Por qué debes ir al gimnasio y hacer ejercicio (Caminar 10.000 pasos no es suficiente)

Portada libro grandeDesde que salió a la luz Camina, salta, baila, hace casi un mes, me han salido amigos por todas partes.

Hacer amigos y conocer gente nueva me gusta, y más cuando esa relación nace del interés por reflexionar, ser conscientes y darle coherencia a un tema tan importante a nivel social y cultural: la actividad física.

Pero algunas de estas nuevas relaciones han traído con ellas un problema (de alguna manera, sabía que iba a pasar).

El caso es que un buen puñado de estos nuevos amigos están malinterpretando lo que trato de promover, o bien por pereza, o bien por reduccionismo.

Que mis amigos sean gandules no es algo que me preocupe. Todos tenemos nuestros días y rachas. Yo también. Incluso hay quien es vago de base. No pasa nada. Uno puede ser un holgazán a corto, medio o largo plazo y, como un estoico, seguir haciendo lo que sabe que debe hacer, en este caso moverse cubriendo todas las necesidades que uno tiene como ser humano.

Ahora bien, lo que no me gustan tanto son las personas que ven la vida en blanco y negro, y reducen una idea y se agarran a ella porque les va bien así, omitiendo la parte del mensaje que les incomoda.

Cada cual escoge sus amistades según una serie de valores. Si eres binario, no puedes ser mi amigo.

Si quieres ser mi amigo, vas a tener que entender lo que voy a explicarte hoy.

Insisto, al menos eso, comprenderlo.

Que luego no lo acabes de implementar en tu vida es cosa tuya.


NECESITAS Y DEBES HACER EJERCICIO


Mira que lo explico con pelos y señales en el libro.

Y mira que me he hartado de recalcarlo y matizarlo en todas las entrevistas que me han hecho hasta ahora —porque sé que luego pasa lo que pasa y cada uno entiende lo que quiere.

Claro, titulares como este no ayudan…

Pantallazo ABC
Fuente: ABC Bienestar. Aquí puedes leer la entrevista completa.

No sé si lo escogería María, la chica que me entrevistó, o su jefe o un «experto en tráfico». Ella, la verdad, me trató y me cayó muy bien. Y la entrevista es buena, concisa, va al grano. Es más, el hecho de utilizar un titular así es la mar de comprensible, da igual la persona que tomara la decisión. Clickbait puro y duro. La competencia por un clic hoy en día es tremenda.

La cuestión es que, incluso cuando algunos matices podrían hacer cierta una sentencia como «Subir escaleras o cargar la compra puede ser mejor que ir al gimnasio», en ningún caso y jamás he dicho ni diré que el movimiento integrado (cualquier esfuerzo que realices en tu vida cotidiana) pueda llegar a sustituir el movimiento intencionado (lo que entendemos por hacer ejercicio, ir al gimnasio, hacer deporte, entrenar o, como reza el título de mi libro, ¡saltar y bailar!).


Si quieres profundizar en estos dos términos, lee: Movimiento integrado y movimiento intencionado. Definición, diferencias y la cruda realidad.


A ver… Las necesidades fisiológicas de movimiento y actividad física que tenemos como seres humanos están determinadas por nuestro diseño evolutivo.

Otra cosa son las necesidades sociales, culturales, emocionales, espirituales, artísticas de cada persona, que son tremendamente subjetivas y podrían cubrirse con prácticas más «modernas».

Pero las necesidades fisiológicas humanas vienen dictaminadas por cómo hemos interaccionado con el medio como especie durante la mayor parte de nuestra historia.

Los principios y los «nutrientes de movimiento» que necesita tu cuerpo (TÚ) para funcionar bien a nivel locomotor, cardiovascular, digestivo, respiratorio, endocrino, neurológico, psicológico son exactamente los mismos que necesitaban nuestros antepasados del Paleolítico, hace más de 200.000 años.

Y su actividad física, simplificándolo mucho, consistía en moverse en dos extremos:

  1. Moverse con mucha frecuencia, durante mucho tiempo y a intensidades de bajas a moderadas, como caminar, recolectar o explorar.
  2. Moverse con poca frecuencia, durante poco tiempo y a intensidades altas, como correr, saltar, trepar, forcejear, cargar en episodios de caza, lucha, juegos o huida.
IntensidadesEntrenamientoPaleolitico
Fuente: este artículo en el que mi camarada Marcos Vázquez te explica algunas alternativas para cubrir tus necesidades de alta intensidad

De ahí que…


CAMINAR 10.000 PASOS NO ES SUFICIENTE


Ni caminar 10.000 pasos, ni cargar con la compra, ni subir las escaleras en lugar de coger el ascensor, ni bajarte del bus una parada antes, ni cualquier tipo de movimiento, esfuerzo o actividad física que puedas integrar en tu vida es suficiente.

Es una parte.

Una parte importante. Mucho.

La que representa el primer tramo de la curva de la gráfica, a la izquierda, y que mantiene tu cuerpo despierto, lubricado, fresco, atento, preparado, vivo.

La que cubre parte de tus necesidades de movimiento.

Pero no todas.

No la otra parte.

El vigor, la intensidad, la exigencia.

El segundo tramo de la curva, el de la derecha, que obliga a tu cuerpo a hacer frente a esforzarse y exprimirse, en periodos poco frecuentes y cortos, claro, y le estimula para adaptarse y mantenerse capaz, hábil, ágil, fuerte, móvil, competente.

Y ese trabajo de fuerza, de movilidad en los extremos, de ejercicios de agilidad, de exposiciones a estímulos vigorosos, la mayoría de nosotros solo podemos llevarlos a cabo si dedicamos un tiempo exclusivo e intencionado para hacerlo.

Como sea y donde sea. Con métodos más modernos o más ancestrales. En gimnasios más convencionales o más sofisticados. O en el parque, la playa, el monte o incluso en casa.

(Mi forma preferida es la calistenia. No tiene por qué ser la tuya)

Te guste o no, necesitas y debes hacer ejercicio, entrenar.

¿Por qué? Porque no hay manera de integrar esos esfuerzos vigorosos en la vida cotidiana. Por eso nos hemos inventado el entrenamiento físico, la gimnasia, el deporte y el resto de postizos que intentan cubrir esa parte de necesidades y nutrientes que el día a día, cómodos y automatizados, ya no nos va a dar.

Que la pereza, los titulares, las interpretaciones parciales, el gen ahorrador no te engañen.

Cada tipo de actividad física te nutre y es necesaria de una forma específica y distinta.

Y tu cuerpo, seas quien seas, tengas la edad que tengas, también si eres una «persona mayor», aunque siempre contextualizándolo y adecuándolo a tus condiciones individuales, de vez en cuando, ni que sea un par de días a la semana, necesita vigor.

Integrar el movimiento en tu vida es necesario y no es suficiente.

Hacer ejercicio es necesario y no es suficiente.

Ambos son necesarios y deberían formar parte de tu actividad física.


Rober Sánchez – M de MovimientoSoy Rober Sánchez, director del Laboratorio de Movimiento, nuestra plataforma de entrenamiento online. Desde 2003 enseño a las personas a entrenar para construir cuerpos móviles, fuertes y hábiles, y poder moverse de verdad.

Accede a los programas gratuitos de bienvenida y empieza a entrenar tu movilidad, tu fuerza y tu habilidad con cabeza. ¡Muévete!

 

Cómo moverte y progresar sin competir contra ti mismo ni superarte ni tan solo mejorar

Hace un tiempo, a raíz de aquel Cuando necesitas competir para hacer ejercicio. O cuando no te mueves si no hay competición, Oscar me comentaba:

–Para mejorar y superarse, y llegar a ciertos niveles, ¿no crees que es necesario ese punto de competitividad? ¿Crees que solo moviéndonos por movernos podemos alcanzar un estado físico óptimo? Ciertas habilidades necesitan mucho esfuerzo y esa competitividad a modo de juego con uno mismo, ¿no crees? Pienso que no serías capaz de hacer el handstand como lo haces sin haber «competido» contigo mismo.

Ni sí ni no ni todo lo contrario.

Tal vez sea una mera cuestión semántica. A qué te refieres con competir, qué significa eso de superarse y otras cuestiones del mismo tipo pueden tener respuestas muy diferentes para cada persona.

Aún así, desde mi punto de vista, lo más interesante no es la definición precisa de competición que, de hecho, es algo muy ambiguo incluso dentro de mi cabezota.

Lo mejor de todo son los acompañamientos y matices como «mejorar y superarse», «estado físico óptimo», «competitividad a modo de juego», «haber ‘competido’ contigo mismo», etc.

¿Mejorar y superarse? ¿Quién ha dicho que ese es el objetivo? Puede serlo, claro. Pero puede no serlo, y practicar y practicar, y que ocurra, sin más: mejorar como consecuencia.

¿Cómo mides «mejorar»? ¿Te refieres a mejorar los números concretos de lo que estás haciendo, la eficiencia y facilidad de tus gestos, la elegancia estética, los likes en Instagram? ¿Esa mejora depende de tu valoración o de un juicio externo? ¿Qué pesa más? ¿Lo que tú crees que «debe ser», lo que tú sientes en torno a un proceso de aprendizaje, lo que dicen otros (ya sea un marcador, un crono, un juez o tus followers)?

¿Y superarse? Otra vez, ¿en función de qué? ¿De parámetros? ¿De sensaciones? ¿De compromiso? ¿De responsabilidad? A lo mejor, tal y como están las cosas, moverse todos los días sin tener en cuenta nada de eso ya es superarse, ¿no? Quizás levantarse por la mañana y hacer 10 minutos de estiramientos en lugar de empezar el día pendiente del móvil es superación, independientemente del nivel o el resultado.

¿Qué es un estado físico óptimo? ¿Cómo lo valoras? ¿Puede alcanzarse? ¿O hablamos de nuevo de sensaciones? Una valoración objetiva es imposible. Y subjetivamente, la verdad, yo me siento diez veces mejor físicamente a mis 39 que a mis 19, pero también percibo que empiezo a decaer en el sentido de que me cuesta más recuperarme, por ejemplo, o que ya no soy tan rápido (lo era según los números). Es algo muy relativo y en lo que tarde o temprano, por mucho que hagamos, vamos a empeorar. ¿Puede entonces ser la referencia de si estoy haciendo las cosas «bien» o vale la pena seguir en movimiento? Desde hace un tiempo el concepto «salud» lo cojo con pinzas.

¿Competitividad a modo de juego? ¡Claro que sí! Mi actitud siempre que juego es competitiva. En un juego de equilibrio, estoy intentando derribar a mi compañero mientras impido que él me derribe, y me dejo la piel.

¿Pero competir como tal? ¡Es un juego infinito y me importa tres pepinos el resultado! Lo único que me importa es el juego en sí mismo, el movimiento. No contamos las veces que nos hemos derribado, nadie gana y nadie pierde, y no tengo ningún número, referencia, marca que superar.

¿Qué más dará?

¿Estamos seguros de que sin todo eso el movimiento implícito en el juego no tiene exactamente los mismos efectos?

¿No está ocurriendo lo mismo?

Sí y no.

En el cuerpo sí ocurre lo mismo.

En el proceso y la experiencia no, porque el foco es el juego en sí, y no el resultado o la expectativa. No quieres conseguir nada, tampoco esperas nada, y pasan cosas igualmente.

¿Y competir conmigo mismo, contra ti mismo? Demasiado viejo para eso.

Prefiero moverme y esforzarme, esforzarme y moverme todos los días, a veces más y otras veces menos.

Moverme por moverme y esforzarme por esforzarme como modo, como estilo de vida, y sin estar tan pendiente de los objetivos, de los resultados, del nivel, de las expectativas.

En principio, todo eso son consecuencias. Van a ocurrir espontánea, naturalmente.

O no.

Porque a veces no pasa.

Porque hay cosas que no controlas, o que no vas a poder hacer, o que directamente es absurdo que te plantees como propósito, por mucho dinero que marcas, gurús y publicistas inviertan en intentar convencerte de que puedes con todo y de que debes superar tus límites.

O porque el tiempo, la edad, el deterioro, el decaimiento ocurrirán, te guste o no.

Insisto, ¿cómo va a ser el resultado, el nivel, el «estado» una referencia factible, honesta, sensata de si vale la pena o no moverte, o algo que perseguir, que superar, contra lo que competir, luchar o cualquier verborrea épica que se te ocurra?

Te levantas cualquier día.

Puedes o no concretar algunos objetivos numéricos o de habilidad, por qué no. Nadie está diciendo que no valgan para nada.

Pero lo esencial es que te mueves, entrenas, haces ejercicio, juegas con un propósito genérico, moverte, y con algunas intenciones específicas en torno a la cualidad y calidad de lo que estés desarrollando o aprendiendo.

Te esfuerzas.

Consigues o no lo que pretendías.

Si lo consigues, lo celebras.

Si no, también.

¡Te has movido y te has esforzado! ¡¡Estás vivo!!

Te vas a dormir.

Y repites.

¡Qué vida! ¡¡Qué vida!!


Rober Sánchez – M de MovimientoSoy Rober Sánchez, director del Laboratorio de Movimiento, nuestra plataforma de entrenamiento online. Desde 2003 enseño a las personas a entrenar para construir cuerpos móviles, fuertes y hábiles, y poder moverse de verdad.

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La mejor expresión de movilidad de piernas: el arte de levantarse del suelo sin usar las manos (Tutorial y flow)

Spoiler: el lanzamiento oficial de la primera edición del training MOVILIDAD NATURAL es mañana pero, como buen y fiel lector, para ti las inscripciones ya están abiertas. Reserva tu plaza ahora.


LA MEJOR EXPRESIÓN DE MOVILIDAD DE PIERNAS


De movilidad, no de flexibilidad.

De flexibilidad sería poder estar sentado de maneras muy diversas, con las piernas y el cuerpo así o asá, una por aquí y otra por allá, una especie de demostración de contorsionismo, yoga style.


Pista: Para comprender definitivamente la diferencia entre flexibilidad y movilidad, lee Cómo ganar flexibilidad sin entrenar la flexibilidad. Mejora tu movilidad


Movilidad significa «tener la habilidad de mover».

Y comparada con la flexibilidad:

· Suele ocurrir en rangos menores. Uno nunca es tan móvil como flexible.

· Ser flexible no quiere decir ser móvil, en absoluto. Porque ser móvil implica poder generar fuerza en el rango en el que estás posicionado y quieres moverte. Y esto ni es tan fácil ni acostumbra a ocurrir cuando ese rango se acerca a los extremos. De hecho, hay muchas personas que podría decirse que son flexibles y, sin embargo, poco móviles. La mayoría de «personas flexibles», diría.

Dicen por ahí que esto puede ocasionar problemas. En general, yo me atrevería a decir que es cierto, aunque hay excepciones y requiere de muchos matices.

Sea como sea, si lo que quieres es moverte, lo que necesitas es movilidad, no flexibilidad.


EL ARTE DE LEVANTARSE DEL SUELO SIN USAR LAS MANOS


Bueno, en realidad es el arte de sentarse y levantarse del suelo sin usar las manos en distintas posiciones, y también de transitar entre ellas. Las tres cosas.

(Aquí tienes una combinación improvisada, implicando una traslación en el espacio y un tránsito entre ellas. Puede que te parezca inaccesible. Enseguida te propongo un flow más asequible)

¿Por qué es un arte?

Bueno, obviamente porque, visto lo visto, dadas nuestras circunstancias sedentarias, sentarse y levantarse del suelo es todo un arte.

Ser suficientemente flexible como para sentarse en el suelo con comodidad ya tiene su qué para un buen puñado de personas.

Pero es que ser capaz de moverse… Ser capaz de entrar y salir de una posición, y transitar entre una posición y otra… Eso es de artistas.

Lo mejor de todo es que esa parte artística es lo de menos —o no.

Es un plus, una coña, una excusa, un adorno, una chorrada, lo que quieras. Llamarlo así es algo que motiva más a cualquiera, a mí incluido. ¡Mira qué arte tengo!

Lo chulo chulo es que es una expresión de movilidad.

Bueno, una no.

En mi opinión, la mejor expresión de movilidad de piernas, de capacidad y HABILIDAD de moverse y transitar cerca del suelo en rangos articulares extremos para espalda baja, caderas, rodillas, tobillos y pies.

Se puso de moda hace unos años, cuando apareció la noticia de que un estudio había concluido con que hay una relación entre la esperanza de vida y la habilidad de levantarse del suelo sin usar las manos, concretamente con las piernas cruzadas.

Pero en realidad esta forma de expresar movilidad va más allá de este simple estudio.

Bailarines, artistas marciales, gimnastas, artistas de circo… acostumbran a sentarse y levantarse del suelo sin usar las manos, quizás no como un práctica como tal, sino integrada en sus disciplinas. Pero lo hacen.

¿Y quiénes son los que mejor se expresan en movimiento?

Que no, que no… El o la modelo de fitness o yoga no. Esos son los que mejor expresan el no-movimiento. Al fin y al cabo, entrenan y entrenan para posar… ¡quietos!


Paréntesis 1: Pregunta de examen. ¿Cuál es la función principal (tiene varias) de un músculo? A. Generar movimiento. B. Cualquier otra cosa sin sentido.

Paréntesis 2: Si te ha molestado el comentario del fitness y el yoga, bueno, primero, es lo que hay y no confundas asertividad con arrogancia, por favor, y, segundo, no estoy hablando de ti, porque no te conozco y porque no creo que seas modelo, si me lees. Estoy hablando de cualquiera que base su entrenamiento en posar, que en realidad es no-movimiento, y ese sea su fin primordial. Solo estoy siendo objetivo y preciso. No lo juzgo. Lo explico. Posar no es expresar movimiento. Y, ni mucho menos, movilidad.


En fin, que no, que son los otros los que mejor se expresan en movimiento. Los gimnastas, los artistas de circo, los bailarines, los escaladores, los luchadores.

E implícita en esa expresión de movimiento top hay una expresión de movilidad top, sin duda.


MEJOR QUE EL TRABAJO ESPECÍFICO DE MOVILIDAD


Por si fuera poco, también es mejor que cualquier estiramiento dinámico, estiramiento con carga, activación en el rango final y cualquier tipo de ejercicio analítico o específico de movilidad alrededor de todas esas «posiciones bajas».

Todas estas formas de acondicionamiento, de entrenamiento, están muy bien y tienen su momento y su lugar. Las practico, las recomiendo y hasta las «vendo».

Este no es un debate binario.

Pero como expresión, como aproximación hacia el movimiento «real», más diverso, orgánico, complejo, y, sobre todo, como implicación del «músculo» más importante en todo este jaleo, el cerebro, no hay color.

El arte es superior a las matemáticas —y lo dice uno «de ciencias».


TUTORIAL: LA EXPRESIÓN MÁS BÁSICA


Como te decía, esta idea se puso de moda entre nosotros, las personas medias, los mortales a partir de un estudio basado en la capacidad y habilidad de sentarse y levantarse del suelo sin usar las manos con las piernas cruzadas.

Puede que seas capaz de hacerlo a la primera y con comodidad, sin problemas. Enhorabuena. Según el estudio, parece que vas a vivir muchos años… —coincidimos con que esto es un reduccionismo, ¿verdad?

Ahora bien, también es posible que te cueste un poco, mucho muchísimo o directamente te resulte imposible. En torno al «reto» que corre por ahí hay una serie de puntuaciones para determinar lo fastidiado que estás o los pocos años de vida que te quedan. Pero como en M de Movimiento no nos van los números o la cantidad, sino la conciencia y la cualidad, vamos a intentar entender algunos puntos clave de esta expresión de movilidad que, cómo no, de no poder llevarla a cabo con relativa facilidad, te recomiendo desarrollar.

Vas a ganar movilidad y, encima, sin aburrirte a base de estiramientos.

Si te es imposible, céntrate sobre todo en el control de la bajada, para ir desarrollando fuerza. Aprieta todo lo posible, especialmente en tu punto débil, el más bajo, justo cuando notes que vas a perder la tensión.

Además, siempre puedes asistirte de un cojín, unos bloques de yoga o unos libros, elevando el punto de apoyo de tu trasero. Con el tiempo, apóyate sobre algo más bajo, hasta el día en que no necesites esta asistencia.

Aquí tienes un breve tutorial. Atento a los detalles —pueden y suelen marcar la diferencia.


HAZLO MÁS COMPLEJO Y FLUYE


Cuando domines un par de patrones para sentarte y levantarte del  suelo analíticamente, no te estanques en la jaula del aislamiento. Deja esa manía para los World Gyms de California, los McFit de por aquí.

Ya que te has embarcado en la aventura de expresar tu movilidad, más que ejercitarla, dale de comer al cuerpo algo más nutritivo añadiendo complejidad al asunto. Recuerda: moverse no se trata solamente de body food, también de brain food, alimento para tu cerebro.

¿Cómo hacerlo? Explora, experimenta, juega a combinar y transitar entre distintos patrones. Puedes empezar por las posiciones más básicas de descanso, como las que vimos aquí.

¡Transforma tu entrenamiento de movilidad en una expresión personal, en arte!

Es más rico, divertido y, sobre todo, propio, tuyo, algo que has creado tú —que, por cierto, potenciará la sostenibilidad de tu práctica, tu constancia para seguir en movimiento. Palabra.

He aquí un simple ejemplo:


Rober Sánchez – M de MovimientoSoy Rober Sánchez, director del Laboratorio de Movimiento, nuestra plataforma de entrenamiento online. Desde 2003 enseño a las personas a entrenar para construir cuerpos móviles, fuertes y hábiles, y poder moverse de verdad.

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Las 4 capacidades básicas de la movilidad natural de hombros

La diferenciación entre la movilidad natural y la movilidad no tan natural puede ser tan difusa como lo que distingue el movimiento natural del movimiento no tan natural, que también podríamos llamar cultural.


Lectura previa 1: Hacer ejercicio es antinatural

Lectura previa 2: Movimiento natural vs. movimiento cultural


Ahora bien, si hablamos de tú a tú y nos olvidamos del rigor que supuestamente necesitamos para entendernos (ese mito que corre entre expertos y académicos), creo que tú, igual que yo, ya sabes lo que es la movilidad natural o, como mínimo, lo puedes intuir.

Si abordamos la cuestión por vía negativa todavía es más fácil…

Abrirte de piernas a lo Van Damme o tocarte el culo con la coronilla en plan contorsionista china del Circo del Sol no es muy natural que digamos.

O al menos no tan natural como poder agacharte de diferentes maneras con comodidad sin que te crujan los pies y las rodillas, ponerte (y mantenerte) erguido sin tener que hacer mucho esfuerzo con la espalda o mover los brazos por encima de la cabeza sin que se quejen los hombros o se te carguen las cervicales.

Ya hemos resuelto el tema a grandes rasgos, ¿verdad?


Recomendación: vamos a utilizar algunos términos muy sencillitos para matizar lo que veremos. Si no acabas de entender alguna cosa, completa el training JOINTS, la EGB de la movilidad articular. Es gratuito.


POR QUÉ TIENES CARENCIAS DE MOVILIDAD NATURAL DE HOMBROS


Precisamente, el gesto que define a la perfección la movilidad natural de hombros (y brazos y espalda alta) es justo ese: mover los brazos por encima de la cabeza.

En este sentido, la vida moderna y maquinista y sus comodidades suponen una discordancia evolutiva más que te puede estar afectando de tres maneras:

  1. Como hemos diseñado nuestro entorno para que todo esté a mano, mueves los brazos por encima de la cabeza con muy poca frecuencia y diversidad gestual. El principio de especificidad vuelve a imponer su ley: si no haces una cosa, si no practicas un gesto, pierdes la capacidad de hacerlo. Si no hay estímulo, no hay adaptación. ¿Para qué iba el cuerpo a invertir energía en mantener una capacidad que no utilizas?
  2. Por tu trabajo (o tu práctica repetitiva, exhaustiva y extenuante de algún deporte) puede que estés moviendo los brazos por encima de la cabeza de la misma manera con demasiada frecuencia o, al menos, que estés sosteniendo los brazos alzados durante mucho tiempo, a jornada completa. Si el defecto de estímulo merma tus capacidades por falta de uso, el exceso lo hace por sobreuso. A tus hombros les hace falta descansar de hacer siempre lo mismo, de moverse siempre igual. Pero eso no quiere decir que deban «dejar de moverse» de esa forma, sino que necesitan diversificar los gestos a los que se ven expuestos, equilibrar la balanza.
  3. En cualquiera de los dos casos, casi seguro que hay una acción que no estás realizando con regularidad y que es fundamental: colgarte de las manos, principalmente con los codos extendidos y el cuerpo relajado, dejando que sea la gravedad quien «mueva» tus brazos por encima de la cabeza.

Con este panorama, es normal —aunque no debiera— desarrollar carencias en la movilidad natural de los hombros (y brazos y espalda alta).


¿CÓMO SOLUCIONARLO?

LAS 4 CAPACIDADES BÁSICAS DE LA MOVILIDAD NATURAL DE HOMBROS


Aunque estemos hablando de una capacidad muy concreta (mover los brazos por encima de la cabeza), por aquello de intentar ser lo más específicos posible para que te centres en lo que realmente necesites tú y solo tú (puede que sea solo uno de los puntos que veremos o varios… o todos), vamos a matizar el gesto en cuatro subcapacidades, cuatro escenarios, cuatro formas diferentes de mover los brazos por encima de la cabeza la mar de naturales.

La solución para gozar de una buena movilidad natural de hombros pasa por explorar las cuatro capacidades, las cuatro posibilidades.

Si te dejas alguna, la mesa de la coherencia natural cojea, y pagas las consecuencias, ya sea por desnutrición de movimiento (no moverte en absoluto) o malnutrición (moverte demasiado en un sentido y demasiado poco en otros).

Como al comer, necesitas una dieta de movilidad equilibrada.

Asegúrate de alimentar estas cuatro capacidades:


1. SUSPENDERTE PASIVAMENTE


CapturaColoquialmente, colgarte sin que los pies toquen el suelo, totalmente relajado.

Ya sea de las dos manos o de una sola. De hecho, la suspensión a una mano es un hito más que interesante, ya que es un requisito para algunas de las capacidades que siguen.

Y de donde sea. Una barra, una espaldera, un muro, un columpio, un andamio o una puerta.

Necesitas colgarte a menudo, cada día. Es una cuestión de pura coherencia evolutiva. Lee Colgarnos está en nuestro ADN (y el precio de no hacerlo).

Si no puedes hacerlo porque no puedes hacerlo, empieza a hacerlo.

Y si no puedes hacerlo porque te duele, estas tres alternativas pueden ayudarte.


2. TRACCIONAR DESDE UNA SUSPENSIÓN


Poder estar colgado es la primera capacidad, la madre del resto de capacidades, aunque una mera muestra de flexibilidad (dejando a un lado la fuerza de agarre), pero no de movimiento.

La verdadera capacidad de mover los brazos por encima de la cabeza en una de las dos tareas para las que podemos hacerlo (básicamente son empujar o tirar) es traccionar desde una suspensión.

Y esa tracción, para ser natural natural, debes poder realizarla con los codos tanto flexionados como bloqueados.

Una tracción desde una suspensión con codos flexionados ocurre cuando ejecutas un remo corporal o una dominada, por ejemplo, así como cualquier tipo de trepa o escalada, en general.

Pero no olvides que esa tracción, para que sea eficiente y no te dé problemas a largo plazo, tiene que partir de una tracción escapular, con los codos extendidos (lee Cómo estabilizar las escápulas en remos y dominadas).

Es más, para que tus brazos y hombros cumplan con su propósito natural como motores de otra de nuestras formas evolutivas de locomoción, de desplazamiento suspendidos, sí o sí tienen que ser capaces de traccionar desde las escápulas con los codos extendidos.

Se trata del cénit natural de las tracciones con los brazos por encima de la cabeza: las braquiaciones.


3. MANTENERTE ESTABLE ANTE UNA INERCIA


Sometimes shit happens. Algo que solemos olvidar. A veces la «caca» ocurre, situaciones impredecibles para las que es mejor estar preparado.

De hecho, tener que hacer frente a una inercia durante una suspensión no es algo que pueda pasar. Es una certeza incrustada, implícita del movimiento natural humano.

Vuelve a fijarte en el vídeo anterior de la braquiación. Sí, moverse de esa forma requiere de una tracción escapular en algunos momentos, ¡pero combinada de una suspensión pasiva e inerte en otros! De lo contrario, no habría movimiento.

Y durante una braquiación, cuando has interiorizado bien los tempos, al menos eres tú quien controla el momento en el que ocurrirá la inercia, pero ¿qué pasará en esos otros momentos en los que no la controlas?

¿Cómo estar preparado? Solo hay una forma de estarlo específicamente: entrenando y practicando específicamente balanceos y movimientos inertes en dichas posiciones, de nuevo, a dos manos y a una mano.


4. MOVER LOS BRAZOS POR ENCIMA DE LA CABEZA POR TI MISMO


Hasta ahora, las tres capacidades que hemos visto tienen que ver con mover los brazos por encima de la cabeza durante una tarea de tracción o tirón, lo que cubre solo una de las caras de la moneda —la otra, obviamente, es empujar.

Y en este sentido, tener la capacidad verdadera de mover los brazos por encima de la cabeza pasa por ser capaz de hacerlo por ti mismo, sin la «ayuda» de la fuerza de la gravedad.

Claro, puedes pensar que cualquiera puede mover los brazos por encima de la cabeza por sí mismo.

Lo que pasa es que estamos hablando de patrones naturales, es decir, de hacerlo con naturalidad, que a su vez implica mover los brazos realmente por encima de la cabeza (180 grados de flexión de hombro, aproximadamente), y además con eficiencia y confort, sin tensiones ni dolor.

En definitiva y a nivel práctico, ¿superas el test de flexión de hombro? ¿Puedes mover los brazos por encima de la cabeza por ti mismo evitando arquear la espalda, con eficiencia y confort, sin tensión ni dolor?

Si es así, tu movilidad de hombros es natural.

Si no, no.


UN EJERCICIO DE CONCIENCIA Y COHERENCIA


Contar con estas cuatro capacidades no es nada espectacular o épico. De hecho, la parte «física» de todo este juego es lo de menos.

Lo fundamental es conocerlas y comprenderlas, y ser consciente de lo siguiente:

  1. Si quieres gozar de unos hombros, brazos y espalda que funcionen y se muevan bien, tienes que cubrir las necesidades naturales que los alimentan, y mover los brazos por encima de la cabeza respetando estos matices, tu coherencia evolutiva.
  2. No tiene ningún sentido «liarse» a hacer otras cosas más chachipirulis (ni con anillas, ni con barras, ni con máquinas, ni con TRX, ni con nada…), si antes no tienes bien asentadas estas bases.

Y entonces sí, a partir de la conciencia y la coherencia, moverte.


PD: Si necesitas ayuda y quieres entrenar conmigo para desarrollar estas capacidades y otras, las inscripciones para el training MOVILIDAD NATURAL se abrirán este próximo viernes.


Rober Sánchez – M de MovimientoSoy Rober Sánchez, director del Laboratorio de Movimiento, nuestra plataforma de entrenamiento online. Desde 2003 enseño a las personas a entrenar para construir cuerpos móviles, fuertes y hábiles, y poder moverse de verdad.

Accede a los programas gratuitos de bienvenida y empieza a entrenar tu movilidad, tu fuerza y tu habilidad con cabeza. ¡Muévete!

 

«Eres sedentario y no te mueves más porque eres un inútil incompetente»

¿Quieres desarrollar, tener y disfrutar de un cuerpo fuerte, resistente, tonificado, flexible, sano, que funcione bien y que se vea bonito? Haz ejercicio. Apúntate al gimnasio. Practica algún deporte, yoga o pilates. Sal a correr un par de días a la semana. Descárgate la última app de moda y completa sus circuitos; solo te llevará siete minutos al día, y sin salir de casa. Así de fácil.

Bueno, lo de «así de fácil» es, como mínimo, discutible. Se parece a aquello de que, si quieres adelgazar, come menos. O, si quieres sacarle más provecho al día, levántate dos horas antes. O, si quieres ser feliz para siempre, tómate cada mañana un té matcha con jengibre, haz meditación y repite conmigo «la vida es maravillosa» ciento sesenta y nueve veces — ni una más ni una menos.

Todo el mundo conoce las recetas, las fórmulas, los secretos…, las instrucciones. Pensar así equivale a afirmar que, si no consigues tu objetivo, cualquiera que este sea, es debido a una simple cuestión de falta de voluntad y de disciplina. O que, si no tienes un cuerpo diez, no eres productivo o tu vida no es una fuente inagotable de felicidad, es por pura incompetencia.


SI FUERA TAN SIMPLE…


Ni te falta voluntad o disciplina, ni eres un inútil incompetente.

No sé en todo lo demás, pero en cuestiones de actividad física, de movimiento, hemos caído en la trampa de la simplificación y el reduccionismo extremos a la hora de reflexionar sobre las necesidades, las motivaciones y las posibilidades que nos mueven a movernos y que, en último término, acaban convirtiéndose en nuestra actividad física real. En consecuencia, cuánto y cómo se mueve la mayoría de las personas suele ser escaso y pobre, intermitente e inconsistente. ¿El resultado? La epidemia de sedentarismo que padecemos, esporádicamente maquillada, como mucho, por esas dos o tres horas a la semana en que hacemos ejercicio o deporte, lo que se conoce como sedentarismo activo.

Sí, la solución puede ser algo tan sencillo como moverse más, hacer más ejercicio, ser una persona más activa. Sin embargo, el movimiento humano —nuestras necesidades, motivaciones, posibilidades y, finalmente, elecciones, junto con nuestra propia práctica de la actividad física— es un asunto extremadamente complejo. Y, sobre todo, ejercerlo, llevarlo a cabo, moverse más, que de fácil o simple no tiene nada. Si no, ¿por qué no lo hacemos?


MUÉVETE MÁS… Y PIENSA MÁS


Sin movimiento no hay vida, y moverse más supone en cualquier caso vivir mejor.

Lo otro, lo que suele hacer la mayoría —no moverse, el sedentarismo, repetir hasta la saciedad en el gimnasio los mismos ejercicios analíticos y el mismo cardio todas las semanas o cuidar la forma física— no va a darte más movimiento ni más vida; como mucho, puedes aspirar a conseguir un porcentaje de grasa corporal bajo y que los músculos se vean tonificados, algo que, en realidad, dice muy poco acerca de tu capacidad y habilidad para moverte, así como de los efectos que dicha movilidad tendrá en todo el sistema corporal, en lo que pase dentro de tu organismo y no solo en lo que puedas mostrar a los demás o veas reflejado en tu espejo, en lo que se ve.

Claro, fruto de nuestra (in)cultura acerca del movimiento, meramente superficial, computacional, maquinista, relativa solo a la productividad, las estadísticas, la cantidad y las apariencias, lo normal es que interpretes ese «más» del título en forma de números, como si fueras un ordenador. Más repeticiones completadas, más kilómetros recorridos —y cada vez más rápido—, más centímetros de bíceps, más calorías quemadas, más kilos levantados, más carreras acabadas, más abdominales…

Moverse más no tiene por qué significar acumular mayores cifras. La cantidad es una mínima parte que, sin duda alguna, si eres una persona sedentaria, te recomiendo que contemples y mejores. Así pues, dicha propuesta también implica tener en cuenta los siguientes aspectos:

  • La frecuencia de tu actividad física diaria, esto es, lo a menudo que te muevas en tu vida cotidiana, más allá de si vas al gimnasio dos o tres días por semana a levantar pesas o a bailar zumba, algo que impacta en tu salud y bienestar mucho más de lo que piensas desde un punto de vista sistémico.
  • La amplitud del rango de movimiento de los ejercicios que suelas hacer, lo cual afecta directamente a la flexibilidad y movilidad de tus articulaciones, donde ocurre realmente el movimiento —no en tus músculos—, aspecto este en el que la mayoría presenta mayores carencias, muchas más que en cuestiones cardiovasculares o de fuerza.
  • La complejidad y diversidad de gestos, posturas, patrones, intensidades y cargas propias de tu actividad física, ya sea practicando fitness (esto es, cuidando la buena forma), deporte o cualquier disciplina física, incluso en tu trabajo, si conlleva un esfuerzo físico. Esto influye en tu coordinación, equilibrio, capacidad de reacción, memoria gestual, ritmo e inteligencia corporal, es decir, en la calidad de tu movimiento, en cómo te mueves, además de cuánto te mueves, en tu verdadera capacidad y habilidad de moverte, y no únicamente en las apariencias de tu estética o tu rendimiento.

Ni acostumbramos a pensar en todos estos aspectos ni solemos prestar atención a cómo nos movemos en el día a día, hacemos ejercicio o entrenamos en el momento preciso de llevarlo a cabo, es decir, en el aquí y ahora —sin misticismos, por tanto—, ya que solemos realizarlo en piloto automático o más pendientes de los resultados y las expectativas que del acto en sí de movernos.

Justo por eso te propongo pensar en mayor medida antes de moverte más, reflexionar y ser consciente de lo que estés haciendo, de cómo te mueves, de por qué y para qué, en lugar de hacer las cosas al tuntún, sin prestar atención a lo que tienes entre manos, siguiendo las modas de turno o las instrucciones de un monitor sin cuestionarte si se trata de lo que necesitas o realmente te motiva, sobre todo en caso de que seas de esos que asumen el ejercicio como un deber o una obligación. Esta actitud al final se percibe como un sacrificio, un castigo o una imposición, con los consecuentes altibajos que esto acarrea en tu motivación y en tu práctica de actividad física, la cual, observada a largo plazo, se torna inconstante e insostenible, por no hablar de los sentimientos de culpabilidad que puedan generarse en ti.

Cuánto y cómo necesitas, debes, te motiva, puedes y, finalmente, quieres moverte tú y solo tú son los temas que abordaremos para cumplir nuestra misión, a saber: que te muevas más desde un punto de vista de cantidad, por supuesto, pero también de frecuencia, amplitud, complejidad y diversidad, haciéndolo a propósito y a conciencia, siempre motivado, dueño de tus decisiones y acciones, comprometido con tu cuerpo —es decir, contigo mismo.

Ahora bien, por otro lado, solo hay una manera de dar una respuesta completa, redonda, coherente a todas estas cuestiones: moviéndote más. Por eso, vas a tener que moverte más para pensar mejor. Y, llegado el momento, darte cuenta de que lo que te sobra es información, teoría y, cómo no, cifras y cantidades. Cuánto y de qué modo necesitas, debes, te motiva, puedes y finalmente quieres moverte es algo que solo puedes saber y determinar a base de acción, experiencia y práctica, e incluso entrenamiento, si quieres, ¿por qué no?

En fin, a base de movimiento.


MI NUEVO LIBRO

CAMINA, SALTA, BAILA:

MUÉVETE MÁS Y VIVE MEJOR


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Acabas de leer las primeras líneas de la introducción de mi nuevo libro, Camina, salta, baila: Muévete más y vive mejor.

Es mi primer libro «de verdad», publicado por Plataforma Editorial, la «casa» de Xavi Cañellas, el Dr. Mario Alonso Puig, Álvaro Bilbao, Sergio Fernández, Victor Küppers y otros grandes divulgadores.

Y a partir de mañana lo tendrás disponible tanto en su versión impresa como en digital no solo en Amazon, también en todas las librerías.

Camina, salta, baila es el resultado de mi experiencia, estudio y trabajo en torno a la actividad física y el entrenamiento por más de veinte años.

El libro desgrana todos los conceptos que acabas de leer en la introducción, que he dividido en cinco partes:

  1. Necesitas moverte.
  2. Debes moverte.
  3. Puedes moverte.
  4. Elige moverte.
  5. Muévete más.

Pero, como te decía, no solo se trata de pensar más.

Eso probablemente ya lo haces demasiado y, si te quedas ahí, nada va a cambiar. Cuanto más tiempo pases pensando menos tiempo pasarás moviéndote. Cuestión de matemáticas.

Por eso, además de invitarte a meditar sobre esas cuestiones, en cada una de las partes te propongo ideas, soluciones y recursos prácticos a la hora de comprender y cubrir tus necesidades de movimiento, plantear tus motivaciones, darte cuenta de tus posibilidades, escoger tus opciones y, finalmente, moverte más (no hacer más ejercicio o deporte, que es importante pero no tan importante).


GRACIAS, LECTOR/A


Si llevas tiempo leyéndome, obviamente, te sonarán muchas cosas: la diversidad «incorrecta» de gestos y posturas, el movimiento integrado, el Método Natural como base, la no necesidad de motivación para moverte, la sentadillas y las suspensiones como fundamento, etcétera.

Ya son nueve años divulgando y, en este sentido, Camina, salta, baila representa dos cosas, la segunda consecuencia de la primera:

  1. Un compendio estructurado, continuo, coherente, fluido, bonito de todo lo que he publicado hasta ahora.
  2. Una oportunidad, tanto para el antiguo lector como para el nuevo, de acceder, comprender y poner en práctica «de una tirada» el mensaje que intento transmitir, gracias al libro mucho más didáctico y digerible que las pinceladas que se pueden ir dibujando en un blog.

Lleves el tiempo que lleves leyéndome, sean nueve años o un solo día, quiero aprovechar esta oportunidad para agradecerte tu interés, tu confianza, tu lectura.

Sin alguien que leyera, sin ti, todo esta aventura no sería tan chula, y este libro no tendría sentido.

Muchísimas gracias por estar ahí.

Espero que disfrutes del libro y te sea útil.

¡Seguimos en movimiento!

Rober Sánchez