentos a ciertos pensamientos justo cuando se nos presenta alguno de estos «peligros» del movimiento. Si escuchamos, rápidamente aparecerá esa vocecilla con el discurso o frase que más nos ha calado en nuestra infancia.
(Escuchad la voz de mi mujer, puro automatismo, como trata protegerme. Darling, I love you!) Youtube: https://youtu.be/vAy_F-AVtMk?t=25s
3. Miedo educativo descriptivo o de identidad
El mismo entorno que nos sobreprotege, a menudo también nos etiqueta, nos describe. Hoy día ya sabemos que un/a niño/a no es que sea tal o cual, su etiqueta de turno, sino que se convierte en ella con tal de ser aceptado y recibir cariño y aprobación. Todos deberíamos ser más cuidadosos con los adjetivos que utilizamos para describir a los más pequeños.
En el sentido del movimiento, es habitual encontrar casos adultos, especialmente los más mediocres, que en su día fueron etiquetados de torpes, gandules, negados, inútiles, zopencos, incapaces, miedosos, desastres…
Sea como sea, a mayor mediocridad/prudencia/timidez/introversión, las etiquetas suelen ser más duras e incluso traumáticas. Todos hemos sido víctimas de una no-educación física que confunde deporte con movimiento y obediencia con experimentación y aprendizaje. Personalmente, yo mismo sufrí la mala praxis de mi profesor de educación física que durante más de diez años –tuve la mala suerte de tener siempre al mismo– lo mejor que hizo por mí fue recordarme curso tras curso lo patoso y gordito que era, reforzando el mensaje interno «tú no sirves para esto».
¡Cualquier persona sirve para moverse porque el movimiento es la razón de ser de cualquier ser vivo!
La vida, la salud, el bienestar de cada uno de nosotros dependen directamente de cuánto y cómo nos movamos y nadie, absolutamente nadie debería creerse negado o incompetente en moverse porque consecuentemente evitará y hasta odiará el movimiento –no sirvo, no puedo, no me gusta, no quiero.
Superar este tipo de miedo es un gran reto para cualquiera, ya que representa quitarse de encima un montón de etiquetas que llevan definiendo su identidad durante años. Se trata, literalmente, de un cambio de personalidad.
(En séptimo, al ver que no podía ni sostenerme colgado de la cuerda, mi profe «favorito» me cogió de mis fornidos muslos y me soltó «muchos bocatas de chorizo, ¿eh?».)
¡Ah! La cultura… Hoy en día un hombre culto es quien ha viajado mucho, tiene algún diploma colgado en la pared o gana siempre al Trivial. Si algún músculo se le ve más de la cuenta, ¿sabe leer?
¡Es nuestra cultura la inculta!
No nos adentraremos en quién y para qué se instauró este modelo de educación, en las últimas décadas basada en la obediencia y fabricante de oficinistas y fabricadores. «Estate quietecito de 9 a 17 haciendo lo que yo te diga. Si lo haces bien, te daré zanahorias, ay, perdona, vacaciones». El hombre se ha visto reducido a un cerebro con patas que computa datos o manipula mecánicamente. Memorizamos la fecha del «descubrimiento» de América y calculamos derivadas, pero no sabemos reconocer ni gestionar nuestras sensaciones, emociones y sentimientos –que emite todo el cuerpo, ¡no solo el cerebro!– o cómo reaccionar ante una simple lumbalgia, más tarde suplicándole al médico que nos dé «algo» –lectura obligada: La expropiación de la salud de Juan Gérvas.
El resultado no puede ser otro que la incultura del movimiento. Ni conocemos nuestro cuerpo ni sabemos que lo podemos mover y, por tanto, no lo hacemos.
Cansados después de horas de trabajo sentados frente al ordenador «descansamos» sentándonos de nuevo, con los colegas, cervecita en mano, en modo afterworks, o viendo nuestra serie favorita. Nos «locomocionamos» casi siempre propulsados por un motor de combustión –pero no quemamos calorías. Si nos duele algo, lo mejor que se nos ocurre es «no hagas nada».
Algunos, como mucho, obedecen al modelo escolar –no pienses, no sientas, solo sigue mis instrucciones– incluso fuera del trabajo, y se sientan en una máquina a «mover» una articulación, botan de lado a lado a ritmo de música militarizada o ¿corren?, por decir algo, en modo cardio crónico estrujados junto a otras 10.000 personas. Los académicos ya los clasifican como «sedentarios activos», que aunque parezca increíble, al final tienen la misma esperanza de vida y nivel de salud que aquellos que no hacen absolutamente nada –hacer ejercicio no es suficiente.
Cómo no, nuestra naturaleza social, de rebaño, nos hace un flaco favor para crear y practicar nuestra cultura del movimiento personal, individual. El miedo a ser excluidos del grupo o no gozar de su aprobación por apostar por otro estilo de vida y escoger movernos a todas horas, en todo momento, ya sea durante sesiones intencionadas –¿entrenamiento?– como integrando el movimiento en lo cotidiano –caminar a todas partes, sentarse en el suelo, estirar casi obsesivamente–, es punzante. El temor a avanzar en soledad nos paraliza. La vergüenza a ser diferentes nos reprime.
Ante esta situación lo mejor es: echarle narices, a pesar de lo que digan los demás, y crear tu propia tribu –afortunadamente ya no somos paleos y nuestras comunidades no se reducen a cien o ciento cincuenta individuos; internet es una maravilla. Nadie ha dicho que sea fácil.
(Puedes ser papá y peculiar, y tirar todos los muebles, y colgar una barra justo en el centro de tu comedor, y seguir en movimiento)
Como para tantas otras cosas en la vida, todos los miedos relacionados con liberarse del sedentarismo y la incultura del movimiento que padecemos se reducen a dos componentes, lo que viene de serie, innato, y lo que hemos aprendido, adquirido a lo largo de nuestra vida, algo constanemente influenciado por las estructuras sociales que forman nuestro sistema relacional individual, subjetivo, personal.
¿Cómo empezar a moverse sin miedo?
Es imposible.
Uno no puede moverse sin miedo, como no puede vivir sin miedo, ya sea su origen más físico o más mental, más instintivo o más educativo, cultural o social.
Así que no queda otra que moverse A PESAR del miedo.
Nuestros miedos instintivos pesan millones de años de evolución; no los vamos a cambiar. Si el cuerpo tiene miedo, no hay otra que exponerse gradualmente y con inteligencia a nuevos retos, día a día, entrenándonos a movernos incluso con miedo.
A nivel educativo uno debe comprender que cualquier discurso puede cambiarse. La educación que uno recibe es la que es, con sus pros y sus contras según el contexto, tanto individual como sistémico, y no per se, y sobre todo y ante todo NO es algo inamovible. Lo mismo que uno pudo aprender se puede desaprender. A trabajar internamente, queridos.
Y en lo referente a lo sociocultural, en fin, nuestra naturaleza social nos lo va a poner difícil porque tal vez hasta tengamos que cambiar nuestras relaciones, solo quizás, algo que disparará todas las alarmas, y empezar a rodearnos de personas que quieran moverse como nosotros. ¿Por qué no? Como suele decir un buen amigo mío, «una relación no es una cárcel».
Sea como sea, más nos vale generar cierta amistad con los miedos. Al fin y al cabo nunca nos vamos a deshacer de ellos; cuanto más lo intentemos más insistirán. Aceptación pura y dura, y caminar hacia donde queremos dirigirnos, sin importar mucho si llegaremos.
Mientras, por otro lado, nuestros miedos pueden enseñarnos tanto… Sobre todo acerca de nosotros mismos.
Soy Rober Sánchez, director del Laboratorio de Movimiento, nuestra plataforma de entrenamiento online. Desde 2003 enseño a las personas a entrenar para construir cuerpos móviles, fuertes y hábiles, y poder moverse de verdad.
«Cada vez que alguien «corre» una maratón en más de cinco horas, muere un gatito» – Proverbio de El Clot
Nota 1: ¿Cinco horas? Estos de El Clot son algo generosos.
Nota 2: Fíjense en la diferencia entre carrera y jogging, footing, «trotting» o a duras penas arrastrarse. ¿Arrastrating?
Nos encanta la épica del movimiento, las muestras (aparentemente) espectaculares de ciertas habilidades.
Yo soy el primero en excitarse cuando veo vídeos de Roye Goldschmidt, Yuval Ayalon, Stefan Crainic o Jon Yuen. A otros les pasará lo mismo con gente más mediática como Leo Messi, Kilian Jornet, Kobe Bryant o Rich Fronning. Da igual.
Y no hace falta mirar hacia fuera. Este hecho no se escapa de cierto onanismo. Mi ego también se humedece cuando me toco el pie con la cabeza y corre a publicarlo en Instagram…
1. La épica del movimiento no tiene mucho que ver con el movimiento en sí. En realidad, más que la justificación de promover una vida saludable y blablabla, su primer objetivo siempre es vender y/o alimentar el síndrome del telespectador –personas que solo observan la vida de otros mientras las suyas se esfuman– y/o generar un buen montón de petrodólares. Muchas zapatillas, camisetas, entradas, eventos, suscripciones de televisión. Muy poco aprendizaje, desarrollo, experimentación, trabajo duro, aceptación y disfrute intencionado y consciente de la subestimada mediocridad.
2. La épica del movimiento es irreal. La verdad, las horas, los antecedentes, los genes… no se enseñan.
3. La épica del movimiento nos nubla la vista, haciéndonos creer que para que la práctica del movimiento sea útil y tenga sentido, el horizonte en el que fijemos la vista debe ser de alguna u otra manera esa misma épica. En consecuencia, o bien te machacas para conseguir algo que puede o no estar a tu alcance, corriendo riesgos innecesarios que ponen en peligro la sostenibilidad de tu movimiento en el futuro –cuanta más épica, más riesgo–, o bien te quedas tirado en el sofá porque, lógicamente, la distancia entre tu mediocre nivel y tus sueños de nubes que huelen a no sé qué o lo que se supone que deberías hacer, algo épico, es abismal.
Cada vez que percibo cierta euforia post-épica, hago lo mismo: la disfruto (ocurre, la acepto y la celebro, por qué no), respiro (la miro de lejos y recupero cierta serenidad) y me pongo a trabajar en lo mío, mi movimiento, mi nivel, mis cositas, sin perder el foco en dos de los valores más importantes de toda esta historia, la sostenibilidad y la longevidad.
Consciencia del movimiento y cuatro tests más longevos que épicos
Es justo en ese momento cuando recuerdo por qué y para qué me muevo: porque puedo moverme y para sentirme y mantenerme bien, así de simple.
La épica NUNCA debe entrometerse en ese por y para qué.
Y algunos movimientos muy sencillos, que solemos pasar por alto por no estar incluidos en «lo épico», vuelven a ponerse al frente de las capacidades prioritarias, fundamentales, importantes que sí quiero conservar, si es posible hasta el último de los días.
1. Correr
Correr a secas. Correr con mi perra o con alguno de los hijos de mis amigos. Ni correr carreras, ni practicar recorridos de Método Natural.
Estuve un año y pico sin poder correr así, espontáneamente, cuando y como quisiera, precisamente por perderme en la épica y lesionarme una rodilla.
El día que solté a Lula en la playa y pude correr con ella sin molestias ni miedos… aquel día hubiera sido un buen día para morir. No lo olvido. Me mantiene consciente. A partir de entonces, ¿riesgos? Sí, pero muy calculados.
Si caminar y correr son el mejor regalo dinámico –después veremos el estático– que le podemos dar a nuestro tren inferior, colgarnos lo es para nuestro tren superior.
La incoherencia locomotora que supone haber dejado de hacerlo tan repentinamente, desde un punto de vista evolutivo, es la causa más importante de la mayoría de problemas de espalda alta, hombros, codos, manos y muñecas. Parece simplista, pero no lo es. De hecho, parece que solamente nuestra fuerza de agarre de las manos ya nos puede dar pistas de cuales son nuestros niveles de salud y esperanza de vida, por no hablar de que la postura de suspensión es la antítesis de la posición que más solemos mantener durante la vigilia y que tanto daño nos está haciendo: estar sentados.
Jugar, sin necesidad de competir. Durante millones de años, el juego ha sido y es el proceso de aprendizaje individual e interacción social más impactante no solo para el hombre, sino para todos los seres vivos superiores. Todos.
Una dosis diaria de juego (mejor si es infinito), una mente despierta y lubricada, un cuerpo capaz e inteligente, una relación rica y provechosa.
Bueno, sí, anectodilla después de media vida en el mundillo: no he conocido a ningún atleta de la épica a quien le haya pedido permanecer en sentadilla 10 minutos seguidos, los mantuviera con COMODIDAD y se incorporase después sin emitir ni un solo gemido. Nadie. Ninguno.
No se trata de eliminar la épica. Nos asombra lo extraordinario, lo diferente, lo que no se suele ver. Es parte de nuestra naturaleza, supongo. Pero parte. No todo. No lo más importante.
Así que en esa clasificación mental de prioridades que tenemos, más que borrarla, lo que recomiendo es desplazarla a puestos inferiores a toda esa enorme cantidad de capacidades y posibilidades básicas que seguro queremos mantener durante toda nuestra vida, las que usamos en lo cotidiano, las que valoraremos cuando los cuentos de hadas se queden atrás.
Personalmente, ya no me asombra la épica del que corre 100 kilómetros, levanta 200 kilos, mantiene un pino de 5 minutos o salta de tejado en tejado, cuando descubro que:
No puede respirar cuando se cuelga de donde sea porque no soporta la presión en su caja torácica.
No puede estar agachado más de medio minuto porque se le duermen las piernas.
O no puede jugar a palas en la playa sin contar puntos.
Al contrario, en cierta manera encuentro mucho más épico sacrificar tu serie favorita, apagar la tele y estirar media horita antes de ir a dormir, ¡todos los días!
A ver quién tiene lo que hay que tener…
¡¡¡Eso sí es épico!!!
Soy Rober Sánchez, director del Laboratorio de Movimiento, nuestra plataforma de entrenamiento online. Desde 2003 enseño a las personas a entrenar para construir cuerpos móviles, fuertes y hábiles, y poder moverse de verdad.
Primate, se estima desde hace entre 55 y 65 millones de años. Bípedo desde hace unos 4, y de aquella manera, con pinzas. Erguido, lo que se dice erguido, desde hace menos de 2, probablemente.
Antes de eso, antes de esto –homo sillus–, antes de hoy y mucho antes que primate, tetrápodo.
Desde un punto de vista evolutivo, dejar de utilizar las cuatro extremidades para movernos de un lado a otro ha sido un cambio muy reciente. De hecho, reptar y andar a cuatro patas es el modo de locomoción primordial durante nuestro primer año de vida. Es más, aún en la actualidad los individuos de sociedades subactuales necesitan moverse sobre cuatro puntos de apoyo habitualmente para explorar, rastrear, manipular, recolectar, cazar… como lo hicieron nuestros ancestros durante millones de años.
Incluso cotidianamente los más sedentarios, los más “desarrollados” muy de vez en cuando gateamos o, como mínimo, transitamos por patrones de movimiento parecidos, al menos cuando nos incorporamos después de haber estado sentados en el suelo o esporádicamente, con algo de suerte un par de veces en la vida, para rescatar un balón que ha quedado atascado bajo nuestro coche.
En lo cultural, desde los inicios de la gimnasia y la preparación física el ser humano siempre ha intuido la necesidad de incluir diversos tipos de ejercicio en cuadrupedia, incluso en las escuelas suecas, las más analíticas. Georges Hébert, influenciado por el naturalismo y creador del Método Natural, incluyó la quadrupédie en su catálogo de movimientos funcionales básicos para el ser humano, algo que más tarde rescatarían los practicantes de Parkour y los diseñadores de pistas americanas y carreras de obstáculos. Paralelamente, no se quedan atrás las artes marciales y danzas, que constamente utilizan las cuadrupedias y la locomoción cerca del suelo, a menudo tratando de imitar movimientos animales.
Animales.
Primates.
Hombres y mujeres.
¿Alguien tiene alguna duda sobre nuestra naturaleza anatómica, nuestros orígenes, la necesidad de nuestro cuerpo de alimentarse de cuadrupedias, gateos y locomociones para completar una dieta de movimiento rica y saludable?
“Dale un pez a un hombre y comerá hoy. Dale una caña y enséñale a pescar y comerá toda su vida”
¿Lo extrapolamos al movimiento?
Este curso está dirigido a todo aquel que quiera experimentar, comprender y aprender a moverse sobre cuatro puntos de apoyo, sus cuatro extremidades, da lo mismo el nombre que le pongamos: cuadrupedias, gateos o locomociones.
Más allá de modas y mercadotecnia animalista de la actividad física, la necesidad del cuerpo humano por moverse a cuatro patas, entre otras formas, es evidente y evolutivamente indiscutible. Las amplias posibilidades y diversidad de patrones motrices que implica la práctica de cuadrupedias la hacen una de las formas más ricas de movimiento, especialmente en lo que se refiere a la compresión de muñecas, codos y hombros y su capacidad de empujar, la movilidad articular del tren inferior, la manipulación del cuerpo posicionado en horizontal y contra la gravedad (vs. nadar), la globalidad innegociable de cualquier patrón, la intensidad cardiovascular y la inteligencia cinestésica que requiere gestionar la complejidad de moverse cerca del suelo.
Además, dejando a un lado estas justificaciones tan poéticas, una vez se ha experimentado nadie se atreve a negar que gatear, reptar e imitar movimientos animales o incluso inventarse pasos propios resulta atractivo y divertido, al menos más que el ejercicio físico convencional y maquinista, robótico. Y por si no fuera poco, practicar cuadrupedias puede realizarse en cualquier lugar y momento, sin necesidad de material complementario ni final competitivo o medido, formando parte del enorme conjunto de juegos infinitos que nos ofrece la cultura del movimiento.
PRIMATE está indicado para cualquier persona o ciudadano medio que tenga interés por aprender a moverse, sea cual sea su nivel de forma física actual, ya que partiremos del cero absoluto –como se detalla en el programa del curso, más abajo. Entrenadores, preparadores, maestros y profesores enriquecerán todavía más su abanico de herramientas, recursos y conocimientos de cara a la enseñanza y acondicionamiento para sus alumnos/atletas.
El enfoque y la metodología del curso son primordialmente prácticos, resultante de la fórmula educativa más eficaz: 1% teoría + 99% práctica.
No se entregarán apuntes de ningún tipo. Cada alumno deberá tomar y desarrollar los propios, libreta en mano durante todo el curso –una parte fundamental en el proceso de aprendizaje. El uso de teléfonos móviles o cámaras solo estará permitido para grabar la propia práctica.
El objetivo final es dotar al alumno de conocimiento experimental, real, y así ampliar su caja de herramientas para una práctica de movimiento sostenible, longeva y generalista evergreen, sin fecha de caducidad, para toda la vida.
PROGRAMA
1.Prehabilitación articular
Desarrollaremos protocolos de adecuación previa y calentamiento divididos en tres bloques: extremidad superior (mano, muñeca, codo, hombro, escápula), columna y extremidad inferior (pie, tobillo, rodilla, cadera, pelvis).
2.Gateo simple y gateo inverso
Exploraremos al detalle las bases de ambos gateos para comprender y empezar a alimentar nuestra coordinación, lateralidad, estabilización (especialmente del centro), inteligencia cinestésica y control motor –decirle al cuerpo lo que queramos que haga y que lo haga. Matizaremos la ley del silencio motriz.
3.Gateo con bloqueos
¿Qué ocurre si eliminamos de la ecuación de la locomoción alguna articulación en concreto, como pueden ser rodillas o codos? Percibiremos dónde se origina realmente el movimiento de las extremidades, así como impactaremos notablemente nuestras limitaciones de la cadena posterior –concepto de “estirar sin estirar”.
4.Transiciones contralateral e ipsilateral
Potenciaremos nuestra capacidad de cambiar de orientación y retaremos a nuestro equilibrio sobre dos puntos de apoyo.
5.Gateos con salto
Con apoyo simple y doble. Aumentaremos la complejidad, la intensidad y los requerimientos de fuerza y movilidad, así como las posibilidades para desplazarnos más lejos y/o más rápido.
6.Giros
Con apoyo y sin apoyo. Si las transiciones ampliaban nuestro abanico de posibilidades y retaban nuestro sentido de la orientación, coordinación y equilibrio, los giros los multiplican exponencialmente.
7.El lagarto
Aprenderemos el patrón que ha ganado fama a través de la escuela de Ido Portal, seguramente uno de los más desafiantes tanto a nivel metabólico como de fuerza y movilidad.
Después del trabajo analítico, experimentaremos cómo secuenciar patrones, coreografiarlos, así como propondremos una metodología para la auto-práctica, resaltando como último hito la improvisación.
El curso tiene una duración de 3.5 horas y se impartirá la mañana del sábado 27 de mayo, en horario de 9:15 a 12:45.
Practicaremos al aire libre, en alineación con la coherencia evolutiva, en algún parque de Barcelona. La ubicación exacta se facilitará unos días antes del curso. Se garantiza la cercanía de transporte público.
Se recomienda no agendar compromisos inmediatamente después del taller, ya que su desarrollo puede requerir de tiempo extra más allá del horario establecido (principio de “ni una duda sin resolver”).
PRECIO Y PLAZOS
50€ para antiguos alumnos, ya sea de coaching personal, clases grupales y otros cursos y talleres.
60€ para nuevos alumnos.
Reserva: 10€ mediante Paypal o transferencia. Los restantes a abonar el día del curso.
Para formalizar la reserva, escribir un correo electrónico a robert(punto)sancheze(arroba)gmail(punto)com con asunto PRIMATE. Una vez enviado, recibiréis la información complementaria necesaria en menos de un día laborable.
No se admiten cambios ni devoluciones de ningún tipo, estrictamente, ni de la reserva, ni del abono completo, ni de asistente (grupo cerrado). Se recomienda asegurar la disponibilidad y posibilidad de asistencia antes de reservar la plaza.
Plazas disponibles: 20.
MATERIAL
Ropa y calzazo cómodos (camiseta sin mangas;zapatillas flexibles, mejor con drop 0), toalla, agua, libreta y bolígrafo, y móvil o cámara para grabar los patrones de locomoción.
Moverse no se trata de pensar, sino de actuar. Si sientes que quieres aprender a moverte, no lo pienses más y reserva tu plaza. Intuyo que se agotarán pronto.