Movimiento 4: Moverse y conmutarse por piernas

Ya han pasado tres semanas desde que iniciamos el Proyecto Removimiento.

La tercera práctica, “Moverse con frecuencia”, ha llegado a su fin, y espero –de esperanza, porque no lo sé– que hayas impregnado de movimiento tu vida, como mínimo cada 25 minutos. Si es así, dada la naturaleza del catálogo de 22 ejercicios propuestos, debes estar hecho una fiera en eso de mover manos y pies, y todo sin ir al gimnasio. Mi segunda esperanza, egoísta, la que realmente cuenta más allá del movimiento, es que cada vez seamos más los que conectamos con nuestro cuerpo con más frecuencia, aunque sea por unos instantes, muchísimas veces al día, una garantía de conciencia y bienestar, y un futuro, por tercera vez en pocas líneas, esperanzador.

La cuarta práctica, conmutarse “por piernas”, representa el tópico entre los tópicos de todos los consejos que suelen darse respecto a la integración de cierta actividad física en la vida cotidiana.

Aclaro que tomo prestado conmutarse del verbo to commute, que ingleses y americanos suelen utilizar para referirse a los desplazamientos de casa al trabajo y del trabajo a casa. Nosotros ampliaremos el significado, omitiendo lo de “de casa al trabajo”. Es decir, conmutarse querrá decir literalmente trasladarse de un punto A a un punto B, que ya pueden ser nuestro hogar, el trabajo, la escuela, el mercado o donde sea. El matiz es que lo haremos siempre “por piernas”.

Excepción y ejercicio previo

Evidentemente, todos aquellos que vivan a unos cuantos kilómetros de su trabajo imagino que se verán más o menos obligados a utilizar algún modo de transporte que no sean sus patas. El ejercicio sirve igualmente para otras conmutaciones; cada cual que valore sus condicionantes.

De todos modos, sin ánimo de juzgar y mucho menos ofender, aprovecho el momento para recomendar a todos ellos que investiguen acerca del término “relocalización”. Por poner un ejemplo rápido, ¿qué sentido tiene que un informático viva en Sabadell y trabaje en Barcelona y otro informático viva en Barcelona y trabaje en Sabadell? ¿Y qué sentido tiene que ambos se crucen en la autopista o las vías del tren dos veces al día, malgastando tiempo, dinero, energía? ¿Podrían intercambiar sus puestos de trabajo? ¿Qué repercusiones tendría este intercambio en sus vidas? ¿Y en sus movimientos? Esto da para mucho…

Yo mismo lo hice en su momento, cuando todavía tenía abierto mi centro de entrenamiento. Y hace un par de años me he relocalizado todavía más, al tomar la decisión de cerrarlo y trabajar de otra manera, y desde casa. ¿Camino de rosas? Para nada. Hay un precio a pagar, ciertos sacrificios. Pero me muevo más. Y me conmuto SIEMPRE por piernas, ya que el 95% de mi vida ocurre en 4 ó 5 kilómetros a la redonda. Esa fue mi decisión, y no me arrepiento.

En cualquier caso, durante los últimos años conmutarse a pie –o en bicicleta– ha sido una de los primeros cambios que he propuesto a mis clientes y alumnos, incluso antes de apuntarse a un gimnasio o ponerse a hacer flexiones y dominadas en un parque, y la experiencia me ha chivado que la primera resistencia que acostumbra a asomarse es la cuestión tiempo. “No tengo tiempo”. “Tardaré mucho más”. “Tendré que salir antes de casa”. “¿Todavía madrugar más?”.

Todas esas cuestiones suelen durar poco después de realizar un ejercicio de tres pasos bien simple:

1. Cronometrar el tiempo exacto que uno tarda desde que cierra la puerta de casa hasta que entra por la puerta del trabajo, conmutándose en coche, metro, autobús, etc.

2. Cronometrar el tiempo exacto que uno tarda desde que cierra la puerta de casa hasta que entra por la puerta del trabajo, conmutándose caminando o en bicicleta, o mitad y mitad, por ejemplo, si uno goza de un servicio de alquiler de bicicletas como el Bicing de Barcelona.

3. Comparar.

En muchos casos, diría que la mayoría, la sorpresa es contundente, al verificar que la diferencia suele ser mínima, de entre 5 y 15 minutos. Incluso a veces se tarda lo mismo.

Por poner un ejemplo, hace un tiempo realicé el ejercicio yo mismo para ver qué ocurriría si trabajara, como mucha gente de por aquí, en el centro de Barcelona.

Resulta que desde la puerta de mi casa hasta la puerta del Corte Inglés –trabajé allí cuando aún estaba en la universidad– utilizando el metro tardo 22 minutos, en un día normal, con no más de 2 minutos de espera en el andén.

¿Y caminando? 26… 26 minutos.

Las excusas y los matices individuales pueden ser varios y no vamos a entrar en detalle. Ya he dicho que, según mi experiencia, generalmente las diferencias no superan los 15 minutos, algo bastante asequible si además tenemos en cuenta lo siguiente: todo el tiempo que uno pase caminando por la calle a un buen ritmo es tiempo que uno no tiene por qué aburrirse pedaleando en una bicicleta estática, remando sobre suelo seco o caminando en una cinta de hámster. Es decir, tiempo que uno se puede quitar de gimnasio y de vida bajo techo.

En fin, quien quiera que cronometre tiempos. Igual que ocurrió con el diario de sedentarismo, predigo más de una sorpresa.

La propuesta

Así que mi propuesta es sencilla. Caminar, caminar y caminar.

Y, si es necesario porque las distancias son largas –más de 3 ó 4 kilómetros–, intercalar las marchas con tramos en bicicleta o patinete.

Y, si no hay más remedio porque las distancias son considerables, como mínimo acortar los trayectos en coche o transporte público, y darle un poco de coherencia y sentido evolutivo a nuestra forma de locomoción más eficaz, que no es correr –no, borntorunners, no–: caminar.

Lo ideal es realizar el ejercicio lo más estricto posible durante siete días consecutivos. Después de una semanaa, ya cada uno puede sacar sus propias conclusiones y establecer nuevos hábitos dependiendo de su experiencia.

¡Vamos, hombre! Que una semana pasan volando… o caminando.

Resumiendo, mis conclusiones son las siguientes:

· Caminar entre dos y tres horas acumuladas diarias representa un 80% de la coherencia evolutiva física, mucho más que HIITS, métodos naturales y parkours, levantar piedras, hacer la vertical, etc.

· Caminar para conmutarte te ahorra tiempo dedicado específicamente a la actividad física. Es un 2×1. Haces ejercicio aprovechando tus conmutaciones.

· Caminar te obliga a pasar tiempo al aire libre, es decir, a exponerte a aire circulante –aunque esté contaminada, ni mucho menos tanto como la de un vehículo cerrado– y luz solar.

· Caminar le va bien no sólo a tu cuerpo, también a tu cabezota –puedes leer esta entrevista al psiquiatra Fréderic Gros.


Rober Sánchez – M de MovimientoSoy Rober Sánchez, director del Laboratorio de Movimiento, nuestra plataforma de entrenamiento online. Desde 2003 enseño a las personas a entrenar para construir cuerpos móviles, fuertes y hábiles, y poder moverse de verdad.

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Test 5. Traccionar

Esta entrada del blog forma parte de una serie de tests que desarrollamos junto con los lectores hace un tiempo.

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Si una de las acciones básicas más «vigorosas» que pueden hacer nuestros brazos es empujar, evidentemente, no podemos olvidar su contraria, es decir, traccionar.

Del mismo modo que para los empujes, hay diferentes tipos de tracciones: más horizontales o más verticales, lineales y orgánicas, simétricas o asimétricas, bilaterales o unilaterales.

Antes de desvelar cuál será el test que he escogido para la tracción, como es muy probable que ni siquiera puedas plantearte realizarlo, déjame decirte algo.

Que no lo puedas hacer no significa nada más que simplemente eso: no puedes hacerlo. No pasa nada. No tienes que sentirte mal. No es un fracaso. No eres un/a incompetente. Y tampoco es necesario que me maldigas o que pienses que podría habértelo puesto más fácil con algún tipo de regresión o ayuda.

Quédate solo con eso. «No puedo traccionar así«. Después, cuando COMPRENDAS qué significa, haz lo que creas oportuno.

Porque el test de tracción va a ser realizar UNA SOLA REPETICIÓN de una dominada, una tracción vertical con tu propio peso corporal, evidentemente, con una serie de normas.

1. Las manos van a situarse al ancho de los hombros o ligeramente algo más separadas, sujetándose a la barra mirando hacia delante –pronación.

2. Empezar el movimiento en suspensión absoluta (test 1), con los codos totalmente extendidos y los hombros relajados, y terminar la subida con la barbilla por encima de la barra.

3. Realizar la tracción a base de fuerza «pura», sin impulsos ni balanceos.

4. En cuanto al tempo, las únicas condiciones son realizar una parada de un segundo en el punto más alto y controlar la bajada, sin dejarse caer.

Por lo tanto, las trampas más habituales son:

1. Empezar el movimiento con los codos flexionados o los hombros y escápulas activos.

2. No superar la altura de la barra con la barbilla.

3. Balancearse o impulsarse para subir.

4. No parar arriba.

La elección de este test va muy en línea con la idea de coherencia evolutiva que hemos planteado en la capacidad de suspendernos y descansar agachados.

Poder traccionar verticalmente el propio peso corporal, sin maquillajes ni sucedáneos como impulsos o bandas elásticas que nos asistan, es una capacidad humana básica, y una buena parte de los problemas que sufrimos a nivel de hombros y espalda radican en la falta de exposición a este tipo de gestos, de estímulos.

Porque, por mucho que el primer paso para valorar las capacidades básicas de los brazos en este sentido fuera colgarse, al fin y al cabo, permanecer suspendido no es moverse, sino el requisito del movimiento, como comentábamos en la interpretación del test 1.

¿Una vez estás suspendido, puedes moverte? Porque, de lo contrario, en términos de movimiento, ¿de qué te sirve?

Traccionar verticalmente es una de las mejores valoraciones de movilidad, fuerza, control, integridad de nuestros hombros y espalda alta.

Cuidado. Estamos hablando de movimiento y capacidad, no rendimiento. Por eso solo te pedía una repetición del gesto, y una conclusión: ¿puedes o no puedes?

Y como para los empujes, si puedes hacerlo es algo fabuloso, y si no, también.

Porque, de nuevo, lo más importante es SER CONSCIENTE de lo que uno puede hacer –y de lo que no.

Sobre todo cuando a menudo queremos jugar a hacer el mono, participar en carreras súper cool, obstáculos incluidos, o repetir y repetir de CUALQUIER MANERA (algo que se parece a) una dominada en el WOD que toque, pero no somos capaces de hacer ni una sola repetición del gesto en todo su recorrido, con conciencia, rigor y control.

¿Qué sentido tiene?

 


Rober Sánchez – M de MovimientoSoy Rober Sánchez, director del Laboratorio de Movimiento, nuestra plataforma de entrenamiento online. Desde 2003 enseño a las personas a entrenar para construir cuerpos móviles, fuertes y hábiles, y poder moverse de verdad.

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Movimiento 3. Moverse con frecuencia

Hasta hoy, los que participamos en el Proyecto Removimiento hemos dedicado una semana a conocer nuestra actividad física diaria y semanal al reflejarla en un registro de sedentarismo, y dos más a redescubrir cierto sentido corporal, primero en nuestros pies y recientemente en nuestras manos. Sí, están vivos. Y se mueven, mucho.

Ha llegado el momento de ponerse más serios y exigentes, reforzando lo aprendido en la primeras prácticas y aumentando la frecuencia de nuestro movimiento.

Moverse con frecuencia

Si te interesa esto del movimiento, supongo que leíste mis 10 aprendizajes más importantes después de 10 años dedicados al entrenamiento personal, cuyo colofón era el último aprendizaje, seguramente al que mi tozudez opuso más resistencia: hacer ejercicio no es suficiente.

Así que, después de haber empezado muy suave –diez minutitos al día para dedicarlos a las rutinas de ejercicios de pies y manos–, creo que ya es hora de dar un salto cuantitativo, por lo que la propuesta para estos próximos siete días no traerá nada nuevo en cuanto a ejercicios. Toca reconectar con nuestro cuerpo olvidado –o sea, con nosotros mismos– con mucha más frecuencia y, evidentemente, moverlo, movernos.

Antes de nada, hago un pequeño inciso presentando una herramienta que nos servirá para nuestra práctica.

LA TÉCNICA POMODORO

La técnica Pomodoro, en principio, fue concebida como una herramienta de productividad personal. Hay blogs y libros dedicados prácticamente en exclusiva a esta técnica, aunque con esta excelente descripción que escribió Homo Minimus hay más que suficiente para entender de qué va. De hecho, él mismo la replantea como herramienta de atención plena. Y ése será el uso que le daremos.

Puedes echar un vistazo a los enlaces que acabo de colocar, aunque el servicio que nos prestará, dependiendo cada uno de nuestras circunstancias personales, sobre todo de trabajo, será sencillo.

La técnica Pomodoro la utilizaremos para dividir nuestros grandes bloques temporales de sedentarismo –esas horas y horas sentados en el coche, el metro, la oficina o el sofá– en periodos de 25 minutos. Y para ello lo único que necesitaremos será un temporizador –todos los móviles tienen uno, y muchos relojes digitales también.

El caso es que esos episodios en los que tengamos previsto o nos veamos (semi)obligados a permanecer largos ratos en “modo sedentarismo” –revisa el ejercicio “registro de sedentarismo”– los dividiremos en esos periodos de 25 minutos.

Esto nos asegura, por un lado, una cosa… Cada vez que suene la alarma, cada 25 minutos, su sonido nos recordará que no somos un Excel, o una partida del Candy Crash, o nuestra serie favorita.

¡Bip bip! Somos un cuerpo. En realidad, estar pendiente de gestionar el temporizador ya es un ejercicio de atención plena, así que el beneficio en cuanto a conciencia es doble.

Además, por otro lado, como se puede adivinar, no podemos permitirnos el lujo de tomar tanta conciencia para que se desvanezca en nuestras fantasías, ilusiones y declaraciones de intenciones de movernos más. Cuánta energía malgastada… Cada reconexión con nuestro cuerpo cada 25 minutos será una oportunidad única para re-movernos, movernos con mucha frecuencia.

Removerse cada dos por tres

Con todo, mi propuesta para esta semana representará un verdadero reto para comprobar el grado de compromiso que tiene cada uno, lo prioritario que consideremos nuestro cuerpo –o sea, nos consideremos a nosotros mismos– en esto de moverse.

La práctica “Moverse con frecuencia” consiste en dos ejercicios:

1.MOVERSE EN LAS TRANSICIONES

Es decir, para cada transición entre los modos “cierta actividad” y “sedentarismo”, en ambos sentidos, MOVERNOS.

Si estoy de pie y me siento o me estiro, ME MUEVO.

Y si estoy sentado o estirado y me pongo de pie, ME MUEVO.

2. MOVERSE CADA 25 MINUTOS CUANDO ESTEMOS EN «MODO SEDENTARISMO»

O sea, para esos periodos en que el sedentarismo dura más de lo que la mayoría desearíamos, utilizando la técnica Pomodoro, MOVERNOS.

Si suena la alarma, ME MUEVO.

¿Y qué quiere decir ME MUEVO?

ME MUEVO en esta práctica significa que en cada uno de esos instantes realizaremos tres series de cinco repeticiones de solamente uno de los 22 ejercicios que estas semanas han empezado a llenar nuestra caja de herramientas:

· 3 ejercicios de movilidad para los dedos y la planta de los pies

· 3 ejercicios de movilidad en carga de pies y tobillos

· 4 ejercicios de caminata para pies y tobillos

· 4 ejercicios de movilidad para dedos, manos y muñecas

· 3 ejercicios de fuerza para dedos, manos y muñecas

· 5 estiramientos en carga para dedos, manos y muñecas

Aclaraciones y notas extra

– Para dudas básicas en cuanto a condiciones personales, antes de nada, recomiendo releer las bases del proyecto, especialmente la que se refiere a la adaptación individual. Somos mayorcitos y cada uno ya sabe lo que puede o quiere hacer, y cuáles son sus limitaciones reales –generalmente pocas– y sus barreras mentales –infinitas para todos.

– Una “norma” chula podría ser no repetir la misma “familia” en dos movimientos consecutivos. No caigamos en matrices mentales rutinarias y hagamos honor al principio esencial del Método Natural: ¡variedad, variedad, variedad!

– Este es un ejercicio que incide en la frecuencia y la variedad de movimiento al cabo de un día completo, pero no creo que haya mucha diferencia en el tiempo total dedicados a movernos. Al principio puede resultar un tanto pesado moverse tan a menudo, pero pensad que cada movimiento no nos va a llevar más de un par de minutos.

– Como es lógico, dependiendo de cada situación podremos echar mano de unos u otros ejercicios. Habrá algunas situaciones un tanto limitadas, como movernos mientras conducimos estamos en un atasco, algo que solo nos permitirá realizar algunos de los ejercicios de manos. Ahora bien, si estamos sentados en el sofá viendo una peli, no será tan grave si nos levantamos para caminar tres veces arriba y abajo el pasillo con el borde externo del pie.

El verdadero desafío…

…de este ejercicio es doble.

1. Conectar con tanta frecuencia con nuestro cuerpo, algo nada habitual. ¿Seremos capaces de renunciar y aparcar tan a menudo nuestras tareas y distracciones intelectuales?

2. Negociar con la parte más primitiva de nuestra mente, el “mono interior”, cada vez que nos toque movernos. Es curioso y muy interesante observar cómo se resiste una y otra vez a moverse sin motivo aparente, a pesar de que sea por unos pocos segundos y ante esfuerzos tan livianos.


Rober Sánchez – M de MovimientoSoy Rober Sánchez, director del Laboratorio de Movimiento, nuestra plataforma de entrenamiento online. Desde 2003 enseño a las personas a entrenar para construir cuerpos móviles, fuertes y hábiles, y poder moverse de verdad.

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Test 4. Controlar

Esta entrada del blog forma parte de una serie de tests que desarrollamos junto con los lectores hace un tiempo.

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En el test anterior, además del concepto «eficiencia» que ya había surgido en los dos primeros, se ha sumado uno nuevo: control.

El control motor es algo muy complejo del que se saben «cosas», pero no todo, y que suele estar explicarse con un montón de nombres raros que ahora no vienen al caso.

Sin ser muy técnicos o rigurosos, entenderemos que el control es algo así como saber decirle al cuerpo qué quieres que haga… y que el cuerpo te haga caso –parece que es lo mismo, pero descubrirás que tal vez tú le sabes decir al cuerpo que haga algo y este no obedece tus órdenes.

El control se puede valorar desde lo más analítico, «músculo por músculo» o «articulación por articulación» –en esto un fisioterapeuta sería el que «más sabe», en general– hasta lo más complejo, como puede ser cualquier gesto deportivo o habilidad física –lo que se suele conocer como técnica–, dadas las circunstancias subjetivas de cada cual según sus capacidades –fuerza, resistencia, movilidad, etc.

Nosotros no vamos a complicarnos la vida y, más que valorar el control motor –con lo complejo que es, la primera gran cuestión o test a resolver sería «cómo valorarlo»–, te propongo valorar cuál es TU facilidad, propia, individual, a la hora de aprender un gesto nuevo en el que se requiere de cierto control y coordinación.

Como estamos acostumbrados a ejercitarnos de manera simétrica, es decir, realizando el mismo gesto con los dos lados del cuerpo simultáneamente, el test va a consistir en desafiar tu sabiduría corporal para moverte asimétricamente y en sentidos opuestos, provocando una especie de cortocircuito.

Para este ejercicio no hay normas ni trampas.

Tómatelo como un juego, sigue las progresiones que verás enseguida y simplemente valora sobre la marcha qué está ocurriendo con/en tu cuerpo y cuánto esfuerzo te cuesta «seguir» el ritmo.

Como te decía, la valoración de lo que haya ocurrido es muy subjetiva.

¿Te ha salido a la primera, a la segunda, a la décima?

¿Te ha costado más hacia un lado o hacia el otro?

¿Qué pasaba cuando te pedía que cambiaras de sentido?

¿Serías capaz de repetirlo ahora mismo, a la primera?

Con este simple ejercicio solamente pretendía que fueras consciente de que, en general, para moverte de manera compleja es necesario un proceso de aprendizaje que a menudo pasamos por alto.

Para un patrón como el que has practicado, absolutamente en descarga, el riesgo que corres es mínimo por «muy mal» que lo hagas.

Ahora bien, cuando hablamos de, por ejemplo, ciertas secuencias de yoga, ejercicios de gimnasia o halterofilia, movimientos o gestos que implican un vuelo, una inercia o un impacto, la cosa se pone más difícil, y el riesgo aumenta si no has aprendido a decirle al cuerpo adecuada y progresivamente qué quieres que haga y, sobre todo, que te haga caso.

No es cuestión de que algo sea bueno o malo, sino de si se ha seguido un proceso de aprendizaje adecuado, a conciencia y con conciencia.

Por otro lado, en cuanto a esa «facilidad» de la que hablábamos, el trabajo de control, técnica, coordinación es de los más agradecidos ya que, en general, cuanto más lo desarrollas y más aprendes, mayor facilidad tienes en el futuro para seguir aprendiendo.

De ahí, por ejemplo, que los mejores «controladores» suelan ser bailarines o artistas de circo, expuestos continuamente a nuevos retos, gestos, secuencias, etc. Su capacidad para aprender en el sentido de la complejidad es realmente asombrosa.


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Movimiento 2: Redescubrir y estimular las manos

Todos los que participamos en el Proyecto Removimiento, además de ser más conscientes de habitar un cuerpo que se nutre del movimiento, durante la última semana hemos centrado la atención en nuestros pies. Es hora de pasar a otro tema, pero no de despedirnos de ellos. Ahora ya sabemos que existen –sí, algunos ni lo sabíamos–, y también que necesitan de cierta actividad para sentirse bien, vivos.

Resumiendo muchísimo, un 80% de su salud y bienestar ha dependido de cuánto tiempo han sido libres, han vivido descalzos, mientras que el otro 20% extra –para subir nota– ha recaído en los ejercicios de movilidad analítica, movilidad en carga y movilidad integrada de dedos, pies y tobillos.

Nunca más podremos excusarnos y decir que no sabemos cómo cuidar nuestros pies.

A partir de hoy, si nos duelen o sufren, si se mueven o no, somos responsables.

Redescubrir y estimular las manos

La segunda práctica de este experimento va a centrarse en las manos, otras grandes damnificadas de la vida moderna, y no por falta de actividad, sino por la pobreza de la variedad de gestos que realizan, así como por lo liviano de los esfuerzos a las que se ven sometidas.

La mano está sobrealimentada de precisión, neutralidad postural, especialización y repetición, al mismo tiempo que hambrienta de movilidad y fuerza. Lo expliqué al detalle en Los 4 nutrientes esenciales del movimiento de la mano.

Así que, si lo que pretendemos es disfrutar de unas manos fuertes, sanas y felices, vamos a tener que conocerlas mejor, relacionarnos más a menudo con ellas y, finalmente, hacer algunos cambios en su dieta de movimiento.

Para ello, durante la próxima semana enfocaremos toda nuestra atención en realizar la siguiente rutina de ejercicios como mínimo una vez al día, si es posible ejecutándola justo después de haber estado un buen rato realizando la misma tarea, nuestros quehaceres especializados, como teclear, escribir, cocinar o “guatsapear” tres horas.

Una vez más, recomiendo escucha activa de sensaciones, progresión paciente y prudente, y adaptación a los condicionantes, inquietudes y necesidades individuales de cada cual.

La rutina

1. Ejercicios de movilidad para manos, dedos y muñecas

· Flexión y extensión completa: 5 repeticiones
· Círculos con manos cerradas: 5 círculos en cada sentido
· Círculos con manos abiertas: 5 círculos en cada sentido
· Rotaciones de brazo en carga: 5 repeticiones

2. Ejercicios de fuerza para manos, dedos y muñecas

· Apoyos isométricos sobre dedos: 5 apoyos de 5 segundos
· Extensiones de dedos en carga: 5 repeticiones manteniendo 1-2” cada extensión
· Flexiones de dedos en carga: 5 repeticiones

3. Estiramientos en carga para manos, dedos y muñecas

· Para cada posición, 5 estiramientos dinámicos y 1 final de 10”

a. Estiramiento de flexores en posición neutra
b. Estiramiento de extensores en posición neutra
c. Estiramiento de flexores en rotación externa
d. Estiramiento de extensores en rotación externa
e. Estiramiento de flexores en rotación interna

Comentarios extra

Sólo dos cositas rápidas…

La primera, lo decía al principio, no te olvides de tus pies. Ahora ya no toca, si no quieres, hacer los ejercicios de pies cada día, pero tampoco los abandones. Inclúyelos en tu día a día. Y, sobre todo, no vuelvas a encarcelarlos en unos zapatos.

Y la segunda… ¡ponte las pilas, en serio! Sé que de primeras los ejercicios de pies y manos pueden parecer una tontería. Ya me lo contarás conforme vayamos avanzando a partir de la próxima práctica, “Moverse con frecuencia”, o por ejemplo en la quinta, “Apoyarse sobre las manos”. Avisado estás.

 


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