Además, resumiéndolo exageradamente, mover los brazos por encima de la cabeza te interesa sobre todo para respetar tu herencia evolutiva. Tus brazos están diseñados para moverse, entre otras formas, por encima de la cabeza y, si no lo haces… bueno… vas a tener problemas, seguro, como siempre que cometes una incoherencia evolutiva.
En cualquier caso, una vez resuelto lo teórico y moviéndonos ya hacia lo práctico, gozar de una buena movilidad para mover los brazos “por ahí arriba” es importante porque:
Es una certeza cotidiana. Tarde o temprano vas a necesitarlo. Cuando guardes algo en el altillo. Cuando corras las cortinas. Cuando cojas un libro del último estante, limpies los cristales o cambies una bombilla. En todas estas situaciones mundanas tendrás que levantar los brazos por encima de la cabeza y, si tus hombros no están preparados, tienes muchos números para pasarlo mal -como tantísimas personas que se hacen daño al realizar gestos tan “tontos”.
Es una certeza “deportiva”. Lo de deportiva suena tan feo… Pero bueno, para entendernos, hay cantidad de ejercicios que implican mover los brazos por encima de la cabeza, desde el simple fitness hasta la halterofilia, pasando por el yoga, Pilates, calistenia, verticales y equilibrios sobre las manos, Crossfit, escalada, carreras de obstáculos o cualquier deporte característico por un gesto técnico que implique flexionar el hombro.
En definitiva, si quieres desarrollar y mantener unos hombros que funcionen bien, tanto en tu día a día como para la actividad física que practiques —si es el caso—, los dos ejercicios que veremos hoy son los básicos de la movilidad para la flexión activa del hombro, eso de levantar los brazos por encima de la cabeza gracias a tu propia fuerza. (Si fuera pasiva, querría decir que alguien te los está levantando, como la gravedad cuando te cuelgas de una barra o tu profe de Pilates cuando te asiste para que te alargues más).
Por cierto, como siempre, al ser los básicos, para la gran mayoría también son más que suficiente —no hace falta más parafernalia ni complicaciones.
Recomendación: voy a referirme a algunos movimientos básicos de la movilidad articular.
Si no dominas estos fundamentos, lo que puedes aprender en este artículo se quedará a medias, no lo aprovecharás al máximo.
Completa el training gratuitoJOINTS.No es nada complicado ni demasiado técnico. Al contrario, es muy didáctico y sencillo, el EGB de la movilidad articular.
Y en cuanto lo termines sabrás moverte mucho mejor.
LA SINERGIA HOMBRO-ESCÁPULA Y EL BLOQUEO TORÁCICO
Antes de entrar en los ejercicios, tienes que saber algo: el cuerpo raramente se mueve analíticamente, articulación por articulación.
Si fuéramos rigurosos, al hablar sobre la flexión del hombro y trabajar su movilidad deberíamos centrarnos únicamente en la articulación del hombro, ni más ni menos.
Lo que pasa es que para la mayoría de gestos que hacemos con los brazos por encima de la cabeza, cotidianos o deportivos, el movimiento ocurre mejor, más fluido y eficiente cuando el hombro y la escápula colaboran entre sí y se ayudan, combinando la flexión del hombro con la elevación de la escápula (acercar el hombro hacia la oreja).
¿Se pueden disociar estos movimientos y trabajar la flexión del hombro analíticamente? Sí, por supuesto. Pero solo tendría sentido si hubiera una restricción muy evidente en este nivel. Si no, lo habitual es que puedas alcanzar el tope articular del hombro y, de intentar forzarlo sin la sinergia escapular, podrías llegar a hacerte daño. Por lo general, las restricciones en este sentido son más “globales” —con muchas comillas— que analíticas.
En resumen, lejos de esa disociación en el complejo articular —complejísimo, por cierto— que forman hombro y escápula, excepto para técnicas muy concretas en algunas disciplinas, siempre que muevas los brazos por encima de la cabeza piensa en flexionar los hombros y elevar las escápulas al mismo tiempo.
Pro-tip: hablando de sinergias, cuando hace tiempo practicamos los círculos escapulares sinérgicos ya vimos que existen otras sinergias, como la rotación externa y la retracción o la rotación interna y la protracción. Puedes revisar el tutorial.
Ahora, algo que sí vale la pena tener bajo control, como verás en los tutoriales, es la disociación entre cómo se muevan hombro y escápula y lo que ocurra a nivel torácico.
Entraremos en detalle al ver los ejercicios. Solo quería adelantarte que prestes atención a este punto porque si te despistas en este sentido, los ejercicios no serán tan efectivos.
Entonces, te pediré que mantengas el tórax bloqueado.
—Pero ¿por qué? ¿Es malo perder el bloqueo y mover tórax, escápulas y hombros a la vez?
Ni malo ni bueno. Es diferente. Son dos posibilidades, sin más.
Aunque para lo que nos interesa, que puedas mover con fuerza, control y estabilidad los brazos por encima de la cabeza, en general tendrá mucha más transferencia a tu realidad cotidiana y deportiva promover una sinergia hombro-escápula mientras mantienes el tórax bloqueado.
Vigila con eso.
Pro-tip 2: Antes de realizar cualquier trabajo de movilidad activa a favor del rango final de una articulación, como llevar los hombros a su máxima flexión activamente, vale la pena liberar de alguna manera los antagonistas de dicha función. Lo expliqué detalladamente en Cómo mejorar tu movilidad con estiramientos dinámicos. En el caso de hoy, con suspenderte pasivamente alrededor de un minuto será suficiente. Aquí tienes un mini-tutorial de 1 minuto.
FLEXIÓN DE HOMBROS SENTADO
La flexión de hombros sentado va a implicar dos «complicaciones».
Por un lado, las manos se separan justo a la anchura de los hombros, no más. Eso ya va a limitar tu movimiento de base. Pero es que quieres levantar los brazos por encima de la cabeza, no por los lados, ¿verdad?
Por otro, como te adelantaba, si queremos centrarnos en la flexión de los hombros, lo primero a fijar será el bloqueo del centro corporal. Esto es, flexión lumbar y retroversión pélvica.
A partir de ahí, será algo «tan sencillo» como flexionar los hombros al máximo, realizando una breve pausa al final del recorrido.
Los puntos clave son:
· Mantener los codos bloqueados y las manos al ancho de los hombros.
· Bloquear el centro corporal.
· Moverse únicamente desde los hombros y las escápulas (elevándolas) en el máximo recorrido posible.
Con este vídeo lo entenderás mejor.
FLEXIÓN DE HOMBROS BOCABAJO
La flexión de hombros bocabajo sigue los mismos principios que la flexión de hombros sentado, aunque es bastante más exigente, ya que esta vez los brazos se sitúan perpendiculares a la línea de gravedad —por lo que pesan más— y además no se moverán mucho.
Con todo, este es un ejercicio de rango final especialmente específico que te interesa sobre todo a nivel «deportivo». (Me sigue sonando fatal…).
Como antes, mantener el bloqueo del centro corporal es primordial para centrar realmente el trabajo en el complejo hombro-escápula.
Los puntos clave son:
· Mantener los codos extendidos y las manos al ancho de los hombros.
· No perder en ningún momento el bloqueo del centro corporal.
· Buscar la máxima flexión de hombro posible, asumiendo que el recorrido va a ser muy corto.
Visualiza el vídeo y experimenta.
Bueno, bueno. Ya tienes material para practicar y, como te decía, más que suficiente para ganar movilidad en la flexión activa de hombros.
Escoge la progresión que mejor se adapte a tus intereses y nivel.
Juega, explora, experimenta e inclúyelos en tu entrenamiento.
Y disfruta de unos brazos que pueden moverse por encima de la cabeza con eficiencia, confianza y seguridad.
PD: Si quieres trabajar en serio tu movilidad de brazos y, aprovechando, de piernas, columna y el resto del cuerpo, porque estás algo oxidado, para dar carpetazo al sedentarismo o con tal de disfrutar más de la actividad física que practiques, échale un vistazo a mi training de 8 semanas MOVILIDAD NATURAL.
¡Nos (mo)vemos en el Laboratorio de Movimiento!
Soy Rober Sánchez, director del Laboratorio de Movimiento, nuestra plataforma de entrenamiento online. Desde 2003 enseño a las personas a entrenar para construir cuerpos móviles, fuertes y hábiles, y poder moverse de verdad.
Hace unos días compartía contigo la primera parte de mi rutina matinal de movimiento, consistente en una serie de movilizaciones de las articulaciones más importantes de todo el cuerpo, nada exigente desde un punto de vista físico, la mar de factible tanto para el cuerpo, todavía medio dormido, como para la mente, perezosa por naturaleza.
En mi opinión, la combinación de su sencillez y globalidad multiplica sus beneficios y su sostenibilidad en el tiempo (que es donde residen dichos beneficios, en practicarla consistenemente a lo largo del tiempo; o, dicho de otro modo, si crees que por hacerla un par de días va a cambiar algo… milagritos a Lourdes).
En definitiva, para mí, el mejor ritual para empezar el día en movimiento.
Pero la dejamos incompleta.
La rutina no termina con esas movilizaciones.
¿Quieres elevar exponencialmente sus beneficios?
Te falta su segunda parte.
EMPIEZA EL DÍA MEDITANDO… ¡EN MOVIMIENTO!
En realidad, los beneficios de esta rutina son más mentales que físicos, por así decirlo (algo se retuerce en mis entrañas cuando recurro a estas divisiones…).
De hecho, al sobrevolar la primera parte ya te conté que lo que te va a reportar esta rutina iba mucho más allá de lo que pasara en tus articulaciones y el bienestar físico que sintieras, algo evidente.
La potenciación de tu voluntad y habilidad de comprometerte contigo mismo y ser responsable y dueño de tu vida, el hackeo de tu estado de ánimo, la conexión profunda entre tu cuerpo y tu mente son los verdaderos regalos que puedes hacerte a ti mismo cada mañana.
Empezar el día en movimiento, si lo haces de forma consciente y pausada como en la primera parte de la rutina, ya va a reportarte una buena dosis de esta «pócima mágica».
Ahora, si quieres redondearla, ponerle la guinda al pastel, además de empezar el día en movimiento, te propongo empezar el día con un poco de meditación.
EL PROBLEMA DE EMPEZAR EL DÍA MEDITANDO
Lo que pasa es que meditar sentado o estirado nada más levantarte puede ser, por un lado, tremendamente duro y, por otro lado, algo arriesgado (más que nada porque es fácil fácil fácil que, según a qué hora te levantes y cuál sea tu ritmo de vida, te vuelvas a quedar dormido). Te lo dice alguien que meditó «al estilo zen» durante un par de años todos los días a las 6 de la mañana, entre treinta y cuarenta y cinco minutos cada día… hasta que no lo soporté más y desistí.
(Cuidado, eso no quiere decir que no lo siga haciendo, sino que ya no medito sentado por la mañana recién levantado. Ya hablaremos de eso otro día).
La formalidad de algunos tipos de meditación a menudo son incompatibles con nuestra realidad. Ojo, no digo la realidad, si no la propia realidad, personal de cada uno.
Y como puede que la forma de meditación con la que hayas topado o por la que hayas optado sea extremadamente rígida o, por qué no, como también puede ser que te hayas encabezonado en practicar la meditación exactamente como lo hace el gurú o la estrella de turno, también es posible que te hayas saltado la parte más importante de todo este juego, como en el movimiento: desarrollar tu propia forma de meditar.
En fin, justo por eso mi meditación de la mañana recién levantado es en movimiento, una rutina extremadamente simple, a la vez que suficientemente entretenida para mantenerme despierto, nada exigente para no alejarme del propósito de la meditación: mantener la atención y ser consciente del ser (el cuerpo, no «la mente») sin tener que recurrir a demasiados adornos.
Entonces, como este jaleo del desarrollo individual en realidad va más de actuar y experimentar que de informarse, mi verborrea meditativa se acaba aquí.
Tienes libros y más libros, y webs, y podcasts, y cursos, y filosofías para empaparte de la teoría aunque, en mi opinión, y a base de bastantes años de experiencia conmigo y con otros, incluso sin conocerte, es lo que menos te hace falta.
Por eso me lo salto y, como para la primera parte, te invito a experimentar directamente mi segunda parte.
De ahí que el método siga siendo el mismo, y te proponga:
Copiarla. Hacerla exactamente igual. Puedes, seguro, porque no requiere de ningún tipo de «nivel mínimo» o requisito.
Inspirarte para investigar más sobre el tema y, con el tiempo, ir desarrollando tu propia rutina.
De nuevo, la comparto contigo en tiempo real, para que no tengas ni que pensar, sino solo hacer.
Una última advertencia, relacionada con lo que te decía más arriba sobre la conciencia y los adornos: si observas esta parte de la rutina como una «práctica física» o un «ejercicio», la encontrarás aburridísima y lo más probable es que tu mente empiece a lanzarte mensajes de sabotaje para que «no pierdas el tiempo con estas tonterías».
Pista:
Cuanto más insista tu mente en sabotearte,
más necesitas este tipo de práctica
FAQS SOBRE LAS RESPIRACIONES
Como verás, lo más importante durante esta rutina es atender principalmente a la respiración.
Y como suele ser habitual, incluso simplemente para el hecho de respirar corren por ahí creencias, mitos, metodologías, normas estrictas respecto a cómo hacerlo.
En M de Movimiento no somos binarios. Cuando se establece una «norma», siempre se acompaña de una intención. Es el para qué lo que determina el cómo.
Podríamos hablar largo y tendido sobre cómo respirar, pero para esta rutina matinal de meditación solo voy a puntualizar dos cuestiones:
La velocidad de respiración y ejecución paralela de los movimientos que la acompaña puede ser la que quieras. Claro que esa velocidad tiene influencias y matices, pero ya bastante faena tienes como para meterte es tal jaleo de primeras. Mi experiencia, solo mía: por la mañana prefiero respirar y moverme algo más rápido que por la noche, porque mi intención es conectarme y espabilarme. Si esta fuera una rutina vespertina (que también la tengo), la velocidad de respiración y movimiento sería menor. Pero esto es cosa mía. Respira como sientas que quieres o necesitas respirar.
Principalmente, respira y atiende a tu respiración. ¿Quieres visualizar una bola azul de energía entre tus manos, unas llamas emanando de tus dedos o una aureola en tu cabeza en plan San Francisco de Asís? Me parece estupendo, de verdad. Usa cualquier truco o recurre a cualquier fantasía que potencie la intención de tu práctica, si quieres, por supuesto. Pero no es lo más importante. Principalmente, respira y atiende a tu respiración.
UNA RUTINA DE MEDITACIÓN EN MOVIMIENTO
Abre tu mente y tu cuerpo, sin prejuicios.
No le busques tres pies al gato. No se trata de nada místico. Es solo movimiento. Y respirar. Y atender.
Yo también era un escéptico y, después de resistirme muchísimo tiempo, le dí una oportunidad a este tipo de práctica. Ahora no la dejo pasar ni un día. De hecho es la única «rutina» realmente consistente en mi práctica. ¿Por qué? Porque por sí misma como experiencia y lo que te da después es espectacular.
Así que, antes de extraer conclusiones, complétala durante unos cuantos días, cuatro o cinco, de forma consecutiva.
Y finalmente, si esta segunda parte no te va, puedes dejarla estar, y quedarte solo con la primera.
Hazla conmigo.
¡Muévete conmigo!
Yo te guío.
Soy Rober Sánchez, director del Laboratorio de Movimiento, nuestra plataforma de entrenamiento online. Desde 2003 enseño a las personas a entrenar para construir cuerpos móviles, fuertes y hábiles, y poder moverse de verdad.
Recomendación previa: voy a referirme a algunos movimientos básicos de la movilidad articular.
Si no dominas estos fundamentos, lo que puedes aprender en este artículo se quedará a medias, no lo aprovecharás al máximo.
Completa el training gratuitoJOINTS.No es nada complicado ni demasiado técnico. Al contrario, es muy didáctico y sencillo, el EGB de la movilidad articular.
Y en cuanto lo termines sabrás moverte mucho mejor.
Colgarte de una barra o cualquier tipo de soporte, y hacerlo en diferentes posiciones o realizando distintos gestos mientras te mantienes suspendido, es uno de los tres mejores hábitos que puedes y seguramente necesitas incluir en tu día a día, junto con interrumpir tus episodios de sedentarismo (no pasar mucho tiempo rato seguido quieto, ya sea sentado o de pie) y agacharte más a menudo, más allá del ejercicio, entrenamiento, disciplina o deporte que acostumbres a practicar.
Al fin y al cabo, colgarnos está en nuestro ADN, y dejar de hacerlo a diario conlleva un alto precio a pagar (generalmente en forma de dolor de espalda y problemas diversos en la articulación del hombro).
Ahora bien, la práctica de suspensiones implica una serie de cambios y adaptaciones corporales que vale la pena conocer, sobre todo cuando estás empezando a hacerlo, y ser consciente de lo que tienes entre manos y de lo que puede o va a ocurrir como resultado que, en realidad, representará una serie de beneficios enmascarados en dicha práctica, algo que te llevarás «de regalo», como quien no quiere la cosa.
Pista: Imagínate si suspenderse es importante que tu capacidad de colgarte relajado, sin hacer nada, es la primera prueba que realizamos de las 12 que tiene el TEST de valoración inicial en el Laboratorio de Movimiento, para saber qué tal está tu cuerpo y cómo te mueves. Puedes completarlo gratuitamente.
MANOS
Al contrario de lo que muchas personas se suelen imaginar, especialmente para los iniciados en la práctica de las suspensiones y todo lo que se deriva, el eslabón más débil de la cadena de todos los componentes que participan en dicha práctica no son los brazos o los hombros, los aparentes protagonistas.
Aquellos que practican disciplinas relacionadas directamente con las suspensiones, como los escaladores, lo saben bien. Quienes suelen «fallar» primero son las manos y los antebrazos, donde se alojan todos los músculos que mueven los dedos, las propias manos y las muñecas.
Es lógico. Estar colgado depende primariamente de la consistencia del punto de anclaje. Cuando este empieza a flaquear y pierde solidez, la suspensión está alcanzando su límite y más te vale descansar un rato.
Cualquiera podría pensar que es una cuestión de pura fuerza/resistencia.
Y es evidente que para poder colgarte y moverte colgado algo fundamental es que tus manos tengan suficiente fuerza como para sostener tu propio peso corporal.
De hecho, este es uno de los grandes beneficios de practicar braquiaciones: te ayudan a desarrollar y mantener una fuerza de agarre en las manos más que suficiente para poder realizar con seguridad y eficacia la mayoría de actividades que vas a realizar en tu vida cotidiana.
Es más, recientes estudios han relacionado directamente la fuerza de agarre de una persona con su esperanza de vida, siendo esta un mejor predictor del final de la vida que los niveles de colesterol, por ejemplo.
Al fin y al cabo, tener fuerza depende de dos componentes: la propia masa muscular y la capacidad de activación neural que la pone en marcha. La pérdida de masa muscular (atrofia) y la degeneración del sistema nervioso son signos de envejecimiento bastante fiables. Y no son «algo de la edad». Se ha comprobado que si se estimulan, las pérdidas se ralentizan considerablemente y son poco significativas.
Pero no. No se trata solo de fuerza.
Puede ser que ya lo hayas experimentado.
La gran debilidad de una «mano moderna y sedentaria» no es en primer término la falta de fuerza, sino la hipersensibilidad y falta de adaptación que padece ante esfuerzos (relativamente) exigentes, tales como colgarse y sostener el propio peso corporal.
Por eso, aparte de una posible falta de fuerza, cuando uno empieza a practicar suspensiones y braquiaciones lo más habitual es que la mano imponga un límite de sostenibilidad basado principalmente en emitir sensación de dolor.
Y por eso, al principio lo necesario no es pensar y trabajar tanto sobre la fuerza, sino en torno a curtir la mano.
¿Curtir la mano?
Sí. Cultivar cierta resiliencia. Permitir que se adapte a la situación. Que vuelva a calibrar su evaluación de daño y, en consecuencia, su generación de dolor, que puede re-educarse. Y, cómo no, a nivel superficial, desarrollar una piel fuerte, gruesa, funcional para la práctica NATURAL, humana de estar colgado y moverse por las alturas.
Obviamente, eres libre de enfocar tu práctica de braquiaciones como quieras, y más cuando de rebote puede llegar a afectar a tus creencias culturales y estéticas.
Solo intento ser sensato, honesto, transparente…
Unas manos funcionales son unas manos duras y con callos.
Por lo tanto, si vas a empezar a suspenderte te recomiendo algunas cosas en este sentido:
1. No uses guantes. Practica con la mano desnuda. Si estás al tanto de lo que ocurre con nuestros pies cuando nos calzamos y cómo el calzado interfiere en su sensibilidad y mecánica, comprenderás fácilmente que una mano sobreprotegida no puede realizar su función natural con eficiencia.
2. Utiliza magnesio, si quieres, cuando te cuelgues de alguna presa o superficie resbaladiza, pero con el tiempo y conforme la mano se curta trata de depender lo mínimo posible de su uso, hasta prácticamente no tener que recurrir a él.
3. No utilices crema hidratante, ni suavizante, ni revitalizante, ni nada que acabe en «ante», como guante. Todos esos inventos modernos no tienen nada que ver con la salud, la funcionalidad o el envejecimiento, por mucho que inviertan en publicidad para convencerte de lo contrario. Insisto en que el signo más importante de una manos envejecidas es la pérdida de la fuerza de agarre. Lo único que consigues al aplicar potingues es interferir en el desarrollo de tu nueva mano, curtida, funcional, por no hablar de dejar de intoxicarte con productos hechos a base de petróleo, en su mayoría.
Con todo, poco a poco, conforme vayas practicando suspensiones y braquiaciones la mano se irá curtiendo y su piel endureciéndose en general, todavía más en los puntos de mayor fricción y apoyo, con la consecuente aparición de callos.
Otro detalle…
¿Qué hacemos con los callos?
El tratamiento de los callos es simple:
1. En general, con los callos no hay que hacer nada. Déjalos crecer y que se desarrollen. Al principio son feos y superficiales, pero después de varios meses se integran en las capas más profundas de la piel, no son tan visbiles a primera vista, y son mucho más funcionales.
2. Si no hay que hacer nada, no hay que hacer nada. No te los limes, no los recortes, no les apliques cremas y, sobre todo, NO TE LOS QUITES. Como mucho y siempre lo mínimo posible, puedes limar o recortar alguna rebaba o piel suelta para prevenir que se enganche y se desprenda, algo que intentarás evitar a toda costa.
3. Si durante una práctica ves, estimas o predices que un callo va a saltar, ¡PARA! Tu práctica de ese día ha terminado justo en ese momento. Haz cualquier cosa menos colgarte.
4. Si un callo salta… Ya te lo había avisado. Tenías que haber parado antes. Ahora vas a tener que curarlo, dejar de colgarte unos cuantos días y volver a reconstruirlo. Acabas de tirar vete a saber cuánto tiempo por la borda –a bote pronto, como mínimo entre dos y tres semanas.
Todo lo que acabamos de repasar se resume en una palabra: TIEMPO.
Y en este sentido, como la mayoría de veces que hablamos de movimiento, tiempo significa mucho tiempo, desde semanas hasta meses y, por qué no, años.
En ambos sentidos, desarrollar fuerza de agarre y curtir la mano, el cuerpo necesita tiempo y exposición frecuente.
Persiste.
CODOS
El enemigo público número uno de los codos son las tendinitis, tendinosis, tendinopatías y todo lo que tenga que ver con los casi innumerables tendondes que discurren a su alrededor. (De hecho, los expertos muchas veces no se ponen de acuerdo ni con estos nombres tan raros, cada vez los matizan más, cuando incluso a menudo los «dolores tendinosos» tienen poco que ver con el propio tendón, y más con la sensibilización de algún nervio cercano, sobre todo en una articulación como el codo).
Sea como sea, piensa que la mano es el conjunto articular más complejo de todo el cuerpo, debido a la gran precisión con la que podemos moverla. Y eso implica contar con un buen montón de músculos que pueden hacer cosas muy diversas con cada dedo, con la mano entera, con la muñeca, con el propio codo y con todas las combinaciones de movimiento que te puedas imaginar entre todas estas «partes» en cuanto a intensidad, amplitud, precisión.
Pues bien, el 99% de los músculos (y sus tendondes) que ejecutan estos movimientos se alojan en el antebrazo y codo.
Entonces, adivinarás que el codo será un compañero de viaje inseparable de la mano en esto de colgarse. Los dos tendrán que adaptarse en paralelo como si fueran uno.
En este sentido, el factor tiempo vuelve a ser la clave. Las adaptaciones que va a tener que realizar el codo van a ser lentas y progresivas, y requerirán de exposición frecuente pero con cabeza.
Todo hay que decirlo, la mayoría de problemas alrededor del codo relacionados con las suspensiones se desarrollan cuando se realizan suspensiones de dedos (como los escaladores) o cuando se ejecutan patrones de movimiento para los que se requiere de una flexión de codos.
Como estamos hablando de simples suspensiones integradas en lo cotidiano, en principio no tendrías que preocuparte mucho por tu codos, siempre y cuando no los flexiones y te sujetes bien (con las manos rodeando completamente el soporte o la barra).
HOMBROS
Si las manos se caracterizan por su complejidad en lo referente a la diversidad de la precisión de sus movimientos, los hombros lo hacen por su amplísima libertad de movimiento –cuando funcionan bien, lo que buscamos al suspendernos.
De hecho, esa libertad de movimiento se debe a que la articulación del hombro en sí, desde un punto de vista óseo, es muy pequeña. Al contrario que su hermana casi gemela, la cadera, el hombro es una articulación en la que prácticamente no hay un «encaje» entre dos huesos, sino que se sostiene principalmente gracias a la disposición y el trabajo sinérgico de una gran cantidad de músculos, tendones y ligamentos que se entrelazan, creando una especie de malla especialmente flexible, tanto en su interior como a su alrededor.
(Un par de ejemplos que representan una mínima parte de ese complejo entramado)
Además, otro factor a tener en cuenta, y más si seguimos comparándolo con la cadera, es que el hombro no está anclado a una estructura robusta, fija como puede ser la pelvis, sino unido a una mucho más móvil, la escápula.
La escápula –u omóplato– es ese hueso plano que tenemos a lo alto de la espalda, entre la columna y el propio hombro, que, de nuevo, no se articula primordialmente «hueso con hueso», sino que pende y depende de otro gran número de músculos que salen desde ella en todas direcciones hacia la columna, la cabeza, la pelvis, el hombro y el brazo, tanto por delante como por detrás, prolongando todavía más aquella gran malla que envuelve el hombro.
Vista posterior de algunos de los músculos que tienen relación con la escápula.
Con todo, el complejo hombro-escápula es el epicentro de cómo se mueven nuestros brazos y, por si fuera poco, de cómo se relacionan con el centro del cuerpo, caracterizado, insisto, por su gran libertad y amplitud de movimiento.
En este sentido, centrándonos en la práctica de las suspensiones, las adaptaciones que van a desarrollar los hombros van a ser múltiples y muy diversas, aunque podrían englobarse en dos grandes grupos:
1. Mecánica por encima de la cabeza. Es decir, poder moverse por «ahí arriba», algo no muy habitual en nuestra vida cotidiana, cuando hemos diseñado nuestro entorno para tenerlo todo a mano y nos hemos especializado en mover los brazos por debajo de la altura de los hombros.
En consecuencia, la función del hombro para la que más carencias presentamos en cuanto a movilidad es su flexión. Puedes realizar este test para ver qué tal andas a este nivel.
2. Compresión del hombro. Como consecuencia del pobre movimiento que solemos darle al hombro en comparación a cuanto puede moverse realmente, el hombro se torna rígido, compacto, comprimido.
La mayoría de lesiones, disfunciones y molestias que acostumbramos a padecer, cada vez más frecuentes, tienen que ver con un «hombro comprimido», debido a que el espacio en el que conviven todo ese entresijo de músculos, tendones y ligamentos del que hablábamos se hace más y más pequeño, algo que dificulta su función.
Colgarte y balancearte, sí o sí, obliga a tus hombros a moverse hacia su flexión y además tendiendo hacia su descompresión, por lo que desarrollas su movilidad y, de regalo, aumentas el espacio dentro de la articulación, con lo que esto representa a nivel de liberación (interna) y libertad (externa).
Como cabe esperar, esto implicará que sobre todo al principio puedas experimentar sensaciones y tensiones varias alrededor de tus hombros y escápulas, aprendiendo otra vez a convivir con cierta sensación de molestia y re-educarte en el dolor.
En este sentido, por lo general y con todos los matices subjetivos oportunos, si lo que sientes podría clasificarse más como tensión lo más probable es que vayas por buen camino.
Según mi experiencia, el único dolor que deberías evitar es una sensación que podrías tildar como «pellizco».
Si no perdemos el hilo que hemos iniciado al hablar de esa gran malla formada por los numerosos músculos que discurren desde el brazo hasta la columna y la caja torácica, hombros y escápulas de por medio, es fácil deducir que estas estructuras también se van a ver afectadas y beneficiadas por la práctica de suspensiones.
¿En qué sentido?
Exactamente en el mismo en que se benefician hombro y escápula, como es evidente, aunque con un plus extra más que interesante.
1. La movilidad
2. La (des)compresión
De nuevo, nuestro estilo de vida moderno interfiere en nuestras posibilidades de movimiento, y todos sabemos en qué consiste básicamente para la mayoría, debido a esa «manía» que tenemos de estar sentados, con la columna tendiendo hacia su flexión y acentuando su curvatura, «sacando chepa», desde su parte más baja, el sacro, hasta la más alta, la cabeza.
Colgarte es, más que probablemente, la opción más sencilla y efectiva para contrarrestar los perjuicios de la especialización postural en forma de silla protagonista de nuestros días.
Porque durante una suspensión la gravedad tira de tus piernas, tu pelvis y tu columna para enderezarla, extenderla y descomprimirla, generando espacio entre cada una de las articulaciones que hay entre tus vértebras, ofreciéndoles un respiro ante tanta compresión.
¡Pero eso no es todo!
En la porción torácica de la columna nacen las costillas, que abrazan todo tu tronco hasta unirse por delante a través del esternón y otros tejidos, formando la caja torácica.
Además, no podemos olvidarnos de los músculos que unen y mueven nuestras costillas entre sí.
Aparte del propio movimiento de los brazos respecto al tronco, una de las funciones vitales más afectadas por nuestras costumbres de recogimiento y compresión es la respiración, que depende en parte de todos esos tejidos que envuelven y también unen «desde dentro» toda la parilla costal.
¿Adivinas entonces cuál era el plus que comentaba más arriba?
Efectivamente, ¡la respiración!
Colgarte no solo te ayuda a ganar movilidad y te descomprime de cara al movimiento «a lo grande», sino que, desde un punto de vista más «interno», implica una mayor expansión y descompresión de la caja torácica y, en consecuencia, la libera y te ayuda a respirar mejor.
De hecho, debido a las probables restricciones que puedas tener en este sentido, es posible que cuando empieces a practicar, más allá de tensiones y rigidez, experimentes ciertas dificultades para respirar.
«Esto ser bueno».
Quiere decir que sí, ahora mismo tu caja torácica está tensa, rígida, «cerrada», y que tu práctica de suspensiones te está ayudando a abrirla, expandirla, descomprimirla, liberarla de nuevo.
Como conoces y comprendes las adaptaciones que está llevando a cabo tu cuerpo, puedes respirar tranquilo, valga la redundancia.
En serio, intenta respirar con la máxima normalidad posible, permitiendo que la caja torácica se libere y la columna se descomprima.
Si perseveras lo suficiente, la incomodidad al respirar durante las suspensiones irá desapareciendo.
Punto extra en el bolsillo: además de re-equilibrar tu cuerpo ante tanta silla, sofá, coche, ordenador… has ganado capacidad respiratoria.
La práctica de suspensiones (pasivas y activas) y balanceos es un «deber» cuando pretendes desarrollar y mantener la movilidad y funcionalidad del tren superior, especialmente de tus hombros, escápulas y espalda alta.
Por eso en el training MOVILIDAD NATURAL dedicamos 2 de las 8 semanas de entrenamiento a este tipo de práctica.
Soy Rober Sánchez, director del Laboratorio de Movimiento, nuestra plataforma de entrenamiento online. Desde 2003 enseño a las personas a entrenar para construir cuerpos móviles, fuertes y hábiles, y poder moverse de verdad.
Esta guía te interesa especialmente en cuatro supuestos (no excluyentes):
Eres nuevo por aquí y no tienes ni idea de lo que es el movimiento y la actividad física integrada en la vida cotidiana.
Eres sedentario.
Eres sedentario activo (de base eres sedentario, porque te mueves muy poquito en tu día a día, aunque «haces ejercicio» o vas al gimnasio un par de veces a la semana).
Eres una persona que tiende a la actividad física, pero lo estás pasando mal en este sentido (aparte de otros) debido al confinamiento por el coronavirus, y/o estás hasta el gorro de hacer ejercicio, incluso algo desmotivado, y empiezas a sufrir altibajos en tu práctica de actividad física.
Espero que te sea útil.
De hecho, este puede ser un buen momento para completar los 12 retos del programa TEST para:
· Valorar tu estado de fuerza, movilidad y habilidad para moverte.
Cuando menos te lo esperas, viene la vida y te da un guantazo de esos que o te tumban de un plumazo o te espabilan de golpe.
Nos pensábamos que algo así no podía pasar, que era cosa solo del sur o de chinos, y varias generaciones, al menos aquí en España, vivíamos en la ilusión de ser intocables, invulnerables.
A día de hoy, más allá de las desgracias presentes y futuras relacionadas directamente con la (falta de) salud y la enfermedad, no nos podemos ni imaginar lo que se avecina, especialmente desde un punto de vista social y económico, por no hablar de lo cultural (me da a mí que los latinos vamos a dejar de ser tan cariñosos…). Yo no tiendo a ser una persona pesimista. Tampoco optimista. Tengo la corazonada de que será algo muy chungo, pero mucho mucho. ¿He dicho que no nos lo podemos ni imaginar? Aunque en realidad de estas cosas no tengo ni idea. Pero es que hasta los «expertos» están más perdidos que un pedo en un jacuzzi, cada cual con sus conjeturas y previsiones en plan illuminati.
De lo que si sé, al menos un poquitín, es de movimiento. Y veo cosas curiosas. Algunas que me gustan. Otras que me sorprenden. Y otras que no dejan de ser el culmen del sinsentido que arrastramos a raíz de la incultura del movimiento (a ver lo que aguanta la peña a base de entrenamientos de alta intensidad día sí día también).
MOVIMIENTO, I MISS YOU
En cualquier caso, entre toda esta incertidumbre, hay algo que seguro que todos estamos echando de menos, hasta el campeón del mundo en sedentarismo. Efectivamente, el poder movernos.
No. Ejercitarnos no. Movernos, he dicho.
Y es algo muy simbólico, sobre todo para aquellos que se pensaban que lo de ser una persona activa consistía en ir al gimnasio o salir a trotar por la ruta del colesterol dos o tres días a la semana. ¡¡Ayyy!! Ahora nos damos cuenta de cuánto necesitamos caminar y que nos dé el aire, ni que sea para ir de casa a la parada del bus, y jugar, y relacionarnos con gente en movimiento, y tocarnos y hasta cansarnos.
Se hace incluso evidente que ya no es solo una cuestión «física», sino «mental» o «psicológica» (como si esta división tuviera algún sentido), y también social. Cuando no puedes moverte con frecuencia y libertad, la cabezota acapara el cien por cien de la atención y tiene todos los recursos a su disposición. Es la protagonista de un monólogo de 24 horas. No hay un momento de silencio. Y trabaja a toda máquina, hasta que te sale humo por las orejas. ¡Dios! ¡¡Cállate!! ¡¡¡Quiero moverme!!!
¿Por qué? La propia experiencia, la vida tal cual es pone el dedo en la llaga. ¡Es imposible, inviable estar todo el día haciendo ejercicio! Pero, al mismo tiempo, necesitamos movernos más.
Cuidadito… Hacer ejercicio puede y debe ser una parte de la actividad física que practiquemos, porque necesitamos un grado de vigor, intensidad, exigencia que nunca podrá darnos nuestra vida cotidiana, a no ser que trabajemos en el campo o en la obra, o seamos deportistas de élite.
No. El ejercicio por sí solo no sirve. No es suficiente hacer una o dos sesiones de ejercicio al día, por no hablar de la viabilidad de hacerlo de forma sostenible a diario y en según qué condiciones (teletrabajo, críos, estrés emocional del confinado, etc.), y menos cuando para mucha gente sigue percibiéndose como un deber, un sacrificio o incluso una batalla, por muy guay que quede el discurso bélico actual.
Por si fuera poco, además, parece que gran parte de ese ejercicio que supuestamente va a «salvarnos la vida» estos días siempre tiene que ser de alta intensidad, en plan machacante, que en realidad enmascara más estrés del que seguramente ya estamos gestionando.
Insisto, esa intensidad, esa exigencia, ese estrés agudo es bueno y necesario si es eso, agudo, puntual, y siempre y cuando no se solape con otros tipos de estrés. Porque al final el cuerpo no sabe si lo que le estresa es el ejercicio, la ansiedad por no poder salir, el miedo por contagiarte o que le pase algo chungo a un familiar o amigo, el no saber cómo entretener a tus hijos que también están ansiosos por salir, la incertidumbre de cómo estarán las cosas cuando todo esto acabe, o un poquito de todo a la vez.
El estrés es estrés. Y si ya estás más estresado de lo habitual, añadir más estrés no es la mejor idea.
Y aunque moverse y hacer ejercicio es bueno para tus defensas, si quieres mantenerlas en buen estado no vaya a ser que algún virus se cruce por tu camino así como por casualidad, lo que menos necesitas es estresarte más, y mucho menos con ejercicio de alta intensidad frecuente que, en realidad, va a mermarlas.
MUÉVETE MÁS… PERO NO COMO SUELES HACERLO
Por otro lado, la prueba del algodón que nunca falla es la propia experiencia.
Incluso aunque lo disfrutes, incluso aunque tengas la suficiente voluntad, incluso aunque seas un pro del zen y no te estés estresando en absoluto e incluso estés haciendo ejercicio un par de veces al día todos los días, si prestas atención verás que tu propio cuerpo te manda señales advirtiéndote de que esas dos sesiones de 20 o 30 minutos al día (40-60 minutos en total) no son suficiente, si el resto del día te lo pasas sentado en una silla o en el sofá.
¡Es tu momento! Una gran oportunidad para cambiar definitivamente el chip y empezar a integrar el movimiento en tu vida, impregnarla de movimiento (insisto, no ejercicio).
Así que ahí va mi propuesta.
Dentro de tus posibilidades y limitaciones, personales y ambientales, o sea, propias y del entorno en el que estés confinado, necesitas moverte, debes moverte y seguramente puedes moverte más de lo que vienes haciendo, llevar una vida más activa.
Partiremos, por tanto, de una premisa «teórica» que luego podrás aplicar como principio en todas las ideas prácticas que voy a plantearte.
Premisa: trata de observar el movimiento desde un punto de vista distinto al de la cantidad, la intensidad, la carga o el volumen de trabajo físico que le demandas a tu cuerpo.
O, lo que es lo mismo, muévete más, pero entendiendo ese más como:
· Muévete con más frecuencia, más a menudo. No te pases mucho tiempo seguido sin moverte, apoltronado en el sofá o en una silla enchufándote directos de Instagram y Netflix en vena. Usa alarmas si es necesario. Múevete cinco minutitos cada hora. Después de 12 horas, ¡¡te habrás movido una hora!!
· Muévete en rangos más amplios. Fíjate que el poco movimiento que ocurre en tu vida probablemente lo hace en recorridos cortos y repetitivos desde un punto de vista tanto articular (analítico) como corporal (global). Esto es una consecuencia de lo cómoda que es nuestra vida, al haberla diseñado para tenerlo todo al alcance de la mano sin tener que hacer mucho esfuerzo. Amplifica tus patrones de movimiento.
· Muévete de forma más diversa y compleja. No le des a tu cuerpo siempre el mismo tipo de estímulo. Los atributos del movimiento van mucho más allá de las «cualidades» del ejercicio (fuerza, resistencia, velocidad, flexibilidad). ¿Qué hay del ritmo, la coordinación, el equilibrio, la agilidad, la precisión, la fluidez, la capacidad de reacción, etc.? Piensa en cómo afecta esta diversidad y complejidad (la combinación de todos estos aspectos) no solo desde un punto de vista «físico», mecánico, sino «mental», a nivel de la inteligencia y conciencia corporal que requieren.
¿Cuál es el «músculo» más importante del cuerpo?
Pista: no es rojo y no tiene fibras simplonas que se contraen y se elongan.
10 IDEAS DE MOVIMIENTO INTEGRADO
Por aquello de ser un poco estructurado, y porque parece que a Internet le gustan las listas, comparto contigo el detalle práctico de un buen puñado de ideas que puedes implementar estos días de confinamiento como movimiento integrado, con enlaces sobre cada una de ellas, por si te apetece profundizar.
a. Observa todas estas ideas siempre bajo el paraguas del «moverse más» que acabo de proponerte. Se trata de movimiento, no de ejercicio.
b. No intentes aplicarlas todas de golpe. Hazlo paulatinamente. Si no, fracasarás, te lo garantizo. Como parece que esto va a para unas semanas más, puedes ir poniéndolas en práctica una por semana, por ejemplo.
2. Tómate dos o tres píldoras de movimiento al día.
Aprovecha algunas de las interrupciones forzadas de tus episodios de sedentarismo (usa alarmas, en serio) para movilizar tus articulaciones. No, no son ni ejercicios ni estiramientos. Son movilizaciones.
Un artículo para profundizar y algunas rutinas prácticas:
Esto del confinamiento puede ser una muy buena noticia para tus pies, que por fin tienen una oportunidad para salir de su particular y eterno confinamiento que representa el calzado. Estás en casa, el entorno más seguro para moverte descalzo o en calcetines, y liberarlos.
Los pies son nuestro punto de contacto con el medio, con la realidad. Prácticamente todo nuestro movimiento se origina en y se genera a través de nuestros pues. Cómo reciben la información del suelo que pisas, cómo la interpretas y cómo te mueves después depende en gran medida de la libertad de sensibilidad y movimiento de tus pies.
¿Hablábamos de ampliar el rango de movimiento de tu vida cotidiana? Si lo más bajo que tienes tu trasero en la altura de tu silla o sofá, hay al menos tres decenas de centímetros por debajo tuyo que no estás explorando.
De hecho, antes de que inventáramos todas estas comodidades modernas de los asientos, nuestra posición predilecta para descansar era la sentadilla profunda. Y teníamos mejor movilidad de piernas, y circulación, y cagábamos y respirábamos y digeríamos mejor…
Pasa más tiempo en sentadilla y otras posiciones de descanso bajo:
5. Cuélgate y mueve los brazos por encima de la cabeza.
Si gracias a nuestras comodidades modernas nuestras piernas carecen de estímulo por ahí abajo, a nuestra espalda, hombros y brazos les ocurre lo mismo por ahí arriba.
Colgarte y suspenderte a menudo te ayudará a mantener la salud y movilidad de tus hombros, descomprimirá tu columna (comprimida de tanto sentarte) y expandirá tu caja torácica.
Y si no puedes colgarte, también tienes alternativas…
6. Modifica tu entorno para facilitarte el movimiento.
La cantidad de mobiliario, trastos, adornos y pongos de diversos tamaños que acumulamos en casa representan en muchas ocasiones una limitación y un impedimento para movernos con más libertad. Tal vez es un buen momento para replantearte cuánto necesitas esas cosas realmente, y cómo interfieren en tu movimiento integrado. Porque está claro que si no tienes espacio para moverte, mucho no te vas a mover.
Además, relacionado con el punto anterior, puede ser también una gran ocasión para plantearte instalar algún soporte que te invite a colgarte (todavía puedes comprar en Internet), o ingeniártelas para construirte un standing desk y trabajar de pie a ratos.
Jugar. No hacer ejercicio ni deporte. No contar, ganar o perder. No competir. Tampoco rendir. Ni tener expectativas.
Jugar.
No voy a añadir más en este sentido. Fíjate en los más pequeños. No saben lo que son todas esas cosas «de adultos». Y no las necesitan. Y se mueven. Mejor que nadie. Cópiales.
Juega.
Uno de mis juegos favoritos (que puede cambiarte la vida):
Tal vez una de las evidencias más clarividentes de lo postizo que es esto de «entrenar» o «hacer ejercicio» es la falta de estímulo cognitivo que representa.
Por un lado, la función principal para el desarrollo del cerebro en absolutamente todos los seres vivos (que cuentan con uno) a lo largo de la evolución ha sido el movimiento. Pensar no. Moverse. Te recomiendo ver esta conferencia: Daniel Wolpert. La verdader razón del cerebro.
Por otro lado, a lo largo de nuestra historia hasta hace muy poco tiempo el movimiento de los seres humanos siempre ha ido acompañado de una actividad cognitiva, intelectual paralela, desde memorizar dónde habíamos colocado algunas trampas hasta plantear estrategias de caza o agricultura, pasando por cómo construir una cabaña o fabricar con nuestras propias manos alguna herramienta.
Cuando nos movemos de verdad, cuerpo y cerebro van de la mano.
De ahí que las actividades y disciplinas más ricas en movimiento sean las que son tan diversas y complejas como para requerir de darle bastantes vueltas al coco, casi más que al cuerpo, como son la danza, el parkour o la escalada.
Cuando te muevas estos días, en pro de ese «muévete más diverso y complejo», aprovecha para aprender algo nuevo que estimule también a tu cerebro.
¿Ideas dentro de esta idea?
Por ejemplo, puedes aprender a hacer malabares, cualquier baile o cómo equilibrarte sobre las manos y hacer la vertical (aunque antes deberías asegurarte de cumplir algunos requisitos).
9. Haz ejercicio.
—¿Cómo? ¿Qué? ¿Pero no decías que hacer ejercicio era tan malo?
¿Cuándo he dicho eso?
Vuelve a leer con atención, no sea que te hayas despistado o confundido.
Haz ejercicio. Hay mecanismos fisiológicos y necesidades que solo se verán estimuladas y cubiertas si te exiges un poco más, si le demandas al cuerpo cierto vigor, intensidad, esfuerzos notables.
Pero hazlo con cabeza y con cuentagotas. Si es de alta intensidad, una o dos veces a la semana es más que suficiente.
Por otro lado, esta idea, además, ya que estás confinado y puede que tengas algo más de tiempo, puedes combinarla con el punto anterior, aprender algo nuevo relacionado con el entrenamiento o, si ya tenías algunas nociones, refinarlo.
Si te va eso de entrenar con tu propio cuerpo, puedes completar el training gratuito CALISTENIA BÁSICA. Grábatelo a fuego. Más no es mejor. Mejor es mejor.
Y si quieres descubrir cuáles son tus punto débiles para focalizar tu entrenamiento en ellos puedes ponerte a prueba con este TEST.
10. Medita.
No te olvides de la otra cara del movimiento, la quietud. Igual que para estar despierto necesitas haber dormido, para moverte a conciencia también vale la pena cultivar el no-movimiento a conciencia.
No hace falta que le des ningún tipo de significado o simbolismo, si no quieres. Meditar no tiene por qué tener nada que ver con la espiritualidad o misticismos.
Simplemente, aprende a estar contigo mismo y prestar atención a tu respiración, como una práctica de movimiento más, la práctica del no-movimiento.
Puedo asegurarte que, personalmente, aunque llevo años practicando, continúa siendo el mayor reto de «movimiento» al que me he enfrentado y sigo enfrentando.
De hecho, creo que es un fiel reflejo de lo que nos está pasando y cómo nos podemos sentir todos en estos momentos, en mayor o menor medida según el caso.
Dijo Blaise Pascal:
«Todas las desgracias del hombre se derivan del hecho de no ser capaz de estar tranquilamente sentado y solo en una habitación»
Pues eso.
Tan importante es saber moverse como saber no moverse.
Mejor practiquemos las dos cosas.
Si quieres profundizar en todos estos aspectos y otros, como las necesidades sistémicas de movimiento o cómo estar motivado para moverte para siempre, puedes leer mi libro Camina, salta, baila: Muévete más y vive mejor.
Soy Rober Sánchez, director del Laboratorio de Movimiento, nuestra plataforma de entrenamiento online. Desde 2003 enseño a las personas a entrenar para construir cuerpos móviles, fuertes y hábiles, y poder moverse de verdad.
Es muy probable que estés hasta las narices de los entrenamientos de siempre, y más cuando lo que hay es lo que hay, es decir, estás encerrado en casa y lo único que parece que puedes hacer son burpees y kettlebell swings con una garrafa de cinco litros.
Hace unos días me escribía mi amigo Dani García de Wods para que le propusiera un entrenamiento casero diferente a él y toda su tribu, que además compartiría con su mujer Berta y sus FitLovas. (Me han dicho que todo el mundo se lo pasó pipa).
Es hora de compartirlo con todo el mundo.
No quiero alargarme mucho en explicaciones.
Lo chulo es la experiencia (leer este post no te sirve absolutamente de nada si no completas el workout of the day).
Así, hoy solo comparto contigo lo que se me ocurrió, un mix entre clase de movimiento y fitness, para que luego digan que soy un talibán.
Solo puntualizo… Lo he dicho mil veces: yo también «entreno» (muy poco, cada vez menos) y creo rotundamente que hacer ejercicio es necesario, aunque mi marco de práctica de actividad física sea mucho más amplio y diverso. Esto de «moverse» no es una guerra de bandos, sino una propuesta de conciencia y comprensión del porqué y el para qué de las cosas del movimiento y todas sus posibilidades, y la coherencia entre intenciones, acciones y expectativas. Puedes leer: Por qué debes ir al gimnasio y hacer ejercicio (Caminar 10.000 pasos no es suficiente)
MOVIMIENTO = HABILIDAD + CAPACIDAD
Así que simplemente te invito a realizar un entrenamiento diferente, con tal de progresar tanto en tu habilidad como en tu capacidad de movimiento.
Solo tienes que seguir las instrucciones del tutorial de más abajo y ponerte manos a la obra.
Los ejercicios pueden adaptarse a tu estado de forma, sea cual sea.
Lo único que sí necesitarás es poder agacharte en sentadilla profunda (si no puedes, antes que «entrenar» de cualquier manera te recomiendo mejorar tu movilidad natural).
Como verás, en pro de movernos más y mejor, esta sesión de entrenamiento casero, dedicada al patrón de empuje (tren superior) y la fuerza de propulsión con un plus de estabilización (desde la cadera), la dividiremos en dos partes bien diferenciadas, cumpliendo con los siguientes parámetros:
BLOQUE 1: Creatividad y estabilidad
3 series de:
· Pseudotwister con flexiones x 12 repeticiones
· Alcances en equilibrio x 1 ronda completa por pierna
· 60» de descanso entre series
BLOQUE 2: Resistencia y dinamismo
Serie descendiente de 10-8-6-4-2 repeticiones por lado de:
· Flexiones laterales (a dos manos o a una mano)
· Sentadilla del dragón (de dedos o de empeine)
· Sin descanso (o el mínimo descanso posible)
Ahora te toca a ti.
Espero que disfrutes de esta sesión.
Te la explico al detalle en este tutorial.
¡A moverse!
Soy Rober Sánchez, director del Laboratorio de Movimiento, nuestra plataforma de entrenamiento online. Desde 2003 enseño a las personas a entrenar para construir cuerpos móviles, fuertes y hábiles, y poder moverse de verdad.